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Por qué tus HUESOS son MÁS INCREÍBLES de lo que CREES

La Hiperactina

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[0:00]Los huesos son una de esas partes del cuerpo que a menudo pasan desapercibidas. Solemos imaginarlos como un conjunto de estructuras totalmente estáticas, que carecen de vida, que sirven para dar soporte a nuestro cuerpo y poco más. Pero no os podéis imaginar lo tremendamente injusto que es esto. Lejos de ser estructuras estáticas y aburridas, los huesos son mucho más dinámicos y cambiantes de lo que crees. Y lejos de ser un mero soporte, los huesos realizan muchísimas funciones esenciales sin las cuales no estaríamos vivos. Hoy en la Hiperactina hablamos de los huesos. Empecemos por lo básico. El conjunto de huesos de nuestro cuerpo forma lo que llamamos el esqueleto, que junto con los músculos, forman parte del sistema músculo-esquelético. Que nos permite movernos para realizar las funciones del día a día, desplazarnos de un lado a otro o, valga la redundancia, mover el esqueleto al ritmo de la música. Solo con observar nuestro esqueleto, salta a la vista que tenemos muchos tipos de huesos distintos. Huesos largos, huesos cortos, huesos planos, huesos irregulares e incluso huesos sesamoideos, que son unos huesos en forma de bolita bastante random que podemos tener en algunas partes de nuestro cuerpo. De hecho, estos huesos son uno de los motivos por los que, a pesar de que solemos decir que tenemos 206 huesos, en realidad este número puede variar entre personas. Además de que hay personas que pueden tener un número variable de costillas, vértebras o dedos. Si cogiéramos uno de nuestros huesos y lo examináramos, veríamos que está formado por dos partes esenciales: el hueso compacto, que se encuentra en la parte más externa, y el hueso esponjoso, que se encuentra en su interior, y como su nombre indica, tiene esta curiosa estructura en forma de esponja. El hueso compacto es mucho más denso que el hueso esponjoso y esto es lo que lo hace increíblemente resistente. Esto es así porque a escala microscópica, los huesos están formados por fibras de colágeno rodeadas de cristales de calcio y fósforo. Lo que les permite ser algo flexibles, pero también rígidos y duros. Gracias a estas características, nuestros huesos pueden soportar grandes cantidades de fuerza antes de fracturarse, aunque, por supuesto, a veces ocurren las desgracias. Esta resistencia que tienen nuestros huesos es la que les permite realizar su función más obvia y que todos conocemos: la de dar soporte a nuestro cuerpo y proteger nuestros órganos internos. Esto queda claro cuando echamos un vistazo, por ejemplo, a las costillas, que junto con el esternón y la columna vertebral, protegen partes tan importantes de nuestro cuerpo como el corazón o los pulmones. O, por supuesto, el cráneo, que protege nuestro encéfalo. Imaginad lo que sería darnos un golpe si el cerebro estuviera únicamente recubierto de piel. Seguramente nos quedaríamos como uno de esos muñecos deformados. Sin embargo, esta función más estructural del hueso es la que le da esa inmerecida fama de ser una estructura totalmente aburrida y estática. Pero, como te he comentado, esta es una idea muy equivocada. Los huesos son un tejido muy vivo y muy dinámico, ya que a lo largo de nuestra vida se remodelan constantemente: se forman, se destruyen y vuelven a formarse. Tanto es así que se calcula que cada 10 años, el esqueleto se renueva por completo. Vale, pero ¿qué narices ocurre dentro de nuestro hueso para que pueda remodelarse de esa forma tan loca? Pues la respuesta está en el llamado hueso esponjoso, que es donde ocurre principalmente este remodelamiento. Algo que no mucha gente sabe es que, además de colágeno, calcio o fósforo, el hueso también está formado por células vivas. De entre ellas, las culpables de la remodelación ósea son dos: los osteoblastos, que forman el hueso, y los osteoclastos, que destruyen el hueso, o lo reabsorben, mejor dicho. El proceso es muy intuitivo. Cuando toca formar hueso, entran en acción los osteoblastos, que secretan una matriz líquida conocida como osteoide, compuesta principalmente por colágeno. Para que el osteoide se endurezca, debe someterse a un proceso conocido como mineralización, es decir, debe incorporar minerales como el calcio y el fosfato. Esto hará que la matriz se endurezca y forme el hueso tal y como lo conocemos. Estos minerales que te comento se suelen obtener a partir de la dieta, por ejemplo, a través de productos lácteos. De ahí que sea muy típico asociar el beber leche con tener huesos sanos y fuertes. Una vez que el osteoide ha mineralizado, algunos osteoblastos maduran y se transforman en osteocitos, que son el tipo de células más abundantes del hueso adulto. Los osteocitos son unas células superinteresantes. Actúan como mecanosensores, es decir, detectan la carga mecánica que está recibiendo el hueso. Por ejemplo, si estás levantando pesas en el gimnasio, los osteocitos detectarán que el hueso está recibiendo mucha carga y, acto seguido, avisarán a los osteoblastos para que produzcan más hueso, aumentando así la densidad ósea y, por tanto, la resistencia. Este es el motivo por el que se suele decir que hacer ejercicio aumenta la resistencia de nuestros huesos, y no le falta razón. Sin embargo, como hemos comentado, esa estructura no dura para siempre. De vez en cuando toca reabsorber el hueso, destruirlo, y en ese momento entran en acción los osteoclastos. Los osteoclastos contienen enzimas que crean un entorno ácido y degradan el colágeno que forma el hueso, lo que les permite descomponerlo fácilmente. En resumen, nuestros huesos se crean y se destruyen constantemente. Y sí, es cierto que esto nos ayuda a mantener nuestros huesos sanos y fuertes, porque al final permite reemplazar el hueso viejo y dañado por hueso nuevo. Sin embargo, esta capacidad de remodelación va más allá y encierra otra de las funciones más importantes del hueso: la de almacenar minerales como el calcio y el fósforo, esenciales para muchos procesos biológicos de nuestro cuerpo. Como te he comentado, al formarse el hueso, la matriz ósea incorpora minerales como el calcio o el fósforo, lo que convierte al hueso en un reservorio importante de estos minerales, en caso de que el cuerpo los necesite. Imagínate, por ejemplo, que el cuerpo necesita calcio. El calcio es un mineral muy importante, ya que permite funciones tan esenciales como la transmisión del impulso nervioso de unas neuronas a otras o también la contracción de nuestros músculos, sin ir más lejos. Es por eso que necesitamos tener calcio circulando en nuestra sangre para que pueda estar disponible para aquellas células que puedan necesitarlo. Por eso, cuando los niveles de calcio en sangre están bajos, se activan las glándulas paratiroides, que secretarán una hormona conocida como parathormona. La parathormona estimulará los osteoclastos para que reabsorban el hueso y así se libere a sangre el calcio atrapado en su matriz. Pero también puede ocurrir lo contrario, es decir, imagínate que tenemos muchísimo calcio en la sangre, más del que necesitamos. En ese caso, la glándula tiroides libera hormonas como la calcitonina, que inhibe los osteoclastos para que no sigan destruyendo hueso, o las hormonas tiroideas, que estimulan a los osteoblastos para que aprovechen ese calcio y fabriquen nuevo hueso. Aquí todo se aprovecha, para que veas de qué forma los sistemas de nuestro cuerpo se coordinan entre todos y se interconectan para que todo funcione correctamente. Es una pasada. Como te he comentado, todo esto que hemos visto ocurre en el interior de nuestros huesos, es decir, en el llamado hueso esponjoso. Sin embargo, el hueso esponjoso hace mucho más que remodelar el hueso. ¿Te has preguntado por qué si se supone que nuestros huesos son estructuras duras y rígidas, tienen esa forma de malla en su interior tan peculiar? La respuesta es que estos huecos permiten que se almacene en su interior la famosa médula ósea, que realiza una de las funciones más increíbles y desconocidas del hueso: fabricar las células de nuestra sangre. A ver, alto ahí. En realidad, esto es algo más complejo porque no es que haya una sola médula ósea, sino dos tipos diferentes de médula ósea. Está la médula ósea amarilla, que se encuentra en el centro de los huesos largos y que almacena grasas, y la médula ósea roja, que se encuentra en el interior del hueso esponjoso y es la que fabrica las células de la sangre. En este vídeo me voy a centrar en esta última, ¿vale? Bueno, sigamos. Este proceso se conoce como hematopoyesis: hemato, de sangre, y poyesis, de crear, formar. La hematopoyesis es posible porque el interior de la médula ósea está repleto de células madre que dan lugar a tres tipos de células sanguíneas que, probablemente, te suenen. Los glóbulos rojos, que transportan el oxígeno por la sangre, los glóbulos blancos, que nos defienden de infecciones y otras cosas chungas, y las plaquetas, que intervienen en la coagulación de la sangre, por ejemplo, cuando nos hacemos una herida. Esta capacidad que tiene la médula ósea de generar las células de la sangre es el motivo por el que, en ocasiones, se realizan trasplantes de médula ósea. Verás, en algunos tipos de cáncer, como, por ejemplo, la leucemia, se produce una proliferación descontrolada de glóbulos blancos anómalos en la médula ósea, lo cual impide que se formen correctamente el resto de células sanguíneas, es decir, de plaquetas y de glóbulos rojos. Es por eso que, aunque ya no es tan común, en ocasiones se recurre al trasplante de médula ósea. Primero se destruyen las células anómalas con quimioterapia y luego se reemplazan por médula ósea sana, ya sean de la propia persona o de otra. Lo importante es que la médula ósea vuelva a funcionar como es debido. En resumen, los huesos dan soporte a nuestro cuerpo, protegen los órganos internos, almacenan minerales esenciales como el calcio y el fósforo, almacenan grasas y producen las células de nuestra sangre, o sea, un montón de cosas. Los huesos realizan muchísimas funciones esenciales para la vida y por eso no es nada sorprendente que haya tantos trastornos y enfermedades conocidas cuando estos no funcionan como deberían. Pero antes de ver esto, dejadme que os cuente algo. Ya sabéis que si os está gustando este tema, los libros de divulgación son un recurso maravilloso para aprender sobre todo tipo de cosas. Me preguntáis a menudo qué tipo de lecturas os pueden ayudar a aprender más sobre biomedicina o sobre temas que trato en los vídeos y es por eso que quiero hablaros de la colaboración que estoy haciendo con Nextory. Nextory es una plataforma con un catálogo enorme de audiolibros, libros electrónicos y revistas. Y es por eso que para este vídeo me han pedido que elija tres libros de divulgación que personalmente recomiende o me hayan gustado mucho. Así que, aquí va mi selección: He elegido primero El Cuerpo Humano de Bill Bryson, que terminé hace poquito y de hecho, recomendé por redes, porque hace un repaso precioso por la historia de la medicina y los diferentes sistemas que componen nuestro cuerpo, o sea, que es una maravilla. El segundo que he elegido es Truco o Tratamiento de Edzard Ernst, que es un libro que analiza la evidencia a favor y en contra de muchas terapias alternativas y que me parece imprescindible para entender qué terapias tienen respaldo científico y cuáles no. En fin, superrecomendado. Y, por último, he elegido el próximo que me voy a leer, Immune o Inmune de Kurzgesagt. Que es un libro dedicado, como su nombre indica, al sistema inmunitario. Si eres fan de la divulgación que hacen en su canal de YouTube, este libro va muy en la línea, así que tengo muchísimas ganas de leerlo. Ya os diré qué tal. Y ojo, porque aquí viene lo bueno. Si te ha gustado alguno de estos libros o si, como yo, te has propuesto leer más este 2023, Nextory nos ha ofrecido un código de descuento para nuevos usuarios. Con el código HIPERACTINA45, podrás acceder de forma ilimitada y gratuita a miles de libros durante 45 días, que no es poco. De hecho, conociéndome yo, me propondría leer los tres libros en esos 45 días, pero eso soy yo que estoy. A mí, personalmente, me gusta escuchar audiolibros cuando estoy haciendo tareas de la casa, como, por ejemplo, cocinar o limpiar, o cuando estoy yendo en metro a algún sitio, como que me gusta siempre tener algo de fondo, sentir que estoy aprendiendo algo. No sé, a mí esto de escuchar libros me parece un superpoder, porque me parece como sacar tiempo para leer de donde no lo hay, me fascina. Echadle un vistazo a Nextory porque seguro que encontráis algo que os gusta. Dicho esto, sigamos con el vídeo. Como te decía, los huesos realizan tantas funciones en el organismo, que su mal funcionamiento puede dar lugar a muchas enfermedades conocidas. Probablemente la más conocida sea la osteoporosis, que es típica del envejecimiento. Con los años se produce un desajuste en la actividad de osteoblastos y osteoclastos, de forma que hay más destrucción de hueso que producción. La consecuencia de esto nos la dice el propio nombre: osteoporosis, es decir, nuestros huesos se vuelven más porosos y, por tanto, más propensos a sufrir una fractura. Este es el motivo, por cierto, por el que las personas mayores son tan susceptibles a las fracturas de cadera. Esta pérdida de masa ósea ocurre especialmente en el hueso esponjoso. Los huesos de la cadera tienen más hueso esponjoso que hueso compacto, por lo que la pérdida de densidad es más notoria y, en consecuencia, se rompen con más facilidad. Y vale, solemos hablar de las enfermedades en las que perdemos hueso, los huesos se debilitan, pero podría ocurrir el caso contrario, es decir, en el que el cuerpo produce más hueso de lo normal? Pues lo cierto es que sí. Esto es lo que ocurre en la osteopetrosis. Una enfermedad en la que los osteoclastos pierden su capacidad para reabsorber correctamente el hueso, lo que se traduce en un aumento de masa ósea. Y tal vez pienses que esto se traduce en tener huesos más fuertes y más robustos, pero nada más lejos de la realidad. Recordemos que los osteoclastos reabsorben las partes más viejas del hueso para reemplazarlas por nuevas. Si esto falla, nuestros huesos se engrosan, pero también se vuelven viejos y débiles. Al final, todo es cuestión de equilibrio. En fin, te resulten más o menos interesantes, lo cierto es que si lo piensas, los huesos son lo último que queda de nosotros de alguna forma. El esqueleto se ha vuelto un símbolo popular para representar la muerte. Sin embargo, eso que queda está lejos de ser hueso tal y como lo conocemos. Aunque conserve la forma, esos huesos han perdido su médula ósea, sus nervios y vasos sanguíneos y, por supuesto, todas las células que pueblan su interior. Ojalá después de ver este vídeo entiendas por qué nuestros huesos son tan vivos como cualquier otro órgano del cuerpo. Bueno, espero que te haya gustado mucho este vídeo. Soy consciente que es un tema mucho más complejo de lo que puedo plasmar en un vídeo de YouTube de 15 minutos. Sé que me he dejado fuera los huesos del oído, por ejemplo, que permiten la audición, sé que me he dejado fuera la función endocrina del hueso y muchas cosas que seguramente la gente me recordará en comentarios, pero aún así espero que te haya gustado. Recordad que si queréis más contenido, podéis seguirme en el resto de redes sociales, en las que subo vídeos cortos sobre todo tipo de temas relacionados con la biomedicina y el cuerpo humano. Y recordad echarle un vistazo a Nextory para ver los libritos que os he comentado. Nada más, muchísimas gracias por estar ahí una vez más y nos vemos a la próxima.

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