[0:00]Has sentido la presión por iniciar proyectos que todavía no están listos? Has hablado sobre planes futuros que sabes que no vas a realizar, pero se siente tan bien contar. Has mirado tus redes sociales y sentido que te estás quedando atrás? Cuando empecé a tomarme en serio el arte este año, me di cuenta de que estaba empezando 10 años más tarde de lo que los artistas por lo general la empiezan. O sea, voy 10 años atrasada, 10 años más tarde de los artistas que tienen mi edad. Y todo este tiempo no he desarrollado un currículum, no he ganado ningún premio. Sí, he ido a talleres, he aprendido cosas, pero el trabajo del arte, el trabajo de estar en un taller todos los días creando, usando la intuición, usando la sensibilidad, eso es totalmente nuevo para mí. Y es verdad que me falta experiencia en muchas áreas, pero este año me di cuenta de que no es como que estuviera empezando totalmente desde cero. No es que estos 10 años en que no he desarrollado un currículum de artista hayan sido totalmente perdidos. Porque durante este tiempo de invisibilidad, desarrollé una relación con el sentido de mi práctica artística, con el misterio. Y para llegar a eso tuve que pasar por todo este periodo de soledad, de exploración y de búsqueda. Estamos en un contexto donde ser emprendedor es el paradigma del éxito, pero los artistas no son necesariamente emprendedores. Hay muchos emprendedores que se dicen artistas, pero sus piezas no dicen nada. Hay artistas que han podido entrar a los grandes círculos o circuitos del arte contemporáneo, pero ha sido porque se adaptaron a las modas ideológicas. Y hay artistas que están vendiendo la misma obra, la misma idea desde hace 20 años, desde que empezaron a hacer arte. Entonces la presión por empezar, por iniciar, por vender, por dejar una huella en este mundo, no nos puede distraer de plasmar lo que auténticamente vinimos a hacer. Los artistas siempre se han posicionado más allá del reconocimiento social. Hacen arte porque tienen que hacerlo, no por los likes y van a seguir creando su trabajo silencioso, más allá de la visibilidad. Me alegro de no haber empezado a hacer público mi arte antes porque me podría haber contagiado de esas modas, me podría haber contagiado de la idea del artista como activista o del artista como emprendedor. Y no digo que esas formas de hacer arte sean malas o negativas de ninguna manera, pero no sé si es la manera en que yo realmente vengo a compartir mi arte. Los conceptos que trabajo, aunque todavía los estoy desarrollando, recién han llegado a un punto de madurez que me permite compartirlos sin que sienta que los tenga que cambiar. Recién mi proyecto es lo suficientemente sólido para sostenerse y para compartirlo, para no dejarse afectar por estas modas o por estas opiniones o por todo este mundo exterior que busca que uno se adapte a ciertas cosas. Entonces yo necesité desarrollar claridad conceptual para abrir mi mundo interno a otros. Y la claridad conceptual es una frontera, es un límite que permite que todas estas críticas, estas opiniones o estas modas ideológicas no penetren. No te hagan cuestionar lo que estás haciendo, es al final crear una frontera filosófica que permita que lo que dicen otros no te afecte. Y eso, la claridad conceptual se logra en lo invisible, se logra en la reflexión, en el trabajo de los conceptos filosóficos que a ti te hacen sentido y que tú buscas compartir. Es la fundamentación espiritual, la huella energética que buscas encarnar, y esta solo puede crecer y desplegarse en el claro del bosque interior. En Agua Viva, la última novela de Clarice Lispector, ella dice, "Quiero lejanías. Mi salvaje intuición de mí misma, pero lo mío principal está siempre escondido. Soy implícita y cuando voy a explicitarme, pierdo la húmeda intimidad". Y creo que aquí Clarice expresa muy bien el placer de dejar que las búsquedas artísticas sucedan en la intimidad. En nuestro cuarto propio y con la libertad de la sensibilidad para percibirlas sin la necesidad de explicitarlas, sin la necesidad de compartirlas en contenido, en información, de publicarlas. Otra vez, como mencioné en el video de Sharp Objects, hay una relación entre el hemisferio derecho, el hemisferio de la intuición y la mirada holográfica, con el hemisferio izquierdo de la racionalidad y la lógica en la práctica artística. La voz en la novela de Clarice Lispector se refugia en la humedad del hemisferio derecho, en esta forma de útero húmedo de un potencial infinito. Y lo interesante es que desarrolla a lo largo de esta novela una reflexión desde ahí, desde esta intuición, desde esta mirada sensible. Crea una realidad universal, una reflexión sobre la verdad, sobre cómo los humanos pensamos. Reflexiona al final sobre cómo los sujetos creamos sabiduría. Y eso es a través de una relación con el misterio. Somos misteriosos para nosotros mismos. Y eso es lo divertido de crear arte, es conocer, observar, filosofar en torno a ese misterio que somos. Y lo digo tanto a este nivel personal, singular, como al nivel de la subjetividad humana, a un nivel universal. Entonces, en un mundo de hiperconexión, de narcisismo, el misterio crea las distancias necesarias para contemplar, para escuchar, para apreciar al otro. Al otro que es uno mismo y al otro que es las otras personas, la naturaleza, el entorno. El misterio es un velo hecho a la medida que deja entrever la autenticidad. Es el espacio de silencio en el que te permites digerir la información y sacar tus propias conclusiones. El otro día estaba hablando con alguien que no dejaba de hablar de sí misma. Yo era algo así como un espejo que rebotaba todo lo que ella decía y me di cuenta de que estaba perdiendo presencia ante esta persona, que estaba volviéndome invisible. Me di cuenta de que esta persona carecía de la habilidad de ser misteriosa, porque me estaba revelando, explicando, contándome toda su vida sin que yo le preguntara nada, sin que yo ni siquiera mostrara un poco de interés. Entonces es feo que una persona desarrolle así una conversación, queda mal, es aburrido. Porque necesitamos que algo de lo que decimos continúe siendo privado, o necesitamos dejar huecos para que las otras personas se interesen, pregunten, indaguen en lo que estamos diciendo. Y una fina línea entre revelar y profanar misterios. Cuando profanas, hablas de más, dices lo que, dices todo lo que pasa por tu cabeza, publicas todo lo que te pasa. Y eso es diferente a ser espontáneo o ser auténtico, pero muchas veces lo que vemos, el contenido que consumimos es como estético, porque no hay misterio en él. No hay nada que nos intrigue, simplemente lo consumimos porque es fácil, porque es digerible, porque a veces estamos tan saturados de información que es lo único que podemos procesar, lo que ya está digerido. Hay un poema de Licurachi Way, que no sé si mencioné antes, creo que sí, o pensaba mencionarlo. Dice, en el poema, el vacío está lleno de pájaros. Y me gusta esa idea de vacío porque no es como el vacío posmoderno, el poseedor, o el vacío ni lista de puro potencial sin forma, una cosa que que te lleva como a una idea de que no hay límites, no hay Dios. Es este vacío que viene de la idea de Nietzsche de que Dios Dios ha muerto, no es ese tipo de vacío, un vacío donde hay pájaros. Un vacío donde hay pájaros, la voz de los pájaros te lleva a buscar, a escuchar, cuál es el misterio que tú viniste a encarnar. En un vacío de pájaros, hay esperanza, hay imaginación. Todos estos 10 años en que sentí que estaba perdida, que todavía no podía empezar a hacer mi proyecto, me di cuenta de que estaba tratando de escuchar los pájaros, estaba intentando atender a intuitivamente a eso que llamaba mi atención, a eso que yo venía, que necesitaba traer a este mundo. Pájaros es un guía al misterio interior. Y para entender tu estilo, tus temas, lo que a ti te interesa reflexionar y traer en forma de arte, necesitas desarrollar una relación con la nada, una relación con esta sensación de que no tienes idea, de que estás confundida y de que necesitas empezar a adquirir cierta claridad.
[8:30]Pero esta claridad se se adquiere precisamente escuchando los pájaros, escuchando el sonido, escuchando cuál es tu música interior, desde estos momentos de estar perdida, estar casi a un pie del absurdo. Ahí es donde un dibujo que hiciste o algo que escribiste o algo que escuchaste, te puede empezar a guiar. Y empiezas a adquirir confianza en esa intuición. Una de las cosas que me interesaba trabajar este año y creo que avancé, es el tema de hacer público mi arte, socializar lo que estoy haciendo, compartirlo. Y empecé un poco a vender, empecé a ir a ferias, empecé a publicar más seguido en Instagram, pero todavía se me hace súper incómodo, súper raro. Grabarme se me hace rarísimo, no creo que llegue a acostumbrarme a hacerlo. Y un tema que me vino a la cabeza por eso este año recurrentemente fue por qué cuesta tanto mostrar el arte, por qué cuesta tanto mostrar lo que uno está haciendo. Y creo que más allá del lo que duele a nuestro ego de artistas que nos juzguen, que nos miren, creo que uno se da cuenta de la responsabilidad que es traducir el misterio. De la responsabilidad que es traducir una realidad sagrada y traerla a un mundo profano. Porque sabemos que es un mundo que no está muy disponible para apreciar el arte, no está muy disponible para percibir la vulnerabilidad, para acoger la sensibilidad. He aprendido una palabra hace poco, todavía me siento rara en usarla, pero se llama una hierofanía. Que viene del del griego hieros, sagrado y fanein, que es manifestar, y hierofanía significa la aparición o manifestación de lo sagrado en un mundo profano. Mircea Eliade, que es un historiador de las religiones muy importante, dice, "Al manifestar lo sagrado, un objeto cualquiera se convierte en otra cosa sin dejar de ser él mismo, pues continúa participando del medio cósmico circundante. Una piedra sagrada sigue siendo una piedra, aparentemente, con más exactitud, desde un punto de vista profano, nada la distingue de las demás piedras. Para quienes aquella piedra se revela como sagrada, su realidad inmediata se transmuta, por el contrario, en realidad sobrenatural. En otros términos, para aquellos que tienen una experiencia religiosa, la Naturaleza en su totalidad es susceptible de revelarse como sacralidad cósmica. El Cosmos en su totalidad puede convertirse en una hierofanía.
[10:58]Entonces, el arte es una aparición de lo sagrado en un mundo profano. El arte es un ritual que materializa las realidades sagradas, las realidades más altas, en este mundo. Entonces, preservar el misterio, preservar eso que hay sagrado, es necesario aprender a ponernos límites, a no expresar todo lo que se nos ocurre, a exponer toda nuestra vida personal o vendernos al sistema por necesidad, aprender a no servir las lógicas de mercado o las lógicas de marketing y comunicación que a veces no son éticas o con las cuales no estamos de acuerdo. O tampoco a apurarnos y presionarnos por producir solo porque pareciera que mientras antes y más rápido es mejor. Entonces las cosas que aprendí este año fue primero que las grandes metas solo se sostienen dentro de una relación con el misterio, con este trabajo invisible. O sea, los pequeños pasos invisibles, filosóficos, reflexivos, generan las condiciones para que una obra nazca y pueda ser visible. Entonces empezar es importante, pero es más importante tener un porqué, tener un sentido, un motivo y alinear nuestra nuestra personalidad a eso. Así generamos la coherencia conceptual y estética, o por lo menos así me pasó a mí. Entonces ahora me da mucha paz sentir que no tenía que apurarme. Y a pesar de que todavía a veces siento el apuro o siento esto de que voy atrasada, de todos modos ya sé escuchar cuál es mi ritmo orgánico, ya sé escuchar cómo se siente cuando estoy haciendo un arte alineado con lo que viene a compartir y no cuando estoy produciendo solo porque tengo una feria y necesito llenar la mesa de cosas. Entonces ya conozco el ritmo apropiado para mí, apropiado para este trabajo que vine a desarrollar. El estilo de cada artista surge de la manera personal de expresar el misterio que le ha sido dado. Es una forma de darse a otros sin perder el centro, sin dar todo y quedarse vacío. Y por último, procrastinar no es habitar el misterio, no es lo mismo procrastinar a escuchar los pájaros. No es lo mismo procrastinar que evitar hacer el trabajo invisible, que evitar tener la disposición y la curiosidad para ver qué realmente quieres hacer y empezar a hacer ese trabajo, aunque todavía no sea reconocible. Hay una disciplina en la búsqueda interior y necesitamos reeducar la atención para no distraernos con lo profano. Para aprender a distinguir que todo espacio puede ser sagrado y que todo arte que hacemos puede manifestar una verdad profunda.



