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99,99 %, LA CIENCIA DE LAS ABUELAS CAP 01 - De los comienzos a la resolución del primer caso

CePIA

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[0:24]Pero si esto fuera una mentira, si hubiéramos empezado desde un punto de partida falso, seguiríamos siendo los mismos.
[1:45]Aunque resulte difícil de creer, en este lugar, en la Esma, nacieron cerca de 15 bebés.
[1:45]Lo mismo ocurrió en Campo de Mayo y en la mayoría de los centros de detención clandestinos en todo el país.
[1:45]En Argentina, cerca de 500 chicos, en su mayoría recién nacidos, fueron apropiados durante la última dictadura cívico-militar.
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[0:20]Quién soy yo?

[0:24]Quiénes somos? Uno es su historia. Los momentos que componen un relato como si fueran fotos de un álbum. Pero si esto fuera una mentira, si hubiéramos empezado desde un punto de partida falso, seguiríamos siendo los mismos. ¿Qué ocurre con el tiempo que uno pasó sin saber realmente quién era? ¿Se puede recuperar?

[1:45]Aunque resulte difícil de creer, en este lugar, en la Esma, nacieron cerca de 15 bebés. Lo mismo ocurrió en Campo de Mayo y en la mayoría de los centros de detención clandestinos en todo el país. En Argentina, cerca de 500 chicos, en su mayoría recién nacidos, fueron apropiados durante la última dictadura cívico-militar. Sus padres fueron desaparecidos o asesinados. El plan estaba muy bien organizado para lograr encubrir esa empresa. Embarazos simulados, nacimientos y adopciones falsas, con la colaboración de médicos, enfermeras, jueces. El robo, el crimen perfecto, nadie podría jamás demostrar la verdadera identidad de esos chicos. Pero los apropiadores genocidas no contaban con los avances de la ciencia, ni con la tenacidad de un grupo de mujeres en la búsqueda de la verdad. Nosotros teníamos otra vida, cada una de las abuelas que componemos la institución. Teníamos un proyecto distinto, estar con la familia, con los hijos. Verlos crecer, envejecer, disfrutarlos nietos. Y vino una dictadura, 24 de marzo del 76, que trajo un proyecto, justamente, de eliminar físicamente a todos los opositores. Justamente eran nuestros hijos los opositores. En esa soledad, cuando la hija no vino, no volvió, no llamó, este, empezamos a buscar. Sin saber a dónde ir, a qué puerta golpear. Puertas cerradas, sin sin respuestas. Y nos fuimos encontrando. A mí me aconsejó mi consuegra, Estela, no estés sola, hay otras señoras como vos en la plata que están buscando sus nietitos también. ¿Y dónde es el lugar simbólico que íbamos a encontrarnos? La Plaza de Mayo. Muchos otros lugares también, la confitería Las Violetas. Donde simulabas, simulabas, eh. Nosotros las platenses veníamos a Buenos Aires. Y ese grupo fue creciendo, fueron pasando los años y nosotros inventando. Ya dándonos cuenta de que los hijos no estaban vivos, íbamos a los cementerios a reconocer tumbas. Y que los nietitos, se los habían quedado entre ellos.

[4:24]¿Cómo buscar a una persona que fue separada de su familia cuando era apenas un recién nacido, un bebé o un niño pequeño? ¿Cómo buscar si sus rastros fueron borrados? ¿Por dónde empezar? Y en el caso de encontrarlo, ¿cómo demostrar ante la justicia que se trataba del chico secuestrado y apropiado en cuestión? Un grupo de mujeres comenzó a hacerse todas estas preguntas en 1977, cuando entendieron que, además de a sus hijos, tenían que buscar a sus nietos. Y en ese proceso, gracias a los datos aportados por testigos, también se enteraron de los partos clandestinos y de la apropiación de esos bebés nacidos en cautiverio.

[5:14]Al principio, lo esperamos al nieto, y me lo van a traer. Me van a llamar, me lo van a dejar en la puerta. Sí, sí, no lo van a querer. No, no, claro, claro. Entonces preparamos unos cuartos, hicimos algo de eso, un lugarcito. Nos jubilamos, eh, pero nada. Y después dijimos, bueno, ya van al jardín de infantes, vamos a observar, nos escondíamos detrás de los árboles mirando chiquitos. A veces alguna maestra nos dice, este chiquito tiene un comportamiento extraño, los lleva, los trae, es como prisionero, y ahí estábamos. Y el parecido físico, yo me acuerdo haber seguido a alguna señora que llevaba en brazos un chiquito porque la carita era igual a uno de mis hijos. Después le miré la cara a la mamá y eran idénticos. Claro. O sea, esa cosa absurda, ir a la Casa Cuna, querer ver caritas de bebés cuando no sabemos ni a quién se parece.

[6:23]Jamás se nos pasó por la imaginación pensar que nunca nos iban a devolver o que íbamos a tardar años. Siempre corríamos como locas porque ya ya ya los teníamos que encontrar. Cuando nos dimos cuenta que pasaba el tiempo, empezamos a pensar, ¿y si no los reconocemos? Y si entregan un chico que no es el nieto y te dan otro, mil cosas que se nos pasaron por la cabeza. Y ahí empezamos a pensar, ¿qué otras maneras había para localizarlos?

[8:30]Yo en ese momento estaba con mi esposo internado, estaba, lo habían operado ese día cuando me avisan. Así que, bueno, hablo con él y le digo que, que bueno, que había aparecido Paula nuevamente y que yo iba a buscarla ahora hasta recuperarla y no, y no volvía a casa hasta que no volviese con ella. Hicimos de todo buscando a los chicos.

[9:00]Desde pararnos en un bar o en lo que hubiera cerca de una casa y quedarnos una tarde, de ir a comprar cosas en algún negocio yendo desde lejos, por supuesto, que durante meses y meses disfrazarnos. Yo, por ejemplo, me disfracé de enfermera y estuve en el Hospital Durán, no me conoció nadie. Este, mirando si la familia que yo había citado o que el Hospital había citado traían esa nena que yo esperaba ver o la suplantaban por otra. No me conoció nadie en el hospital, ni los empleados, ni la gente de abuelas, ni los médicos de abuelas. Eh, pero la nena que había llegado con su mamá y estaba sentada a unos 10 metros de donde yo estaba, me miró, me miró y se fue caminando hasta donde yo estaba y me dijo, ¿cómo te vas, señora? Porque me había visto pasar, no sé cuántas semanas y días por su casa, me reconoció disfrazada y todo.

[10:30]Justo enfrente de la casa de ella, justamente había una verdulería. Entonces yo iba cuando yo iba a comprar allí. Y bueno, y después en el barrio compraba todas las otras cosas y me, me volvía para casa. Logré verla, después fui a verla mi esposo también. Mi esposo sí se atrevió a hablar con ella un poco. Este, porque, qué sé yo, él pudo, yo no podía.

[11:24]Porque en ese momento no había forma de, de demostrar que era ella. Pero bueno, presentamos fotos con los parecidos físicos y familiares. Eh, más o menos la historia que yo había, logrado armar, eh las partidas de nacimiento de ella, la denuncia de desaparición en su momento. O sea, había una lista de cosas que fue cuando yo cumplí con todo eso, fui y le dije a las abogadas, bueno, acá está todo lo que me pidieron. Yo ahora quiero verla frente a un juez, no voy más a verlas si escondidas porque no no toleraba más el no no poder acercarme y hablarle. Siempre me llamó la atención la forma en que un bebé reconoce a su mamá.

[12:15]¿Cómo lo hace? Es la mirada, su olor, el sonido de la voz. Una madre puede reconocer a su hijo entre cientos. Pero cuando ella no está o pasan varios años de separación, las fotos y los parecidos pueden servir para reconocer a una persona. Pero no para demostrar su identidad. Llegó un momento en que las abuelas se preguntaron, ¿existe algo biológico que se transmite de padres a hijos? Un elemento constitutivo de la sangre que solo aparece en personas que pertenecen a la misma familia.

[13:10]Y apareció un avisito en un diario. Que decía, padre que no quiere reconocer la paternidad con un examen de sangre al papá y al presunto hijo. La comparación dio que sí, que es el padre. Y ahí se nos iluminó, ¿cómo? La sangre establece el vínculo. Pero los papás no están, ¿y servirá la sangre de las abuelas?

[14:00]También. Y ahí siempre negativa. Negativo, no, no se puede, no, no es posible. En 1982 fuimos a Estados Unidos, a Washington, a la Sociedad por el Avance de la Ciencia. Recomendadas por una argentina refugiada allá. Y ella nos llevó a este lugar, hablamos con una persona, Eric Stover, que era una persona encargada. Tomó nota y dijo, me voy a ocupar. De Washington nos fuimos a Nueva York. Y ahí hablamos con Víctor Penchas, con Víctor Penchasade. Un argentino, genetista, con una habilidad en exilio. Yo soy genetista y si bien no me dedico a la genética forense como tal, pero conozco y conocía en esa época sobre el tema de la identificación. Este, y en primera instancia no me pareció que fuera un problema insoluble porque ya en ese momento se se es decir, se practicaba la identificación de personas, este, para establecer lazos de parentesco y filiación, sobre todo para paternidad.

[16:00]Finalmente se produjo, se hizo una, una una fórmula estadística probabilística que tuvieron en consideración el hecho de que, este, eh de que no se podía no se podía hacer análisis a los padres. De estos niños, porque los padres estaban desaparecidos, pero en los casos que estuvieron los cuatro abuelos, aún cuando aún con tres abuelos y después con otras técnicas que aparecieron a posteriori, este, incluso con con menos familiares, este, se podía, eh, probar relación de parentesco. Hasta que un día nos llamaron y nos dijeron que se acababa de hacer ya terminar todo el estudio y que era posible e infalible el resultado. Y me acuerdo que había un montón de científicos y yo dije, ah, y si vamos a hacer un simposio para todo el mundo, que venga gente de todo el mundo porque esto es un conocimiento muy grande, se va a llamar el índice de abuela, y vamos a hacer acá un simposio en tal fecha. Y yo le dije, ¿podremos venir? Pero, señora, me dijo, ustedes son las creadoras de esto, por eso se llama el índice de abuela. Y al año siguiente, en el 83, hubo un gran simposio en Nueva York de genetistas y antropólogos forenses de todo el mundo. Vinieron de Europa también, y la respuesta fue, sí, se puede. La sangre de ustedes sirve.

[17:48]Luego de tanta incertidumbre, las Abuelas de Plaza de Mayo habían llegado a una certeza. Era posible determinar la identidad de un chico apropiado a partir de la sangre de sus abuelos. Ahora el problema era, ¿dónde realizar esos análisis?

[18:16]No, por cierto que no había muchos laboratorios que pudieran hacer estos análisis. Había algunos laboratorios privados, este, que hacían la histocompatibilidad para trasplantes, este, pero abuelas no quería saber nada con los laboratorios privados. Primero porque el más el más conocido en realidad este estaba dirigido por alguien que era un perito de de las fuerzas armadas. En fin, era no no no no daba confianza de de objetividad para una cosa tan delicada como esta. Y finalmente, eh, bueno, se se se optó por concentrar todos estos análisis en el laboratorio de inmunología del Hospital Durán.

[19:20]Y entonces, de alguna manera con todos estos, estas conclusiones que iban sacando pudieron como empezar a acceder a la primera, recuperación. Recuperación, que fue en el 84. En el 84 fue la por primera vez restituida una niña, una nietita que, este, se hizo a través de los exámenes inmunogenéticos. Sí. En esa época este, también era duro de expresarle a los jueces el derecho y cómo cómo ellos lo asimilaban los jueces, que parecía que era un divorcio.

[19:58]Claro, claro, claro. Como cuando se separan los papás que se disputan la niña o el niño. Y nosotros le querían adjudicar a los apropiadores derechos de visita. Claro. Entonces, pero era absurdo, como si ese hombre es un delincuente. Robó a una niña de los brazos de su mamá en un campo de concentración y le van a decir que tiene derecho a verla. En diciembre de 1983, la Argentina vive nuevamente en democracia. Los horrores de la dictadura salen a la luz y comienzan los reclamos de justicia. Pero también hay muchos sectores que se oponen a que se sepa la verdad. El primer día hábil de la democracia, las abuelas llevan el caso de Paula Eva Logares al juzgado. Habíamos logrado que la lleven a sacar sangre al Durán. Justo el día que ella va que la llevan a sacarle sangre, ese día estaba bajando Mary Claire King del avión. Así que fue derechito para el hospital y bueno, y ahí este, supimos enseguida que era que era Paula.

[21:28]Y bueno, ese es el Dr. Balaci, quien en una de las salas me dice, bueno, la situación, me dice, mi abuela está buscando, que yo estaba viendo con, con quien yo vivía en mis padres y me dice otra situación. Me presenta a mi abuela, entra mi abuela y ahí nos ponemos a charlar. Le dicen a ella que yo soy la mamá de su mamá y ella se enoja muchísimo y dice que no me conoce. Y y yo le digo que bueno, que sus papás son este, que que le que el sol, sus papás son sus papás.

[22:06]Entonces yo le digo que bueno, que su mamá era mi hija y su papá era el esposo de mi hija y que esos señores, ninguno de los dos era mi hijo. Por lo tanto, yo no tenía nada que ver con eso, ellos se quedaron con ella y que bueno, que yo este le estuve buscando todo este tiempo y que por fin la había encontrado. Fue duro para nosotros porque la duda era, ¿estaremos haciendo bien? ¿Qué, qué va a pasar con esa criatura? ¿Qué sufrimiento? Entonces nosotros ese día nos fuimos las dos en la, yo era vicepresidente en ese momento, había otra presidenta, que es una de las fundadoras. Y nos quedamos en la sede, pero fueron psicólogos, fueron abogados, la abuela biológica. Y yo me acuerdo que yo me quedé casi llorando, imaginándome esta criatura. Cuando la separaban de lo que ella, creía que eran sus padres.

[23:23]Y seguimos discutiendo así un largo rato. Con mi nieta. Hasta que en un momento me enojo yo para dentro y digo, bueno, si si esta si esta moza es mi nieta, no va a poder conmigo. Entonces se me ocurrió preguntarle si ella se acordaba de cómo ella llamaba a sus papás. Dijo, no. Entonces le dije que Mónica le decía bien, que Mónica le salía la el nombre. Pero a tu papá no podías, eh, tu papá se llamaba Claudio y no podías pronunciar. Entonces le decía Escalió y ahí me repitió. La tercera vez lo dice con la voz como cuando era chiquita. Se larga a llorar y se queda dormida.

[24:24]No fue una, un encuentro amoroso ni ni ni cariñoso, pero para nada. Eh, habíamos acordado toda la familia que se le iba a decir estrictamente la verdad, a pesar de que a mí muchas veces en abuelas me llamaron la atención por qué era tan dura con ella. Y mi respuesta siempre fue la misma, más dura fue la vida. A ella le encapucharon, a ella le sacaron sus papás, a ella le cambiaron el nombre, eso le pasó a ella, no a mí.

[25:03]Con la ayuda de la genética, las abuelas descubrieron algo que era impensado hasta entonces. Ahora el nuevo desafío era el perfeccionamiento del método científico para lograr un grado mayor de certeza y la búsqueda de una ley que convirtiera la recuperación de estos chicos en una cuestión de Estado. Porque todavía quedaban más de 400 nietos a los cuales se les había borrado su pasado y robado su identidad, la identidad. Algo que no era considerado un derecho en la legislación argentina de ese momento, y esa era una nueva batalla que las Abuelas de Plaza de Mayo tendrían que dar.

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