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Don Quijote de la Mancha – Parte 2, Capítulo 25: resumen y análisis

El Látigo Lector

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[0:04]Capítulo número 25 pues. Tengo la voz un poco tomada, pero bueno, show must go on. Y entonces, Don Alonso fue a buscar a la venta a este tipo que le había prometido que le iba a contar una historia fantástica. Pasa un avión. Ay, dale, avión. El tipo estaba cuidando de su animal y Don Quijote le ayudó. Y una vez terminada la faena, este tipo le contó a Don Quijote, a Sancho, al ventero, al guía y al paje la siguiente historia. Una cosa, yo al personaje que le llamo el guía, en el libro se le llama el primo, pero yo le llamo guía, porque me parece un título mucho más apropiado que el primo. El primo no no describe demasiado, el guía, ese que los guio a la cueva a Montesinos, así que yo digo eso. Lo lamento, Cervantes. Esto le sucedió a un regidor de un lugar que queda a unas cuatro leguas y media de aquí. Un día por culpa de una criada de él, al tipo le faltó un burro, le desapareció. Y pasaba el tiempo y el burro no aparecía. Y a los 15 días se encontró en el pueblo con otro regidor que le dijo que él sabía dónde estaba su jumento. El tipo le dijo que el burro había aparecido en el monte y él lo había visto ese mismo día. Y le dijo que estaba flaco y además el burro muy uraño porque cuando él lo fue a agarrar, el burro se escapó. Y entonces le ofreció a su amigo ir esa misma tarde a buscar el asno al monte y el tipo dijo que sí. Y entonces fueron los dos amigos a buscar el burro esa tarde al lugar donde había sido visto por última vez, pero allí no estaba el animal. Y ahí entonces el segundo regidor, el amigo, por así decirlo, ofreció una solución para dar con la bestia. Él le sugirió a su amigo que como él tenía una gran capacidad para rebuznar, para imitar burros, le dijo, "Vayamos cada uno por un lado y nos ponemos a rebuznar y así el burro, cuando nos escuche,

[2:12]Limpia, muy limpio. ¿Qué haces? No está sucio. Puta madre, che. Dijo que como sabía imitar muy bien el sonido de un burro, como sabía rebuznar muy bien, le dijo que cada uno vaya por un lugar del monte y los dos se pongan a rebuznar y y que esperen a que el burro responda el rebuznido. Y de esa manera, ellos le iban a ubicar al burro por el sonido y lo iban a encontrar. Y así fue entonces como se separaron, cada uno fue por su camino y se pusieron a rebuznar para atraer al burro. Pero en realidad el segundo regidor, el amigo, era tan bueno rebuznando que su amigo se confundía y pensaba que era el animal, pero era su amigo. O sea, se volvían a encontrar ellos mismos en vez de encontrarse con el animal. Y esto sucedió muchas veces inclusive. Y el dueño del animal, el dueño del burro, le dijo a su amigo que era increíble cómo él imitaba el sonido del burro y tenía las mejores palabras de alabanza para con su amigo. Y entonces establecieron una contraseña para no volver a confundirse y es que tenían que rebuznar dos veces. Pero todo fue casi en vano porque al rato lo encontraron al burro, pero este ya estaba muerto y estaba comido por los lobos. El dueño de la bestia, igual se dio por satisfecho por haber emprendido esa búsqueda y bueno, haberlo encontrado finalmente, no de la mejor manera, pero bueno, volvieron los dos contentos por así decirlo, de vuelta a la aldea. Y ellos dos contaron a los habitantes de la aldea, contaron a la gente del pueblo, toda la anécdota y en especial hicieron hincapié en la habilidad sobrenatural que tenía este otro fulano para imitar burros. Y la anécdota empezó a contarse cada vez más, a punto de que llegó a pueblos vecinos. Tan famosa fue la anécdota que los habitantes de pueblos vecinos empezaron a burlarse de nosotros, de los miembros de nuestra aldea y nos rebuznaban en la cara cuando nos veían por la calle. Y la burla creció a tal punto que despertó una guerra civil entre la gente de nuestro pueblo y la de los pueblos vecinos. De hecho, estas armas que ustedes me vieron acá arriba de ese burro en el camino, las estoy llevando para combatir, me estoy yendo a la guerra. Y estas son las maravillas que yo le dije que tenía para contarle y si no le gustó, no tengo otra, viejo, no me rompas los huevos. Y en ese momento, entra a la venta un fulano y pregunta si hay lugar, si hay disponibilidad. Y el ventero se sorprendió al verlo, el tipo este era maese Pedro, un fulano con un parche en el ojo, que era un entretenedor viajero, que tenía un show de títeres y un mono adivino. El ventero le confirmó disponibilidad de camas y le dio la bienvenida y quedaron en que maese Pedro iba a entretener a los huéspedes de la venta. Preguntó Don Quijote, ¿quién era este fulano? Le preguntó al ventero. El ventero le comentó lo que yo acabo de decir y le dijo que el tipo tenía un mono adivino que respondía preguntas del pasado y del presente por dos reales. Nunca visto. Y también comentó que maese Pedro era un titiritero que tenía un retablo de Melisendra. No sé qué será eso. Y entonces al rato maese Pedro volvió y Don Quijote lo interpeló. Dígame vuestra merced, señor adivino, ¿qué será de nosotros? Aquí tiene sus dos reales. Muchas gracias. Señor, sepa entender, el animal no responde preguntas acerca del futuro, solo acerca del pasado y del presente. Ah, sí, claro, mire que yo voy a pagar para saber cosas de mi pasado. Eso ya lo sé todo. No tiene sentido. Mejor le pregunto algo sobre mi presente. Dígame una cosa, ¿qué está haciendo en este momento mi mujer, Teresa Panza? Aquí tiene sus dos reales. No, no, no quiero tomar el dinero por adelantado, primero que el mono responda y después hablamos de guita. Y en ese momento maese Pedro da dos golpecitos con su mano derecha en su hombro izquierdo y el mono se le salta sobre los hombros. El monito procede a decirle algo en secreto al oído a maese Pedro, movía la boca sin parar y al cabo de un rato se bajó de los hombros y volvió al suelo. Acto seguido, maese Pedro se puso de rodillas ante Don Quijote y abrazándole las piernas, le dijo: Oh, resucitador insigne de la ya puesta en el olvido caballería andante. Oh, siempre alabado como se debe, caballero Don Quijote de la Mancha. Brazo de los caídos, báculo y consuelo de los desdichados. Tú, Sancho Panza, el mejor escudero, no te preocupes que tu mujer, Teresa Panza, está rastrillando una libra de lino y tiene a su izquierda una botella de vino con la que se entretiene mientras trabaja. Y claro, quedaron todos resosopresas con la respuesta de Maese Pedro. El chabón sabía el nombre de la gente. El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. ¿Qué persuasión fuera bastante para persuadirme de que hay un mono que adivina cosas como lo acabo de atestiguar? Amigos, disculpen, pero me tengo que ir a armar mi retablo para mi show de títeres. Los veo luego, vayan a ver el show, ¿eh? Don Quijote no estaba del todo contento o satisfecho con la performance del mono. Se había quedado pensando y le dijo a Sancho que él creía que el mono había hecho un pacto con el diablo. Le dio la pauta de esto el hecho de que el mono no pudiera saber más allá del pasado o el presente, que es hasta donde puede extenderse la sabiduría del diablo. Pero en cambio Dios no goza de esos límites. Mira, Sancho, ese mono astrólogo no es. Y bueno, jefe, haga una cosa, pregúntele al mono si las cosas que usted vivió en la cueva de Montesinos eran verdad o era mentira. No se ofenda, pero para mí fue todo falso o por lo menos soñado. Buen consejo. Voy a hacer eso. Está listo el retablo, muchachos. Pueden venir a ver la obra si quieren, ¿eh? Maese, traiga el mono que le quiero hacer una pregunta. Oiga, señor mono, tenga a bien decirme, por favor, si las cosas que yo viví en la cueva de Montesinos fueron verdaderas o falsas, por favor, monito. Entonces maese Pedro se tocó el hombro, el mono saltó arriba de él, le respondió todo al oído en secreto y luego bajó al suelo nuevamente. Mire, el mono dice que parte de lo que usted vivió en la cueva de Montesinos es falso y la otra parte es verosímil. Eso es todo lo que el mono sabe al respecto. Si usted quiere preguntarme más cosas, por favor, hágalo el viernes que viene. No le digo, jefe, es todo chamuyo lo de la cueva. El tiempo lo dirá, Sanchito. Pero bueno, basta de esto. Vamos a ver el show de títeres, vamos a ver el retablo de maese Pedro, va. Y entonces fueron Don Quijote y Sancho Panza a ver el show de títeres de maese Pedro y fueron al retablo y este estaba todo decorado con velas encendidas. Y luego apareció maese Pedro y se metió dentro del retablo, ya que él era el que manejaba los títeres. Por afuera del retablo había un muchacho, un criado de maese Pedro, que era el intérprete y el declarador de misterios del retablo. Puestos, pues, todos cuanto había en la venta y algunos en pie, frontero del retablo, y acomodados Don Quijote, Sancho, el paje y el primo en los mejores lugares, el trujamán comenzó a decir lo que oirá y verá, el que le oyere viere, el capítulo siguiente.

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