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Amor propio | No es orgullo, es dignidad y por fin la tengo...

Un viaje a la vida

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[0:09]Porque hoy por fin, y después de tanto tiempo, has decidido ponerte en primer lugar.
[0:09]Durante mucho tiempo pensaste que amar a otros era aguantarlo todo, que ser buena persona era decir que sí, incluso cuando por dentro gritabas que no.
[0:09]Que cuidar la relación era guardar silencio, era callarte cosas, aunque por dentro te estuvieras rompiendo.
[0:09]Era miedo, era la necesidad de sentirte aceptado, aunque para eso tuvieras que desaparecer tú.
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[0:09]Hoy quiero hablarte a ti. A ti que durante años te tragaste palabras con tal de no incomodar a los demás. A ti que soportaste desplantes, desprecios y humillaciones. Solo para que no te dejaran. Solo para que no te olvidaran. Solo para que te quisieran un poquito. Quiero hablarte, porque sé que hoy algo en ti ha cambiado. Porque hoy por fin, y después de tanto tiempo, has decidido ponerte en primer lugar. Y eso, eso no es orgullo, déjame decirte, eso es dignidad. Y por fin la tienes. Durante mucho tiempo pensaste que amar a otros era aguantarlo todo, que ser buena persona era decir que sí, incluso cuando por dentro gritabas que no. Que cuidar la relación era guardar silencio, era callarte cosas, aunque por dentro te estuvieras rompiendo. Y lo peor, empezaste a creer que eso era totalmente normal. Que eso era amor, que eso era madurez. Pero no lo era. Era miedo, era la necesidad de sentirte aceptado, aunque para eso tuvieras que desaparecer tú. Todos tenemos un momento de quiebre. Ese día en que la herida deja de doler y empieza a arder. Ese instante en el que te das cuenta de que por salvar a otros te estabas dejando morir a ti. Ese momento en el que dices, ya no más. Y sí, al principio duele. Duele porque la gente a la que estabas acostumbrado a darlo todo o a la que te acostumbraste que le dabas todo, empieza a decir que has cambiado. Que ahora eres fría, que eres frío, que te volviste egoísta, pero no, no es egoísmo, es respeto. Respeto por ti. Aprender a poner límites no es levantar muros, es levantar puentes hacia ti mismo. Es entender que quien te quiere de verdad no se va a asustar porque digas no. No te va a castigar por pedir respeto. No va a desaparecer porque no le des todo lo que pide. Los límites no son para alejar a la gente correcta. Los límites son para filtrar a la gente que nunca debió quedarse. Por eso, he aquí la importancia de dejar de explicar tu valor. La dignidad también significa dejar de dar explicaciones para justificar por qué mereces respeto. No tienes que convencer a nadie de tu valor. No tienes que debatir sobre tus por qué tus límites son válidos. Quien no lo ve, simplemente no lo va a ver, por más que te esfuerces y ese es su problema, no el tuyo. Hay algo poderoso que pasa cuando por fin eliges tu dignidad. Tu voz se vuelve más firme. Tu paso se vuelve más claros. Y tu mirada más tranquila. Porque dejas de vivir para gustar y empiezas a vivir para estar en paz contigo. Y no, no es orgullo, es amor propio en su punto más alto. Dicen que el orgullo te aleja de la gente, pero la dignidad te acerca a ti mismo. No se trata de levantar la cabeza para mirar a los demás por encima, no. Se trata de levantarla para no mirarte nunca más por debajo de los demás. Sí. Poner tu dignidad primero tiene un precio. Y ese precio es perderás gente, perderás espacios, perderás comodidades que solo eran cadenas bonitas. Pero lo que vas a ganar es incalculable. Ganarás paz, ganarás respeto, ganarás amor del bueno, y ese es el que empieza por ti. Por eso hoy quiero que repitas conmigo, que repitas ya sea en silencio o en voz alta. No es orgullo, es dignidad. No es egoísmo, es amor propio. No es frialdad, es respeto por mi paz. No es que haya cambiado, es que por fin me encontré. No es que me crea más que los demás, es que yo ya no me creo menos. Si alguien te dice que has cambiado, dile que sí. Dile que ya no eres quien se olvidaba de sí mismo para complacer a los demás.

[5:53]Dile que ya no eres quien agachaba la cabeza para que otros se sintieran grandes y cómodos. Diles que sí. Que sí has cambiado. Y que si eso para ellos es orgullo, diles que para ti es dignidad. Y que por fin, después de tanto tiempo, después de tanto sufrimiento, por fin la tienes. Por fin te diste cuenta de tu valor, por fin te diste cuenta de tu lugar, después de tantos desplantes, después de tantos olvidos, de tantas humillaciones. Por fin dijiste, ya basta. Yo ya no quiero más de esto, yo ya no estoy dispuesto ni dispuesta a seguir tolerando que alguien me vea como una opción. Que alguien intente pisotearme, que alguien siempre busque humillarme o reírse de mí. Hoy por fin aprendí a poner límites y hoy por fin aprendí a decir basta. Se acabó. Ya no hay más que hacer, ya no hay más por hacer. Y si tengo que irme, me voy a ir y si tengo que empezar de cero, empezaré de cero. Y si empiezo a quedarme sin nadie a mi alrededor, es porque todas esas personas que me rodeaban no tenían absolutamente nada bueno que ofrecer a mi vida. Eso es el amor propio, esa es la dignidad. Créeme, cuando por fin, cuando por fin comienzas a poner límite, las primeras personas en rozar, las primeras personas en molestarse, en señalarte, son las personas que obtenían lo que querían de ti, que sacaban provecho de ti. Y cuando ven que ya no pueden hacerlo, entonces ya eres una persona problemática. Entonces ya te convertiste en un problema. Te das cuenta que las personas que nombran o llamamos problemáticas, son las personas que no se dejan humillar por los demás. Son las personas que ponen límites, son las personas que no toleran que nadie intente pisotearlas. Es que no son problemáticas. Son personas que tienen amor y dignidad propia. Y eso es lo que tú hoy por fin lograste entender. Y ojalá te mantengas ahí. Con humildad, sin caer en la soberbia, con humildad, pero siempre con límites sanos. Nunca lo olvides. Si este video te gustó, te hizo sentir algo, despertó algo dentro de ti, por favor, no te vayas sin no les compartirme tu experiencia a través de los comentarios. Comparte este video en tus redes sociales, compártelo con tus seres queridos o con esa persona que conoces que sabes que le podría servir. Desde ya, muchas, pero muchas gracias por hacerlo. Desde aquí te mando un abrazo con mucho cariño deseando que encuentres la paz que tanto necesitas. ¿Y quién soy yo? Soy Sergio Melchor y estás, estás en el mejor lugar que pudiste encontrar y eso, eso te lo puedo asegurar.

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