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#TV537 | Frutos, no solo flores - Pr. Emilio Agüero Esgaib

Más Que Vencedores Paraguay

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[0:08]Mateo 7:15 dice, está la parábola de, es una parábola, una enseñanza que hace Jesús, dice, Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
[0:08]Bueno, según esta enseñanza de Jesús, la vida cristiana consiste en llevar frutos.
[0:08]No puede haber un cristiano sin frutos, es imposible que haya un cristiano sin frutos.
[0:08]Sí, él es cristiano, sí, hace tantos años, ya va, tantos meses va a la iglesia, pero no hay frutos, no se puede.
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[0:08]Bueno, yo quiero hoy darle una palabra de aliento, de de esperanza. Mateo 7:15 al 20, abrí tu Biblia, por favor, en el nombre de Jesús. Arrancamos los motores y nos vamos para adelante en el nombre de Jesús. Que esta palabra caliente, te te fortalezca. Mateo 7:15 dice, está la parábola de, es una parábola, una enseñanza que hace Jesús, dice, Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. Bueno, según esta enseñanza de Jesús, la vida cristiana consiste en llevar frutos. ¿Sos cristiano? Tenés que tener frutos. No puede haber un cristiano sin frutos, es imposible que haya un cristiano sin frutos. Ahora, para la cosmovisión bíblica no existe, repito, un cristiano sin frutos. Sí, él es cristiano, sí, hace tantos años, ya va, tantos meses va a la iglesia, pero no hay frutos, no se puede. Es improductivo, no puede, no puede, por eso dice, no puede. Ahora, no solamente hay que llevar frutos, hay que llevar buen fruto, porque podría haber personas que lleven buenos frutos y malos frutos. Cada uno según su especie. Pero el cristiano tiene una imposibilidad de llevar malos frutos. Casi te diría ni aunque quiera va a poder llevar malos frutos, porque no es su naturaleza tener malos frutos. No, pero pastor, yo conozco un cristiano allá en tal lugar, que tiene muy malos frutos. No, no es cristiano. Puede tener etiqueta de cristiano, puede tener así como esas botellas de agua, dice, agua de tal marca, todas las cualidades, pero por adentro hay un líquido negro, no es agua. O no es pura por lo menos. No, la etiqueta no define el contenido. Dentro de esa botella con una etiqueta que dice agua puede poner café. No determina la etiqueta el contenido. El cristiano lleva frutos. Esto entonces tiene que a todos nosotros llamamos la atención y evaluarnos nosotros mismos. Ahora, también nos habla de tipos de frutos, ¿verdad? Una persona no creyente, por ejemplo, podría llevar buenos y malos frutos, porque podría haber una persona que es solidaria con el pobre, pero es un marido violento e infiel. Ocurren por todos lados esas cosas. Lleva buenos frutos y lleva malos frutos. Escuchen, el cristiano no puede hacer las dos cosas al mismo tiempo. Al decir poder, te estoy hablando de capacidad. No puede, así como no puede volar un un pingüino, no puede volar ni aunque quiera volar, así también el cristiano no puede tener un estilo de vida de malos frutos. Y voy a aplicar esto. ¿Por qué?

[3:39]Porque eh es sencillo el la parábola que Jesús da, ¿verdad? Si vos tenés una planta de naranja, sin esfuerzo, esa planta va a dar naranjas como fruto. Si es de banana, bananas. Si es de pera, de peras. No va a forzarse la planta para dar según su especie. La naranja no es que se va a forzar para que no le salga una pera. No, tienen que salirme una buena naranja. No, va a salir. Él tiene que estar no más ahí, fluye. Así también el verdadero cristiano, el que está conectado con Dios, no tiene que hacer un esfuerzo para tener buenos frutos, fluye de los buenos frutos. Esto no estoy diciendo que es perfecto, esto no estoy diciendo que no tiene luchas, que no tiene caídas, que no tiene tentaciones, que no tiene malos momentos. En la vida tenemos buenos y malos momentos, en la vida tenemos momentos de victoria, momentos de derrota. La vida es cíclica, pero el estilo, la naturaleza, lo que te caracteriza, así como a la naranja le caracteriza tener naranjas y no se espera otra cosa la naranja, el creyente le caracteriza el buen fruto. No debería decir le debería de caracterizar. No, le caracteriza el buen fruto. Bueno, voy a hablar después qué es lo que son esos frutos de manera bien puntual. Ahora, hay creyentes que se alían, lastimosamente, con personas que dan malos frutos. Tienen que saber que tarde o temprano le va a explotar la bomba en el regazo. Tienen que saber. Ahora, voy a aclarar. Tenemos que tener sabiduría para escoger amistades, para escoger parejas, para escoger líderes, porque uno escoge líderes constantemente. Especialmente el creyente escoge un pastor, un consejero, y tenemos que tener sabiduría, porque nuestra asociación determina quiénes somos. Amos 3:3 dice, andarán dos juntos y no estuvieran de acuerdo. No. Ahora, desde las, desde que somos chicos, ayer fui a a San Bernardino a pasar una jornada de unas horas con nuestros pastores y otros pastores más para cerrar el año. Le llevo a mi familia y un chico que se fue a dormir en casa, amigo de mi hijo, de acá a la iglesia. Y yo siempre hago estos chistes, le digo a mi hijo, mira Lucas, le dije, vos tenés que ser como fulano, le dije yo, y ahí estaba fulano, el otro chico. Él, por ejemplo, pasó todas las materias, no dejó nada en febrero, le encanta estudiar. Su papá me dice que él quiere leer antes que jugar play, y el otro mira la ventana, no dice nada. Yo nomás me divierto por él. Y después me dice, pastor, no, no, no es tan así, me dice. ¿Qué pasó? Me quedé en febrero. ¿Y cuántas materias? Cuatro. ¿Y cómo, cuatro materias dejaste? Y me dice él, por la mala junta, me dice. Por la mala junta. Y que son no, son chicos terribles, pastor, solamente macanean y no estudian. Y ellos son tus amigos. Sí, son. Y no te diste cuenta ya por marzo, abril de que eran malas juntas. La verdad que sí. Pero la compañía está y siempre le da gusto estar con ellos. Viste que no es que dé gusto algo, es algo que te convenga o no. Un chico de 13 años ya se da cuenta con quién anda. Y se da cuenta de los resultados de con quién anda. Lógicamente quité una enseñanza de ello y le expliqué que hoy son tonterías, entre comillas. Me quedé en febrero, mañana van a ser drogas, promiscuidades, violencias, vagancias, eh, enemistades, traiciones. Verdad, y todos, hasta un chico de 13 años, un niño de 7 años, y un adulto como nosotros, sabemos con quién nos relacionamos, sabemos. Sabemos. El Señor nos advierte que los malos siempre disimulan su verdadera condición, según el Salmo 5:9 con alagos o lisonjas. No significa que alguien que te quiera te diga que, qué capacidad tenés, sos excelente, sos una excelente persona, mucho carisma. No significa que eso, esa persona esté lisonjeándote. Pero vos y yo, si queremos, nos daremos cuenta cuando hay intenciones ocultas detrás. Nos damos cuenta. Todos. Eso es innato, no hay que enseñarle a ni un chico, a una ni una niña, ya una niña se da cuenta. Hay que enseñarle a desarrollar ese discernimiento. Ahora, la Biblia nos dice que salgamos del mundo. Es más, Jesús dice en su oración intercesora en Juan 17:15 al 18, dice que no te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. Porque nosotros justamente ahí tenemos que estar en medio de las necesidades para ser sal y luz. Pero tenemos que estar juntos, por supuesto, pero no revueltos. Jesús es claro, no tenemos que vivir aislados. No tenemos que vivir en un monte. Nos relacionamos con la gente, no vamos a pretender que todos tengan nuestros mismos valores, nuestro trabajo, nuestro contexto, la sociedad. Pero podemos ser nosotros personas que llevemos fruto y ese fruto que haga, glorifica a Dios. Ahora, ¿qué es el fruto de manera práctica? Fruto es el resultado de lo que produce naturalmente una planta. Fruto es el resultado de lo que produce naturalmente una persona. Repito, algo que fluye.

[9:29]La Biblia habla de dones. Por ejemplo, el don de ayuda. Hay gente, la Biblia habla del don de ayuda. Y dice que el que tiene el don de ayuda no es como cualquiera, nosotros todos ayudamos. El don de ayuda es una condición muy natural en el ser humano. De hecho, no existiríamos como sociedad si no nos ayudásemos. El don de gratitud sí hay que enseñar, porque nos cuesta ser gratos. Pero hay gente que sí tiene el don de ayuda. El don de ayuda, el que tiene la ayuda le gusta ayudar, fluye, le encanta ayudar. Vos le llamas a la tela mañana y le decís, sabe que se me pinchó la rueda del auto, no me quiero ensuciar la mano. ¿No puedes venir a cambiarme? Y así, gracias por pensar en mí. Se va a despertar y se va y te va a ayudar. Pues, le encanta al tipo ayudar. Hay gente, yo conozco mucha gente que es así. Yo no tengo tanto el don de ayuda, tengo algo, pero tampoco me llamen para eso, cambiaron más, pero hay gente que fluye, le encanta. Yo conocí un joven, excelentes jóvenes, no voy a decir su nombre ni nada, pero sobre calle Quinta, tenía su iglesia. Él no tenía plata, por ejemplo. No tenía dinero, un muchacho, sencillo, humilde. Pero él se iba a clínicas de Sajonia cuando estaba en la clínica ahí. Se iba los fines de semana y se iba y pescaba el fin de semana. Yo le llegué a ver cuando yo me iba a visitar enfermos, que él estaba. Y le digo, ¿y qué hace acá? Y dentro de un rato la enfermera me va a decir que pase con un enfermo que nadie le visita.

[11:06]Mira lo que es, hermano. Ese es el fruto. Un joven que a lo mejor a esa edad podría estar haciendo cualquier otra cosa.

[11:30]A nadie nos gustaría pasar un fin de semana en un hospital, de manera natural en la carne a nadie, no sé que sea un familiar, pero ni aún. Este se iba los sábados, porque estudiaba, porque al día siguiente era domingo y él podría quedar a dormir con alguien en ese lugar. Ese es un joven que está por ahí, un cristiano y su fe va a ser el parámetro para el que Dios mire nuestra fe. Eso dice la Biblia en la fe de Abraham seremos todos juzgados. Si Abraham creyó, nosotros también tenemos que creer. Para saber la calidad del fruto, no hace falta, la calidad del árbol no no, no vamos a morder el árbol. Vamos a comer el fruto. Significa que todo fruto bueno que sale un árbol bueno edifica, nutre, alimenta, gusta. Ahora, básicamente el fruto se manifiesta de dónde se manifiesta el fruto, en el carácter se manifiesta el fruto. Pablo nos habla de fruto del Espíritu Santo que se desarrolla en un carácter convertido. Cuántos frutos del Espíritu Santo hay. Hay 11 frutos, no nueve. Vamos a leer los nueve que hay uno de que habla de un fruto espiritual en Gálatas 5:22 y 23.

[12:56]Es un conocido versículo pero después le voy a mostrar otro versículo que muchos no la tenían porque acabamos de contar nueve frutos. Dice acá, 5:22 de Gálatas, mas el fruto del espíritu es, y cita, amor, el primero, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. ¿Qué significa? Que la ley no puede condenar a nadie que tenga amor, paz, gozo, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Y habla de el fruto, dice, mas el fruto, no dice los frutos del espíritu son, dice el fruto, es un combo. Es como un racismo, de la misma, del mismo pabilo están todas las uvas colgadas. Y el siguiente, en el siguiente libro, Efesios 5:9 dice, porque el fruto del espíritu es en toda bondad, justicia y verdad. Y nombra tres, pero bondad ya nombró anteriormente, entonces justicia y verdad. Entonces, vemos acá que hay 11 frutos, los nueve que he citado, más justicia y verdad. Por lo tanto, son 11 todos los frutos que hablan del carácter cristiano. El primero es el amor. Voy a hablar después por qué. Ahora, cómo yo logro tener esos frutos. Yo con 54 años de edad, voy caminando en mi vida todavía buscando que esos frutos sean realmente una constante en mi vida. Estoy estudiando. Hace hace un tiempo estoy yo metiéndome así en oración, leer la Biblia, y le pido al Señor. Hablo con pastores, con amigos que están pasando situaciones duras, difíciles y yo entiendo la paz en medio de la tormenta. Entiendo eso. Ahora, el gozo en medio de la tormenta. Cómo uno puede lograr tener gozo en medio de la adversidad. Y esto no es una cosa que vos leéis ahí una frase en esos en esas galletitas de los restaurantes chinos que vos te vas a comer y te sale ahí adentro una, no. Esto es algo que uno tiene que meditarlo, experimentarlo. Y hay tres cosas que uno tiene que tener. Amor.

[15:25]Renuncia y humildad. Voy a poner ejemplos claros y bien prácticos que tocan mucho en nuestros tiempos. Escuchen lo que le decía, hasta de repente incómodo hablar, pero voy a decirlo. Amor. El amor es el primer fruto. Eso marca la línea de todos los demás frutos. Voy a hablar de esto en un rato más. El segundo es la renuncia. Renuncia, yo tengo que tener renuncia a mi naturaleza carnal. En Gálatas 5:24 nos dice que ha crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Eso cuesta. Las pasiones de eso no solamente tentaciones sensuales. Son tentaciones, por ejemplo, emocionales. La tentación de estar enojado, la tentación de quejarnos, la tentación de desanimarnos.

[16:21]Porque es una tentación también desanimarse, ¿cómo se dice? Sí, te tienta la posibilidad de que vos siempre estés en un estado de conción. Son fallos emocionales. Y tenemos que renunciar. Voy a poner un ejemplo muy práctico. Hace unos 6, 7 años un pastor amigo me dijo, Emilio, quiero que ores por mí. Y que ores por mi vida, por mi matrimonio, por mi, por mi vida personal. Quiero que ores por mi integridad como hombre. Me permitís hacerte preguntas. Sí. Puntualmente qué te pasa. Me dijo, mira, estoy en una etapa de mi vida, de mi matrimonio, en que mi esposa está pasando ciclos muy complicados. Y hace ya mucho tiempo yo no estoy pudiendo tener plenitud en la intimidad con ella. No solamente perdió mucho el deseo, sino que tiene dolores, tiene cambios hormonales, me contó. El punto es que yo no puedo tener una intimidad plena con ella y ella lo sabe. Y yo decidí esto entregar al Señor y vivir un tiempo de castidad y disfrutar de ella su amistad, de su compañía, de su hermandad, porque al fin y al cabo es también mi hermana, es también mi amiga. Pero quiero que ores para que me cubra en esa área. Ese es un hombre que renuncia. No es que, ah, si vos no me respondés, vos buscá otra. No, eso es no crucificarla. Crucificar la carne con sus pasiones y deseos significa que tengo necesidades, pero no la puedo suplir ahora, pues, me banco, no me voy a morir por eso. No me voy a morir por eso. Hay gente que pasa peores cosas que yo y sigue caminando. Yo por qué no lo voy a poder hacer. Hay gente que tiene luchas mucho más difíciles que la mía. Voy a empezar a mirar las grandes cosas que Dios me dio. Mi familia, mi trabajo, mi salud, vaya a saber qué cosa. Y esa área en que tengo un vacío, voy a llenarlo con la presencia de Dios, mientras dure la prueba. Y habiendo acabado todo, dice la Biblia, estar firme. Ahí uno puede experimentar. Pero si uno no se anima a entrar en ese túnel, no va a poder experimentar realmente lo que es el poder de Dios. Y también necesitamos humildad. La virtud cristiana más grande es la humildad. Porque la humildad hace que caminemos en dependencia de Dios. Dice el mismo capítulo que hemos leído en Gálatas 5:24 dice, vivamos por el espíritu y no no nos hagamos vanagloriosos, irritándonos y envidiándonos a uno mismo. Y la humildad, lo contrario no es necesariamente vanidad de la humildad. Yo creo personalmente, y tal vez no llegué todavía al fondo de la cuestión, pero esto es una decisión mía, una interpretación mía, que lo contrario de la humildad es la ingratitud. Me quejo de Dios, me comparo con otro, porque a mí me pasa esto y el otro, que no sé qué cosa. Como que el otro merece lo que a mí me pasa y yo no me merezco lo que me está pasando. Es un reclamo constante a Dios, no tengo humildad, no tengo dependencia y no voy a tener gozo. Si yo me estoy comparando con alguien, no voy a tener gozo, siempre va a haber alguien que tiene algo que yo no tengo, no voy a tener contentamiento. El amor marca todo. ¿Por qué? Porque el amor, no busca lo suyo, dice.

[20:07]El amor dice primera Corintios capítulo 13, 1 al 3, dice, aunque yo dé todo mi dinero a los pobres, aunque dé mi propio cuerpo para ser quemado y no tengo amor, nada soy. De nada me sirve. Como en el semáforo, está ahí vos esperando y y un tipo y te dice, no tenés algo para, y le mirás, no, no tengo.

[21:20]Ay, ay, ay. Si no lo hace con amor, de nada te sirve. Es groso. Otra cosa que el amor tiene, el amor busca el bien del otro sin reconocimiento ni sin satisfacción personal. Te voy a poner un ejemplo muy sensible. Un padre o una madre que tiene un hijo en las drogas, por decirte, viviendo en la calle, pasando hambre. Y esa mamá prepara una comida y dice, voy a ir a buscarle a mi hijo en aquella esquina. Pero él no va a querer recibirme a mí porque está enojado conmigo, no sé lo que fuera. Entonces agarra y prepara una buena comida y va y le deja en el lugar donde a lo mejor él duerme debajo de ese puente. Y se esconde rápido antes que le vea ella, porque él va a rechazar y prefiere pasar hambre que comer lo que su mamá le dejó, por alguna situación. La mamá no quiere lo que sepa que es ella, porque quiere que él sea satisfecho. Y no le interesa que nadie sepa, para sentirse bien, porque cuando llega a su casa, o pasó por ahí, ve que está comiendo y eso le llena el corazón, porque le ama a esa persona. Y no importa que la gente sepa o no sepa, no importa que él sepa o no sepa que yo le di, está comiendo, yo estoy feliz. El amor no busca vanagloria. El amor no busca reconocimiento. Fluye. Si viene, viene, bueno, qué buena madre, qué gran gesto. Amén. Pero ahí no está el punto. Yo quiero satisfacer la necesidad de mi prójimo. Dios quiere que tengamos frutos.

[22:59]Porque Jesús dijo en 15:8, en esto es glorificado mi padre, en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos. O sea que el venir acá a cantar, cosa que es algo muy importante, no demuestra nuestra glorificación a Dios. Lo que demuestra la glorificación a Dios es la capacidad que tengamos de llevar mucho fruto. Y vemos acá que Dios quiere que llevemos mucho fruto para que de esa manera Dios sea glorificado y con eso demostramos ser verdaderos discípulos de Cristo. Ahora, la cantidad y calidad de frutos ya depende del corazón. Y para eso yo les voy a dar una parábola muy conocida, la parábola del sembrador, Mateo 13:1 al 9.

[23:49]Es una parábola muy conocida, la voy a leer de vuelta, vamos a quitar algunas perlas nuevas, que a lo mejor no vimos en otro momento. Mateo 13:1 al 9. Les voy a llevar, miren, esto, ¿por qué es motivador? Porque si vos sos una persona con frutos, sos sal, sos luz, glorifica a Dios, y y es una cosa. ¿Vos querés que que la gente te quiera? Serví.

[24:14]¿Vos querés ser aceptado? ¿Vos tenés problema de autoestima y querés que la gente quiera estar contigo? Serví, servile. Aunque sea por conveniencia la gente va a querer estar contigo. Pero vos hacé servir nomás. Todo el mundo va a querer, te va a querer. Si hay alguien que quiere que todo el mundo le quiera. Buscá, ¿a quién le puedes servir en algo? Necesitas algo. Sí, plata, ¿cuánto? Tanto, tomá, te va a querer ya ahí. Necesito que vaya a hablar con fulano de parte mía, te voy a ir a hablar, te va a querer. Bueno, vamos a mirar Mateo 8:1-9, dice la Biblia, vos tenés que servir nomás. Dice aquí, vamos a leer desde el 3, y le habló, 13:3, muchas cosas en parábolas diciendo, he aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cual a ciento, cual a sesenta, y cual a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga. Los muchachos no entendían la parábola.

[25:40]Entonces, el Señor, el siguiente, los siguientes versículos dice que le preguntaban, por qué habla en parábolas, no te entendemos, por qué no sos claro. Entonces, el Señor él mismo nos aclara de qué se refería su parábola en el versículo 18 y dice, Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. Bueno, vamos a desmenuzar esta palabra. Vamos a desmenuzar. Eh, en primer lugar, acá dice que el creyente da frutos. 30, 60 o 100. Eso ya depende de la capacidad y la entrega de cada uno. Pero da fruto. No hay acá un creyente, pero uno no dio fruto. Otro dio 30, otro 60, otro 90, al 100%. No, el creyente da fruto. Repito, vos decís, no, pero yo conozco creyentes que no dan fruto. Bueno, ahí algo no está funcionando seriamente porque no está con su palabra. Aquí dice la Biblia que todos los verdaderos creyentes tenemos la capacidad de dar algo, nunca nada. Y la Biblia provee un claro entendimiento de lo que es la fe. La fe produce buenos frutos. Y en esta parábola habla de dos cuestiones esenciales, terreno y semilla. El Señor nos enseñó acá que la semilla no es el problema, el problema es el terreno. Porque la misma semilla tiró al boleo y dice, cayó aquí, cayó allá, cayó allá. Alguno no dio ni un fruto, otro dio un poco por un tiempo, otro dio al 30, 60, 90, 100%. La semilla no es el problema, yo hoy estoy tirando la semilla, porque a todo el mismo tiempo, acá 700 y pico personas están escuchando el mismo mensaje.

[28:07]Y de aquí va a salir gente que va a decir, no me importa nada, gente que va a decir, me importa algo, gente que va a decir, me importa todo. El problema no es la palabra, la semilla, si no es el terreno, el corazón. Tres tipos de suelos, de cuatro que habló el Señor, fracasaron. Fueron plantas infructuosas. Bueno, vamos a analizar. Solo un tipo de terreno fecundó y llevó frutos, el último, el fértil. Esto nos muestra que una persona puede ser receptiva a la palabra de Dios, puede llevar fruto para él. Todo lo demás es tan solamente un humano, carnal, si no lo hacemos. Una persona puede hacer grandes obras de caridad y no creer en Dios. Sí, puede, por supuesto que puede pasar. Esto sirve y vale en esta vida. Claro, el que ayuda a ponerle una persona que que no quiere nada, pero es solidaria. Da, ayuda. Gloria a Dios, está muy bien hecho. La Biblia dice que aún eso proviene de Dios. Pero es algo que queda en la tierra. Pero si vos lo hacés con fe, tus frutos permanece hasta en la eternidad.

[29:30]Ahora, vamos a mirar. El camino. ¿Cómo se hacen, cómo es el camino que habla Jesús? No habla un asfaltado, habla de una tierra que tanto ya se pisa encima que terminó formándose un surco. Y vos si te fijás en el campo, en el barrio, en la canchita de fútbol, ponele que haya pasto, te das cuenta que siempre hay una línea diagonal que cruza punta a punta. Eso no es que es alguna regla del fútbol, no. Ese es el muchacho que en vez de dar la vuelta, corta nomás allá por el medio para ganar tiempo. Y ahí va y viene, va y viene, va y viene, se terminó formando un surco. Tiras una semilla, rebota como por una piedra, porque la tierra está endurecida. Esa ni siquiera entra la semilla. Está el otro que claramente dice que cae en pedregales, las piedras tiene así un cierto nivel de, de así como en el empedrado. De repente tenemos tanta bendición que acá en Paraguay tiras una una en un empedrado una semilla y ves que brota una plantita. Tan bendecidos que somos. Pero como no tiene profundidad, vienen los problemas a la vida, dice, y y termina acabándose. Conozco muchos creyentes así. Se volvieron creyentes, y después de un tiempo las cosas no se le dan, al contrario, empeora. A lo mejor recibe persecución, deja de tener amigos que antes tenía. Tal vez le tocan unas pruebas difíciles en la vida. Se pregunta, ¿y dónde está Dios? ¿Y por qué me pasa? ¿Y por qué a mí, acaso no me tenía que ir mejor? ¿Dónde está la protección de Dios? Un montón de preguntas se hace y termina alejándose porque no tenía raíz, no tenía profundidad. Hay muchos de eso. El otro grupo es claramente aquel que tiene afán de este siglo y el engaño en las riquezas ahora la palabra. ¿Qué significa? Empieza a sumar y restar, dice. Si yo me vuelvo creyente, voy a perder muchas cosas. Placeres, metas, conquistas que tal vez no coincide muy bien con la fe cristiana. Entonces, yo decido desechar nomás mi fe para lograr lo que yo quiero lograr humanamente en este mundo. Y así vendemos lo eterno por lo temporal. Eso ocurre muchísimo. Dice claramente el afán de la riqueza, pero, pero, el que cayó en una tierra, sí o sí da fruto. Ahora, ¿qué es la buena tierra? Nuestro querido pastor Darío París, contó una de un historia de que él era es aficionado a la, a las plantas. A él le gusta tener plantera y planta, lechuga, tomate, cebolla, etcétera. Y cuenta que en Guatemala, pues él vivió en Guatemala muchos años, ahora está en Houston, pero él es guatemalteco luego. Dice que su vecino iba a construir una casa y empezó a acabar el terreno y le dio así un montón de tierra que que iba quitando para los cimientos y le digo, una tierra espectacular, húmeda, buen color. Él entiende tierra y dice, me puedes dar para mis planteras. Le dice, sí, por supuesto que lleva. Y él agarra y lleva, y cuela la, la arena, quita todas las piedras, las malezas, quita el un plástico, encontró un vidrio, después tiras sobre esa, sobre una, ese, como un colador, ¿verdad? Pero así de, de las camas, esas que se usaban antes. Y tiraba así con la pala, iba cayendo la tierra limpia, poné una plantera, poné la semilla. Salen los frutos, y viene un pastor y dice, Darío, estas lechugas, estos tomates. Impresionante esta fruta. ¿Qué tipo de tierra es esta?, le dijo. Y ahí Darío se acordó y dijo, que había sido para que haya buenos frutos, la tierra tiene que ser limpiada y tratada. No te olvides que la tierra es tu corazón y el mío. Nosotros respondemos a estímulos de mala experiencia, de traumas, de complejos, de maltratos, de heridas. De hecho, el camino, al que no recibe la semilla, es un camino, por ende, pisoteado. Y hay mucha gente que tiene tanta, tanta, tanto dolor, tal vez por malas experiencias, por cuestiones que ha pasado, que su corazón se endurece tanto que no quiere no saber completamente nada de Dios. Sin embargo, no digo en todos los casos, pero muchísimos yo conozco así. Escarba un poco más, había sido esto pasó, había sido esto otro, había sido recibe este tipo de abuso, maltrato. Y si yo quiero llevar, yo, Emilio, yo pienso en mí. Quiero llevar buen fruto. Yo tengo que saber algo, mi corazón tiene que estar limpio. ¿Cómo se contamina mi corazón? Cuando me enojo, cuando no perdono. Cuando quiero vengarme, cuando no acepto la prueba que Dios permite en mi vida. Cuando me quejo, cuando reclamo, y para esto se requiere mucha humildad, porque la humildad es dependencia de Dios. Por eso Jesús dijo también en la parábola de, de de la uva, dijo en Juan 15:5, separado de mí, nada podéis hacer. Estamos hablando en términos espirituales. Entonces, todos, pero todos los días, como te lavas la cara, como desayunar, por decirlo. Vamos a poner la cara entonces, porque a lo mejor muchos no desayunan, pero todos nos tenemos que lavar la cara. Así, todos los días tenemos que estar cuidando nuestro corazón. Por lo menos el mío, no hablo por vos, me di cuenta que es engañoso, mañanero. Justifica las cosas, tiene argumentos elocuente. Y Jesús dijo, el Señor dijo, engañoso es el corazón, más que todas las cosas, ¿quién la conocerá? Cuánta gente conozco que dice, hice esto, pastor, jamás me imaginé que hubiera hecho algo así. No, pero lo hiciste. Ese es nuestro corazón. Tengo que cuidar mi corazón. Tengo que limpiar mi corazón. ¿Cómo se contamina mi corazón? Cuando me enojo, cuando no perdono. Cuando quiero vengarme, cuando no acepto la prueba que Dios permite en mi vida. Cuando me quejo, cuando reclamo, y para esto se requiere mucha humildad, porque la humildad es dependencia de Dios. Por eso Jesús dijo también en la parábola de de de la uva, dijo en Juan 15:5, separado de mí, nada podéis hacer. Amén, hermano querido.

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