[0:00]Las crónicas narran que en una de las batallas más feroces en tierras Tlaxcala, un conquistador avanzaba confiado detrás de su escudo. Pero una lanza indígena afilada con obsidiana volcánica, atravesó la madera, cruzó su brazo
[0:18]y se hundió en la coraza de algodón. Bernal Díaz del Castillo escribió que solo el grueso acolchado interior evitó que muriera ahí mismo. Para quienes lo vieron, no quedó duda. La fuerza de las armas mesoamericanas no tenía nada de primitiva.



