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Adiós a la deuda eterna: México rescata el derecho a la vivienda | La BaseLatam 1x168

La Base América Latina

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[0:00]reforma al artículo 123 para reconocer el derecho a la vivienda de las y los trabajadores. Se acabó la visión del Infonavit y del Foviste como negocios. La vivienda es un derecho del pueblo de México. En la cuarta transformación, tenemos la convicción de que el Estado debe garantizar los derechos del pueblo. El acceso a la educación, a la salud y el acceso a la vivienda. Fueron tantos años de abandono que aún tenemos mucho por hacer, pero se ha avanzado muchísimo. La vivienda no es un negocio ni un privilegio, es un derecho. La frase debería sonar elemental, casi indiscutible, sin embargo, en buena parte del mundo empieza a sanar a sonar como una consigna radical, casi utópica, revolucionaria, porque algo tan básico como tener un techo se ha convertido en un lujo. No por una catástrofe natural ni por una fatalidad inevitable, sino por una decisión política sostenida durante décadas. Dejar la vivienda en manos de la especulación, del mercado y de esa supuesta autorregulación que, como siempre, regula muy bien para unos pocos y expulsa a las mayorías. Hoy alquilar es una condena para millones, comprar una casa es una fantasía para otros tantos y pagar una hipoteca puede convertirse en una trampa de por vida. Fondos de inversión, desarrolladoras, bancos y plataformas inmobiliarias han hecho de la necesidad más básica un enorme negocio. Y cuando la vivienda se convierte en mercancía, la consecuencia es siempre la misma: casas vacías, familias hacinadas, créditos impagables, barrios expulsados y ciudades diseñadas no para vivir, sino para rentar. Por eso, cualquier medida política que busque desmontar este modelo merece ser observada con atención. Y por eso hoy en la base América Latina queremos mirar a México. Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la condonación de 577 créditos impagables del Fondo de la Vivienda para los trabajadores del Estado. La cifra por sí sola ya dice bastante, estamos hablando de cientos de familias atrapadas en esquemas de endeudamiento que, en muchos casos, duplicaban el valor original de la vivienda. Es decir, ciudadanos convertidos en rehenes de créditos tramposos diseñados en los años del neoliberalismo para beneficiar al sistema financiero mucho más que a quienes necesitaban una casa. Traducido en términos simples, el Estado mexicano está interviniendo para reparar un daño que durante años fue presentado como normal. Está diciendo que no todo contrato es justo por el simple hecho de haber sido firmado, que no toda deuda es legítima por el simple hecho de existir y que cuando un modelo condena a centenares de personas y, si me apuro, a miles de personas a pagar eternamente por una vivienda que nunca termina de saldar, lo que corresponde no es moralina financiera, sino justicia social. Y hay algo más, porque esta decisión no llega sola, se inscribe en un proyecto mucho más amplio. Vivienda para el bienestar, un programa con el que el Estado se propone construir cerca de 2 millones de viviendas para familias de bajos ingresos. Madres solteras, adultos mayores, personas con discapacidad, sectores históricamente excluidos, todos ellos aparecen por una vez, no como sobrantes del mercado, sino como sujetos de derecho. Y eso en el panorama global actual es casi una rareza. Mientras en otras latitudes se blindan los intereses de fondos como Blackstone, se naturalizan los desahucios y se repite que el mercado ya encontrará el equilibrio. En México, el Estado aparece para corregir, intervenir y garantizar algo que nunca debió dejar de garantizar, el acceso a una vivienda digna. Claro que eso incomoda mucho, incomoda a quienes prefieren hablar de populismo cada vez que un gobierno decide favorecer a las mayorías. Incomoda a quienes llaman libertad a la especulación y eficiencia a que una familia pague dos o tres veces el valor de su casa. Incomoda, en definitiva, a quienes no entienden o no quieren entender que una sociedad no se mide solo por su crecimiento económico, sino también por la forma en que garantiza las condiciones materiales mínimas para vivir con dignidad. Por eso hoy en la base América Latina hablamos del derecho a la vivienda, de cómo se viola cada vez más en el mundo y de cómo, al menos en este rincón, se intenta reparar. Bienvenidos y bienvenidas.

[4:46]Marco Teruchi, por fin, buenas noticias y otra vez hablando de México, algo que no me deja de alegrar. ¿Qué nos traes, compañero? Bueno, vamos a hablar del plan de vivienda que tiene el gobierno de Claudia Sheinbaum, de reestructuración de créditos, de viviendas construidas desde cero, de mejoramientos para entender cómo se está perfilando el intento de solucionar un déficit muy grande, no solo en México, sino a nivel global de la vivienda. ¿Qué dicen nuestros medios de referencia sobre estos anuncios de la Presidencia, compañera Estefanía? Inna, para unos medios mexicanos, está bien pagarle a un banco una deuda millonaria, pero como que está mal generar vivienda para las personas y para los trabajadores. Vamos a ver cómo lo van enmarcando, que hay unos sectores muy preocupados, ¿quiénes son los voceros de las empresas privadas y de estos fondos? Ya lo veremos en mi sección. Y hoy también nos acompañará la profesora, investigadora en la UAM, Rosalva Loide. Vamos a arrancar ya, Juanma.

[5:54]Hay una verdad en este mundo difícilmente debatible, ser joven y tener vivienda propia es una odisea, muchas veces directamente un sueño imposible. No importa si se está en Brasil, en Chile, en Estados Unidos, en Tokio, en España o en México, hay una ecuación siempre igual. Los salarios van, con suerte en bicicleta y los precios de los alquileres y las ventas van en avión. Es un fenómeno de todas las economías de mercado que tiene una explicación que desarrolló, por ejemplo, el economista Thomas Piketty en su libro El Capital en el siglo XXI. Dicho de manera muy resumida, el capital, la riqueza, se está concentrando desde hace décadas en los inmuebles cuyo valor crece mucho más rápido que el de los salarios cuando crecen. Conclusión, los precios de las casas suben, son más inaccesibles para quienes trabajan y no tienen herencia, o sea, la gran mayoría, y la desigualdad es cada vez más grande. A esa conclusión se junta otra, si no se toman medidas desde los Estados, ese proceso de distancia entre las viviendas y las personas y sus salarios solo va a crecer y crecer. Ya se podrán imaginar que la mano invisible del mercado no va a hacer nada para revertir esta situación, donde se acumulan viviendas vacías para la especulación y casas donde viven cada vez más generaciones amontonadas porque los hijos no tienen a dónde ir. Y hablo no solo de las clases más desfavorecidas económicamente, sino también de las clases medias. En síntesis, ¿qué hace falta? Que el Estado intervenga en esta situación. Y es justamente lo que está ocurriendo en México, donde existe una serie de políticas para contrarrestar ese fenómeno de crisis de acceso a la vivienda. Los últimos anuncios ocurrieron el pasado fin de semana en una gira que realizó Claudia Sheinbaum en los estados de Morelos, Puebla y Tlaxcala. En Puebla, por ejemplo, más específicamente en San José Chiapa, anunció dos cosas: la condonación de 577 créditos impagables del Fondo de la Vivienda para los trabajadores del Estado.

[7:53]Vayamos por partes, porque cada número anunciado en ese municipio esconde números muchísimo más grandes. Empecemos, punto número uno, por la condonación de créditos impagables para ponerlo en perspectiva y cantidad, Veloz, adelante con este temazo. Bueno, resulta que durante los sexenios anteriores en México, millones de personas se endeudaron con el Fondo de Vivienda para Trabajadores del Estado y se trataba de créditos que tenían un problema central, estaban indexados a la inflación.

[8:23]O sea, cuando más subía la inflación, más subía el monto de interés de crédito a pagar, lo que generó un efecto de bola de nieve, haciendo crecer y crecer y crecer la deuda, porque, claro, la inflación y en consecuencia los montos a pagar subían más rápido que los salarios y las deudas se volvieron impagables. Entonces, lo que el gobierno mexicano puso en marcha es un plan de reestructuración de deudas para desindexarlas de la inflación, o sea, que la deuda no suba con la inflación, sino que tenga una tasa de interés ya fija. Y se preguntarán, ¿de cuántos créditos hablamos? Bueno, escuchen bien, casi 5 millones de créditos. Escuchemos al director del Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores, Infonavit, explicando el plan de reestructuración. más de 4,000,856,000 créditos impagables hoy están en condiciones ya de ser liquidados por los derechohabientes. En qué consiste esta reestructuración? En algunos casos, les quitamos todo lo que se les había cobrado en exceso. les quitamos tasa de interés, les redujimos la tasa de interés. Y ahora, ya estos créditos están en condiciones de ser liquidados por los derechohabientes, por ustedes. Así es de que es una gran noticia. Casi 5 millones de créditos, 5 millones de familias ilusionadas con una vivienda que pasaron a vivir una pesadilla financiera. Y si tomamos que el promedio de personas por hogar en México, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los hogares es de 3,4 integrantes. Esto significa beneficiar a unas 17 millones de personas. Y claro, este esquema de créditos de intereses impagables ocurría con una institucionalidad atravesada por muchísima corrupción. Tan solo esta semana, por ejemplo, fue detenido en Estados Unidos el empresario mexicano Rafael Zaga Tawil, empresario acusado de fraude millonario al Infonavit durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Un caso en el que ya habían sido detenidos dos exfuncionarios del Infonavit en 2021. La corrupción es el aceite del neoliberalismo, como dice el dicho. Bueno, vayamos ahora al punto número dos, esto de las viviendas nuevas, cuéntanos. Bien, vamos a este punto. Acá el plan del gobierno es avanzar en la construcción de 1.8 millones de viviendas durante el sexenio de Sheinbaum, lo que beneficiaría a más de 6 millones de personas, tomando siempre el promedio de la familia tipo mexicana. En este caso, las viviendas son para quienes tienen ingresos menores a dos salarios mínimos, que no tienen créditos hipotecarios ni vivienda propia, claro está. Las viviendas deben ser construidas por diferentes organismos del Estado, 500,000 por parte de la Comisión de Vivienda y 1,200,000 por parte del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores del Estado. Y el plan está avanzando estado por estado en todo el país. Veamos, por ejemplo, en el mapa algunos de los estados con más avances, tenemos yendo de mayor a menor a Tamaulipas con 49,651 viviendas, Yucatán con 40,669,000 viviendas, Veracruz con 40,629, Quintana Roo con 37,011 viviendas, Baja California, mi Estado, con 20,080, Guanajuato 19,325 o Michoacán con 15,400 viviendas. Y detengámonos unos minutitos acá, porque esta política de reestructuración de casi 5 millones de deudas impagables de viviendas, o la construcción de 1.8 millones de viviendas nuevas en 6 años, forma parte del plan de 100 compromisos de gobierno, presentado por Sheinbaum, Claudia Sheinbaum, cuando asumió la presidencia en octubre de 2024. Recordemos, lo llamó la República con acceso a la vivienda. Escuchemos unos segundos. República con acceso a la vivienda. 48. Construiremos al menos 1 millón de viviendas durante todo el sexenio. Una parte con el Infonavit y el Foviste. Y la otra muy importante, para todos aquellos que no tienen seguridad social, va a haber un programa de vivienda popular. Las y los jóvenes podrán rentar la vivienda y después de un tiempo poder adquirir la vivienda. Además, vamos a dar 450,000 créditos a bajo costo para mejoramiento de vivienda. 49. Llevaremos a cabo un programa masivo de escrituración de vivienda. Vamos a iniciar en Tijuana y en el Estado de México.

[13:36]Ahí escuchaban a Sheinbaum en el Zócalo el primero de octubre de 2024, cuando asumió la Presidencia, parece que fue hace tanto tiempo ya. Y lo que allí planteó, además de un plan concreto para mejorar el acceso a la vivienda, es una concepción, la vivienda como un derecho. Y esa concepción de la vivienda, la casa, la tierra propia como un derecho, choca con la concepción de la vivienda como mercancía, es decir, como lugar de formación de riqueza, de especulación, de acumulación de capital. No quiere decir que no pueda existir el negocio de la vivienda, obviamente, pero sí que el Estado debe intervenir para que todos los ciudadanos tengan una vía de acceso a la vivienda y el negocio no puede estar por encima del derecho. Como pasa, por ejemplo, en todas las grandes ciudades, donde hay miles de edificios vacíos para la especulación inmobiliaria y, en simultáneo, miles de personas viviendo en las calles o hacinadas en casas o en departamentos. Y el derecho a la vivienda es además a una vivienda adecuada, o sea, con condiciones dignas en el acceso a los servicios, en el tipo de techos, de paredes, de pisos, que fue algo en lo cual el gobierno anterior, el de Andrés Manuel López Obrador, puso parte central del esfuerzo. Vean, entre el 18 y el 24, su sexenio, más de 5.8 millones de personas dejaron de vivir en condición de rezago habitacional en México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los hogares, elaborados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía. Y se preguntarán, ¿qué es el rezago habitacional? Pues es la falta de condiciones en la vivienda, que puede ser, por ejemplo, por los materiales en las cuales están construidas, casas de barro, de madera, de jacal, por falta de servicios sanitarios o por el hacinamiento de las personas. Y esta reducción hecha en el sexenio pasado equivalió a 5.5 puntos porcentuales en el parque de viviendas en rezago, que pasó del 27,3% en el 2018 al 21,9% en el 2024. Claro, siempre falta mucho, en particular si vemos que para 2024 aún quedaban 8.38 millones de viviendas con rezago en sus condiciones. Y los sectores más afectados son la población indígena, con 35% con viviendas en rezago, jóvenes, con 18 a 30 años con 24.7% de viviendas en rezago, personas mayores de 60 años con 22.8% y mujeres jefas de hogar con 20.4%. A veces, solucionar el problema de la vivienda con tanta deuda acumulada parece una odisea a la que nunca se llega al final, porque la crisis de vivienda, que lleva décadas creciendo, no es mucha, sino que es gigante, tanto en México como en América Latina. Y además no basta con la construcción en sí de viviendas. Vean, por ejemplo, lo que pasó durante los sexenios anteriores a 2018, los gobiernos construyeron casas, sí, pero cómo y dónde. Vean este dato, quedaron 600,000 casas abandonadas, que fueron construidas durante los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

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