[1:26]Hace muchos años atrás yo tendría, yo no pasaba los 14 años, casi 15, llegó a Buenos Aires, un circo relativamente cerca de donde vivíamos y ah fuimos el grupo de adolescentes, los chicos de la iglesia, a escondidas del pastor, porque el circo era pecado mortal, obviamente. Y había un toro mecánico, que ustedes habrán visto que se suelen rentar para los cumpleaños, para los parry. Había un toro mecánico donde tenía, según quien operaba el toro, 12 niveles de dificultad, 12 niveles. Y entonces estábamos todos haciendo la fila, viendo cómo se subía gente grande al toro del toro corcoveaba así y los hacía volar y nadie aguantaba. Decía el que operaba el juego, que quien soportaba la los 12 niveles de dificultad, se llevaba un, no me acuerdo si era un mono, un oso, un peluche gigante. Y yo dije en voz alta, yo soy flaquito, así que en un momento alguien quiere el peluche. Las chicas, ah.
[2:45]Y cuando me tocó subir al toro, me dice, creo que se compadeció de mí, quien lo operaba y me dice, flaco, la gente suele subir y agarrarse fuerte y eso es el error. Tenés que mantenerte suave. O sea, manten tu centro de gravedad, como si mantuvieras tu norte y entonces, pero no te agarres fuerte porque el toro más fuerte. Tenés que dejarte suave, así como vieron como los muñequitos esos que están en los lavaderos que hacen. Así que me subí al toro. Y dije, me voy a acordar de eso, me voy a mantener flexible. Me ponen, lo enciende y aunque contra todos los pronósticos y diagnóstico, contra todo lo que estaba mirando, me mantuve. El toro hacía y me volvía a enderezar, y me volvía a enderezar y pasé. Y la gente me ovacionó. Yo dije, ahora pónganse las chicas en fila que ahora vamos a firmar autógrafos y esas cosas. Y yo dije, cuando me baje me va a felicitar quien maneja el toro, porque estoy seguro que en años nadie le habrá resistido. Le dije, vengo a buscar el peluche, me dice, no, tuviste en el nivel uno, el de los niños. Subite otra vez hasta el nivel 12 y se aguantas, y vos eras el nivel uno. Yo ya bajé con un ataque cardíaco, me lo aguantaba. Si quieres, sube al nivel dos. Entonces dije fuerte, voy al nivel dos. Me subí al nivel dos, habré durado segundo y medio. No llegué a la jaula de los leones, pero terminé en el barro. Y me fui avergonzado y me decía el hombre del del toro mecánico, flaco, no querés probar otra vez, no, no, no. Ese día decidí que me iba a quedar soltero, iba a un convento hasta que creciera. Pero me acuerdo las palabras también del operador, decía, tienes que intentarlo otra vez hasta que le ganes al toro. Obviamente, nunca le volví a intentar, nunca más intenté jugar al rodeo, nunca más me subí a uno de esos. Y se me ocurría al recordar la historia que muchas veces experimentamos la vida en el nivel uno y creemos que todo va a ser en ese nivel de ajetreo, que todo va a ser ese nivel de movimiento, pero rara vez la vida se mantiene en el nivel uno. Rara vez las dificultades van avanzando. Un día empiezas a transitar una edad más mediana o adulta y las cosas se empiezan a poner feas. El trabajo empieza a peligrar. Tu fe se llena de dudas, eh, tus amigos te traicionan, te tuteas con la infidelidad, tu salud se vuelve frágil, incierta y uno se empieza a preguntar en qué nivel del toro estamos viviendo. El tema es que algunos terminamos en la lona, despedidos en el nivel dos, en el nivel de los niños, otros resisten un poco más. La cosa es que si dejas que el toro te arroje y permaneces en la lona, permaneces tirado ahí sin intentarlo otra vez. El toro tarde o temprano va a descubrir que puede acabar contigo simplemente en el nivel dos. Menciono una y otra vez que la la vida no se trata de fracasar, sino de rendirse. La mayoría que cree que ha fracasado, en realidad se ha rendido. En los sentimientos, hay personas que te dicen algo como yo intenté una pareja, intenté que formar una familia y me fue mal. No lo voy a intentar otra vez porque ya fracasé. Y la cosa es que no es que hayas fracasado, sino que te rendiste, que es muy diferente. Porque no importa cuánto quieras aferrarte, a la larga, tarde o temprano el toro terminará arrojándote fuera en algún área de la vida. Otros emprenden negocios, compañías, hmm, empresas. Y de pronto se meten en bancarrota o en deudas que no pueden pagar y les queda la desazón para no decir trauma, de decir no lo hago nunca más. A veces te dañaron tanto que te haces una piel de rinoceronte, pero un corazón duro también, y ese corazón de carne se transforma otra vez en un corazón de piedra y dice, no confío más, me cierro en mi propia opinión, no me abro, no cuento mis cosas. No tiene que ser en cuestión de pareja, hay amigos que pueden que te traicionen. Y tú abriste tu corazón, le diste tus secretos, se los llevó, los contó y a partir de ahí te cuesta, eres como los los pollitos lastimados. Que cuando un mi papá tenía gallinas y pollos, pollos son en Argentina, pero es el pollo de ustedes. Y cuando el pollo se lastimaba y uno se acercaba y pensaba que siempre lo iban a lastimar. Y mi papá de ahí acuñó la frase, no escapes como pollo lastimado. Porque uno tiene temor a que le vuelva a pasar y se pierde las dos maravillosas palabras que el Señor me dijo que te transmitiera hoy, las mismas palabras que me dijo el hombre que operaba el toro, otra vez. Vamos a agregarle una tercera palabra, prueba otra vez. Tú dices, no, no me digas que pruebo otra vez, ya está. Yo ya cometí un error, no vuelvo a cometerlo otra vez, pero a veces no se trata de volver a cometer un error. Sino a darte una nueva oportunidad, a hacerlo otra vez. No permitir que en el nivel uno o en el nivel dos el toro te deje en la lona. Mínimamente, si no está funcionando, a lo mejor tienes que volver a hacerlo, hacerlo otra vez, pero con una nueva unción fresca, con una visión nueva. Hay cosas que no estás haciendo otra vez y por eso el toro te dejó nocaut en el segundo nivel. Esto va para un soltero. Hay cosas que no estás haciendo otra vez en término de negocios y por eso el toro te dejó en el nivel de niños tirado en la en la lona. Hacer otra vez, otra vez y otra vez. Cualquier disciplina para que se te haga un hábito natural, necesitas superar las 10,000 horas hasta que lo haces de manera mecánica, sea lo que tengas que hacer. Hace poco veía un documental de Andrea Bocelli, y cuando le preguntaban qué siente que Dios le haya regalado una voz tan extraordinaria, por encima de la media de todo el planeta, él decía, no, yo tenía una voz regular, pero estuve más de 10,000 horas cantando y cantando y cantando y mientras que otros nenes jugaban y mientras que otros salían yo cantaba y cantaba y practicaba y vocalizaba y hacía mis escalas. Son las 10,000 horas de vuelo, otra vez, y otra vez, y otra vez y otra vez, lo que producen un éxito a largo plazo. Y hay gente que se da por vencida apenas el toro lo tira en el primer round. Y uno le dice, pero Dios no te puso por cabeza en vez de cola, no vas a hacer tu propia compañía? Sí, empecé y me demandaron, así que dejé todo, no no no, yo no esperaba que iba a ser tan bravo y a la primera tormenta se bajó del barco. Otros a la primera tormenta matrimonial se bajan del barco. Otros se abandonan el barco del noviazgo a la primera crisis. Otros tienen hijos y al primer problema con el hijo ya quieren abandonar el hijo. Y esas personas no tienen un síndrome abandónico, olvidaron hacerlo otra vez. Hay cosas que solo resisten análisis cuando uno lo hace otra vez y otra vez. Te acuerdas cuando aprendiste a leer? Estoy seguro que casi no. Pero no fue hasta que no repetías una y otra vez los sonidos y la sílaba hasta que finalmente te sumergiste en el mundo de la literatura. Recuerda cuando tocaste un instrumento la primera vez o cuando jugaste un deporte la primera vez. No fue hasta que lo hiciste otra vez y otra vez y otra vez que se hizo parte de ti. Cuando conduciste un automóvil la primera vez, no fue hasta que conduciste otra vez y otra vez que aprendiste a manejar, aunque algunos ni eso, pero la mayoría sí. Es la repetición. Pero no la repetición robótica automática. En las cosas de Dios es la repetición natural que logra una relación, te lo voy a poner así. Si ah, a ver, si horas de tanto en tanto, como si Dios fuera el 911, entonces Dios es alguien al que recurres cuando estás en un incendio, pero no tienes relación con él. Es en la repetición de la oración, de la adoración, es en la repetición donde de pronto se va generando la relación. Yo siempre pensé por qué Dios diría que David era un hombre conforme a su corazón, porque hubo momentos en que David se comportó de manera honorable y hubo un momento en que fue un descarado delincuente. Sin embargo, Dios termina diciendo globalmente de él, él es un hombre conforme a mi corazón. Y entre muchas cosas, yo he descubierto que había dos cosas recurrentes que David hacía otra vez y otra vez y otra vez y otra vez. Él adoraba y se arrepentía. Adoración y arrepentimiento, otra vez y otra vez y otra vez. Nunca verás a David volteado del toro en el nivel uno. O en el nivel dos, o en el nivel ocho, o en el nivel 10, él volvía otra vez y adoraba. Le dice Natán, el profeta que Dios envía, tú has pecado contra Jehová. Y en la Biblia aparece Salmo de David. Inmediatamente que el profeta lo desenmascarara y lo pusiera en público. Inmediatamente que Dios le dijera que había pecado, escribe un salmo. Hay gente que por mucho menos deja de ir a la iglesia. Él se pone a escribir un salmo, escribe una adoración, poesía descarnada. Por Dios, acaba de pecar, un profeta lo desenmascara, qué hace David? Se arrepiente y adora. Otra vez y otra vez, y otra vez y otra vez. No dejes tu presencia, no alejes tu presencia de mí, no alejes tu presencia de mí. Aleluya. Aleluya. Qué no estás haciendo otra vez? Qué petición sientes que Dios no te está respondiendo, pero porque tu petición o lo que quieres de Dios no está a la altura de tu súplica, de tu repetición. Hay algo que necesitas hacer otra vez. Y me dices algo como, pero qué yo di mi corazón, nunca me agradecieron, al contrario, me corrieron otra vez. Si David pudo adorar otra vez, pudo arrepentirse otra vez, otra vez. Otra vez. Pedro traiciona a Jesús y otra vez Jesús confía en él. Jesús dijo en Lucas 13:6, un hombre plantó una higuera en su jardín y regresó varias veces para ver si había dado algún fruto y un día se quedó decepcionado. Fue una vez, dijo, no tengo suerte. Fue la segunda vez, dijo, bueno, el frío. Fue la tercera vez, dijo, la lluvia. Fue la cuarta vez y dijo, bueno, el calor. Hasta que un día dijo, sabes, mi vida no tiene frutos. No tengo suerte para el amor. Yo los elijo a todos iguales, uno más condenado que el otro. Me equivoqué con el primero, me equivoqué con el segundo y me volví a casar y me volví a meter la pata. Otros dicen, yo no tengo suerte, va ese no queremos en la suerte los hijos de Dios, pero a veces usamos ese modismo de decir, no, no me va bien. Es como si la vida fuera una tómbola y a mí siempre me sale el peor de los números. Hay algo que está en contra de mí, porque nada de lo que emprendo me va bien y hay un momento que te decepciona. Y aún a esta altura del mensaje, piensas, esto no es para mí, porque yo no he visto frutos. Lo hice una y otra vez todo lo que se me dijo que debía hacer y nada pasa. Este hombre se decepcionó. Entonces le dice al jardinero, llevo tres años esperando un higo. Y no ha producido ni uno solo. Córtalo. Solo ocupa espacio en mi jardín. Porque justamente eso es lo que causa la decepción. Es un espacio en tu corazón que no te da ninguna ningún fruto. Ocupa espacio en tu mente, te quita horas de sueño. Tu jardín está ocupado por un árbol que no te da satisfacción. Entonces pierdes la alegría y el contentamiento de lo que estás haciendo, de lo que estás emprendiendo. Cuando algo ocupa espacio, tú quieres hacer como este hombre, córtalo. Y el jardinero parece que sabe algo que este tipo no sabe, porque le dice, no, dale otra, otra, otra oportunidad. Déjala un año más. Yo le voy a dar un cuidado especial y mucho fertilizante. Si el próximo año da higos, bien, si no, entonces lo cortamos. Yo digo, qué sabía este jardinero que no sabía su jefe. Porque no tenía sentido que el jardinero pidiera más tiempo si nunca había visto fruto en él. Y yo no sé mucho de higos, ni de jardinería, pero mi padre tenía una huerta al fondo de casa. Y plantaba rabanitos, rabanitos y papas y cosas y y un día se le ocurrió, me dijo que plantaría fresas. Y a partir de ahí no hubo un solo día de mi niñez que no iba hasta el fondo a ver si habían nacido las fresas. Y yo pensaba que las plantaba el lunes y el martes había fresas. Y recuerdo que decía papá, cuándo nacen las fresas y él me decía siempre, no puedes forzarlo, necesitas tiempo. Sí, pero cuándo, no, puedes forzarlo, necesitas tiempo. Pero cuándo? No puedes forzar la la cosecha, necesitas tiempo. He aplicado eso en la vida una y otra vez, aunque a veces tengo ganas de cortar la higuera. Tú miras a tu hijo y dice, ay, Señor, lo quiero. No puedes forzarlo, necesitas tiempo. Miras a tu marido a la mañana que se levanta así con los calzones así y se va a lavar los dientes y tú dices, ay, Señor Jesús, qué hice mal en esta vida. No puedes forzarlo, necesitas tiempo. Hay cosas que que son relaciones tóxicas, que ya hablamos de eso, que hay que sacártela de encima porque te drenan, te vampirizan. Pero hay otras que tienes que cuidar, que tienes que permanecer, aunque estés en tormenta, aunque estés amarrado, atado al mástil, dice, yo tengo que permanecer, no puedo cortar, va a dar fruto. Tarde o temprano voy a ver el resultado de lo que estoy invirtiendo. No sabes cuando un huracán puede venir. Hay gente que tenía una vida armada y de repente una traición, un golpe financiero o en el peor de los casos, una enfermedad. Se instala en uno de sus hijos y el matrimonio empieza a pelearse porque implícitamente se culpan el uno al otro, no pueden continuar la relación. Y es ahí cuando todo lo que había construido siente que se te desmorona. Es un castillo de naipe que hace o un rompecabezas que venías armando y alguien, se lo lleva por delante y te agarra una desesperación que dice, no lo hago más, te pasó? A mí me ha pasado con archivos de Word. De estar escribiendo un libro, lo que sea y me olvidé de grabar, de guardar. Sabes lo que dije, no escribo más, no escribo más, no escribo más, que me hagan la demanda la editorial, no escribo más. Perdí cinco capítulos que nunca van a ser iguales, no escribo más. A los tres días el Señor me hablaba, un ladrillo a la vez, vuelve otra vez. Un ladrillo a la vez. Cuando estás en medio de las de los escombros de la vida, la palabra que tengo de parte de Dios es, vuelve a construir. Pero cómo? Un ladrillo a la vez. Un ladrillo a la vez, uno a la vez. Ojalá pudieras hacer así y tener un edificio, es un ladrillo a la vez. Entonces dice, otra vez, otra vez. Hay mamás o papás acá que tienen hijos de muchas edades diferentes, que dicen, menos mal que estos ya están adolescentes, se mueven por sí solas y un día un atraso. Y no fue como cuando estaban casados hace 30 años, viejo, tenemos un nene, esto. Un espermatozoide que corrió solo y nadie le dijo que había que correr.
[19:57]Y están en embarazo, yo he hablado con mamás que dicen, ay, esta hasta me da vergüenza. Pero qué te pensas que nadie pensaba que eh? No, pero me da vergüenza quedar embarazada y tienen que volver a criar un nenito. Ahora, un bebé, cuando ya el el hijo menor, el Benjamín le pusieron Benjamín, como para cerrar, tiene 42.
[20:26]Qué se le dice a esa mamá? Y qué hago? Un pañal a la vez.
[20:33]Otra vez. Qué vas a decir, ya no creo más, lo abandono, otra vez. Uno no puede vivir bajo los escombros. Uno tiene que levantarse. Tiene que decir otra vez, sí, otra vez, dice la palabra Proverbios 24:16, porque siete veces cae el justo y siete veces vuelve a levantarse. Ese es el justo. Aleluya. Aleluya. No te, no te habrás rendido en la oración? No habrás dejado de orar por algo, porque dices, ya está, Dios no me contesta. Hay una sola oración que Dios no contesta, es la que no se hace.
[21:16]Es la que te callas. Por lo menos que Dios te diga, ah, ah, ah, pero que te conteste. Ustedes dicen, y qué base bíblica tienes para eso? Jesús le contó a los discípulos que debían orar siempre para sin desanimarse. Otra vez, y otra vez, y el toro hace otra vez y otra vez, otra vez. Eh, hasta cuándo hay que orar? Bueno, había en cierto pueblo, dice Jesús, un juez que no tenía ni temor de Dios, ni consideración de nadie. Y en el mismo pueblo, había una viuda que insistía, hágame justicia, hágame justicia, hágame justicia, hágame justicia. Ya te pudrí y si muy por cuatro, imagínate el juez. Durante un tiempo el tipo se negó, pero al fin dijo, bueno, aunque yo no soy ni cristiano, ni tengo temor de Dios, y a mí me vale padre cualquier cosa. Como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia. No sea que sus visitas me hagan la vida imposible. Y el Señor dice, si un juez que no, este es temeroso de nada, le hace justicia a la viuda porque la viuda dice, hágame justicia, hágame justicia, hágame justicia, hágame justicia. Cuánto más vuestro padre que está en los cielos, que es un Dios justo. Otra vez, súbete al toro, otra vez, otra vez, otra vez. Alguien tiene que decir, Dios está hablando a mi corazón, otra vez. Hablo de la persistencia, de no darse por vencido. Cuántos hombres se perdieron al amor de su vida porque el toro los tiró una vez. Y a mí me lo han venido a decir, porque acuérdense que yo siempre me llamaban pastor de los jóvenes, así que esas esas historias me llegan de alguna u otra manera. Me venían a decir cosas como la perdí, pero sé que no era para mí. Y entonces por qué se te partió el corazón cuando la viste entrar del brazo con otro en el altar. Déjala ir. Porque nunca te pudiste olvidar aunque los años pasaron, déjala ir si no era para ti. Porque si esos sentimientos se mantienen, porque a lo mejor te perdiste uno otra vez, porque si no uno lleva la vida, a mí me va a pasar lo que Dios quiera que me pase. Yo soy un robot. Yo me caso con quien Dios me quiere casar, tengo los hijos que Dios quiere que tenga, trabajo donde Dios quiere que, entonces no busco trabajo, no busco empleo, no enamoro, no coqueteo. Y la vida es hacer un camino guiado por el Espíritu Santo, lo cual es muy distinto a ser un títere. Entonces tú tienes que pedir la guía al Espíritu Santo, pero después Dios dice, vamos otra vez. El que no trabaje que no coma. Mira que el Señor, mira como lo resolvió el Señor. El que no trabaja que no coma. Me moriré de hambre, eh. Dónde está tu amor, Señor? Donde está tu amor, Señor? Así hablaría Jesús, como ponen en las redes, así hablaría Jesús, el que no trabaja, qué vago. Que no coma. Y justo cuando se acostumbra a no comer, a lo mejor se muere. Hay una falacia de decir que sea la voluntad de Dios, estoy orando para que sea la voluntad de Dios. Oh, la mayoría es pereza disfrazada de reverencia. Me harta los que usan la voluntad de Dios para todo. Estoy esperando 10, pero todavía no, estoy esperando la voluntad de Dios. Hay toda una Biblia que te habla que es la voluntad de Dios. La Biblia te habla de que es la voluntad de Dios. La Biblia te dice es mi voluntad. El que no siembra que no coseche. Hay leyes que ya están escritas por las cuales no hay que orar. Vivimos orando por cosas que no hay que orar. No hay que orar. Sanen los enfermos, nunca dijo oren por los enfermos, sanenlos. No hay que orar. Hay que declarar la sanidad que Cristo lo hizo en la cruz del calvario. Sanen los enfermos, echen fuera los demonios, liberen los cautivos. No hay que orar. Hay que predicar. Yo no cortaré vidas que no den fruto. No está en mí tomar la postura del jardinero. Yo seguiré echando fertilizante, seguiré creyendo que aquel que parece no cambiar en algún momento va a cambiar. Yo seguiré creyendo en la gente no porque yo sea muy bueno, sino porque Dios cree en mí cada día. Y cada mañana mi renuncia está en el escritorio de Dios y le digo, ahí la tienes, puedes disponer de mí cuando quieras y el Señor me dice, otro día más, otra vez. Este podría ser el último domingo, pero el Señor me dirá quizás otra vez. Y me pararán ante un gentío, otra vez y otra vez hasta que las fuerzas me den. Como yo voy a limitar la cantidad de veces que Dios te da una oportunidad o que derrama su gracia sobre ti, otra vez. Él te ama otra vez, él quiere que otra vez vuelva y si una y otra vez pediste perdón y volviste a caer, pide perdón otra vez, aprende de David. No es esta una licencia para pecar, eh. No estoy diciendo, haz lo que quieras con tu vida y total, luego regresas a la cruz. No, lo que digo es que hay alguien que con todo el dolor del alma, quisiera arrepentirse, pero no lo hace porque dice, no, agoté el crédito divino. Y Dios dice, no, otra vez. Adora otra vez. Has sido expuesto en tu pecado? Prueba de adorar. Señor, soy un pecador. Mientras calle envejecieron mis huesos. Señor, de misericordia de mí, cantaba David. Elevaba su troba al Rey de reyes, aún cuando él se sentía indigno. No abandonó el toro, no abandonó los sugiere, no dijo, me voy de la iglesia, Ah, no. Mientras que haya un toro corcoveando allí y yo me pueda subir una y otra vez, no sé si llegaré al nivel 12 o si me voltearán en el uno, pero ese toro me verá otra vez subiendo, otra vez subiendo y otra vez subiendo y otra vez subiendo. Así estás hecho, esa es la madera de River, así somos. Otra vez, otra vez, otra vez, vamos, celebra al Rey de reyes.



