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Cada Aparición del ESPÍRITU SANTO en el Antiguo Testamento - Biblia Explicada

Plegarias Benditas

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[0:00]Hay una presencia que recorre la Biblia entera, desde la primera línea hasta la última.
[0:00]No como personaje secundario, no como poder accidental, sino como el protagonista silencioso que mueve todo lo que importa.
[0:00]Y la mayoría de los creyentes no saben que ya lo conocían desde mucho antes de Pentecostés.
[0:00]Hoy vamos a recorrer cada aparición del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento.
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[0:00]Hay una presencia que recorre la Biblia entera, desde la primera línea hasta la última. No como personaje secundario, no como poder accidental, sino como el protagonista silencioso que mueve todo lo que importa. Está en el primer versículo del Génesis. Está sobre los profetas. Está en el gemido de un rey que le ruega a Dios que no se lo quite. Y la mayoría de los creyentes no saben que ya lo conocían desde mucho antes de Pentecostés. Porque el Espíritu Santo no llegó en el libro de Hechos. El Espíritu Santo estaba ahí desde el principio. Hoy vamos a recorrer cada aparición del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento. Y cuando entiendas lo que significan estas apariciones en el hebreo original, ya nada volverá a verse igual. Antes de entrar a los textos, necesitamos hablar de una sola palabra. Una palabra hebrea que contiene tres realidades al mismo tiempo. Esa palabra es Ruach, y su traducción al español es completamente insuficiente. Porque Ruach en hebreo significa simultáneamente viento, aliento y espíritu. No son tres palabras distintas, es una sola. El mismo término que describe el viento que dobla los árboles es el mismo que describe el aliento que Dios sopló en Adán. Y es el mismo que describe la presencia activa de Dios moviéndose en la historia. Cuando los traductores escribieron el Espíritu de Dios en el Antiguo Testamento, en el original hebreo dice, Ruach, Elohim. Y eso no es simplemente el espíritu de Dios. Es el aliento vivo de Dios moviéndose como viento. La fuerza invisible, pero absolutamente real de Dios en acción. Y eso cambia todo. Me detengo siempre que encuentro esta palabra. Vivimos en una época que solo cree en lo que puede verse y medirse. Y el Ruach es, por definición, invisible. Como el viento. No lo ves, pero ves todo lo que mueve. La primera aparición ocurre en el segundo versículo de toda la Biblia. No en el tercero, no en el quinto. En el segundo. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Ruach, Elohim se movía sobre la faz de las aguas. La palabra traducida como se movía en hebreo es Merachefet. Merachefet. Esta raíz verbal es extraordinariamente rara. En toda la Torá, los primeros cinco libros de Moisés, solo aparece en este sentido de revolotear, de cernerse sobre algo exactamente dos veces. Aquí en Génesis 1:2. Y en Deuteronomio 32:11. Y qué describe Deuteronomio 32:11? A un águila que revolotea sobre sus crías, que extiende sus alas, que las lleva sobre sus plumas. La misma imagen exacta. El espíritu de Dios sobre el caos primordial no estaba simplemente flotando en el vacío. Estaba como una madre águila sobre sus polluelos, lista para crear vida donde solo había oscuridad y vacío. Y aquí está la primera verdad oculta. El espíritu de Dios no aparece cuando ya hay orden, aparece en el caos. No espera a que las circunstancias sean perfectas. No espera a que tú estés listo. Se mueve sobre lo que está roto, desordenado, vacío. Reflexión. Pienso en cuántas personas están viviendo hoy su propio caos del Génesis. La familia que se deshace, la enfermedad sin nombre, el futuro que se ve completamente oscuro. Este versículo me recuerda que esa es exactamente la condición en que el Ruach se mueve. No llega después de que te organizas. Llega cuando todavía es todo oscuridad. Segunda aparición. El soplo en Adán, Génesis 2:7. Hay un momento en la creación del hombre que la mayoría lee demasiado rápido. Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida. La palabra sopló en hebreo es Vayipach, y describe algo absolutamente íntimo. No un soplido a distancia, es boca a nariz, como una resucitación. Dios no fabricó al hombre como un alfarero fabrica una vasija y la deja secar al sol. Dios exhaló su propio aliento en él. Esto significa que la vida del ser humano no es simplemente biológica. Es prestada directamente de la respiración del Creador. Cada vez que respiras, técnicamente estás haciendo eco del momento en que Dios te dio vida. Y cuando entiendes eso, la pregunta ya no es si el espíritu de Dios tiene algo que ver contigo. La pregunta es, ¿has notado que él está en cada respiración que das? Pero hay algo que nadie te ha explicado sobre cómo actuaba el espíritu en el Antiguo Testamento. Había una diferencia enorme, radical, con cómo actúa hoy. Y la respuesta está en el caso más perturbador de toda la historia del pueblo de Israel. Quédate, porque lo vamos a ver. Tercera aparición, Bezaleel, el artista, Éxodo 31. El pueblo de Israel acaba de salir de Egipto. Dios le da a Moisés instrucciones detalladas para construir el Tabernáculo. La tienda donde su presencia habitará en medio del pueblo. Y entonces hace algo que sorprende. Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel, hijo de Uri, y lo he llenado del Ruach Elohim en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte. Éxodo 31:2-3. Lo ves? El primer ser humano en la Biblia del que Dios mismo declara explícitamente que fue llenado del espíritu de Dios no es un profeta. No es un sacerdote, no es un guerrero. Es un artesano, un tallador de madera, un tejedor de telas. Y el Señor dice, lo llené de mi Ruach para que sus manos pudieran crear algo hermoso. Esto destruye por completo la idea de que el espíritu solo actúa en contextos religiosos. La habilidad artística, la creatividad, el diseño, la arquitectura, la música, todo eso puede ser obra directa del Ruach. El Espíritu Santo no es solo para predicadores y profetas. También habita en las manos del que crea con excelencia para la gloria de Dios. Cuando escucho una pieza de música que me paraliza, sin saber exactamente por qué, o veo una obra de arte que habla más profundo que cualquier sermón, me pregunto si no estoy siendo testigo de lo que el Ruach sigue haciendo en el mundo hoy. Cuarta aparición. Los jueces, el espíritu que viste. Llegamos al período más turbulento de Israel, el tiempo de los jueces. Y aquí el espíritu actúa de una manera que resulta desconcertante para el lector moderno. Cuando el Ruach vino sobre Gedeón, el texto hebreo usa una expresión que los traductores suelen suavizar. La palabra es Lavash, que significa literalmente vestirse, ponerse como una prenda de ropa. El espíritu no entró en Gedeón. El espíritu lo vistió. Como una armadura invisible que cae sobre el cuerpo desde afuera. Y con Sansón, el texto usa una expresión diferente, pero igual de poderosa. En Jueces 14:6, dice que el Ruach del Señor vino poderosamente sobre él en hebreo, Tsalach, que describe algo que irrumpe, que avanza con fuerza arrolladora. Con Jefté, ocurre algo similar en Jueces 11:29. El texto dice que el Ruach del Señor vino sobre Jefté, como una presencia que desciende y lo envuelve para la misión. Tres expresiones distintas y, sin embargo, la misma realidad. El espíritu de Dios sobre hombres ordinarios para misiones extraordinarias. Y aquí está el detalle que nadie enseña. Sansón era moralmente imperfecto. Sus decisiones eran cuestionables. Sus relaciones desastrosas y sin embargo el Ruach venía sobre él. Porque en el Antiguo Testamento el espíritu de Dios no venía principalmente a perfeccionar el carácter. Venía para cumplir un propósito específico en un momento específico para una misión específica. Y cuando la misión terminaba, el espíritu podía irse. Quinta aparición. Saúl y David, la advertencia más oscura. El primer rey de Israel es ungido y el texto dice, el Ruach de Dios vino sobre Saúl. Primera de Samuel 10:10, profetizan junto a él. La presencia lo transforma. El pueblo queda atónito, pero entonces llega el versículo más perturbador de todo el Antiguo Testamento en relación al espíritu. El Ruach del Señor se apartó de Saúl. Primera de Samuel 16:14. El espíritu se fue y David lo sabía. Por eso, en el Salmo 51, después de su propio pecado, en medio de su llanto más profundo, David no le pide a Dios que restaure su trono. No le pide riquezas, no le pide reputación. Le pide una sola cosa. No me eches de delante de ti y no quites de mí tu Santo Espíritu. Salmo 51:11. David había visto lo que le pasó a Saúl y sabía que perder el Ruach era infinitamente peor que perder el reino. Reflexión personal. Esto me incomoda de una manera que considero necesaria y sana. Me pregunto cuántas personas viven hoy como Saúl, haciendo las cosas religiosas, diciendo las palabras correctas, ocupando su lugar en una congregación, sin notar que algo se ha ido. Hay actividad externa, pero ya no hay presencia real. Este texto me hace detenerme y revisarme a mí mismo con honestidad. Pero si el espíritu podía irse en el Antiguo Testamento, ¿qué cambió? Por qué en el Nuevo Testamento el espíritu mora permanentemente en el creyente en lugar de simplemente visitarlo? La respuesta la entendió un profeta que la recibió mientras estaba rodeado de huesos muertos en un valle. Sexta aparición. Ezequiel y los huesos secos. Ezequiel 37. El profeta Ezequiel tiene una de las visiones más extraordinarias de toda la escritura. Dios lo lleva en visión a un valle, y ese valle está lleno de huesos. Así lo enfatiza el texto tres veces. Representan a la nación de Israel en cautiverio babilónico, sin esperanza, sin vida, sin futuro visible, aparentemente muerta para siempre. Y el Señor le pregunta a Ezequiel algo que es casi cruel de tan directo. Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Ezequiel sabio responde, Señor, tú lo sabes. Y entonces algo sobrenatural ocurre. Los huesos se juntan. Se escucha un estrépito. Tendones y carne regresan. La piel los cubre completamente. Pero el texto dice algo devastador, no había en ellos espíritu. Ezequiel 37:8. La palabra que usa es Ruach, tenían apariencia perfecta de vida, pero sin el Ruach seguían siendo cadáveres. Y entonces el Señor dice, profetiza al Ruach, profetiza, hijo de hombre. Y cuando el Ruach entra en ellos, se ponen en pie, un ejército grande en extremo. Esta visión tiene una aplicación que la iglesia necesita escuchar hoy. Puedes tener toda la estructura religiosa, perfectamente organizada, programas para cada edad. Pero sin el Ruach son huesos perfectamente ordenados que no respiran. La vida espiritual genuina no viene de la forma. Viene del espíritu que da vida a la forma. Séptima aparición. Isaías 61, la unción del Mesías. Imagen del rollo de Isaías. Llegamos a un versículo que el propio Jesús citó en la sinagoga de Nazaret y que causó el mayor escándalo de su vida pública hasta ese momento. Isaías lo escribe 700 años antes de Cristo. El Ruach del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos. Isaías 61:1. Cuando Jesús lee este texto en Nazaret, cierra el rollo y dice, Hoy se ha cumplido esta escritura delante de vosotros. Lucas 4:21. La sala explota, porque al decirlo, Jesús no está simplemente leyendo un poema antiguo. Está diciendo, el Ruach mesiánico prometido, ese soy yo. Y hay algo crucial en la etimología aquí. La palabra ungido en hebreo es Mashiach. De dónde viene Mesías en español. En griego se traduce como Cristos. De allí Cristo. Cristo no es el apellido de Jesús, es su título. Significa el ungido por el Ruach de Dios. Todos los profetas del Antiguo Testamento recibieron el Ruach en medidas específicas para misiones específicas, un propósito concreto. Cristo lo recibió sin medida. Así lo dice Juan 3:34. Dios no le da el espíritu por medida. Y eso también marca la diferencia definitiva entre Jesús y cualquier otro profeta de la historia. Joel 2:28, la promesa que lo cambia todo. Y aquí llegamos a la promesa que une todo el Antiguo Testamento con el Nuevo. Un profeta que escribe en el siglo IX antes de Cristo, y después de esto, derramaré mi Ruach sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones. Fíjate en la palabra derramaré. En hebreo es Shaphach. Esta palabra no describe un grifo que gotea. Describe un recipiente que se rompe y el líquido sale sin contención posible de una vez. No es administrar el espíritu en dosis controladas. No es una porción para los que la merezcan. Es un desbordamiento total. Y fíjate en el destinatario, sobre toda carne, no sobre reyes solamente, no sobre profetas solamente, no sobre Israel solamente, sobre toda carne. El plan siempre fue este. Que el Ruach, que en el Antiguo Testamento visitaba, que venía para una misión y se iba, un día morara permanentemente en cada creyente. Pedro cita exactamente este versículo el día de Pentecostés. Cuando la multitud pregunta aterrada qué está pasando, esto es lo que fue dicho por el profeta Joel. Hechos 2:16. Lo que Joel vio 800 años antes, era Pentecostés. Y Pentecostés no fue el final de la historia del Ruach. Fue el comienzo de la era en que el Ruach mora. Recorramos en un instante todo lo que hemos visto. El Ruach se movía sobre el caos antes de que hubiera luz. El Ruach sopló vida en el polvo para crear al primer ser humano. El Ruach llenó las manos de un artesano para crear belleza que honrara a Dios. El Ruach vistió, irrumpió y descendió sobre hombres ordinarios para misiones extraordinarias. El Ruach fue retirado de Saúl. Y David lo lloró como si fuera lo más valioso que podía perder. El Ruach entró en un valle de huesos muertos y levantó un ejército. El Ruach descansó sobre el Hijo de Dios sin medida. Y el Ruach fue derramado sin contención sobre toda carne en Pentecostés. La pregunta con la que quiero dejarte hoy no es teológica. Es personal. ¿Estás cooperando con el Ruach que habita en ti, o lo estás apagando? Porque puedes tener todas las formas correctas, como los huesos de Ezequiel antes de que el espíritu llegara. Pero si el Ruach no está activo en ti, son solo huesos. La diferencia entre religión y vida espiritual real no es el esfuerzo, no es la disciplina, no es la doctrina correcta. Es el Ruach, es el aliento de Dios moviéndose sobre lo que en ti todavía parece caos. 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