[0:14]Cada lunes me tomo el tren, me bajo, camino unos metros y me tomo un taxi. Con un poco de esfuerzo, subo al auto, digo la dirección y el chofer arranca. En eso, por el espejito me sonríe y me dice: "Qué lindo día, ¿no?" "Sí, la verdad que sí". "Andás paseando?" No sé ustedes, pero yo, un lunes a las 3 de la tarde no tengo la suerte de estar paseando. No, trabajando, le digo con la voz más fuerte que me sale. "Ah. ¿Y de qué trabajás?" Soy psicopedagoga. Trabajo pensando formas para que otros puedan. Lo maté.
[1:42]Pero bueno, yo los lunes a las 3 de la tarde estoy yendo a trabajar. Trabajo en un colegio y con pacientes particulares con discapacidad. En el colegio donde trabajo, los chicos ya saben que yo hablo así. Hablo raro y, según Salvador, de 4 años, yo hablo así porque me duele la panza.
[2:19]Pero no. En realidad, yo hablo así porque cuando nací tuve un paro respiratorio. Y luego otro a las 12 horas de nacer. Esa falta de oxígeno ocasionó una lesión en mi cerebro que afecta toda mi parte motriz. Parálisis cerebral, dijeron los médicos. En ese momento, nadie sabía qué iba a poder yo hacer. Pero algo era seguro: que de poder, iba a poder distinto. Durante la escuela primaria hubo muchos maestros que me acompañaron, que pudieron ver en mí todo lo que yo podía hacer. Por supuesto, que no faltó quien pensara que yo no iba a poder terminar la primaria ni la secundaria, en la facultad ni siquiera pensaban. O quien prefería que yo esté en el fondo del aula porque supuestamente no sabían qué hacer conmigo. No estaban preparados. Nadie está preparado. La discapacidad no te manda WhatsApp y te dice, "Preparate, llegó en cinco".
[4:20]En todo caso, la mejor forma de estar preparados es valorando la diversidad como parte de lo cotidiano. Valorando a cada alumno, a cada persona por lo que puede dar.
[4:41]En la escuela donde trabajo está Miguel. A Miguel tiene cinco años y le cuesta mucho quedarse sentado. Su maestra me consulta preocupada. Yo lo observo y le sugiero que en vez de que esté sentado en el piso, que esté sentado en una silla. Así sus pies y su espalda están apoyados, él se siente más contenido y puede prestar mayor atención. Como yo, que cuando estoy bien sentada me canso menos y puedo prestar mayor atención. Y funcionó, porque siempre funciona la mirada puesta en lo que se puede. Porque sobre lo que no se puede... Sobre lo que no se puede, no se puede construir nada. Se cae. Los chicos después de la escuela tienen fútbol, danza, hockey. Pero los chicos con discapacidad tienen terapias, largas horas, diferentes caras, diferentes formas de mirar. Y eso, cuando yo era chica, se plasmaba en mis juegos. Sí, mis muñecas tenían terapias. Cuando jugaba con una amiguita me decía, "Qué raro. Yo estoy jugando a llevarlas a la plaza y vos las llevás siempre a un lugar que se llama kinesiología.
[6:59]Lo que pasa es que lo que vivís de chico te marca. Por eso es tan importante que los que trabajamos con chicos sepamos cómo tratarlos. Ante todo, son chicos. Después de recibirme, creé Desde Adentro, un proyecto a través del cual difundo mi mirada sobre la discapacidad. Porque no es lo mismo estudiar sobre una pierna torcida que convivir a diario con una pierna torcida. Pareciera que a veces se repiten fórmulas, todas iguales, para casos que ya son distintos. Por ejemplo, parálisis cerebral, dos puntos, fortalecer el tronco, estimular la marcha, poner férulas, hacer cirugías, una pizca de sal y una de pimienta.
[8:29]Y la persona. ¿La miraron? ¿Saben cómo convive con sus dificultades? ¿Saben cuáles son sus deseos y sus temores? Si son chicos, respetan sus espacios de juego tan necesarios para crecer.
[9:03]Responder estas preguntas nos va a permitir saber lo que la persona necesita para ser y hacer. Y así el mueble en donde clasificamos los diagnósticos nos va a quedar chico, porque la persona siempre es mucho más que un diagnóstico.
[10:00]Cuando era chica, un día se acercó una monja. Me miró y me dijo, "Ojalá que te cures".
[10:16]Yo la miré y sin dudarlo le dije, "Ya estoy curada". Claro, porque en todo caso curarme fue aprender a convivir con lo que me pasa. Y para aprender a convivir, hace falta generar contextos más flexibles, que no solo pasan por construir una rampa y no taparla, sino por crear entornos en donde la persona con discapacidad pueda ser y hacer a su modo, sin tener que parecerse a nadie para recibir el premio de ser incluido.
[11:31]Lo que hace falta hacer es simple: hacer más fácil lo que ya es difícil. No somos pobrecitos. Ni tampoco somos angelitos. No somos especiales. Especiales son las pizzas.
[12:07]No tenemos capacidades diferentes. Capacidades diferentes tienen un balde y un vaso.
[12:26]Somos personas con discapacidad. Personas, muchas gracias.



