[0:18]Que las matemáticas forman parte al menos inicialmente de las intuiciones de los niños desde que nacen. De hecho, tenemos capacidad de intuir no solo las cantidades, sino también el espacio, el tiempo. Forma parte de aquello que la evolución nos ha concedido. Por cierto, quiero destacar también que no se ha detectado una gran diferencia entre géneros. Entre hombres y mujeres. Lo digo porque hay mitos sobre eso. No es verdad que haya diferencias biológicas precoces sobre esta cuestión. Al contrario, todos los experimentos demuestran que los hombres y las mujeres tienen el mismo potencial para las matemáticas. Por lo tanto, ¿qué ocurre? Para mejorar la enseñanza en matemáticas, es absolutamente necesario que estén basadas en sus intuiciones previas y en el concepto de número, de conjunto, de forma concreta. Creo que lo que les pasa a muchos niños es que no entienden que los símbolos matemáticos que les enseñamos no son simplemente un juego como tal, sino que están vinculados con conceptos que comprenden. Muchos niños se ven superados muy rápido por las matemáticas porque no les enseñamos la razón de ser de las matemáticas, la concreción de las matemáticas. Y por eso deciden que no es lo suyo, que no les interesan, porque no tienen ningún vínculo con lo que comprenden de por sí. Os pondré un ejemplo muy fácil. El otro día hablaba sobre matemáticas con un colega y me dijo: Hay aspectos en matemáticas que son muy difíciles. No podemos enseñárselos a niños pequeños. Hay que esperar hasta los 10 o 15 años. Por ejemplo, los números primos. Los números primos son superdifíciles. Y sabéis qué le dije? Para nada. En 30 segundos podemos explicarle a un alumno de primaria qué son los números primos. Con el significado concreto de conjunto. Pensad en una huevera. Compráis la típica caja de media docena. ¿Por qué compramos una caja de seis huevos? Porque caben en un rectángulo de tres filas de dos huevos o de dos filas de tres huevos. También podéis comprar una caja de una docena. Si es así, podéis contar dos filas de seis huevos, por ejemplo. También podríais contar cuatro filas de tres huevos. Se ve muy claro y conciso con las cajas de huevos. Así pues, los números primos son la cantidad de huevos que no caben en una caja. Si os doy una caja de 13 huevos, os habría fastidiado. Estaríais obligados a crear una caja larga así, con un huevo suelto y 12 puestos así. No existe la manera de crear un rectángulo en el que poner 13 unidades. El número 13 no se puede descomponer. Esos son los números primos, ¿de acuerdo? Cuando enseñamos de este modo, relacionamos conceptos abstractos como los números primos con cosas que son muy concretas, que son tangibles. Así puedo ver un número primo. Creo que la enseñanza de las matemáticas tiene un valor añadido cuando la basamos en el origen de estos conceptos. Y dicho origen reside en la capacidad que posee nuestro cerebro para intuir números, el espacio, los conjuntos, etcétera. Y que todos poseemos. Así pues, todos los niños y todos los cerebros pueden ser competentes en matemáticas. Os contaré una anécdota personal. A mí siempre me han apasionado las matemáticas. Uno de los motivos por los que siempre me han gustado es porque una vez tuve un profesor que nos hacía hacer cosas realmente emocionantes como esta. Un día el profesor nos dijo: Venid mañana a clase con un objeto que tenga ruedas. Algunos trajeron la bici. Había bicis pequeñas, grandes, otros trajeron un camión. Pusimos nuestros objetos uno a uno en la tarima. Entonces el profesor hizo una marca en la rueda con tiza y dijo: Vais a dar un paseo y vamos a comprobar cuánto avanza la rueda de la bici y la del camión, simplemente rodándola una vez. A continuación, medimos con un metro cuánto habían avanzado con una sola rodada. Medimos también el diámetro de la rueda y pusimos las cifras en una tabla. Teníamos que poner la longitud y el diámetro. Y al dividir ambas cifras, el resultado daba 3,14, más o menos. Para mí fue un descubrimiento alucinante. Todas las ruedas son diferentes, pero comparten un principio común que, evidentemente, era el número Pi que se nos introdujo así indirectamente. El número Pi se volvió tangible porque reflejaba la relación entre la longitud de la circunferencia de la rueda cuando avanza y el diámetro. Experimentos como este, tan simples y concretos, nos pueden ayudar a situar las matemáticas en algo que tenga sentido en nuestro cerebro. Es decir, la intuición. Con este ejemplo en particular, también podemos tratar otro tema que he descubierto personalmente. En el cerebro los números y el espacio van de la mano. Esto es algo extremadamente fundamental. Todos tenemos en nuestro cerebro una región denominada parietal. Aquí, en el lóbulo parietal que interpreta tanto el número de objetos como el espacio que tenemos a nuestro alrededor. Y los combina. Cuando pensamos en un número, no podemos evitar ubicarlo en el espacio. Si pensáis en un número pequeño, lo veréis a la izquierda; si pensáis en un número grande, lo veréis a la derecha. Veréis una especie de línea mental. Los docentes que se basan en esta idea, obtienen mejores resultados que los que no lo hacen. Podemos concretar los números y todas las operaciones matemáticas ubicándolos mentalmente en una línea. Sumar es ir avanzando a lo largo de la línea. Si sumo 5 + 2, me desplazo dos casillas más adelante en esta línea numérica. Si resto 7 - 2, reculo dos casillas. Así logro entender que 5 + 2 y que 7 - 2 son operaciones simétricas. Teniendo en cuenta la forma en la que nuestro cerebro combina los números y el espacio, podemos llegar a enseñar de una manera mucho más eficaz. Y no hace falta que sea un concepto matemático muy abstracto o complicado. Hay muchos estudios que demuestran que juegos como los puzles, al menos para los niños, pero también juegos más sencillos como el parchís, en el que vamos avanzando casillas según la tirada de dados, esta clase de juegos hace que los niños se aficionen a las matemáticas y que tengan más facilidad para entenderlas en comparación con otros niños. Yo abogo por un aprendizaje que sea menos formal, pero que tenga en cuenta las intuiciones espontáneas que albergamos en algunas partes de nuestro cerebro.

El cerebro matemático. Stanislas Dehaene, neurocientífico
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[0:18]Que las matemáticas forman parte al menos inicialmente de las intuiciones de los niños desde que nacen.
[0:18]De hecho, tenemos capacidad de intuir no solo las cantidades, sino también el espacio, el tiempo.
[0:18]Por cierto, quiero destacar también que no se ha detectado una gran diferencia entre géneros.
[0:18]Al contrario, todos los experimentos demuestran que los hombres y las mujeres tienen el mismo potencial para las matemáticas.
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