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nº 372 ¿Qué es la conciencia moral?

En ti confío

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[0:04]Número 372 del compendio del catecismo, ¿qué es la conciencia moral, eh? Y con este número abrimos, pues, eh, cinco puntos sobre la conciencia moral. ¿Qué es la conciencia moral? La conciencia moral presente en lo íntimo de la persona, es un juicio de la razón que en el momento oportuno impulsa al hombre a hacer el bien y a evitar el mal. Gracias a ella la persona humana percibe la cualidad moral de un acto a realizar o ya realizado, permitiéndole asumir la responsabilidad del mismo. Cuando escucha la conciencia moral, el hombre prudente puede sentir la voz de Dios que le habla. Bueno, primero hablemos de la existencia de la conciencia. Hay un, hay un párrafo inolvidable, del Concilio Vaticano II, la Gaudium et spes número 16 que dice, en lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él mismo no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena cuando es necesario en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal. El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella. Existe pues, ¿no? esa conciencia que es como un sagrario, puede tener como una explicación, digamos, más explícitamente religiosa, diciendo que la conciencia es la presencia oculta de Dios dentro de nosotros. Decimos que la voz de Dios habla en nuestra conciencia, o también la conciencia se puede explicar de una manera más racional natural, diciendo que es un juicio de la razón que impulsa al hombre a hacer el bien y a evitar el mal. Pero es un juicio de razón que al mismo tiempo, eh, atestigua que hay una autoridad de la verdad que está por encima de uno, que uno no puede manipular a su capricho sin que la propia conciencia se le encienda una luz roja. Una luz roja de que uno está violando la conciencia, ¿no? Cuando no, se arrodilla ante una verdad que le supera. Por lo tanto, el hombre está obligado a seguir el juicio de su conciencia. La conciencia está por encima de ti. Es como algo que está inscrito en tu corazón, ¿eh? Tú no puedes violar la voz de la voz de tu conciencia, eh, aunque se di se diga explícitamente de una manera más religiosa, la voz de Dios o y hágase de una manera más implícita, ese, eh, esa presencia de una verdad que te supera, que te es dada ante la que tú tienes que inclinarte. Eh, San John Henry Newman, eh, este santo inglés en una famosa carta al Duque de York, eh, él tiene allí pues unas palabras, unas palabras maravillosas, ¿no? No, perdón, Duque de Norfor, eh. Unas palabras sobre cómo entiende la conciencia, sobre esa presencia es que la llega a llamar vicario de Cristo. La conciencia es un vicario de Cristo. Cristo está vicariamente hablándote a través de tu conciencia. Fijaros este párrafo. La conciencia es una ley de nuestro espíritu, pero que va más allá de él, nos da órdenes. Significa responsabilidad y deber, temor y esperanza. La conciencia es la mensajera de que tanto en el mundo de la naturaleza como en el de la gracia, a través de un velo nos habla, nos instruye y nos gobierna. Fíjate, a través de un velo, al otro lado del velo, te habla, te instruye, te gobierna. La conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo. Cristo tiene muchos vicarios en la Tierra, ¿no? Se dice que el Papa es el vicario de Cristo en la Tierra, pero dice él, el primero de todos los vicarios de Cristo en la Tierra es tu conciencia. Detrás de ella te está Cristo susurrando. Es una imagen preciosa, ¿eh? de del Cardenal Newman, de San John Henry Newman. Siendo esto así, qué importante es la experiencia de la interioridad, ¿eh? De escuchar la voz de nuestra conciencia. Aprender a escuchar la voz de nuestra conciencia. Hacer silencio para que en medio de tantos ruidos uno escuche la voz de su conciencia. Saber distinguir lo que son cantos de sirena de la voz de tu conciencia. Esto es lo contrario de una vida superficial, ¿no? En la que uno, pues, no escucha, no se pone en silencio ante sí mismo, sino que, bueno, vive superficialmente, ¿no? Otro texto maravilloso de San Agustín en el que hace esa llamada, ¿no?, a a la interioridad. Dice, retorna a tu conciencia, interrógala. Retornad, hermanos, al interior, y en todo, en todo lo que hagáis, mirad al testigo, Dios. Vuelve a tu interior, ¿no? Ponte en presencia de Dios en tu conciencia, ¿no? En ella escucharás la voz de Dios. A veces uno dice, bueno, ¿y yo cómo escucho la voz de Dios? ¿Pero tú ya haces silencio? ¿Tú ya te pones en el silencio de tu conciencia? a preguntar, ¿voy por buen camino? ¿Estoy obrando el bien? ¿Estoy actuando rectamente? Y y en ese lugar y en ese momento es cuando uno está en presencia de Dios y escucha, ¿no? en la aprobación o en la reprobación. Aprobación o reprobación está escuchando la bendición de Dios o también la llamada de Dios al cambio y a la conversión.

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