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La ORACIÓN EXACTA que usé para PAGAR MIS DEUDAS Sin Tener DINERO

Daly Salermo

13m 30s2,145 words~11 min read
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[0:00]Las deudas se quedan en tu vida no por falta de dinero, sino por falta de autoridad espiritual. Y hasta que entiendas esto, vas a seguir desesperado, lleno de ansiedad y de miedo. Porque las deudas, amigos míos, no empiezan en el banco, empiezan en lo invisible. Hoy te voy a compartir la oración exacta que vas a pronunciar para cancelar cualquier deuda que tengas en tu vida. Te voy a contar cómo yo misma usé esta oración para cancelar una deuda. Y te aseguro que si repites esta oración tal como yo te voy a explicar, tal como enseñó Jesús, esa deuda queda cancelada, no mañana, no el mes que viene, hoy. No por arte de magia, pero porque Dios que todo lo puede, enviará a sus ángeles delante de ti para que te abran caminos. Para que te lleguen oportunidades, para que te den un trabajo nuevo, para que aparezca un negocio, para que te vengan a ayudar, para que la deuda sea cancelada. Hola amigos, cómo están? Bienvenidos al canal. Mi nombre es Dali Salermo. Estoy feliz de compartirte esta oración porque es una palabra tan fuerte y tan poderosa que te va a ayudar a romper cualquier deuda que tengas en tu vida. Esta oración que me ayudó en un momento de desbalance en mi vida. Porque a veces, amigos míos, estamos en una situación donde no tenemos certeza, no tenemos esa fe y donde necesitamos una palabra fuerte, poderosa que rompa las deudas en nuestra vida. Porque cuando tenemos deudas por mucho tiempo vivimos bajo una presión constante. Es como un acuerdo interno. Y aunque yo te diga seis o siete declaraciones y tú las repitas tu realidad te va a decir al oído, debes tanto dinero y tu frecuencia se daña y se invalida el poder de la palabra. Pero esta oración, amigos míos, es una oración de quebrantamiento muy fuerte. Y ustedes me dirán, pero dónde aprendiste esa oración? Yo les he contado que cuando yo tenía como 5 años, estaba caminando con mi abuela por el parque de mi pueblo. Yo soy de un pueblo que se llama Hibara, es un pueblito colonial y tiene una iglesia, una estructura maravillosa en el medio del parque y yo le pregunto a mi abuela que qué es eso? ella me dice que es una iglesia. Ella me toma la mano y vamos caminando a la puerta. Miro y veo todo y le digo, yo quiero venir a este lugar, qué tengo que hacer? Y mi abuela me dice que en mi familia nadie iba a la iglesia, pero que ella iba a hablar con una vecina para que me llevara. Y así lo hizo y esta vecina me empieza a llevar a la iglesia desde que yo tenía 5 años hasta que yo tenía 12. Eso era una comunidad, muy bonita, muy unida, dábamos clases y yo asistía a convivencia de adolescentes donde desde los 10 años te reúnes y vas a clases, a conferencias, pero que aprendes todo sobre la Biblia, las enseñanzas de Jesús. Y allí, en esa iglesia, tenías la misma maestra por años, eran personas que dedicaban su vida a estudiar la Biblia, a estudiar teología. Y allí nos enseñaron una oración muy poderosa, que es una oración de quebrantamiento de maldiciones. Y recuerdo que eso fue en una convivencia de adolescentes donde, por ejemplo, yo soy de Hivara y nos íbamos a Olguín 3 días. Y allí nos enseñan a usar la palabra con autoridad como la enseñaba Jesús. Y el ejemplo que pusieron fue de cuando Jesús vio un hombre que estaba siendo atormentado con un demonio y Jesús le da una orden directa al demonio y le dice, déjalo, sal. Y el demonio obedece a la palabra de Jesús porque Jesús no le ruega, le habla con autoridad. Y yo siempre, siempre recuerdo todas las cosas que aprendí, pero en específico aquella oración. Aquella oración era tan fuerte que te estremecías. Pasan los años, atravieso todos los países, llego a Toronto. Empiezo a trabajar, todo muy bien, pero empiezo a comprar cosas y a mandarlas para Cuba. Y el banco me da una tarjeta y yo empiezo a llenar maletines y a mandar para Cuba, llenar maletines y mandar para Cuba. Y cuando me doy cuenta, debía $2,000. En ese momento, recién llegada para mí aquellos 2,000 $ era el fin del mundo. Cuando yo me di cuenta que yo debía aquel dinero y yo trabajaba en un restaurante de mesera que tampoco era que ganaba tanto, yo me quedé paralizada. Yo me iba a Walmart y empezaba a comprar cosas para Cuba, cosas para mi abuela, cosas para mi abuelo, para mis primos, para mis primas y llenaba maletines. Y en esa desesperación me acordé de todo lo que aprendí en aquella iglesia y específicamente en aquella convivencia de adolescentes. Cuando hicieron la historia de un hombre que estaba atormentado, vivía entre las tumbas, nadie se le acercaba. Un día lo trataron de encadenar porque nadie podía controlarlo. El hombre gritaba y estaba fuera de sí, porque lo que tenía no era normal, era espiritual. Pero un día llega Jesús y cuando el hombre lo ve, algo dentro de él reacciona a la luz de Jesús. Y aquel hombre sale corriendo y se arrodilla delante de Jesús. Pero sin embargo, no es él el que habla, sino los demonios que lo tenían poseído y le preguntan a Jesús, qué quieres con nosotros? Porque ellos sabían quién era el que estaba delante de ellos. Jesús no hizo ningún ritual, no se fue a prepararse para decir, dijo una sola palabra. Le dio una orden clara, en el evangelio de Marcos dice y cito, le dijo, sal de este hombre. Nada más. Pero los demonios intentaron negociar. Dicen, no nos envíes fuera, porque reconoce la autoridad de Jesús y saben que les queda poco tiempo. Pero Jesús no negocia, no discute, establece. Y en ese momento aquel hombre es liberado. Aquel hombre nadie lo había podido ayudar, nadie lo había podido liberar. Jesús lo cambió con la palabra. Y aquí está el secreto, no fue el volumen, no fue la repetición, fue la autoridad. Qué tiene que ver esta historia? Me doy cuenta que hay cosas en nuestra vida que no necesitan que sigamos pensando y pensando y tratando de resolver los problemas por nuestros propios medios. Lo que necesitamos, amigos míos, es una palabra diferente. No te prometo que te va a caer del cielo ahora se va a abrir el techo y va a caer un poco de dinero. No, yo te hablo de milagros reales, porque te voy a contar lo que me pasó a mí para que tú veas que sí es posible. Y que Dios nos hace llegar la provisión, pero tienes que tener los ojos abiertos y tienes que saber el poder que tiene Dios y el poder que Dios puso en tu boca. El poder que existe en tu palabra. Porque cuando hablas con este conocimiento, lo que te tiene atado, esa deuda tiene que salir. Esa deuda tiene que ser cancelada y tiene que ser eliminada. No tiene opción, tiene que obedecer a tu palabra. Ahora, tienes que eliminar ciertas frases de tu vocabulario para que esto se cumpla. No tengo dinero, tu padre es el dueño de todo. Y tú me dirás, , pero es que mi deuda nunca se acaba. Hoy, yo te digo, no hay nada imposible para Dios. Y yo no te estoy diciendo que ignores la deuda, yo te estoy dando una instrucción espiritual. Lo que tienes que hacer es cambiar la posición desde donde la enfrentas. Y cuando nos hacemos conscientes de esto, dejamos de reaccionar desde el miedo, desde no tengo, desde y empezamos a establecer, porque las deudas, amigos míos, no es solo dinero, es un estado espiritual.

[8:10]Como el de aquel hombre trataban, lo amarraban con cadenas y rompía las cadenas y seguían lo mismo y nada podía detener lo que lo estaba atormentando. Y pasa lo mismo con la deuda. La deuda no permanece en nuestras vidas y te lo digo por experiencia propia, porque no tenemos dinero. La deuda permanece porque la enfrentamos desde la posición de víctima y no desde la posición de que mi padre es el dueño de todo y de que mi provisión viene de Dios. Y cuando tú cambias la manera en la que hablas, todo cambia. Y cuando tú expresas autoridad en tu palabra, tu palabra tiene poder. La oración que yo había aprendido en la iglesia, hacía más de 15 años, hablaba de hablar con autoridad hacia los demonios y hacia las maldiciones en nuestra vida. Entonces yo me doy cuenta en ese momento que lo que a mí me estaba atormentando era esa deuda y yo decido hablarle con la misma autoridad. Y esta oración es mía. Yo la modifiqué con el conocimiento que ya yo tenía del poder de la palabra en aquel momento y yo pronuncio esa oración. Pero no es que la pronuncies y te quedes cruzados de brazos, porque la fe sin obras está muerta, dice la Biblia. Y yo llamo al banco y le explico y le digo que yo necesito ayuda, que me pausen los intereses, que me ayuden, que yo recién había llegado a Canadá. Y la persona que me atiende me dice, déjame revisar tus recibos del banco y me dice, Ay, pero tú estás pagando un seguro. Yo me sorprendo y le digo, un seguro. Y me dice que sí, que cuando me habían hecho el contrato, me habían puesto automáticamente un seguro de 50$. Para no hacerles la historia tan larga, amigos míos, me devolvieron 1,400$ porque el agente del banco que me hizo los papeles de esa visa, me había marcado un seguro, yo no quería pagar ningún seguro. Así me quedé yo sorprendida. Ese es el poder tan grande que Dios ha puesto en nuestra palabra. Esa es la autoridad que Dios nos ha dado y es por eso que te lo comparto, porque yo estoy tan convencida de que mi padre puso divinidad en nosotros. Y que Dios nos puso aquí para que tengamos vida y la tengamos en abundancia, tal como dijo Jesús. Declara esta oración que te la comparto con todo el amor y con todo el cariño porque ciertamente me ayudó en un momento que estaba atormentada y que no sabía cómo yo iba a encontrar la solución. Declara la con autoridad, con certeza de quién es Dios y qué puede hacer Dios. Hoy declaro por el poder de la palabra que toda deuda pierde autoridad en mi vida. Cancelo, anulo y rompo esta deuda en el plano espiritual. Rompo y deshago toda atadura. Declaro que se abren caminos financieros. Declaro que me llegan recursos inesperados. Declaro que lo que parecía imposible se resuelve. La provisión de Dios me encuentra. Las oportunidades se activan y las soluciones aparecen y lo que debía ya está pagado. Porque en el nombre poderoso de Jesús la palabra se establece, no se retrasa, no se detiene, se cumple y nadie lo puede impedir. Hoy declaro por el poder de la palabra que toda deuda pierde autoridad en mi vida. Cancelo, anulo y rompo esta deuda en el plano espiritual. Rompo y deshago toda atadura. Declaro que se abren caminos financieros. Declaro que me llegan recursos inesperados. Declaro que lo que parecía imposible se resuelve. La provisión de Dios me encuentra. Las oportunidades se activan y las soluciones aparecen y lo que debía ya está pagado. Porque en el nombre poderoso de Jesús la palabra se establece, no se retrasa, no se detiene, se cumple y nadie lo puede impedir. ¿Y saben por qué esta oración me funcionó tan rápido? ¿Sabes por qué a ti también te va a funcionar? No es por arte de magia, es porque en esta oración estás definiendo, estás estableciendo, está dando una orden espiritual. Repite esta oración con fe y repítela tantas veces hasta que te la aprendas de memoria y la sientas como una verdad. Yo te aseguro que esa deuda en el momento que tú sientas estas palabras y te conmuevan, será cancelada en el plano espiritual y no tardará en expresarse en la realidad. No por arte de magia, pero porque Dios que todo lo puede. enviará a sus ángeles delante de ti para que te abran caminos, para que te lleguen oportunidades, para que te den un trabajo nuevo, para que aparezca un negocio, para que te vengan a ayudar, para que la deuda sea cancelada, ¿por qué? nada, es imposible para Dios. Gracias por llegar al final de este video. Gracias por ser parte de nuestra comunidad. Te mando un beso grande, te quiero mucho y nos vemos muy pronto con un video nuevo.

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