[0:00]No te ha pasado que llega un punto en el que ya no sabes si estás triste o simplemente cansado? Cansado de que nada te sorprenda, de que todo se siente igual, de que el alma parezca arrastrarse mientras tú finges que estás bien. Porque sí, el alma también se agota, también se cansa de aparentar fuerza, de sostenerlo todo en silencio. De guardar lágrimas que ya no salen y lo más curioso es que un día te preguntas si realmente sanaste. O si solo aprendiste a ignorar lo que sientes, porque con el tiempo te acostumbras. Te acostumbras a vivir con ese vacío que no grita, pero tampoco se va. Ese vacío que se nota desde afuera, pero pesa todo el día por dentro. Y empiezas a moverte por inercia, a responder por costumbre, a vivir como si todo te diera igual. No porque seas frío, sino porque ya hubo cosas que te rompieron tanto, que te enseñaron a no esperar nada. A protegerte antes de sentir, a no ilusionarte de más, a no confiar demasiado. Como si la decepción fuera un recuerdo que no quieres repetir, por eso levantas muros sin darte cuenta. Pero escucha esto, ese "nada me importa" no es verdad, es defensa. Es una forma de decir, me dolió demasiado y ya no quiero pasar por lo mismo. Es tu manera de sobrevivir cuando el corazón se queda sin energía. No estás roto, solo estás cansado y el cansancio se cura. Pero para eso, tienes que dejar de ignorarte, dejar de dejar de reprimirte. Dejar de pedirle a tu mente que aguante como si fuera de acero, porque no lo es. No lo es y no tiene por qué serlo. A veces lo valiente no es seguir fingiendo que estás bien, es admitir que ya no puedes solo. Que necesitas un respiro, que necesitas volver a sentir algo que no sea indiferencia. Porque aunque hoy te dé igual todo, la vida no se queda quieta. Y tarde o temprano, algo o alguien te va a volver a mover por dentro. Y no porque estés completamente sanado, porque incluso el alma cansada. Encuentra un motivo para encenderse otra vez.
Watch on YouTube
Share
MORE TRANSCRIPTS



