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Karambolage España - el Cid | ARTE.tv Cultura

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[0:04]Cuando estaba a punto de salir de casa para ir al cine, pregunté a mi hijo que estaba inmerso en sus deberes.
[0:04]Y cuando le miro estupefacta me dice con aire de superioridad, pero mamá, no conoces al Cid, tú que tanto presumes de tus orígenes castellanos.
[0:04]Y entonces me entrega lo que los franceses llaman un pequeño clásico, el Cid de Corneille.
[0:04]Al entrar en la ciudad se atraviesa un puente con estatuas de los reyes de la época, de Doña Jimena y al final esta imponente escultura del Cid barbudo, a caballo, aterrador con su espada en la mano.
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[0:04]Cuando estaba a punto de salir de casa para ir al cine, pregunté a mi hijo que estaba inmerso en sus deberes. ¿Te importa que me vaya? Va, yo no te odio. responde con gran dignidad. Perdón. Y repite con aire muy digno. Ve, yo no te odio. Y cuando le miro estupefacta me dice con aire de superioridad, pero mamá, no conoces al Cid, tú que tanto presumes de tus orígenes castellanos. Y entonces me entrega lo que los franceses llaman un pequeño clásico, el Cid de Corneille. Es cierto que mis antepasados, como el Cid, proceden de Burgos. Al entrar en la ciudad se atraviesa un puente con estatuas de los reyes de la época, de Doña Jimena y al final esta imponente escultura del Cid barbudo, a caballo, aterrador con su espada en la mano. Esta es la imagen que los españoles tenemos de nuestro héroe medieval. Desde muy pronto, ya en la escuela, estudiamos sus hazañas en el cantar del Mio Cid, que es la canción de gesta más antigua y mejor conservada de la literatura española. Escrito en 1200 por un autor desconocido, este poema narra la historia del héroe de la reconquista, Rodrigo Díaz de Vivar, el terror de los musulmanes. La reconquista fue la lucha sin cuartel de los cristianos españoles a lo largo de casi siete siglos para expulsar a los musulmanes de la península. Pero no sabía que para los franceses el Cid es ante todo la tragedia en alejandrinos del gran dramaturgo y poeta francés del siglo XVII, Pierre Corneille. Una parte esencial de la trayectoria escolar de todo niño francés. Me sumergí en este Cid francés, lo leí con pasión y me di cuenta de que los franceses tienen una idea muy diferente del Cid, menos guerrera y mucho más romántica. Es maravilloso. Y aquí está la famosa cita. Jimena le dice al Cid, ve, yo no te odio. Toda la trama de Corneille se resume en esta famosa frase. Jimena se debate entre su amor por Rodrigo el Cid y el odio que le impide perdonarle por haber matado a su querido padre. Tranquilos, no se preocupen, no voy a hacer ahora un estudio comparativo entre el poema del Cid español y el Cid que teatralizó Corneille. Basta con saber que Corneille se tomó muchas libertades con la historia. Pero en realidad, quién era esta figura mítica del Cid, Rodrigo Díaz de Vivar. Nació en 1043, en plena reconquista. En aquella época, España estaba ampliamente dominada por los musulmanes, los moros, como se les conocía, habían dividido su territorio en pequeños reinos, las taifas. Eran tiempos confusos con constantes batallas por conquistar reinos, cristianos contra musulmanes, cristianos contra cristianos e incluso musulmanes contra musulmanes. Para complicar las cosas, los musulmanes a veces incluso recurrían a guerreros cristianos como el Cid para conseguir sus fines. Entonces, era el Cid un héroe patriótico o un mercenario? En realidad no lo sabemos. Una cosa es cierta, decepcionado por su rey, Alfonso VI, al Cid en ese momento le preocupaba menos el futuro reino de Castilla que ganar dinero y poder. Quizás se pregunten por qué le llamaban Cid. La palabra Cid viene del árabe Sid o Sayyid, señor. Y es que este gran orador, que además hablaba árabe con fluidez, era a la vez temido y respetado por los musulmanes. También se le conocía como Campeador, el que siempre triunfa. Son innumerables las batallas ganadas por este valiente guerrero valeroso y fino estratega. De hecho, existe una ruta turística que sigue el camino de sus conquistas hasta Valencia, donde se proclamó rey y donde murió en 1099 a los 50 años. Jimena, su amor de toda la vida, ordenó que embalsamaran su cadáver y lo colocaran en su caballo para llevarlo a Burgos, donde quería que lo enterraran. Según cuenta una conocida leyenda, cuando sus enemigos vieron al temido Rodrigo Díaz de Vivar sentado sobre su caballo, huyeron despavoridos. Por eso se dice que el Cid siguió ganando batallas después de muerto. Hoy por fin descansa junto a Jimena en la catedral de Burgos. Bueno, lo que queda de él, porque cuando las tropas de Napoleón invadieron España, los soldados encontraron su tumba. Gracias a Corneille, los franceses lo sabían todo sobre el Cid y estaban seguros de encontrar un rico botín en esta famosa tumba. La saquearon y se llevaron todo, incluidos los huesos. Hoy quedan restos del Cid en Francia, Alemania, Rusia y Polonia. Así que a regañadientes devolví a mi hijo su pequeño clásico. Le pregunto si él y sus amigos no son un poco jóvenes para entender estos espléndidos versos. Pero una vez más, se arma de dignidad y dice, soy joven ciertamente, mas en los bien nacidos el valor no aguarda los años. Dos versos más de Corneille que es absolutamente necesario que conozcas, me dice, si de verdad quieres integrarte en Francia. Una cosa es segura, mi imagen del Cid es ahora un poco confusa. Entre el guerrero despiadado a la española y el joven enamorado a la francesa, cuál debo elegir?

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