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Grandes Civilizaciones INDIA Parte 16 español

Alexandra Herrera

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[0:22]Cuando el agua está en el cielo es algo etéreo, luego cae en forma de lluvia o nieve, conectando esa pureza del cielo con las cumbres de las montañas.
[0:22]A medida que se va derritiendo, cada gota se junta con otra formando frágiles cursos de agua.
[0:22]Pero estos se juntan con otros y luego con otros más, creando arroyos que toman cada vez más fuerza.
[0:22]Así cada una de estas pequeñas gotas unidas en cantidades incalculables forman una gran corriente que recorre los valles en una sola dirección.
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[0:09]Por qué en India los ríos son considerados sagrados?

[0:16]Los ríos sagrados.

[0:22]Cuando el agua está en el cielo es algo etéreo, luego cae en forma de lluvia o nieve, conectando esa pureza del cielo con las cumbres de las montañas. A medida que se va derritiendo, cada gota se junta con otra formando frágiles cursos de agua. Pero estos se juntan con otros y luego con otros más, creando arroyos que toman cada vez más fuerza. Así cada una de estas pequeñas gotas unidas en cantidades incalculables forman una gran corriente que recorre los valles en una sola dirección. Ese eterno fluir de los ríos conecta la pureza del cielo con la fuerza de la montaña para finalmente nutrir los campos en los valles. Es por esto que los ríos han sido fuente indispensable de las primeras grandes civilizaciones de la historia. Al igual que el río Nilo para Egipto, que los ríos Tigris y Éufrates para Mesopotamia y que el río Amarillo para China, las aguas del río Indo. Allá por el año 5500 antes de Cristo, dieron origen a una de las más antiguas y destacadas civilizaciones de la historia. La civilización de India. Los indios consideraban a sus ríos algo sumamente sagrado. Es que para ellos, la vida misma era como el fluir del agua, donde cada gota, al igual que cada ser humano, debía reunirse con un sinnúmero de otras y aceptar ese sinuoso camino que le estaba predeterminado. Qué? Oye, me estás tomando el pelo? No, Pipo, no tienes ni un pelo para tomar. Lo que quiero decir es que en la antigua India ninguna persona podía contradecir el destino que le había sido trazado antes de nacer. La aceptación de ese destino era seguir las leyes de la naturaleza. Contradecir ese fluir natural suponía perder la oportunidad de renacer en algo mejor durante una próxima vida. El Río Indo y el Río Ganges. El río Indo recorre todo el subcontinente de la India. Desde las altas cumbres de los Himalayas hasta su desembocadura en el Océano Índico. A las orillas de este río, hacia el año 2500 antes de Cristo, ya se habían desarrollado grandes ciudades que se convirtieron en centros de riqueza, refinamiento y poder. Pero en India existe otro río muy importante. El Ganges, cuyas fértiles llanuras fueron paulatinamente tomadas por olas migratorias de pueblos que provenían del centro del continente europeo. Esta enorme cantidad de gente hablaba un idioma nuevo. El indoeuropeo. Y se establecieron allí formando nuevas ciudades. Bueno, nuevas es un decir, ya que estamos hablando de 1500 años antes de Cristo. Esta mezcla entre la gente que ya estaba y la gente nueva. Ah, ya deja de decir nueva, que son más viejos que estos botines de mi abuelo. Tienes razón, Pipo. Bueno, toda esta mezcla de gente dio origen a la civilización védica. Con su nuevo idioma, estos se dedicaron a poner por escrito los miles y miles de cuentos sobre sus dioses, en unos libros esenciales llamados Los Vedas. Y lograron darle forma a la religión más antigua del mundo, el Hinduismo.

[3:44]El Hinduismo. Los indios percibían al universo como un espacio inmenso de dimensiones indescriptibles y compuesto por una sucesión de ciclos de duración variable. Para ellos, un kalpa, es decir, un día y una noche en la vida del Dios Brahma, equivalía a 8 millones de años de los nuestros. Oye, esa es una diferencia muy grande. Te has asustado? Entonces escucha esto. La mitología de la India es tan infinitamente rica, que no hay obra que pueda albergar a todos los personajes que la componen y, según dicen, tienen, por lo menos, 33,333 dioses o semidioses. Estos dioses evolucionan, pierden parte de su poder, se disfrazan, se transforman en animales, alumbran a otros dioses y hasta temen a la llegada de la muerte. Pero, para simplificar, diremos que los dioses más importantes son tres. Brahma, el creador de todas las cosas. A Brahma no se lo ve jamás, pues está escondido en el vientre de Vishnu. Shiva es un bailarín misterioso que tiene tres ojos. Uno mira al pasado, otro al presente y otro al futuro. Shiva simboliza la destrucción, pero también es quien golpea el suelo con el pie y toca el tambor para anunciar la salida de Brahma del vientre de Vishnu. Quien sentado en una hoja de loto es capaz de crear el mundo en un instante con un soplo. A eso le llamo yo ser rápido. El tercero es el ya mencionado, Vishnu. Que es el encargado de mantener el cosmos en su lugar. Así que cuando algún peligro amenaza a la tierra, Vishnu adopta un aspecto terrenal y desciende entre los hombres para restablecer el orden. Vishnu, en su último aspecto visible, se llamó Krishna, y en una aparición anterior, Rama, que son los protagonistas de las más famosas epopeyas de la India. El Mahabharata y el Ramayana. El sistema de castas en la India. Cuenta la leyenda que los cuentos sobre el origen del mundo fueron revelados a través de las vibraciones musicales del cosmos a unos pocos elegidos. Este selecto grupo de personas fueron llamados Brahmanes. Esa es la música cósmica la que me transmite los secretos del Brahma. Al ser ellos los únicos en comprender el destino de los hombres, los brahmanes fueron tomando mucha importancia entre la sociedad. Ellos se transformaron en la casta dominante. Pero, qué es una casta? Un grupo de amigos? No, no, no, no, un club de fútbol. Un grupo de música cósmica. Bueno, no, es mucho más que todo eso. Una casta era una forma de rotular a las personas, desde su nacimiento y para el resto de sus vidas. Cada niño era automáticamente designado integrante de la casta en la que había nacido, y debería cumplir con ese rol el resto de sus días. Si uno nacía en una familia de brahmanes, sería sacerdote y tendría muchos privilegios. Pero, jamás podría ser guerrero, que era la segunda casta en importancia. Ellos, los kshatriyas, serían fuertes y valientes. Pero, jamás podrían ser otra cosa que guerreros, ni siquiera podrían enamorarse de una niña perteneciente a otra casta. Qué digo enamorarse. Ni siquiera podrían sentarse a conversar con ella. La tercera casta era la de los vaishyas, que eran los agricultores, artesanos y mercaderes. Y en último lugar, los sirvientes, llamados sudras. Creen que lo peor era nacer sirviente? Bueno, no, lo peor era ser un paria, que era una persona que no pertenecía a ninguna casta. Y estaban destinados a hacer los trabajos más desagradables. Los parias no podían beber de las mismas fuentes de agua que los demás, y nadie podía ni tocarlos a ellos ni tocar su sombra. Si eso pasaba, esa persona sería contaminada y debería purificarse. La reencarnación. El sistema de castas que existía en la India, hacía que las personas sintieran casi desprecio por la vida de personas de castas inferiores. Pero, por qué existía este régimen tan estricto? Cómo podían aceptar destinos tan extremos por el tan solo hecho de haber nacido en una familia o otra? Es que para los indios la vida era un mero estado pasajero entre una vida pasada y otra por venir. Ellos estaban seguros que cuando los alcanzara la muerte, su alma se reencarnaría en otro ser vivo. Cada vida, entonces, era tan solo un paso más por estos constantes ciclos de renacimientos. No crean que cualquiera sería capaz de reencarnarse en lo que quisiera. Estos ciclos de renacimientos estaban regidos por la ley del karma. El karma de una persona es algo así como un bolso que cuelga de sus hombros. Cada mala acción o cada intento por ir en contra del destino señalado, equivale a poner una pesada piedra en este bolso. Si al llegar la muerte, el bolso es liviano, significa que se ha comportado correctamente. Entonces, podrá renacer en un nivel superior, como por ejemplo, en una casta más elevada. Si por el contrario, el bolso fuera muy pesado, un hombre podría descender a la condición animal o todavía más abajo. Nacer paria era un castigo por haber tenido mal karma en la vida anterior. De ahí, la aceptación al riguroso sistema de castas y la imposibilidad de escapar jamás en el curso de una vida de ese destino. El camino de la Iluminación. En el año 563 antes de Cristo, nació en India un hombre que trajo una nueva perspectiva. Y sus ideas ayudaron a mucha gente que sufría el desprecio de las castas superiores. Ese hombre se llamó Siddharta Gautama. Pero con el tiempo se convirtió en Buda. El joven Siddhartha era el príncipe heredero de un pequeño reino.

[10:17]Su padre que lo amaba tanto no quería que él conociera el sufrimiento, para ello lo aisló en un maravilloso palacio rodeado de placeres, sirvientes y música encantadora. De esta forma intentó ocultarle la vejez, la enfermedad y la muerte. Pero Sidarta sospechaba que había más en la vida que esa lujosa prisión y, como era un muchacho inquieto, comenzó a escabullirse del palacio. La primera vez que salió vio un hombre viejo y encorvado. Otra vez vio a un enfermo, y en la tercera ocasión vio a un muerto. Entonces, afligido y consternado, ya no quiso regresar a la vida de fantasía que le habían preparado, y abandonó toda su riqueza para meditar sobre el sufrimiento de la gente en este mundo. Sidarta se internó en la selva y vivió como un ermitaño tapándose con ropas haraposas, completamente afeitado y sin casa donde pasar la noche. Al igual que otros ermitaños de la época, Sidarta se sentaba en algún lugar alejado con las piernas cruzadas y sus ojos cerrados. Casi no respiraba y comía lo mínimo indispensable. Así permaneció durante horas, días, semanas, meses y años. Despojado de toda satisfacción material, Sidarta meditó con más profundidad que ningún otro hombre. Hasta que un día sintió una luz interior y marchó a anunciar su gran descubrimiento. Desde ese día cambió su nombre a Buda, que quiere decir, el iluminado. Todo sufrimiento nace del deseo de obtener algo. Si logramos dejar de desear, entonces también dejaremos de sufrir. Un hombre que sea capaz de dominar sus deseos por completo, será dueño de sí mismo y, cuando lo alcance la muerte, ya no necesitará renacer en otra cosa, sino que su alma permanecerá en el Nirvana, donde no existen los sufrimientos ni los padecimientos, logrando un estado de felicidad absoluta. La expansión del Budismo. En el siglo V antes de Cristo, la India cayó en manos de invasiones extranjeras. Primero fueron los persas bajo el mando de Ciro I y 200 años más tarde, en el año 327 antes de Cristo, los griegos al mando de Alejandro Magno se lanzaron a la conquista. Chandragupta fue el primer rey indio en recuperar todos los territorios ocupados y hacer de India un gran y único imperio. Pero fue su nieto llamado Asoka, quien tendría reservado un lugar más importante en la reconstrucción de su país. Resulta que en el noveno año de su reinado, su ejército conquistó de manera brutal y sanguinaria la ciudad de Kalinga, liquidando a más de 100,000 personas. Fue entonces cuando se dio cuenta de la atrocidad a la que había sometido a su pueblo. Asoka decidió convertirse al Budismo y, en vez de seguir derramando sangre, dedicó su reinado a esparcir paz y tolerancia por toda la región. Durante su época, se hicieron muchas obras para mejorar la situación del pueblo. Desde lugares sombreados para descansar y pozos de agua para refrescarse los días de calor, hasta hospitales para estudiar las bondades de las plantas para curar enfermedades. Asoka gastó casi todas las riquezas de su reino en la construcción de templos para difundir las enseñanzas de Buda. De este modo pacífico, Asoka se convirtió en uno de los reyes más recordados y la antigua India recuperó el curso natural de la paz. La India, universo de texturas y colores. Luego del esplendoroso período de Asoka y por 400 años, la India dejó de ser un solo imperio fragmentándose en cientos de reinos independientes. Cada uno de estos pequeños reinos fue gobernado por su maharajá, que vivía rodeado de un lujo esplendoroso. Muchos siglos después, ocurrió algo que volvió a cambiar radicalmente la historia de la India. Hacia el año 1200, se introdujeron los musulmanes y convirtieron a la mayoría de la población a su religión. Pero, luego vinieron los guerreros mongoles de las estepas asiáticas y tomaron el control del país. Ay, por Buda, esto no se acaba nunca. Aún falta un poco más. Esta combinación de tradiciones tan diversas nutrió a la cultura de la India con miles de matices, olores y colores, hasta convertirla en una de las más ricas del mundo. Un símbolo de toda aquella riqueza cultural está contenido en el Taj Mahal, que parece un palacio, pero en realidad es una tumba, posiblemente la más famosa del mundo. Cuenta la historia que en 1631, vivía en la ciudad de Agra un emperador musulmán de origen mongol llamado Shah Jahan, que tenía muchas mujeres. De todas ellas, Mumtaz Mahal era la preferida. Era su perla más adorada. Pero un día murió en forma inesperada. El emperador, desconsolado, dedicó el resto de su vida a construir este hermosísimo mausoleo, que hasta hoy evoca el increíble refinamiento y la variedad de influencias que convivieron en la milenaria India.

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