Thumbnail for 100 Pokegirls Que Te Quieren Mucho Capitulo 1 • Campeón Mundial • #pokemon #fanfiction  by 𝑫𝒆𝒈𝒐𝑺𝒉𝒊𝒑

100 Pokegirls Que Te Quieren Mucho Capitulo 1 • Campeón Mundial • #pokemon #fanfiction

𝑫𝒆𝒈𝒐𝑺𝒉𝒊𝒑

21m 7s3,143 words~16 min read
Auto-Generated

[0:24]Hola gente de YouTube, primero que nada, espero se la estén pasando de maravilla. Ya que hoy les traigo el primer capítulo de las 100 Poke girls que te quieren mucho. Y como es primer capítulo, ¿qué te parece si hacemos una meta de 250 likes para subir el siguiente de inmediato? Sin más relleno, empecemos con esto.

[1:07]100 Poke girls que te quieren mucho.

[1:14]El rugido del estadio aún retumbaba en los oídos de Ash Ketchum. Había pasado tanto tiempo soñando con ese momento, entrenando día tras día, enfrentando derrotas, levantándose de cada tropiezo, y ahora, finalmente, el sueño de convertirse en el mejor entrenador del mundo se había hecho realidad. La multitud lo ovacionaba, coreando su nombre mientras él alzaba el trofeo con ambas manos. Pikachu, sobre su hombro, saltaba de emoción, con las mejillas chisporroteando de electricidad pura. Pika-Pili, gritó su compañero, como si también quisiera decirle al mundo entero que ese triunfo era tan suyo como de Ash.

[2:00]Lo logramos, Pikachu, susurró Ash, con la voz temblando de emoción. Lo logramos de verdad. Las cámaras de todas partes del mundo captaban cada instante. Las pantallas gigantes transmitían su imagen a millones de hogares, a cada región, a cada entrenador que alguna vez lo vio luchar. Ash Ketchum, el chico que salió de un pequeño pueblo con una gorra roja y sueños imposibles, ahora era reconocido como el mejor. Cuando la ceremonia terminó, periodistas de todas las cadenas se abalanzaron hacia él. Ash, todavía abrumado, trató de responder lo mejor que podía, rascándose la nuca nervioso y con Pikachu observando con curiosidad a cada reportero. Una joven periodista, con el micrófono en mano y una sonrisa afilada, se abrió paso entre la multitud. Ash Ketchum. Lo llamó, con voz firme. Felicidades por tu victoria. El mundo entero está hablando de ti ahora mismo. Ash se sonrojó un poco y asintió. Je, gracias. Es, es un honor enorme, pero nada de esto hubiera sido posible sin mis amigos y, sobre todo, sin Pikachu. La periodista rio suavemente, pero luego, con un brillo travieso en los ojos, lanzó la pregunta que nadie esperaba. Dinos, Ash, ahora que eres el campeón mundial, el entrenador más admirado del planeta, ¿tienes novia? El estadio entero pareció congelarse. Incluso Pikachu inclinó la cabeza confundido. Ash parpadeó varias veces, sin comprender. ¿Eh, novia? Repitió, como si aquella palabra fuera un concepto ajeno a él. Los reporteros empezaron a murmurar, los flashes explotaban en cada ángulo.

[3:38]La periodista, sabiendo que había tocado un punto sensible, esperó ansiosa. Ash, nervioso, rascó su mejilla y respondió con total honestidad. Eh, no, no tengo novia. Silencio. Un silencio que, para las cámaras, duró apenas un segundo, pero que en realidad significó el inicio de algo mucho mayor. Porque esas palabras viajaron en cuestión de minutos por todo el mundo. Las pantallas de televisión, las transmisiones en línea, los noticieros, todos repitieron lo mismo. Ash Ketchum, campeón mundial, y soltero. Mientras él seguía respondiendo preguntas sobre batallas, sueños y el futuro, en diferentes rincones del mundo, muchas chicas que alguna vez compartieron viajes, aventuras y recuerdos con él, sintieron algo en lo más profundo de su corazón. Una chispa, un cosquilleo, un latido que les recordaba todo lo vivido a su lado. Misty, viéndola entrevista desde Ciudad Celeste, abrió los ojos de par en par. Serena, en Calos, apretó el puño con fuerza. Dawn, en Sino, se quedó sin palabras frente a la pantalla. Y no solo ellas. Campeonas, líderes de gimnasio, amigas de viaje, rivales, una tras otra, como si el destino las estuviera despertando al mismo tiempo. Todas pensaron lo mismo, aunque con palabras distintas. Ash, aún está disponible, el avión descendió lentamente sobre el pequeño aeropuerto más cercano a Kanto. Ash, todavía vestido con la chaqueta oficial del torneo, miraba por la ventana con una sonrisa tranquila. No importaba cuántos estadios grandiosos hubiera pisado, cuántas ciudades nuevas hubiera conocido, siempre había un lugar al que su corazón lo arrastraba sin dudar. Pueblo Paleta. Pikapi, susurró Pikachu, acurrucado sobre su hombro. Ash rio suavemente y le acarició la cabeza. Sí, amigo, volvemos a casa. Las puertas del aeropuerto se abrieron y, como era de esperarse, un grupo de periodistas intentó acercarse de nuevo. Sin embargo, Ash escapó rápido, acostumbrado ya a esquivar preguntas que no entendía muy bien. Su madre le había dicho por teléfono que lo esperaría en casa y, aunque estaba agotado, la idea de verla lo llenaba de energía. El camino hasta su hogar le pareció más corto de lo usual. Tal vez porque, por primera vez, caminaba como campeón mundial. La gorra sobre su cabeza ya no era la de un niño soñador, sino la de alguien que había alcanzado su meta. Cuando empujó la puerta de la casa de su infancia, no pudo evitar abrir los ojos sorprendido. ¡Sorpresa! ¡Ah! Un estallido de voces lo recibió. Globos colgaban del techo, serpentinas cruzaban las paredes y una mesa enorme estaba repleta de comida casera. En medio de todo, su madre, Delia, sostenía una gran torta decorada con la forma de Pikachu. ¡Ash! Exclamó Delia, dejando la torta en la mesa para abrazar a su hijo. Estoy tan orgullosa de ti. Ash sintió un nudo en la garganta al hundirse en ese abrazo. Podría haber vencido a campeones, rivales y leyendas, pero nada se comparaba con la calidez de los brazos de su madre. Gracias, mamá, dijo con la voz temblando un poco. De verdad, gracias por todo. Ey, Ash. Una voz grave interrumpió, y Ash apenas tuvo tiempo de girar antes de que alguien lo palmeara con fuerza en la espalda. Sabía que lo lograrías, hermano. Brock. Ash sonrió ampliamente al ver a su viejo amigo. Brock lo miraba con orgullo, aunque sus ojos se desviaban de tanto en tanto hacia la mesa de comida, como siempre. No sabes cuánto aposté a que ibas a ganar, bromeó Gary, que estaba apoyado en la pared con una sonrisa confiada. Aunque admito que no pensé que llegarías tan lejos. Gary. Ash frunció el ceño con esa mezcla de molestia y cariño que solo podía sentir hacia su eterno rival. Sabías que podía hacerlo. Claro, claro, Gary alzó los hombros, aunque su sonrisa decía otra cosa. Solo necesitabas mi motivación. El profesor Oak, acomodándose las gafas, avanzó con paso tranquilo. Ash, muchacho, has recorrido un largo camino. Lo observó con ojos brillantes. Y hoy, más que nunca, demostraste al mundo lo que significa ser un verdadero entrenador Pokémon. Ash se rascó la nuca, incómodo con tanto halago. Eh, en serio, no fue solo por mí, mis amigos, Pikachu, todos los Pokémon que conocí, ellos hicieron posible que llegara hasta aquí. Delia sonrió, orgullosa, mientras colocaba platos en la mesa. Bueno, ya basta de discursos. Ash, siéntate, que seguro estás hambriento. Ash no lo negó. De hecho, apenas vio los platos repletos de curry, ensaladas y postres, su estómago rugió como un Gyarados. Pikachu, de un salto ágil, se acomodó en la mesa y tomó un poco de ketchup, que Delia había dejado especialmente para él. La fiesta fue sencilla, pero estaba impregnada de calidez. Risas, recuerdos de viajes, historias de batallas. Brock relataba anécdotas de sus días como Doctor Pokémon. Gary presumía de sus investigaciones. Delia llenaba el plato de Ash cada vez que él intentaba detenerla. En un momento, cuando las risas bajaron un poco, Oak alzó su copa de jugo de bayas. Propongo un brindis, dijo con solemnidad. Por Ash Ketchum, el chico que un día partió de este pueblo con un Pikachu rebelde y una gorra demasiado grande, y que hoy regresa como campeón mundial. Salud, exclamaron todos, alzando sus vasos. Ash tragó saliva, mirando alrededor. A pesar de todo lo vivido, ese era el lugar donde siempre quería volver. Donde todo había empezado. Y, sin saberlo aún, también el lugar donde algo nuevo estaba por comenzar. La fiesta en casa de los Ketchum se había alargado un par de horas. Entre charlas, risas y platos que desaparecían uno tras otro, Ash apenas había tenido un momento para quedarse en silencio y pensar en lo que realmente había pasado ese día. Cuando por fin la mayoría de los invitados se despidió, Gary partió con un gesto desafiante de nos veremos en la próxima batalla, y el profesor Oak regresó a su laboratorio con tranquilidad. Ash salió al jardín para tomar un poco de aire fresco. El cielo de Pueblo Paleta estaba despejado, con estrellas que parecían brillar más que nunca. Pikachu bostezaba sobre su hombro, con el estómago lleno y una expresión de satisfacción absoluta. Vaya día, Pikachu, murmuró Ash, mirando hacia arriba. Ni siquiera sé qué viene ahora. Pika, respondió su compañero, antes de acomodarse en su gorra como si fuera su cama personal. Ash sonrió. En ese instante, el sonido de pasos apresurados los sacó de sus pensamientos. La puerta de la entrada se abrió con un golpe seco y una voz familiar retumbó en la calma de la noche. Ash Ketchum. Ash parpadeó sorprendido. Pikachu alzó las orejas. Y allí, en el marco de la puerta, apareció una figura que no había visto en mucho tiempo, pero que su corazón reconoció al instante. Misty. Ash abrió los ojos con incredulidad. La peliroja se plantó con los brazos cruzados, respirando agitada como si hubiera corrido desde Ciudad Celeste sin detenerse. Su cabello naranja ondeaba ligeramente con la brisa, y sus ojos brillaban de una forma que Ash no supo descifrar. Eres un tonto, Ash, exclamó ella, avanzando con pasos firmes. Ni una sola llamada, ni una carta, ni nada en meses. Y de repente me entero por televisión que te convertiste en el campeón mundial. Ash retrocedió un poco, rascándose la nuca nervioso. Misty, yo, lo siento, de verdad. He estado tan ocupado entrenando que... Eso no es excusa. Lo interrumpió ella, señalándolo con el dedo. Sabes la cara que puse cuando una reportera te preguntó si tenías novia. Ash enrojeció de inmediato. Pikachu lo miró con curiosidad, como si también quisiera escuchar la respuesta. Eh, espera, ¿tuviste eso? Misty bufó, girando la cara hacia otro lado. Todo el mundo lo vio, Ash. Y claro, respondes como si nada, todo tranquilo, dejando a medio planeta confundido. Ash bajó la mirada, sintiéndose un niño otra vez frente a sus regaños. Lo único que hice fue decir la verdad, no tengo novia. Las palabras colgaron en el aire. Misty se quedó en silencio por unos segundos, demasiado largos, hasta que carraspeó y volvió a cruzarse de brazos. Pues, bien, eso es, eso está bien. Ash la observó confundido. Había algo en su tono, en la forma en que no lo miraba directamente, que le resultaba extrañamente familiar. Como si Misty estuviera ocultando algo. Pikachu, con una sonrisa pícara, dio un pequeño empujón con su cola en la cabeza de Ash, como invitándolo a entender lo que pasaba. Misty, ¿estás bien? preguntó él con sinceridad. La peliroja lo miró finalmente, y su corazón dio un vuelco al ver la calidez en los ojos de Ash. Era el mismo chico testarudo, ingenuo y valiente de siempre, pero al mismo tiempo, ahora era un campeón, alguien que había alcanzado lo que muchos consideraban imposible. Misty tragó saliva. No había planeado nada, simplemente había corrido hasta allí cuando escuchó sus palabras en televisión. Quería decirle lo que sentía desde hacía años. Quería confesárselo. Pero las palabras parecían atorarse en su garganta. Ash, yo, empezó, pero en ese instante, el timbre de la casa sonó. Ambos giraron hacia la puerta. Delia apareció desde la sala, sonriente. Oh, Ash, parece que otra visita vino a verte. Misty frunció el ceño, algo molesta. ¿Otra? La puerta se abrió. Y ahí, bajo la luz de la entrada, se encontraba una chica de cabello castaño claro, mirada dulce y determinación en los ojos. Vestía ropa sencilla, pero en ella brillaba una elegancia natural. Ash, susurró, con una sonrisa tímida. He vuelto. Ash se quedó petrificado. Serena. Misty parpadeó, desconcertada, mientras su corazón se llenaba de un mal presentimiento. Ash no podía creer lo que estaba viendo. Frente a él, en la entrada de su casa, estaba Serena. La misma Serena que lo había acompañado durante su viaje en Calos, la chica que lo había inspirado con su determinación y que, en su despedida, lo había sorprendido con un beso que aún le provocaba escalofríos cada vez que lo recordaba. Serena, repitió con incredulidad, como si necesitara confirmar que no era un espejismo. Ella asintió suavemente, con una sonrisa dulce y, al mismo tiempo, cargada de nerviosismo. Sí, soy yo. Misty, que observaba la escena desde el jardín, frunció el ceño y dio un paso adelante. ¿Y tú quién se supone que eres? Serena volteó hacia ella, algo sorprendida por el tono hostil. Soy Serena. Una amiga de Ash de Calos. Su voz era firme, aunque su mirada transmitía calidez. Luego giró hacia Ash y bajó un poco la cabeza, sonrojándose. Vine porque, tenía que verte. Ash sonrió torpemente, sin saber cómo reaccionar. Es increíble que estés aquí. No me lo esperaba. ¿Amiga, eh? replicó Misty, cruzándose de brazos y lanzándole una mirada fulminante. Pues yo soy Misty, líder de gimnasio en Kanto y amiga de Ash desde mucho antes que tú. Serena la miró un segundo en silencio. Luego, sonrió con educación. Encantada de conocerte.

[15:05]El choque entre ambas fue tan evidente que Pikachu se encogió de hombros y soltó una pequeña chispa nerviosa. Ash, como siempre, parecía no darse cuenta del trasfondo en la conversación. Mamá, puedes darme un momento con ellas afuera.

[15:28]Quiero, hablar un poco. Delia asintió, con esa sonrisa de madre que lo entendía todo sin necesidad de explicación. Claro, hijo. No tardes. Ash salió al jardín acompañado de Misty y Serena. El aire fresco volvió a envolverlos, pero esta vez no había calma. La tensión era tan fuerte que parecía que hasta las estrellas observaban con curiosidad lo que iba a pasar. Misty fue la primera en hablar, cruzando los brazos y mirando directamente a Ash. Ash, vine porque, porque no podía quedarme callada después de todo lo que vi. Respiró profundo, con el corazón acelerado. Eres un tonto, siempre lo has sido, pero también eres alguien increíble. Y yo, yo te quiero, Ash. Desde hace mucho tiempo. Ash abrió la boca sorprendido, sin saber qué decir. Serena, que había esperado pacientemente, dio un paso adelante. Sus ojos brillaban de determinación, igual que aquella vez en la estación de tren. Y yo también. Su voz era suave, pero firme. Ash, yo ya te lo demostré una vez en Calos. Nunca dejé de pensar en ti. Vine hasta aquí porque no pienso perder esta oportunidad. Misty giró hacia ella, fulminándola con la mirada. Demostrar. ¿Qué insinúas? Serena no se intimidó. Que Ash sabe perfectamente lo que siento por él. Los ojos de Misty se abrieron un poco, sorprendida, y luego se tornaron más fieros. ¡Tch! Así que no soy la única. Ash levantó ambas manos, desesperado. ¡Esperen, chicas! Yo, yo no, pero no pudo terminar. Tanto Misty como Serena lo miraban fijamente, sus rostros enrojecidos, sus manos temblando, pero con una valentía que nunca antes habían mostrado frente a él. Ash, dijo Misty, con la voz firme pero cargada de emoción. Ash, susurró Serena, dando un paso más cerca. Ambas se miraron entre sí un segundo, como entendiendo que no podían posponerlo más. Y entonces, casi al unísono, pronunciaron las palabras que helaron a Ash en su lugar. Queremos que nos digas, ¿con quién quieres estar? El silencio del jardín se volvió abrumador. Pikachu abrió los ojos como platos. Ash sintió que el aire lo abandonaba. Dos de las personas más importantes de su vida, mirándolo directamente, exigiendo una respuesta. Su corazón latía con fuerza, y por primera vez en mucho tiempo, no tenía idea de qué hacer. El viento nocturno movía suavemente las hojas de los árboles en el jardín de la casa Ketchum. El aroma a flores y césped recién cortado parecía desaparecer ante la electricidad que flotaba en el aire. Ash respiró profundo, intentando calmar su corazón que latía como un tambor de batalla. Frente a él, Misty y Serena lo miraban con ojos que mezclaban determinación, nervios y un toque de celos. Ambos rostros enrojecidos, manos ligeramente temblorosas. Y lo peor para Ash. Ambos ojos fijos en él, esperando, exigiendo una respuesta. Ash, susurró Misty, dando un paso más cerca. Necesito que me digas, ¿con quién quieres estar? Terminó Serena al mismo tiempo, como si hubieran practicado un duelo de palabras. Ash abrió la boca, pero no salió sonido alguno. Se sentía como si todas las palabras que alguna vez conoció se hubieran evaporado. Pikachu, nervioso, saltó sobre sus hombros y le lanzó una chispa de advertencia eléctrica, como diciendo, tú decides, Ash. Eh, esto es imposible, murmuró Ash, rascándose la nuca y mirando a ambas chicas. No, no puedo elegir. Misty frunció el ceño, cruzando los brazos y mirando al suelo, pero su voz seguía firme. Ash, solo quiero que seas feliz, pero yo también quiero estar contigo. Serena respiró hondo y suavizó su tono, tomando un paso más cerca. Y yo no voy a retroceder. Sé lo que siento y sé que tú también lo sabes. Ash se sentó en un pequeño banco del jardín, su cabeza entre las manos, incapaz de articular palabra. Su corazón estaba dividido en mil pedazos. El pasado con Misty, los recuerdos compartidos, la cercanía y complicidad. Y su aventura con Serena, la emoción de Calos, el beso que había marcado su corazón. Pikachu se apoyó sobre su cabeza, dándole un pequeño empujón con su mejilla. Ash suspiró y levantó la vista, mirando a ambas chicas. Misty, Serena, yo, pero antes de que pudiera terminar, Misty dio un paso adelante, con lágrimas amenazando con caer. Solo dime que, que no me rechazarás, Ash. Serena extendió una mano hacia él, temblando de nervios. Y yo solo necesito que me escuches, el silencio se volvió casi insoportable. Incluso el viento parecía contener la respiración. Ash, atrapado entre dos de las personas más importantes de su vida, comprendió que no había forma de responder sin herir a alguien y sin, al mismo tiempo, confesar lo que su corazón realmente sentía. Finalmente, con voz temblorosa, Ash susurró. No sé qué decir, Misty y Serena lo miraron, cada una con una mezcla de frustración y expectativa, y entonces, al unísono, preguntaron con voz firme. Ash, dinos, ¿con quién quieres estar? El corazón de Ash latía con fuerza. Pikachu se acurrucó sobre su hombro, como ofreciéndole apoyo. Pero la respuesta, por ahora, seguía atrapada en su garganta. Y así, bajo el cielo estrellado de Pueblo Paleta, el primer capítulo llegó a su fin. Ash, el campeón mundial, estaba atrapado entre dos chicas que lo amaban y la pregunta que definiría su destino, aún no tenía respuesta.

Need another transcript?

Paste any YouTube URL to get a clean transcript in seconds.

Get a Transcript