[0:00]El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. Proclamación del Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo. Viernes 20 de febrero de 2026. Evangelio según San Mateo, capítulo 9, versículos del 14 al 15.
[0:16]Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos y en cambio tus discípulos no ayunan?
[0:29]Jesús les respondió: ¿Acaso pueden estar tristes los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Llegará un día en que el esposo le será quitado y entonces ayunarán. Hermanas y hermanos, hoy el Evangelio nos introduce en una pregunta que nace del corazón humano:
[0:45]¿Por qué hacemos lo que hacemos en nuestra vida de fe? Los discípulos de Juan observan, comparan, miden, ven prácticas externas, ven costumbres religiosas y no comprenden el modo de vivir de los discípulos de Jesús.
[1:02]Y Jesús con una respuesta sencilla pero profunda nos abre una puerta interior. La fe no es solo práctica, es relación, no es solo disciplina, es encuentro, no es solo sacrificio, es amor vivido en presencia. Jesús se presenta como el esposo.
[1:25]Y esta imagen no es casual. En la cultura de su tiempo, la presencia del esposo significaba fiesta, alegría, plenitud. Nadie ayunaba en una boda. Nadie se entristecía cuando el amor estaba presente.
[1:39]Jesús nos está diciendo algo esencial: mientras él está con nosotros, la vida tiene un sentido distinto. La fe no nace de la tristeza, nace del encuentro con él. Sin embargo, Jesús también es realista.
[1:54]Dice que llegará el día en que el esposo será quitado y entonces ayunarán. No niega el dolor, no niega la ausencia, no niega los momentos difíciles, pero deja claro que el ayuno verdadero no nace de la comparación ni de la obligación, sino del amor que sabe esperar, del corazón que siente la ausencia y desea profundamente la presencia de Dios.
[2:17]Este Evangelio toca una fibra muy sensible en nuestra vida espiritual. Muchas veces vivimos la fe como una lista de deberes: ayunar, rezar, cumplir, asistir. Y todo eso es valioso, pero Jesús hoy nos invita a ir más allá, a preguntarnos desde dónde vivimos esas prácticas:
[2:39]Desde la costumbre, desde la presión social, desde la comparación con otros, o desde el deseo sincero de encontrarnos con él. En nuestra realidad en México, donde la fe se vive con tanta riqueza de expresiones, procesiones, ayunos, promesas, este Evangelio nos invita a cuidar el corazón.
[2:59]Porque es posible hacer muchas cosas religiosas y sin darnos cuenta perder la alegría del encuentro con Jesús. Y cuando la fe pierde la alegría, se vuelve pesada, se vuelve rutina, se vuelve obligación. Jesús no rechaza el ayuno.
[3:17]Lo que cuestiona es el sentido. El ayuno no es para mostrarse más santo que otros. No es para compararse. No es para cumplir una regla vacía. El ayuno auténtico nace cuando el corazón reconoce que necesita a Dios,
[3:32]que le duele su ausencia, que desea su presencia. Para comprender mejor esta palabra pensemos en una historia sencilla, cercana, real. Don José Luis Hernández Ramírez tiene 74 años, vive en la Colonia Santa María La Ribera, en la Ciudad de México.
[3:52]Durante más de 30 años trabajó como carpintero, hombre callado, de manos fuertes, de fe discreta. Don José cuenta que durante muchos años cumplió con todo: ayunos, rezos, promesas, pero un día, después de la muerte de su esposa, sintió un vacío profundo. En ese tiempo ayunaba, pero no encontraba consuelo.
[4:11]Rezaba, pero sentía silencio. Hasta que un día en una pequeña capilla escuchó un Evangelio muy parecido a este y entendió algo que le cambió la vida. No se trataba de cumplir más, sino de dejarse acompañar por Jesús en su dolor.
[4:34]Empezó a hablarle como a un amigo, a contarle su tristeza, su soledad. Y poco a poco, la fe dejó de ser solo obligación y volvió a ser encuentro. Don José decía: Antes ayunaba por costumbre, ahora ayuno porque lo extraño.
[4:53]Y en esa frase sencilla había comprendido el corazón del Evangelio. Cuando el amor está presente, hay alegría. Cuando el amor parece ausente, hay ayuno, pero un ayuno lleno de esperanza. Jesús nos invita hoy a revisar nuestra relación con él.
[5:10]¿Vivimos la fe como una carga o como un encuentro? ¿Como una comparación o como una relación viva? ¿Como una tristeza constante o como una alegría que incluso en el dolor sabe esperar? Este Evangelio nos recuerda que la vida cristiana tiene tiempos distintos.
[5:28]Hay tiempos de fiesta y tiempos de silencio, tiempos de gozo y tiempos de ayuno. Y todos tienen sentido cuando se viven desde la relación con Jesús. Sin él todo se vacía. Con él, incluso el sacrificio se llena de amor. Hermanas y hermanos, si esta palabra está tocando tu corazón,
[5:47]te invitamos a caminar con nosotros. Suscríbete al canal Eco de la Misericordia, activa la campanita y acompáñanos cada día en la oración y en la escucha del Evangelio. Déjanos también en los comentarios tu intención de oración por ti, por tu familia, por tus hijos, por ese momento de alegría o de ausencia que hoy estás viviendo.
[6:07]Aquí oramos juntos, sabiendo que mientras el esposo está con nosotros, el corazón puede vivir en paz. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor. En este segundo momento de nuestra reflexión, el Evangelio nos invita a profundizar todavía más en el sentido de la presencia y ausencia del esposo.
[6:27]Eh, Jesús no responde a la pregunta de los discípulos de Juan con una explicación teórica, sino con una imagen que toca el corazón: la boda. Porque la fe, antes que norma, es vínculo, antes que sacrificio, es relación viva. Mientras el esposo está presente, dice Jesús, no puede haber tristeza.
[6:50]Y esta afirmación nos confronta con nuestra propia experiencia, porque muchas veces decimos creer en Cristo, pero vivimos con el corazón apagado, cansado, sin alegría. No porque nos falte fe, sino porque quizá hemos reducido la fe a prácticas externas y hemos descuidado la relación personal con él.
[7:08]Jesús nos muestra que el centro de la vida espiritual no es el ayuno ni la renuncia ni la disciplina en sí mismas, sino el amor que nace del encuentro. Cuando el amor está vivo, todo adquiere sentido. Cuando el amor se enfría, incluso las prácticas más santas se vuelven pesadas.
[7:29]En nuestra cultura donde el ayuno y las promesas han tenido un lugar importante durante generaciones, este Evangelio nos invita a purificar la intención, a preguntarnos con honestidad: ¿Por qué ayuno? ¿Por qué rezo? ¿Por qué hago sacrificios?
[7:46]¿Lo hago para cumplir, para compararme, para tranquilizar la conciencia, o lo hago porque anhelo a Dios, porque deseo su presencia, porque lo extraño cuando siento su silencio? Jesús no desprecia el ayuno. Al contrario, lo coloca en su justo lugar.
[8:04]El ayuno verdadero nace cuando el corazón reconoce que algo le falta, y esa falta no es castigo, es deseo. Es el deseo de Dios, el anhelo profundo de su presencia. Por eso el ayuno cristiano no es triste, es esperanzado. No es vacío, es espera. Este Evangelio nos ayuda a entender que la vida espiritual tiene ritmos.
[8:33]Hay momentos de consolación, de alegría, de cercanía sensible de Dios. Y hay momentos de sequedad, de silencio, de aparente ausencia. Ambos forman parte del camino. Lo importante no es evitar uno u otro, sino vivirlos en relación con Jesús. Sin él todo se vacía.
[8:56]Con él, incluso el sacrificio se llena de amor. Hermanas y hermanos, si esta palabra está tocando tu corazón, te invitamos a caminar con nosotros. Suscríbete al canal Eco de la Misericordia, activa la campanita y acompáñanos cada día en la oración y en la escucha del Evangelio. Déjanos también en los comentarios tu intención de oración por ti, por tu familia, por tus hijos, por ese deseo profundo que hoy llevas en el corazón.
[24:46]Aquí oramos juntos, sabiendo que quien espera al esposo con amor, nunca espera en vano. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor. Antes de cerrar completamente esta reflexión, permitamos que el Evangelio siga descendiendo un poco más al centro de nuestra vida cotidiana,
[25:08]porque la palabra escuchada no termina cuando se apaga el audio o se cierra el video. Comienza realmente cuando se encuentra con nuestras decisiones, con nuestros gestos diarios, con la forma concreta en que amamos y esperamos. Jesús, al hablarnos del ayuno y de la presencia del esposo,
[25:25]nos enseña a vivir con un corazón atento, atento a los signos de Dios en lo sencillo, atento a su paso silencioso, atento a los momentos en que él se hace cercano y a los momentos en que parece ocultarse para hacernos crecer.



