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✅ La GUERRA CIVIL ESPAÑOLA en 13 minutos | Resumen fácil y divertido

Memorias de Pez

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[0:00]Un conflicto en el que el país se desangró en una lucha que duraría casi 3 años.
[0:00]La historia de cómo España quedó arrasada y de cómo se convirtió en el campo de pruebas perfecto para que alemanes e italianos probasen sus nuevos juguetes de cara a la Segunda Guerra Mundial.
[0:00]Fue entonces cuando se celebraron unas elecciones generales en la que una coalición de izquierdas llamada el Frente Popular ganó las elecciones.
[0:00]Sin embargo, las elecciones no acabaron con la inestabilidad social que el país llevaba sufriendo desde que se proclamase la Segunda República, sino más bien todo lo contrario.
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[0:00]Hoy en Memorias de Pez hablamos de la mayor guerra de la historia de España. Un conflicto en el que el país se desangró en una lucha que duraría casi 3 años. La historia de cómo España quedó arrasada y de cómo se convirtió en el campo de pruebas perfecto para que alemanes e italianos probasen sus nuevos juguetes de cara a la Segunda Guerra Mundial. Un conflicto que se llevó por delante la vida de medio millón de personas. Hoy en Memorias de Pez, la guerra civil española. Para comenzar esta historia nos tenemos que ir a febrero de 1936. Fue entonces cuando se celebraron unas elecciones generales en la que una coalición de izquierdas llamada el Frente Popular ganó las elecciones. Sin embargo, las elecciones no acabaron con la inestabilidad social que el país llevaba sufriendo desde que se proclamase la Segunda República, sino más bien todo lo contrario. La Falange, un partido de corte ultraderechista al que no le molaba un pelo todo lo que olía a izquierda, incrementó mucho su tamaño tras la victoria del Frente Popular e intensificó sus acciones violentas que a su vez fueron correspondidas por distintas organizaciones de izquierdas. Las cuales tampoco eran la viva imagen de la tolerancia política. Por ello la violencia callejera, los atentados entre pistoleros, las manifestaciones, las huelgas y el ruido de sables de militares descontentos con la situación eran constantes. A todo esto se le unía el recuerdo de la Revolución del 34, que no fue otra cosa que un intento de golpe de Estado por parte de socialistas y anarquistas que tuvieron en Asturias su principal teatro de operaciones y que se saldó con 2000 muertos. Para que os hagáis una idea entre febrero y julio de 1936 antes de iniciarse el golpe de Estado, hubo un total de 262 muertos. De las 262 víctimas, 148 serían militantes de izquierdas, 50 de derechas, 19 fuerzas de orden público y 45 víctimas están sin identificar. Así que imaginaros el percal de país que se estaba quedando. Pues con todo este caldo de cultivo perfecto para el desastre total, una serie de generales conspiraban contra el gobierno de la Segunda República. El gobierno republicano de Manuel Azaña, que se olía que esta gente algo tramaba, se apresuró a alejar a estos generales de los centros de poder, enviándolos a zonas remotas de España. Sin embargo, esto no impidió que muchos de estos generales continuasen con su conspiración, y es que los militares estaban muy acostumbrados a tomar parte en la vida política de Españita y eso de tener el poder como que les gustaba mucho. En este complot destacan tres nombres: Emilio Mola tenía el papel de líder, el exiliado General Sanjurjo, que había intentado dar un golpe de Estado años antes, se encargaría de presidir la Junta Nacional de Defensa, y por último tenemos a Francisco Franco. Quien finalmente se hará con los mandos del bando sublevado. El 14 de julio de 1936 es asesinado José Calvo Sotelo, líder de la derecha monárquica, como respuesta al asesinato del teniente Castillo, un popular guardia civil de izquierdista. La muerte de José Calvo Sotelo hizo que todo se adelantase y convenció a los sectores conservadores, más reacios al golpe militar, como pueden ser los carlistas y los seguidores de la CEDA, a participar directamente en él. La sublevación contra el gobierno de la República comenzó el 17 de julio en Melilla. Ese día se sublevó el ejército de África y al día siguiente, guarniciones de toda España comenzaron a sumarse al golpe. Sin embargo, otras muchas fuerzas militares permanecieron fieles a la República. La guerra civil era ya inevitable. La sublevación triunfó sobre todo en las áreas rurales donde la iglesia y los caciques tenían una gran influencia sobre la población. No obstante, el golpe también fue seguido en algunas ciudades como Sevilla, Córdoba o Zaragoza. Sin embargo, las ciudades más industriales como Bilbao, Madrid o Barcelona se mantuvieron fieles a la República. En otras se produjo la sublevación, pero no con la fuerza suficiente y los rebeldes acabaron atrincherados en los cuarteles de sus ciudades como ocurrió en Toledo o en Gijón, donde los sublevados ofrecieron una increíble resistencia ante las milicias republicanas. En los primeros días de la sublevación, moriría el General Sanjurjo en un accidente de avión, quedando el mando del bando sublevado en Francisco Franco y Emilio Mola. La primera gran operación de la guerra civil fue la marcha de las columnas sublevadas hacia Madrid, donde los milicianos fieles a la República pararon su avance en las afueras de la ciudad en la Batalla de Guadarrama. Es importante mencionar que la tropa sublevada y leal a la República tenía un número parecido, pero el 70% de los mandos sí se sumaron al golpe, lo que otorgaba al ejército sublevado una ventaja operativa vital. Además, los sublevados contaban también con el ejército de África, en el que estaban las mejores tropas del ejército español y entre las que se encontraban muchos indígenas de los territorios españoles de Marruecos, conocidos popularmente como los moros. Desde Barcelona pronto salieron columnas de voluntarios organizadas por diferentes sindicatos, partidos políticos y organizaciones paramilitares con el objetivo de retomar el territorio sublevado. Entre todas las columnas destaca la columna Durruti, dirigida por Buenaventura Durruti, que resultaría muerto más tarde en la defensa de Madrid. En los primeros tres meses de la guerra civil ocurrieron varios hechos vitales para el devenir de la guerra. El ejército de África, bloqueado en Marruecos, pudo poner pie en la península Ibérica, gracias primero al envío de aviones de transporte alemanes, ya que Hitler tenía muy claro a qué bando apoyar y más tarde gracias a la decisión republicana de mandar la mayor parte de su flota al Cantábrico. En agosto de 1936, una columna formada por integrantes del ejército de África, conocida por su violencia y represión como la Columna de la Muerte, avanzó desde Andalucía hacia Madrid, ocupando gran parte de Extremadura y las ciudades de Mérida y Badajoz. En esta última se produjo una gran matanza de al menos 3000 prisioneros. Las matanzas en la retaguardia de ambos bandos eran constantes y se llevaron la vida de 50.000 personas. La más importante en el bando republicano fue la matanza de Paracuellos. Una dimensión aún mayor alcanzaría la represión en la posguerra. La caída de Badajoz no era la única mala noticia para la República. Los sublevados habían tomado Irún, lo que aisló al norte del resto del territorio republicano y de la frontera francesa. La mala gestión de los primeros meses de la guerra llevó al gobierno republicano a hacer un cambio de cromos. José Giral, presidente de la República, dimitió, siendo sustituido por el ya mítico Manuel Azaña, que encargó a Francisco Largo Caballero la formación de un gobierno adecuado. En septiembre de 1936, Franco, recién nombrado Generalísimo, gracias a la fama que le dio conseguir en gran parte la ayuda alemana e italiana, envió sus columnas que marchaban hacia Madrid a levantar con éxito el sitio del Alcázar de Toledo, consiguiendo un gran golpe de moral para el bando sublevado. Sin embargo, esto le dio tiempo a Madrid para reforzarse y reorganizar su defensa. El 8 de noviembre de 1936, los sublevados atacan Madrid y a pesar de que cruzaron el río Manzanares, fueron rechazados en la ciudad universitaria tras una encarnizada lucha en la que intervinieron las recién creadas Brigadas Internacionales, constituidas por voluntarios antifascistas de todo el mundo. El ejército sublevado trató de tomar Madrid por la carretera de la Coruña, pero fracasó en sus tres intentos. La toma de Madrid se pospuso por una larga temporada tras no poder cortar la carretera de Valencia para sitiar la ciudad durante la Batalla del Jarama en febrero de 1937. También en febrero de 1937, los sublevados tomaron Málaga, uno de los grandes bastiones del sur que aún estaban bajo el control republicano. Tras la batalla de Guadalajara, en la que los sublevados comprendieron que tomar Madrid era imposible, los refuerzos rebeldes se centraron en el norte. Allí el general Mola planeaba con sus tropas acabar con el cinturón de hierro y a partir de ahí ocupar toda la zona norte republicana. La misión se realizó con éxito en la primavera y verano de 1937. En ella fue fundamental la aviación alemana, concretamente la Legión Cóndor, un grupo de aviación que Hitler envió a España para ayudar a Franco. Entre sus acciones destaca el bombardeo de Guernica, erróneamente considerado el primer bombardeo de la historia sobre población civil, ya que había habido unos cuantos antes en la Primera Guerra Mundial y tal. Para aliviar la presión sublevada en el norte, la República lanzó un potente ataque en el centro peninsular, dando lugar a la batalla de Brunete, que finalizaría el 26 de julio con un empate. Reanudándose tras ella el avance sobre Santander. Con la toma de Gijón el 20 de octubre de 1937, la República perdía un gran bastión industrial que ahora comenzaría a producir para el bando sublevado. Durante la campaña del Norte, el General Mola también murió víctima de un accidente de avión, dejando el poder absoluto a Franco. Sí, otro accidente de avión como el de Sanjurjo, algo raro, ¿no? Bueno, poco antes, en mayo de 1937, comunistas y anarquistas se habían enfrentado por sus diferentes formas de ver el conflicto, dejando más de 200 muertos. Este hecho aumentó la influencia comunista en el gobierno de la República y aupó a Juan Negrín al frente del gobierno republicano tras la dimisión de Largo Caballero. En diciembre de 1937, la República realizó una gran ofensiva contra Teruel con el fin de parar el previsto ataque sobre Madrid. Sin embargo, Teruel sería reconquistada dos meses después en una batalla en la que las fuerzas republicanas mostraron claros síntomas de debilidad y desorganización. Fue entonces cuando Franco mandó llevar a cabo la ofensiva de Aragón, cuyo resultado sería la división del territorio republicano en dos, por un lado Cataluña y por el otro el resto del territorio republicano. Tras la toma de Castellón por parte de las tropas franquistas, la República llevó a cabo una acción desesperada con la intención de darle la vuelta a la Guerra Civil en lo que sería la mayor batalla de la historia de España, la batalla del Ebro. Por tanto, tras recibir nuevo armamento por parte de la Unión Soviética y reorganizar sus tropas desde Cataluña, se llevó a cabo un ataque a gran escala sobre el río Ebro en la provincia de Tarragona. El ejército del Ebro cruzó el río la noche del 24 al 25 de julio de 1938 entre Benifayet y Mequinenza, lo que abarcaba unos 60 kilómetros de frente. Pronto las fuerzas republicanas conquistaron poblaciones como Ascó, Mora de Ebro, Flix, entre otras. Desde esta zona se avanzó hacia el interior, haciéndose las tropas republicanas fuertes en la zona de Gandesa, donde resistieron durante meses. En primera instancia la operación estaba resultando un éxito. El ejército del Ebro cogió por sorpresa a su enemigo y avanzó rápidamente, pero pronto cambiaría su suerte. Franco por su parte, envió refuerzos de todas partes de España, lo que hizo que otras ofensivas como la de Valencia tuvieran que ralentizarse. Cabe destacar que en esa zona ya estaban desplegadas tropas de élite del ejército franquista antes del ataque. El cuerpo del ejército marroquí con el General Yagüe al mando destacaba entre estas. La aviación alemana y las tropas italianas también se sumaron a la batalla, siendo la Legión Cóndor una fuerza prácticamente decisiva. Tal potencia concentró el bando sublevado en la zona que consiguió frenar el avance republicano que inexplicablemente no había contado con el apoyo de la aviación republicana. El frente estuvo más o menos estabilizado durante meses hasta principios de noviembre de 1938, cuando el ejército sublevado contraataca de manera tan fuerte que el ejército del Ebro se ve superado y tiene que cruzar el río en su desembocadura. Y a partir de ahí la batalla fue un sálvese quien pueda para las tropas fieles a la República, ya muy mermadas. El 16 de noviembre se dio por acabada la batalla y comenzó la ofensiva sobre Cataluña. Sin las Brigadas Internacionales, retiradas por motivos diplomáticos, con un ejército sin moral y ya muy desorganizado y sobre todo mal equipado, la República esperaba su fin. Tan solo el inminente inicio de la Segunda Guerra Mundial podía evitar la catombe, por lo que había que resistir. Franco llevó a cabo la ofensiva de Cataluña, entrando las tropas sublevadas en Barcelona sin resistencia el 26 de enero de 1939. Tras esto, cientos de miles de militares y civiles cruzaron la frontera francesa, siendo muchos de ellos recluidos en campos de concentración franceses. Uno de los últimos reveses de la República fue cuando la flota de Cartagena partió hacia Francia para evitar ser cañoneada por las baterías de costa por parte de elementos franquistas que durante un breve periodo se hicieron con el control de puntos estratégicos de la ciudad. Francia anunció que entregaría esos buques a Franco, por lo que la República se quedó sin unos navíos que habrían permitido más tarde una evacuación ordenada de elementos republicanos que finalmente no pudieron escapar del país. El 1 de marzo de 1939, la República recibió el golpe de gracia en Madrid. Después de que el Coronel Segismundo Casado, jefe del ejército centro, diese un golpe de Estado contra el gobierno socialista de Juan Negrín, partidario de continuar la guerra. Casado y otras personalidades republicanas de renombre como el General José Miaja o el socialista Julián Besteiro, buscaron tomar el control del territorio republicano para después negociar una paz honrosa con Franco. El golpe de Estado, en el que colaboraron espías franquistas e integrantes de la quinta columna, triunfó en todo el territorio republicano. Tan solo en Madrid hubo combates durante unos pocos días, en lo que fue una pequeña guerra civil dentro de la guerra civil, pero finalmente las tropas comunistas entendieron su derrota. El problema para los casadistas fue que cuando tomaron el control, Franco solo aceptó una rendición incondicional. Vaya, quién se lo iba a esperar. El 28 de marzo, casi sin resistencia y con una República ya derrumbada, las tropas sublevadas entraban victoriosas en Madrid, ocupando durante esos días la mayor parte del territorio republicano. El 1 de abril de 1939, tras la toma de Alicante, último bastión republicano, la radio hacía un anuncio, el último parte de guerra de la Guerra Civil Española. "En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, 1 de abril de 1939, año de la victoria." Unos meses más tarde, comenzaba la Segunda Guerra Mundial, pero esa historia ya la sabéis por otro vídeo. Así que nada, si os ha gustado el vídeo, ya sabéis que podéis suscribiros a Memorias de Pez y si os gusta la economía a Memorias de Tiburón. Por lo demás, un saludo y hasta la próxima.

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