[0:00]Hola, soy Benjamín y el día de hoy vamos a ver la quinta palabra que es Tengo Sed. La quinta palabra la encontramos en el Evangelio según San Juan, capítulo 19, versículo 28. Escuchemos. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la escritura dijo, "Tengo sed." Había allí una vasija llena de vinagre, sujetaron a una rama de hisopo, una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Vamos a ver que en esta palabra dice que para que se cumpliera la escritura, Jesús dijo, "Tengo sed." ¿Y a qué escritura se refiere? Se refiere al Salmo 22. El Salmo 22, 16. "Mi paladar está seco como teja y mi lengua pegada a mi garganta. Tú me sumes en el polvo de la muerte." Miremos que Jesús estaba pasando por un momento difícil, tenía sed, tenía hambre, estaba cansado, ya llevaba bastante tiempo crucificado y por eso él dice, "Tengo sed." ¿Y qué es lo que nos muestra Jesús? Que nosotros cuando estamos pasando por un momento difícil, tenemos que recordar la escritura, tenemos que pensar en la escritura para que nos dé fuerza de superar ese momento difícil. Cuando él lo que hacía en ese momento era recordar la escritura, donde mostraba que el Mesías iba a pasar por un momento difícil, iba a pasar por una sed. Entonces, por eso Jesús dice, "Tengo sed." Y también el Salmo 69, versículo 22. El Salmo 69, 22 nos muestra que le daban vinagre a Jesús, tal y como pasó con Jesús. Salmo 69:22. Me han echado veneno en la comida, han apagado mi sed con vinagre. Jesús tenía sed. ¿Y qué fue lo que le dieron? Vinagre. ¿Y qué es lo que nos enseña la palabra? En primer lugar, que Jesús tenía sed y que estaba cansado y que en ese momento difícil, él lo que hacía era recordar la palabra y para que se cumpliera la escritura, toda su vida la vivió para que se cumpliera la escritura. Así mismo, nosotros tenemos que seguir el ejemplo de Jesús, que es el camino, la verdad y la vida. Entonces, tenemos que cumplir la escritura durante nuestra vida y también nos muestra que Jesús tenía sed, pero no solamente esa sed corporal que ciertamente la tenía, sino también una sed de justicia. ¿Por qué? Porque él lo predicó en el Evangelio según San Mateo, capítulo 5, versículo 6, nos habló sobre una sed que padece el mundo actual. El mundo en ese tiempo y el mundo en ese tiempo padece de una sed, una sed de justicia. Escuchemos cómo lo dice. San Mateo, capítulo 5, versículo 6. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Nos muestra que hay unas personas que tienen hambre y sed de justicia, pero van a ser dichosos porque van a ser saciados. ¿Y quiénes son esas personas que tienen hambre y sed de justicia? Son aquellos pobres que están en las calles, con tanta hambre y con tanta sed. ¿Por qué de justicia? Porque para el Señor la justicia es que así como nosotros tenemos derecho a comer, esas personas coman. Y así como nosotros tenemos derecho a tomar, ellos también puedan tomar agua y no vinagre. Entonces, el Señor quiere que sea justo. Así como tenemos derecho, ellos también tienen derecho. Y por eso el Señor nos pide que nosotros le demos de comer a esas personas. ¿Y dónde nos lo pide? En San Mateo, capítulo 25, versículo 37. Nos muestra que el Señor nos dice que seamos justos, porque en el mundo hay mucha sed de justicia, pero quiere que nosotros seamos aquellas personas justas que le den de comer y de beber a esas personas. Porque así como en aquel tiempo el soldado le dio vinagre a Jesús, en este tiempo también muchas personas le dan vinagre a aquellos que tienen hambre. Es decir, en vez de darle comida, los corren, van a un restaurante a pedir comida, van fuera de aquí que usted me hace que el restaurante se vea feo. O nosotros vemos a esos pobres y en vez de darle comer, lo que decimos, "Ah, ese lo va a gastar en vicio" y no le damos de comer, dándole vinagre. Y pensamos, "Qué malo es ese soldado que le dio a Jesús vinagre." ¿Cómo le va a dar vinagre si él le pedía algo que le calmara la sed? Agua. Entonces, nosotros hacemos lo mismo sin saberlo, lo que hacemos es regañar a esas personas que tienen hambre y sed, ponernos a pelear, ponernos molestos porque nos piden, cuando el Señor nos dice que tenemos que ser justos. Así como nosotros tenemos derecho a comer y a beber, ellos también tienen derecho a comer y a beber. Escuchemos. San Mateo, capítulo 25, versículo 37. Entonces, los justos responderán, "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer o sediento y te dimos de beber?" En ese tiempo Jesús estaba sediento, dijo, "Tengo sed." Y los justos se preguntan, "Pero ¿cuándo, Señor? ¿Cuándo te vimos así?" Vamos a ver lo que nos dice el Señor. En el versículo 40. Y el Rey les dirá, "Os aseguro que cuando lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." Nos está diciendo que cuando nosotros le damos de comer o de beber a un hermano pobre, lo estamos haciendo con Jesús. Jesús nos dice cada día, "Tengo sed, tengo hambre" en esa persona pobre, en esa persona humilde, en esa persona que pasa necesidad y nosotros no tenemos que darle vinagre, sino tenemos que darle de comer y darle beber. Pero si esa persona se lo gasta en vicio, bueno, entonces démosle un mercado para que esa persona coma o una comida, pero también está la posibilidad de que esa persona lo vende y se lo gasta en vicio. Pero el Señor sabe el corazón que nosotros tenemos y la intención de nosotros qué es, darle de comer y darle beber. Si esa persona lo malgasta, el Señor sabe que no es nuestra culpa. El Señor, ¿qué es lo que va a hacer? Nosotros dimos $1 o 5 pesos para ayudar a una persona, allá en el banco del cielo se anota $1 o 5 pesos. Pero no tenemos que pensar, porque esa persona se lo gasta en otra cosa, no es una oro que tenemos nosotros en el cielo, sí es un oro que tenemos en el cielo, porque el Señor lo que nos pide a nosotros es, "Tengo sed". Él quiere que nosotros le demos de beber y si le damos en ese hermano pobre, estamos cumpliendo lo que tenemos que hacer y así estamos siendo justos. ¿Y qué es ser justos? Estamos luchando por llegar a la santidad, por ser santos. Entonces, si buscamos la santidad, no tenemos que poner excusas para decir, "No voy a ayudar", sino tenemos que buscar la forma de ayudar a esa persona de la mejor forma. Y tenemos que darnos cuenta que los pobres siempre estarán con nosotros, como lo prometió Jesús, y siempre hay pobres. O también podemos hacer muchas obras de caridad con un enfermo, con un encarcelado, como lo dice en Mateo 25:31 en adelante, ahí están las obras de misericordia, por las que vamos a ser juzgados al final. Entonces, tenemos que cumplir esas obras de misericordia. Ahora vamos a ver cómo nos lo dice el Señor en San Marcos, capítulo 10, versículo 21. San Marcos, capítulo 10, versículo 21, el Señor nos va a dar un mensaje muy bonito. Escuchemos. Jesús, fijando en él su mirada, con cariño le dijo, "Jesús, fija la mirada con cariño en cada uno de nosotros y nos dice algo." Una cosa te falta. Hay algo que nos falta. ¿Qué será lo que nos falta? Escuchemos. Anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme. ¿Queremos hacer un tesoro en el cielo? ¿Cómo lo hacemos? Tenemos que vender lo que tenemos y dárselo a los pobres. Pero yo tengo una empresa, ¿cómo la voy a vender en la empresa, voy a quedar en la quiebra? Si la vende, va a tener un tesoro en el cielo. Pero si no la quiere vender, también puede ayudar a los pobres, pero que la caridad duela. Tenemos que hacer caridad, pero que nos duela. Si todavía no nos duele, entonces es porque todavía no nos falta hacer caridad. Porque nosotros somos expertos para decir, "No, ya hacemos caridad" y lo que damos es una miseria, como aquellos fariseos que daban era de los que les sobraba. Pero Jesús decía, "Miren aquella viuda, dio todo lo que tenía para vivir, ella dio más que todo lo que dieron aquellos que les sobraba." Entonces, nosotros tenemos que dar que nos duela la caridad. Y también esta lectura, muchas personas dicen, "No, pero ahí Jesús no se refería literal." ¿Cómo va a decir que venda lo que tiene, entonces con qué va a quedar? Pero sí se refería literal. ¿Por qué? Porque tenemos ejemplo de personas que se tomaron esto literal y cómo llegaron a ser grandes santos en la Iglesia, porque siguieron el camino de Jesús. Y Jesús hizo esto y por eso es que era humilde, no tenía ni dónde recostar la cabeza. Porque él todo lo que lo que predicó, él lo cumplió. Así mismo, vemos el ejemplo de grandes santos como San Francisco de Asís. Todo lo vendió y miren lo grande que es San Francisco de Asís y todas las grandes obras de caridad y las grandes obras que hizo en la Iglesia. ¿Por qué? Porque creyó esta palabra. Anda, véndelo todo y dáselo a los pobres. La Madre Teresa de Calcuta también, fue, vendió todo y se lo dio a los pobres. Hay grandes ejemplos de santos que cumplieron esta palabra y les fue bien. Y si vemos esos ejemplos, ¿por qué nos cerramos los ojos para decir que esto no es así? No podemos decir que esto no es así, porque si lo dijo el Señor, yo lo creo y lo cumplo. Lo que pasa es que es difícil cumplirlo. Vamos a ver. Luego ven y sígueme. Y luego de hacer esto, tenemos que seguir a Jesús, es decir, seguir el ejemplo de Jesús. Pero él, abatido por esas palabras, se marchó entristecido porque tenía muchos bienes. Entonces, nosotros al escuchar esto, en vez de ponernos a ayudar, nos ponemos tristes y no ayudamos. ¿Por qué? Porque tenemos muchos bienes. Pero eso se refiere a las personas que tienen mucho, porque yo pues no tengo tanto, pero no, cuando la Biblia dice, "Vende lo que tienes", se lo está diciendo a todos nosotros, porque todos nosotros somos ricos. Si nosotros tenemos un plato de comida al día, somos ricos. Si comemos tres veces al día, somos más ricos todavía. Si tenemos un techo sobre nuestras cabezas, somos ricos. Si no, vaya y pregúntele a una persona en la calle que no tiene que comer y que no tiene que beber y que está sin techo, para ver si no somos ricos. Sí somos ricos, pero lo que pasa es que nosotros decimos, "No, nosotros no somos ricos, eso no va conmigo." Y sí va con nosotros eso. Porque si nosotros tenemos más que aquellas personas que están en la calle, significa que somos ricos para aquellas personas. Entonces, tenemos que ayudar y nunca uno es tan pobre, tan pobre que no tenga nada para ayudar. Aunque sea un abrazo, aunque sea una palabra de ánimo, aunque sea abrazar a esa persona, darle un jugo, algo de tomar. Eso es ayudar y hacernos tesoros allá en el reino de los cielos. Y eso es lo que debemos hacer. ¿Por qué? Porque el dinero está manchado de injusticia. Escuchemos cómo lo dice San Lucas, capítulo 16, versículo 9. San Lucas, capítulo 16, versículo 9 nos dice, "Así que os digo, haced amigos con el dinero injusto, para que cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas." Ellos nos van a recibir en el reino de los cielos, por eso tenemos que ayudar con cariño y con amor a los pobres y así nos hacemos un tesoro allá en el cielo. El que es fiel en lo insignificante, también lo es en lo importante, y el que es injusto en lo insignificante, también lo es en lo importante. Entonces, si no fuisteis fieles con el dinero injusto, ¿quién nos confiará el verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién nos dará lo vuestro? Ningún ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se dedicará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Jesús tiene sed. En ese tiempo tenía sed. Y en este tiempo también, tiene sed de justicia, de hambre que tienen esos pobres y nosotros somos injustos y no les damos comida, sino les damos vinagre, no les damos agua, sino les damos vinagre. Tenemos que ser justos y darle a esos pobres. Y si nosotros no somos fieles con el dinero que Dios nos da para que seamos administradores y lo administremos bien, y más bien nos lo gastamos nosotros en cosas innecesarias, entonces, ¿por qué nosotros somos tan injustos? Si somos injustos con eso, el Señor no nos va a dar el cielo, porque fuimos injustos con eso que es tan insignificante. Entonces, tenemos que ser justos, es decir, darle de ese dinero a aquellas personas que lo necesitan. Y así seremos justos y le estaremos dando de comer, le estaremos dando de beber al mismo Jesús. Bueno, queridos hermanos, que esta palabra nos ayude a reflexionar que debemos hacernos amigos de los pobres para que cuando nos llegue a faltar el dinero, ellos nos reciban en las eternas moradas. Y así estaremos dándole de beber a Jesús agua y no vinagre. Nos vemos en la próxima.

Tengo sed - Video #11 (BENJAMIN) 7 palabras de Jesús
Benjamin
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[0:00]Hola, soy Benjamín y el día de hoy vamos a ver la quinta palabra que es Tengo Sed.
[0:00]La quinta palabra la encontramos en el Evangelio según San Juan, capítulo 19, versículo 28.
[0:00]Vamos a ver que en esta palabra dice que para que se cumpliera la escritura, Jesús dijo, "Tengo sed." ¿Y a qué escritura se refiere?
[0:00]Que nosotros cuando estamos pasando por un momento difícil, tenemos que recordar la escritura, tenemos que pensar en la escritura para que nos dé fuerza de superar ese momento difícil.
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