[0:12]Era un día triste en Jerusalén. Jesús, el hijo de Dios, había pasado su vida sanando enfermos, enseñando sobre el amor, y perdonando a quienes lo necesitaban. Pero algunos líderes no lo entendían y temían que su mensaje cambiara todo. Por eso, lo arrestaron en un jardín llamado Getsemaní y lo llevaron ante el gobernador Poncio Pilato. Pilato no encontró ninguna razón para castigarlo, así que le preguntó al pueblo, "¿Qué quieren que haga con este hombre?" La multitud, incitada por los enemigos de Jesús, gritó con fuerza, "¡Crucifícalo!" Pilato, aunque sabía que Jesús era inocente, tuvo miedo de desobedecer a la gente. Entonces, lavó sus manos en un recipiente con agua y dijo, Yo no tengo culpa de lo que pase con este hombre. Después, ordenó que lo castigaran. Los soldados llevaron a Jesús y lo azotaron. Su cuerpo quedó lleno de heridas. Pero ellos no se detuvieron allí. Tomaron espinas largas y afiladas y las entrelazaron formando una corona. Luego, la colocaron en la cabeza de Jesús, mientras los soldados se burlaban de él. "Aquí está el rey de los judíos". Lo golpearon y lo vistieron con un manto rojo como si fuera un rey de mentira. Pero Jesús, en lugar de enojarse, permaneció en silencio. Después de todo esto, le entregaron una cruz grande y pesada. Jesús debía cargarla hasta un monte llamado Gólgota, el lugar donde lo iban a crucificar. Jesús comenzó a caminar con la cruz sobre sus hombros, pero el camino era difícil y lleno de piedras. Estaba tan cansado y herido que cayó al suelo.
[2:46]Un soldado vio que Jesús ya no podía cargar la cruz y obligó a un hombre llamado Simón de Cirene a ayudarlo. Simón tomó la cruz y caminó junto a Jesús. En el camino, una mujer llamada Verónica se acercó a Jesús. Con un pañuelo, limpió su rostro lleno de sudor y sangre. Cuando ella miró el pañuelo, se sorprendió. El rostro de Jesús había quedado impreso en él. Mujeres que lo seguían lloraban al ver su sufrimiento. Jesús, aunque estaba débil, les dijo con amor, "No lloren por mí. Lloren por ustedes y sus hijos".
[3:38]Jesús siguió avanzando con dificultad hasta que llegó al Monte Gólgota.
[3:46]Cuando llegaron al monte, los soldados tomaron a Jesús y lo acostaron sobre la cruz. Lo clavaron de las manos y los pies. Jesús sintió un dolor inmenso. Pero en lugar de enojarse dijo, "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." Levantaron la cruz con Jesús clavado en ella y la dejaron caer en un agujero en el suelo. Allí quedó colgado entre el cielo y la Tierra. A su lado también estaban crucificados los ladrones. Uno de ellos, con el corazón duro, se burló de Jesús, "Si eres el hijo de Dios, sálvate y sálvanos a nosotros." Pero el otro ladrón, que sintió arrepentimiento, le dijo, "No hables así. Nosotros merecemos este castigo, pero él no ha hecho nada malo." Y mirando a Jesús le comentó, "Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino." Jesús con una voz llena de amor le respondió, "Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso." A pesar de su dolor, Jesús vio a su madre María junto a Juan, su discípulo más querido. Con ternura les dijo, "Madre, aquí tienes a tu hijo." Luego miró a Juan y le dijo, "Juan, aquí tienes a tu madre." Desde ese momento, Juan cuidó de María como si fuera su propia madre. Pasaron varias horas. El cielo comenzó a oscurecerse y el sol dejó de brillar. La Tierra tembló. Jesús con su último aliento, dijo en voz alta, Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Después de decir eso, inclinó la cabeza y murió. Aunque este día fue muy triste, pronto descubriremos la alegría más grande. Jesús vencerá la muerte.



