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"El miedo es de valientes" | Julio de la Iglesia | TEDxAvAcueducto

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[0:20]Nuestro tiempo en la vida es limitado, el mío es de 17 minutos 56 segundos. Mi nombre es Julio de la Iglesia, soy Teras, técnico especialista en desactivación de artefactos explosivos y os confieso que tengo miedo. Porque este es mi mundo, una bomba y una cuenta atrás donde desactivarla y en medio muchos miedos que gestionar y muy poco margen para los errores. Pero mi experiencia me ha demostrado que cuando afrontamos el miedo, lo normal es que lo superemos y para ello he creado una fórmula basada en mi experiencia y en la de otros que como yo literalmente se juegan la vida. Y que en situaciones de alto riesgo nos ha ayudado a nosotros y a nuestros equipos a superarlo, porque tener miedo es inevitable, pero superarlo es una decisión. Empecemos por definir qué es el miedo. Es una emoción provocada por la percepción de un peligro real o imaginario, presente o futuro. Esto es algo que nos diferencia del resto de las especies. Tememos cosas o situaciones que no han ocurrido nunca y que quizás nunca se produzcan. Y yo os pregunto, ¿a qué tenéis miedo? Pensadlo. ¿Y si superar nuestro miedo personal o profesional fuese una cuestión de vida o muerte? ¿Creéis que os ayudaría a tomar decisiones más valientes, más audaces, más comprometidas? Si vuestra vida estuviese en juego, ¿delegaríais la responsabilidad? ¿Le pasaríais la pelota a otro? ¿Os distraeríais de vuestro objetivo? ¿Verdad que no? ¿Y qué es lo primero que necesitamos para vencer nuestro miedo? Una motivación, ¿un para qué? Yo viniendo hacia aquí recordaba lo que a mí me había motivado a ser un Tedas. Porque yo de pequeño lo que quería ser era un Madman. Uno de estos muñecos pequeños articulados de 17 cm. Con ellos yo podía imaginar y vivir todo tipo de aventuras y de afrontar los mayores peligros sin miedo, porque como su lema decía, podían con todo. Eso es lo que yo quería hacer. Lo descubrí un día con 8 años cuando decidí escaparme de casa. Soy el mayor de cuatro hermanos y el peor estudiante con diferencia, yo lo suspendía todo, hasta el recreo. Era lo que ahora llaman un fracaso escolar y en mi tiempo te llamaban tonto a secas. Así que un día decidí que para qué volver al colegio. Arranqué una hoja del cuaderno y escribí, "Papá, mamá, me voy a dar la vuelta al mundo, no os preocupéis, estaré bien y volveré pronto. Os quiero, Julito". Y ya lo creo que volví pronto. Al caer la noche, estaba solo, muerto de frío, se me habían acabado las provisiones, así que decidí volver. Cuando llegué, mi padre tenía entre sus manos la nota que yo había escrito y me preguntó, ¿qué significa esto, hijo? Yo no podía pensar, ni menos hablar, pero me salió la verdad. Papá, que no quiero estudiar. Mi padre, sin levantar la voz, me miró fijamente y me dijo, "Hijo, tienes que ser responsable, tienes que cumplir con tu deber. Solo hay un camino, trabajo, trabajo y trabajo, pero como te cuesta tanto trabajo estudiar, pídenos lo que quieras, que entre tu madre y yo lucharemos por conseguirlo". Y yo le dije, "Quiero, quiero un Madelman, un Madelman buzo, este Madelman". Pero a cambio tienes que aprobar el curso. Hecho. Y lo aprobé. Y me recuerdo toda una tarde metido en esa bañera con este muñeco una y otra vez sumergiéndolo ahí en un baño de espuma. ¿Cuál fue el secreto? Encontrar una motivación superior a mi esfuerzo que era estudiar y es que estar donde no quieres te empuja hacia donde quieres. El miedo a fracasar puede ser un gran motivador. Yo lo he utilizado como una palanca. Dejé de ser un fracaso escolar cuando encontré mi misión, ayudar a los demás, ser un policía. Y entonces apareció para mí un miedo terrible. El miedo a suspender, a no conseguirlo. Y pensé, ¿qué es lo contrario del miedo? La seguridad. ¿Y cómo puedo ganar más seguridad? Pues estudiando y entrenando el doble. Y así lo hice. Finalmente acabé el número uno de la promoción. Pasaron los años y me presenté a oficial, volví a sacar el número uno. Luego a su inspector, el número dos. Y finalmente fui el número uno de los Tedas, profesión que ejerzo actualmente. ¿Y qué os quiero decir con esto? Que cuando conectamos con nuestra identidad, con nuestra misión, es cuando se despliega todo nuestro potencial. Nuestros héroes pueden porque creen que pueden, porque su autoconfianza es colosal. Y es que nada en nuestra manera de pensar, de sentir, de decidir o de actuar, es ajeno a esa influencia de nuestra autoestima. Todos somos únicos, completos y capaces de conseguir lo que nos propongamos. Aunque hay una creencia errónea de que las grandes hazañas, de que las acciones heroicas, es solo de hombres y mujeres excepcionales, como Nadal y yo. Dotados de unos recursos físicos, intelectuales y psicológicos fuera de lo común. Y no es así. Todos llevamos a un héroe, a un valiente que está dispuesto a salir si creemos en él. Lo que de verdad les diferencia es algo muy humano. Es una motivación superior a su miedo, al esfuerzo de vencerlo. Y una actitud de combate que les impide rendirse ante la adversidad, sea cual sea. Estaremos de acuerdo en que eso marca una gran diferencia en la vida privada, en las relaciones y en las organizaciones. Y yo os pregunto, ¿se puede aprender a ser valiente? Aristóteles decía que no se puede llamar valiente a aquel que no siente miedo. El temerario, el que no percibe el peligro, decía, es un loco o un insensato. Solo es valiente aquel que actúa a pesar del miedo. Por lo tanto, el miedo es de valientes. Y os pondré un ejemplo, por favor. Levantar la mano, los que si paseando por un pueblo de montaña vieses caer a una persona desde un puente a un río de aguas bravas y dijeseis, lo voy a salvar. ¿Cuántos os arriesgaríais? Bueno, había algún valiente, muy bien. Y si fuese un niño el que se estuviese ahogando, ¿cuántos os tiraríais? Alguno más. Bueno, todavía algunos se lo piensan, ¿no? Eh, con la vida que me da, que me lo cuide el señor. Como veis, el truco para ser valiente consiste en someter nuestro miedo a un juicio de inteligencia y buscar una motivación, un valor fundamental para nosotros que esté en peligro y que nos impulse a actuar con coraje y determinación. Así, un carácter miedoso puede dar a luz un acto valeroso. Y es que todos podemos ser valientes si encontramos una fuerte motivación que sea más importante que nuestro miedo. Decía Madame Curie que dejamos de temer aquello que empezamos a conocer. En el análisis y en el control de situaciones de alto riesgo, lo primero que tenemos que hacer es atender a tres parámetros, a nuestro cuerpo, a nuestra mente y a nuestra atención. Si yo adopto una corporalidad de victoria, es muy difícil que yo me dé por vencido, porque mi cuerpo le dice a mi mente cómo actuar. Le dice, "Estamos preparados para el desafío". En segundo lugar, coloco a un centinela en mi cerebro que deje pasar los pensamientos enfocados en la tarea, en la solución y bloqueo otros que vengan con el lema, no puedo, no valgo. Si queremos controlar la situación, tenemos que controlar nuestros pensamientos. Tenemos que sacar esa actitud de combate. Y por último, atención plena en el instante presente, donde pones tu atención es tu elección. ¿Dónde la quieres poner? ¿En el problema o en la solución? Tenemos que mantener a raya la imaginación. Este es el cable rojo de la desactivación del miedo. La angustia y el estrés están estrechamente relacionados con imaginar un mal futuro. ¿Y si fracaso? ¿Y si suspendo? ¿Y si me despiden? ¿Y si es un tumor? Tenemos que estar en el momento presente con conciencia de que estamos ante un reto con la aceptación de que es normal que sintamos miedo, pero con una actitud de combate que nos haga ver que nuestro futuro está estrechamente relacionado con lo que hagamos o dejemos de hacer aquí y no de la suerte o el destino. Por el contrario, esas personas que se instalan en el papel de víctimas, esperando resignadas a su suerte, generalmente se convierten en parte del problema. Todos conocemos alguna persona en nuestra empresa que es parte del problema, ¿verdad? Esto no se estudia en las escuelas de negocio. Esto se aprende cuando te das cuenta de que quejarte, lamentarte, echarle la culpa al otro, al sistema, al mercado, a la crisis, no te salva. Te darán la razón, te consolarán, pero no tendrás éxito. Aquello que te habías propuesto no lo habrás conseguido. Y si algo me ha enseñado a mí mi trabajo, es que lo que de verdad importa es que lo consigas, que vuelvas a casa vivo y con el deber cumplido. Cuando analizamos esta situación de riesgo, de peligro, yo lo que hago es cambiar la palabra miedo por falta de conocimiento. Y empiezo a recabar y a contrastar toda la información para analizar la realidad tal y como es, no como era ni como me gustaría que fuese. Porque cuando tenemos miedo, lo que más tenemos son preguntas sin resolver que tenemos que contestar con información veraz y con datos fiables que nos aporten conocimiento. Porque el conocimiento delimita los riesgos y abre estrategias de acción y la posibilidad de tomar buenas decisiones. Pero a veces la situación se ha puesto tan fea que solo podemos elegir entre la mala y la peor. En estos casos, lo primero es apagar el fuego, cortar la hemorragia y luego hacernos dos preguntas. ¿Qué quiero conseguir? ¿Y qué necesito saber y hacer para conseguirlo? ¿Para no fallar? Porque confiar en la buena suerte es una temeridad, es un salto en la oscuridad. En la empresa, en la vida queremos seguridad, certidumbre, no queremos cometer errores. Pero cuántos de nosotros hemos tomado decisiones importantes en nuestra vida sin totales garantías de éxito, sabiendo que la seguridad total no existe, que el riesgo cero no existe, que lo que de verdad importa es revisar dos niveles antes de pasar a la acción. El primero es el nivel de compromiso que tenemos con alcanzar nuestro objetivo. Tiene que ser del 100%, como el agua al hervir. A 99 grados no hierve. Ese grado puede ser la diferencia entre ganar o perder, entre vivir o morir. La gente elige vivir, es curioso. Pero la mayoría de nosotros nos damos una tercera opción, sobrevivir, mal vivir, querer a medias. Nadar y guardar la ropa, esforzarnos, pero solo un poco, luchar, pero sin jugarnos la vida. Y a veces, para salvar la vida, tu relación o tu negocio te la tienes que jugar. Tienes que darlo todo. Muchas personas y equipos se rinden justo antes de ganar, y es porque su compromiso no era del 100%. El segundo es el nivel de competencia para llevar a cabo esa decisión que hemos tomado. Claro que la motivación es importante y que la actitud, como dice Víctor Cooper, multiplica. Pero si yo no tengo la formación, si yo no soy competente en mi trabajo, seré la próxima baja. Motivación sin competencia lleva al error. Permitirme la expresión, es que me convierto en un tonto útil, un tonto motivado. Eso es más peligroso que una caja de bombas. No hay que tener miedo a cometer errores, hay que tener miedo a no aprender de ellos. Lo que es un fracaso es persistir en el error esperando que esta vez sea la solución. Persistir en el error es un error. Yo como tedas no puedo fallar. El fracaso en mi trabajo siempre ha sido una tragedia. Mi compromiso con el éxito es del 100%. Para mí, la mejor garantía de éxito es la formación, el entrenamiento y la constancia. No está el foco en que no cometamos errores. El punto de mira está en ambicionar hacer las cosas bien. En dar lo mejor de nosotros en lo mínimo que hagamos. Ese es el camino para obtener un trabajo realmente excepcional y trascendente. Reducir los errores o alcanzar el éxito será una consecuencia lógica de esa excelencia. Y lo más importante, solo en la acción nos enfrentamos y superamos a nuestro miedo. Yo os pregunto, ¿cuántos de vosotros habéis aprendido a montar en bici viendo el tour de Francia sentados en el sofá de vuestra casa? Ninguno, ¿no? Porque la razón nos dice lo que debemos hacer, pero no nos da la orden de hacerlo. Se mueve en el mundo de las ideas, no de la acción. Va a ser el coraje el que nos permita dar ese salto de la razón a la acción, acabando con nuestras indecisiones. El coraje es mayor cuando no hay vuelta atrás. Cuando rendirte no te salva. Voltear escribió que el coraje no es una virtud, sino una cualidad de los grandes hombres y mujeres. Todos los hombres y mujeres estamos asustados la primera vez que entramos en acción. Pero yo os aseguro que si actuáis como valientes, acabaréis siendo valientes. Porque lo que entrenamos es lo que luego haremos bajo presión. Es la práctica y el entrenamiento lo que hace al especialista y al maestro. Esa firmeza de ánimo, esa confianza en nosotros mismos es lo esencial. Cuanto más complicada sea una situación, más serenidad de presencia. Y como último recurso para pasar a la acción, tenemos el cumplimiento del deber. Ese es el deber del que me hablaba mi padre cuando yo era un niño. Hace 23 años aproximadamente, yo estaba a punto de entrar en los Tedas, pero pertenecía a un grupo antiterrorista. Y una mañana nos llamaron para decirnos que un paquete bomba le había volado una mano a un cartero en Cibeles. Cuando llegamos allí, los Tedas nos dijeron que había otra, que nos escondiésemos, que nos atrincheraemos, que la iban a desactivar. Desde el parapeto donde yo estaba, no podía dejar de mirar esos 50 metros que ese hombre recorrió con ese traje hasta la bomba. A mí se me hicieron eternos. Cuando la desactivó y volvió, le pregunté, "Pero cómo has podido desactivar esa bomba?" Y me dijo, "Es mi deber". Este deber es el que organiza el comportamiento libre, es una conducta aprendida que nos impulsa a hacer lo que debemos, aunque esté en conflicto con nuestros derechos. Yo este fin de semana, tengo derecho a descansar, a navegar, a cenar, pero si me he comprometido con un proyecto y tengo que trabajar, lo haré, me lo dice mi deber.

[16:15]Se trata de perseverar en lo que debemos hacer sin pensar en lo que tenemos que sufrir. Me gustaría terminar reflexionando con todos vosotros sobre cómo queremos vivir, si como cobardes o como valientes. Hoy más que nunca el mundo necesita de héroes y heroínas como vosotros, de carne y hueso. Debemos de dejar de ser invisibles para convertirnos en líderes inspiradores de hombres y mujeres justos, leales y valientes. Todos estamos llamados a serlo, pero pocos los convencidos de conseguirlo. Yo os invito a crecer y a desplegar ese potencial de ese héroe, de ese valiente que lleváis dentro, para crecer realmente como personas y como profesionales y para llevar una vida con sentido. Recordad que si no hacemos esfuerzos, que si no nos arriesgamos, probablemente nuestra vida y nuestro trabajo no será lo que esperábamos, lo que habíamos diseñado, lo que habíamos soñado. Yo al final lo conseguí, me convertí en aquello que había soñado. En un Madelman, en el Madelman Tedas, y conseguirlo ha sido una aventura fantástica, como la de mi juguete favorito. No lo olviden, el miedo es de valientes. No se den nunca más por vencidos. Y nos ha sobrado 36 segundos, nos hemos salvado. Muchas gracias.

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