[0:07]Miren, ahí va Sócrates.
[0:12]Te saludo, Sócrates. Oh, el excelente Hipias. Hace mucho que no teníamos el placer de verte en la ciudad. ¿A dónde vas tan bien equipado? Al gimnasio a pronunciar un discurso sobre la genealogía de los dioses. ¿Te gustaría escucharlo? Tengo cosas que hacer y lamentablemente no puedo acompañarte. Es un discurso que ya he hecho, todos me han dicho que es muy bello. Sería un placer tener también tu opinión. Dijiste muy bello, ¿sabes entonces lo que es la belleza? Claro, ciertamente. ¿Y serías capaz de explicármelo? Nada es más fácil, una bella virgen. He ahí Sócrates, lo que es bello. Buena respuesta, pero dime, Hipias, ¿se podría decir que una mula es bella? Sí, en mi pueblo hay mulas de gran belleza. Y una bella cacerola, ¿se puede decir que es algo bello? No entiendo, querido Sócrates, que te puedas servir de un objeto tan prosaico para hablar de cosas tan elevadas. ¿Qué quieres? Soy tan rústico. De todos modos, aún tú debes aceptar que una bella cacerola es bella. Sí, quizá, pero la más bella cacerola en comparación con una bella virgen es fea. Como la más bella de las vírgenes será fea en comparación con un Dios, ¿no es eso lo que quieres decir? Exactamente. Y sin embargo, antes dijiste, una bella virgen, he aquí lo que es bello, y ahora me dices que comparada con un dios es fea, pero no puede ser bella y fea al mismo tiempo. Te lo explicaré otro día, cuando quieras, te saludo, Sócrates.
[1:49]Contra quién pusiste tu acusación? Contra mi padre.
[1:55]Tu padre. Ay, sí, Sócrates. ¿Y de qué lo acusas? De homicidio. ¿Qué? ¿Acaso mató a alguno de la familia? No, pero por qué me lo preguntas? No traerías a tu padre ante la justicia por la muerte de un extraño. ¿Y por qué no? Es raro que tú, Sócrates, hagas diferencias entre la muerte de un extraño y la de un consanguíneo. La mancilla es la misma, si uno tiene conocimiento de un crimen debe purificarse acusando al asesino. Cualquiera que sea el criminal y cualquiera la víctima. Pero, ¿qué fue lo que pasó? El muerto era un trabajador de uno de nuestros talleres. Bebió y golpeó a un compañero, matándolo. Entonces mi padre lo hizo arrojar a un pozo y mandó a un emisario a Atenas para ver cómo tratar el asunto. Entre tanto, se olvidó del hombre que se moría en el pozo. La gente me censura, me dice que es impío que un hijo acuse a su padre. Esa gente no sabe, Sócrates, lo que es la piedad. Yo sí lo sé. No habría ninguna diferencia entre la gente común y yo si no lo supiese. Entonces, querido amigo, explícamelo, te lo ruego, me será de utilidad para mi propio proceso. Piadoso es lo que yo hago, llevar la justicia a cualquiera que haya cometido un crimen. Aun si es la madre, el padre o el hijo. Zeus es el más justo de los dioses, encadenó a su padre Urano para castigarlo por haber devorado a sus propios hijos. Dadas las acusaciones formuladas en mi contra, prefiero no hablar de la divinidad, pero entre nosotros, de veras crees que así sucedieron las cosas entre Zeus y su padre? Claro, y conozco detalles más curiosos que el vulgo ignora.
[3:46]Entonces, ¿crees que hay conflictos entre los dioses? Sí, y podría contarte cosas sobre los dioses que quedarías maravillado.
[3:56]No, mejor dime algo más útil para mi proceso. ¿Qué es la piedad? Lo que agrada a los dioses, eso es piadoso. Lo que les desagrada es impío. Pero acabas de decirme que los dioses luchan entre sí, entonces disputan, al igual que los hombres, sobre lo que es bueno o malo. Ah, eso es evidente. Entonces, según tu opinión, una misma cosa podría agradar a un dios Sí, y desagradar a otro. Que quieras castigar a tu padre podría entonces complacer a Zeus y molestar a Urano. Sí. Complacer a Hefesto y desagradar a Hera. Entonces, si entiendo bien, una misma acción puede ser al mismo tiempo agradable y desagradable a los dioses, es decir, al mismo tiempo piadosa e impía, pero eso es imposible, Eutifrón, te suplico, dime, ¿qué es la piedad? En otra ocasión, Sócrates, ahora tengo que hacer, te saludo.



