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V. Completa. “Educar con filosofía, educar con fundamento”. Carlos Goñi, filósofo y escritor

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[0:04]Hola, Carlos. Mi nombre es Laura Ayerbe, soy psicóloga y es un placer estar contigo aquí hoy. A lo largo de estos años has estado estudiando la relación que existe entre educación y filosofía y viceversa. Siempre hemos dicho, ¿no?, que para educar a un niño es hay que tomárselo con filosofía, pero para ser buenos padres, ¿es necesario ser filósofo? Bueno, tampoco es cuestión de que tengan que ser todos los padres filósofos, porque se puede ser un buen padre y no saber nada de filosofía o ser un gran filósofo y ser un mal padre. Eso es evidente, pero la filosofía que decimos que es inútil, que no sirve para nada, que es un saber noble en ese sentido de que no tiene una utilidad, yo pienso que no es así, al revés. La filosofía es útil, muy útil, eh, si sabemos aplicarla, si sabemos lanzar las preguntas adecuadas a los diferentes filósofos nos pueden enseñar, nos pueden nos pueden servir para educar a nuestros hijos. En muchos aspectos, por ejemplo, nos pueden ayudar a focalizar las preguntas, a hacernos las preguntas adecuadas, a analizarlas correctamente, a tomar distancia, ser objetivos, cosa que a los padres nos cuesta bastante ser objetivos con nuestros hijos o a ser realistas, ¿no? Nos ayuda a a mirar con intensidad, eh, las los los conflictos que podemos tener, ¿no? una mirada intensa que nos la da la filosofía. Incluso nos nos ayudan a a utilizar el sentido común. Oliver Bresson decía que la filosofía es el sentido común en traje de etiqueta, ¿no? y yo creo que el sentido común, eh, digamos es el gran olvidado y muchos padres, aunque parezca mentira, no lo utilizan, ¿no? Por eso la filosofía, ¿qué nos da? Yo podría resumirlo como un famoso cocinero que dice cocinar con fundamento, ¿no? Pues la filosofía lo que nos da es fundamento. Carlos Sócrates dijo aquello tan famoso de solo sé que no sé nada. Y muchas veces así nos sentimos los padres y madres de hoy con respecto a nuestros hijos, porque no sabemos muchas veces cómo seguir adelante con determinadas, en determinadas situaciones. ¿Cómo entendía Sócrates la educación y cuál sería el consejo que nos daría a los padres y madres de hoy en día? Realmente los padres partimos de una ignorancia socrática respecto a la educación de nuestros hijos. Eh, la educación parte de la ignorancia, pero en este caso una ignorancia mutua, porque ni los padres eh hemos aprendido a ser padres ni los hijos, lógicamente, saben saben ser hijos, ¿no? Saben lo que partimos, de alguna manera partimos de cero. Sócrates fue un gran educador, eh, y su método, yo creo que todavía es es útil, ¿no? el método que él llamaba mayéutica. El y la educación en el fondo es extraer de cada uno lo mejor de sí, ¿no? Y los educadores lo que tenemos que hacer es eso, extraer de cada uno lo mejor. Eh, Sócrates nos nos lo cuenta que que esa ese arte que él llama mayéutica, el arte de dar a luz las ideas, la aprendió de su madre, Fenarete, que era comadrona. Y ella ayudaba, que hacía la ayudaba a las mujeres a dar a luz a sus hijos, ¿no? Y se le ocurrió a Sócrates hacer lo mismo, pero con sus discípulos, ayudarles a dar a luz las ideas, ¿no? Las ideas están dentro, sacar, ¿no?, de dentro, que es lo que hace una comadrona. La comadrona no da a luz, la comadrona ayuda, eh, asiste al parto, ¿no? Pero eh, Sócrates nos nos dan una idea importante de de qué es, de qué es la la acción educativa, ¿no?

[4:56]Consiste en ejercer de comadronas y ejercer de escultores. El propio Miguel Ángel, el escultor, decía, yo veo en un en un, en un trozo de mármol, yo veo ahí una escultura, lo que hago es quitar para que salga la escultura, salga un Moisés, salga un David, eh, salga una piedad, eh. Entonces, los padres y los educadores lo que tenemos que hacer es eso, escultores y comadronas, ¿no?

[5:30]Carlos, ¿para ti también es importante, o le has dado relevancia, a el mito del carro alado de Platón? Y y cómo es importante para, por ejemplo, que nuestros hijos eh se pongan a estudiar o tomen una decisión importante en la vida. Podías contarnos un poco más sobre este tema. Platón decía que educar es enseñar a desear lo deseable, cosa que no es nada sencillo, ¿verdad? Y ponía el ejemplo del carro alado que has dicho tú, ¿no? Nuestra alma, decía él, es como un carro alado que está tirada por dos caballos y conducida por una auriga. Hay un caballo que representa nuestra voluntad, el eh, las ganas de hacer las cosas bien, y el otro caballo es un caballo más díscolo, es un caballo que representa nuestros nuestros instintos y nuestros eh sentimientos.

[6:30]Pero que deben ser atizados y guiados por el auriga que es la razón, representa la razón. Platón lo tenía muy claro, si la razón gobierna, todo va bien, si cada uno hace lo que tiene que hacer, si el caballo de la voluntad eh lo sabes llevar bien, la razón lo sabes llevar bien y el de los instintos lo sabes controlar, irá perfectamente, ¿no? Entonces eh yo creo que que esta teoría de de Platón nos sirve, nos sirve mucho en la en educación, ¿no? Porque y podemos explicarlos a nuestros hijos y a nuestros alumnos, ¿no? que que hay que hay que conducir, ¿no? conducirse, eh, en la vida es controlar esos dos caballos y ellos tienen que descubrir o les tenemos que enseñar cuál es ese caballo díscolo que a veces hay que refrenar, eh, porque los los sentimientos eh te llegan, ¿no? Te te acaecen, eh, no son ni buenos ni malos, sino que están ahí, pero hay unos que te hacen mejor y hay otros que te llevan por eh por otros caminos, ¿no? Entonces hay que saber desear lo deseable, que es difícil. Eh, a mí me gusta explicar eh este tema uniendo, igual me voy un poquito, eh, pero lo explico, eh, el temperamento y el carácter, eh. El temperamento mm, el temperamento viene de temperatura, ¿no? De lo que te lo que te llegan, ¿no? El el eh, pues una emoción te llega, ¿no? Un sentimiento te llega. Eso es el temperamento. ¿Qué puedes hacer? Lo que puedes hacer es desviarlo, eh, desviarlo. Entonces ese desvío lo haces mediante el carácter. Carácter que en griego significa marca, es decir, tú haces una marca y el y el y el temperamento se diluye, se va, ¿no? Entonces, esa esa es la importancia de la educación, educar el carácter, ¿no? Que es esa marca, ¿no? Y y sabes, sabes en en la antigua Roma cómo se hacían las marcas, con el stylus, eh, con el palito ese que que marcaba y el stylus, de ahí viene el estilo, ¿no? Tenemos un estilo educativo, un, eh, vamos marcando, eh. Lo podemos comparar, por ejemplo, con con el riego de un huerto. Es un ejemplo un poco, pero, eh, te llega el agua de la acequia, sería el temperamento, y y eso lo tienes que encauzar. ¿Cómo lo encauzas? No, eh no haces nada con el agua. Encauzar el agua tienes que trabajar la tierra, entonces, eh, retiras la tierra y el agua va por donde tú quieras, ¿no? Eso sería el stylus, sería eso, el marcar el carácter para que el agua vaya por donde tú quieras que vaya, ¿no? Carlos, eh Tomás de Aquino eh nos contó la diferencia entre ser y estar. Y y cómo esto eh, pues cobra gran importancia tanto para los padres como para los profesores. Explícanos un poco más por qué es tan importante. La la teoría fundamental de Tomás de Aquino es la diferencia entre esencia y y ser, ser y estar, ¿no? La diferencia entre ser y estar es difícil de explicar, sobre todo a las personas que que aprenden nuestro idioma, eh, cuesta mucho, ¿no? Es que estoy, eh, soy, ¿no? la diferencia. En general el ser es para para situaciones eh, digamos, categóricas, ¿no? Yo soy de esta manera, y en cambio el estar para circunstancias, circunstanciales, ¿no? Eh, pero es muy importante hacer esa diferenciación, eh, cuando estamos educando, eh.

[10:24]El lenguaje es muy importante, hemos dicho, y es es casi metafísico, eh, en ese sentido, porque si a un niño le dices que eres vago, ya lo estás etiquetando. Lo estás, digamos, eso es su esencia, eres vago, que es muy diferente a decirle, hoy estás vago. Por eso, eh, cuando los padres decimos demasiado, eres un desordenado, eres un fracasado, que lo decimos, eh, lo decimos. Entonces, el utilizar el verbo ser es es eh es eh es demasiado fuerte en educación. Habría que utilizar estás, te estás comportando cómo, con lo estudioso que tú eres, o con lo ordenado que tú eres, cómo tienes la habitación así. Y entonces, anda, soy ordenado, entra aquí. Entonces, más que eh el dilema de Hamlet, ser o no ser, el dilema de la educación es ser o estar, ¿no? Es decir, dejemos el ser para las cosas buenas, eh, y y el estar, pues para las cosas negativas, ¿no? Cosas educables. Porque lo que es, es, ¿no? es muy difícil cambiarlo. Para los padres que tenemos hijos adolescentes eh sabemos la importancia de la frustración. Frustrarse es eh, imprescindible para para vivir, y y aquí te basas y te apoyas en los estoicos para para contarnos esto. Eh, qué dirían los estoicos acerca de la frustración. Pues la verdad es que el pensamiento estoico nos está sirviendo bastante últimamente, ¿no? Es decir, el el estoico lo que lo que nos dice es primero que es mejor no desear, pero solo lo dejemos aparte. Eh, pero que hay que admitir lo que nos sucede y asumir lo que nos sucede, ¿no? Esas frustraciones. Deberíamos hacer los educadores o los padres deberíamos hacer como los los monitores de esquí, que lo que enseñan a sus a sus pupilas, eh, a sus alumnos, es a caerse. ¿Por qué? Porque saben que se van a caer durante el aprendizaje y durante la ejecución de del esquí, se van a caer muchas veces, por lo tanto, primero aprende a caerte porque te vas a caer muchas veces. Y si te vas cayendo pocas veces y te vas teniendo pocas frustraciones, no llegarás a la una gran frustración que no la podrás pasar, ¿no? Lo que hacemos los padres muchas veces es evitar esas frustraciones y hacemos como cuando barremos y metemos debajo de la de la alfombra. Tú tú vete barriendo y metiendo debajo de la alfombra que al final la alfombra la porquería está en la alfombra y te vas a tropezar con la propia alfombra y no vas a ver dónde está y eso va a ser una caída peor, ¿no? No es cuestión, a ver, de de provocar esas frustraciones en los hijos, ¿no? Pero con naturalidad, a ver, hoy no toca esto, hoy te desconectas hasta ahora, hoy no, tal. Eh, ese decir no los estoicos nos dirían, pues pues hay que hacerlo, eh, hay que hacerlo porque porque esas pequeñas frustraciones nos van a nos van a ayudar a crecer, a fortalecernos, eh. Porque el camino pues tiene sus baches y hay que saber sortearlos, ¿no? Insistiendo un poco en la adolescencia, que es esta época tan complicada, eh, muchas veces el tema de la libertad y cómo gestionarla, eh, cómo hacer, cuando nos piden más libertad de la que parece plausible, ¿no? en ese momento de la vida. Eh, qué nos diría algún filósofo acerca acerca de este tema de la libertad. Sobre la libertad han hablado muchos filósofos, ¿no? Pero eh podemos podemos acudir a la a una máxima que propuso Stuart Mill, que es mi libertad acaba donde empieza la de los demás, ¿no? Esto también lo hemos tenido muy claro, ¿no? Últimamente que hemos tenido que renunciar a nuestra libertad para eh para que puedan tener más libertad la el resto de personas, ¿verdad? Los los bebés necesitan atenciones, los niños limitaciones y los adolescentes razones. Llega la adolescencia y dices, ahora tendría que poner límites, pero ahora no es el momento de poner límites. Ahora es el momento de razonar esos límites que ya has puesto, ¿no? Entonces, es muy importante los límites para entender la libertad, porque el adolescente entiende la libertad, el adolescente descubre la libertad. Descubre, se mira a sí mismo y descubre su intimidad y descubre la libertad, y es una libertad que es, pues eso, el entienden, ¿no? los adolescentes, como yo explicaría, como un globo, ¿no? Un globo que se va llenando de nada y que, pues, bueno, que vas de aquí para allá, eh, y eso es la libertad, ¿no? Pues, que no, ¿no? O vuelas y ya está, ¿no? Esa es la libertad. Pero realmente eso no es libertad, ¿no? La libertad se parece más a a a la cometa que está sujeta con una con un con un hilo, ¿no? Vuela, pero gracias a que tiene un soporte, ¿no? Hay que saber que la libertad no es hacer lo que te da la gana, eh, y eso les cuesta a los jóvenes, eh, descubrir porque no les hemos puesto los límites en su momento, eh. Suele ocurrir eso. Carlos, se habla últimamente de que existe una crisis de valores, no tanto, no solo por nuestros jóvenes, sino de la sociedad en general. Y y bueno, ¿qué dirían los filósofos acerca de esta crisis? Yo siempre he oído que estamos en crisis de valores, ¿no? Y ya tengo una edad, ¿no? Y creo que si si vamos a siglos anteriores también hablaban de crisis de valores, ¿no? Pero esa crisis de valores es porque, o se da porque los valores no se exigen, eh, y lo que la crisis sería de exigencia, de autoexigencia, ¿no? Si si tú a tu hijo le has le has inculcado eh el valor de la de la honestidad, pues le estás exigiendo, o ese valor le está exigiendo a ser honesto, ¿no? Y claro, eso es es es eso cuesta de alguna manera, ¿no? la exigencia. Los valores son importantísimos, eh, los valores se transmiten en familia, eh, los valores son como la casita de piedra de los tres cerditos, ¿no? Es decir, si tú formas a tus hijos, eh, les les vas dando eh cañas o o tablas, vendrá el el el lobo y destruirá la casa, ¿no? Me gusta más el ejemplo del tentetieso, eh. El tentetieso, sabes lo que es, esto son muñecos que tienen una una base que pesa y entonces, eh, basculan, pero nunca nunca caen, ¿no? Eh, ¿y por qué no caen? Por el peso que tienen, ¿no? Y ese peso, ¿qué son? Los valores, eh. Si tú a tus a tus hijos, a tus alumnos los cargas de valores, saldrán a flote gracias al peso, ¿no? de sus valores. Por lo tanto, crisis de valores en ese sentido, eh, sí, porque no acostumbramos a llenar ese depósito, eh. Porque parece que les estamos forzando si damos valores, ¿no? Pero es mejor tener, tener valores que no tenerlos, lógicamente. Muy bien.

[18:16]Hablando de valores, eh, la la educación en igualdad, eh, de vital importancia, y y aquí te apoyas en dos grandes filósofas, Hipatia y Simone de Beauvoir. Eh, ¿por qué es tan importante? ¿Qué qué deberíamos cuestionarnos acerca de de esta tipo de educación? Respecto a la educación y la igualdad es importante que tengamos referentes femeninos y los los hay en la historia de la filosofía. No muchos, pero los hay, en nuestro libro ponemos a cinco en concreto, ¿no? Eh, por ejemplo, eh, Hildegar Hildegarda, tenemos a Hipatia de Alejandría, tenemos a Simone de Beauvoir, tenemos a Hannah Arendt y a María Zambrano. Las pensadoras que han roto, por ejemplo, Simone de Beauvoir, que han roto el muro, eh, del machismo, ¿no? El muro del machismo es importante romperlo. Pero hace falta algo más, eh, y por eso eh hace falta la familia.

[19:27]La educación desde abajo, desde el centro, ¿no? Desde el origen, ¿no? Nosotros hablamos en este libro de la canción, esa famosa canción de los Payasos de la Tele, ¿no? de una niña fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar, etcétera, etcétera. Que yo yo siempre la he interpretado como una canción protesta, es decir, pobre niña, ¿no? Que no podía ir a jugar porque nadie le ayudaba, ¿no? Porque esas tareas eran para la mujer, ¿no? Entonces, eh, cómo solucionamos esto, no lo vamos a solucionar aquí, ¿no? Pero la educación tiene mucho que hacer, eh. Para solucionar el problema que tiene la niña de la canción, eh, no se trata de repartir las tareas en la familia, sino de compartirlas, eh. Nosotros preferimos, cuando digo nosotros, Pilar y yo, eh, que escribimos el libro juntos, eh, preferimos hablar de compartir, en la familia se comparte, no se no se reparte. Repartir es algo artificial, algo que te viene impuesto de fuera, lógicamente las leyes sí que tienen que hacer que repartir, ¿no? Pero compartir se aprende en casa. Eh, compartir, ¿y cómo se aprende a compartir? Bueno, antes hemos hablado de los de los valores, perdona el inciso. Cómo se transmiten los valores, nosotros decimos, se transmiten los valores como se siembra el trigo. ¿Cómo se siembra el trigo? Sembrando trigo. ¿Cómo se transmiten los valores? Viviendo los valores. Yo si no tengo el valor de la amistad, si no hay importancia en la amistad, no tengo amigos, y es muy difícil que transmita ese valor a mis hijos, porque la única forma es viviendo esa amistad, ¿no? Viviendo ese valor. Por lo mismo ocurre con con compartir, cómo se aprende a compartir, compartiendo. No repartir, eso de tú haces esto, yo hago lo otro, es una imposición. Se comparte, en familia se comparte, no se reparte.

[21:35]Carlos, volviendo al tema de la adolescencia, que es esta etapa tan complicada, sobre todo para los padres.

[24:21]Decías en tu libro, eh, hablabas de la dialéctica de Hegel, eh, para enfocar esta esta etapa. Desarrollame un poquito eh como. Bueno, Hegel Hegel es uno de los autores más complicados, más difíciles, eh, de la historia de la filosofía, eh, y y su su dialéctica, que es por poner una una tesis, una antítesis y una síntesis, pues tú lo puedes aprender, lo puedes explicar, pero quien realmente sabe lo que es la dialéctica hegeliana es un padre y una madre cuando tienen un adolescente.

[25:00]Porque un adolescente lo que tiene que hacer es ser la antítesis de las tesis de los padres, ¿no? Esa brecha generacional que de pronto el adolescente va a decir, pues yo no estoy de acuerdo, eh. Eh, qué le pasa a un adolescente? El adolescente, primero, no sabe qué es adolescente, eh, no ha sido nunca adolescente. Pues los padres somos los que tenemos que hacer ese esfuerzo de ponernos en su lugar y de intentar entenderlos, eh, pero la antítesis, la negación es inevitable. Llegará un momento en que esa antítesis, esa negación de lugar a la síntesis, a la madurez de del, eh, y llegue para el para el adolescente, llegue la madurez y para los padres la paz. Podríamos decir, ¿no? Que que no debe ser así, eh, que la la la etapa de la adolescencia la tenemos que vivir, la tenemos que disfrutar los padres también, pero es verdad que hay adolescentes difíciles, eh. Es verdad, eh. La adolescencia es un viaje de exploración hacia el interior de uno mismo. De pronto un adolescente descubre el yo, descubre su intimidad, descubre lo que hemos dicho antes también, la libertad, y tiene que sumergirse. Por eso el adolescente es sumergirse, pensemos en una piscina, ¿no? Tiene que sumergirse. Tú estás fuera, que eres la madre, y el adolescente está dentro, ¿cómo os comunicáis? Difícil, eh. De vez en cuando sale a la superficie, entonces hay que aprovechar. Míralo, hoy, hoy, hoy ella está eh, receptiva, voy a hablar con ella y tal, es porque ha subido a la superficie, pero lo que tiene que tener es sumergirse para encontrarse a sí mismo, después ya saldrá, ¿no? Pero bueno, solo tenemos que entender, en una carrera de relevos, eh, hay una zona de transición, ¿no? Una una zona en la que podemos dar el relevo al siguiente corredor. Pues imaginaros que los padres somos los que llevamos el testigo y los adolescentes los que lo tienen que recoger, ¿no? Y tenemos solamente la adolescencia para entregar el testigo. Fíjate, los padres llegamos cansados de la carrera y somos los que nos tenemos que esforzar en dar bien el testigo para que no se caiga. El adolescente qué tiene que hacer? Mirar para adelante. No puede mirar, puede mirar un poquito para atrás, poner la mano en cuanto siente la mano y tirar, ¿no? Entonces eso es lo que tiene que hacer el adolescente, vivir su vida. La vida es de nuestros hijos, no es nuestra. Eso confundimos a veces los padres, eh. Nosotros hablamos, eh, cuando hablamos de Malebranche, hablamos de eh, los padres providencia, que son más que los padres helicóptero, eh, estos que vigilan a sus padres, son aquellos que quieren vivir su vida en sus hijos, o que sus hijos vivan su vida, y esto no es así, eh. El hijo tiene que coger el relevo, el, perdón, el testigo, ¿no? el relevo, y y tirar para adelante. Y luego llega aquello que se que se solía decir, ¿no? Eh, para un niño su padre lo sabe todo, para un adolescente su padre no sabe nada. Está pasado de moda, no entiende las cosas, no me comprende, no se entera, eh. Pero cuando pasa la adolescencia, entonces el la persona dice, cuánto sabía mi padre, ¿no? Entonces, esa esa eso que a mí me contaron una vez que que que se suele decir, ¿no? Y es la propia vida, ¿no? La vida es una carrera de relevos. Muy bien. Hablas en en tu libro, educar con filosofía, eh, de un decálogo para educar. Cuál sería este decálogo? Bueno, eh, educar con filosofía tratamos muchos temas, lógicamente, y al final se puede se puede recoger un una especie de catálogo, podríamos decirlo así, eh. Eh, pues son como ideas que se van quedando, eh, como máximas filosóficas que se podrían ir quedando, que las podríamos guardar en nuestro acerbo educativo, ¿no? Es decir, qué tenemos que tener en cuenta, ¿no? Eh, pues la primera podría ser eh, que un ejemplo vale más que mil palabras, eh, es la coherencia. Los padres tenemos que ser coherentes, porque los hijos ven, ven lo que decimos y oyen lo que hacemos, eh. Entonces lo más importante es ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos, entre lo que pensamos y lo que decimos. Eh, también nos planteamos en en el libro en un momento, digo, nos planteamos porque el libro está escrito con mi mujer Pilar Gembe, lo escribimos juntos, eh, qué qué educa más, lo que se es o lo que se hace? Es una pregunta filosófica bastante interesante, ¿no? Bueno, y la conclusión que sacamos que es, tanto una cosa como la otra, o mejor dicho, la coherencia entre una cosa y la otra, entre lo que somos y lo que hacemos, ¿no? Por lo tanto, el ejemplo, un ejemplo vale más que mil palabras, sería la primera máxima. Eh, la segunda máxima, los hijos nos necesitan para llegar a no necesitarnos, y esto a los padres les cuesta entender. Somos imprescindibles para llegar a ser prescindibles, eh, para que ellos sean autónomos, si no conseguimos esa esa autonomía no hemos llegado a educar, ¿no? La tercera máxima podría ser eh, todos los padres quieren a sus hijos, es evidente, pero no todos saben quererlos. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejad que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer, eh. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando a un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no?

[36:44]La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. 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Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no? Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. 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La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no?

[1:32:30]Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré. El darles todo lo que quieran, el mimarlos, el no dejar que se que se tropiecen, etcétera, etcétera, eh, es no es quererlos bien, porque no queremos su bien, queremos nuestra tranquilidad, eh. Entonces, no todos los padres saben querer. La cuarta máxima podría ser el el mayor enemigo de la educación es la prisa. Tenemos que siguiendo el ejemplo del del cocinero, ¿no? Cocinar a fuego lento, ¿no? No querer que que mar etapas. Eh, mi hijo tiene que ser el primero en leer, el primero en tal, no, tenemos que respetar esa evolución normal, natural de de de la educación. No tenemos que forzar, ¿no? La quinta máxima sería para extinguir una una conducta, lo mejor es ignorarla, eh. Es un principio, digamos, psicológico, conductista, si quieres, ¿no? Tú lo sabes, eh, pero es así. Es decir, los los niños lo que hacen es querer llamar la atención, nuestra atención, ¿no? Entonces, las típicas rabietas, sabes que la forma es de extinguir esa rabieta es ignorarla. Lógicamente con sus connotaciones, no podemos pasar del asunto, ¿no?} Eh, la sexta máxima sería que toda ayuda innecesaria es una limitación. Si ayudamos eh de manera innecesaria, es decir, sin sin necesidad de hacerlo, estamos limitando a nuestros hijos. No podemos hacer lo que ellos pueden hacer. Es más fácil, lógicamente, hacerles la cama que hacer que se hagan la cama, pero si conseguimos que se la hagan, no les estaremos limitando, eh, nos pasamos otra vez de proteccionismo, ¿no? La la séptima máxima sería que nos tenemos que adecuar a las circunstancias, a la edad y al lenguaje del niño, eh. Tenemos que ponernos no a su nivel, sino en su nivel. No nos podemos poner a su nivel porque nosotros somos los que tenemos que educar, lógicamente, pero sí en su nivel. Es decir, lo típico cuando un niño pequeño te agachas para decirle algo, lógicamente, tienes que mantener, eh, te tienes que adecuar, eh. Tenemos que vigilar mucho lo que decimos y cómo lo decimos, eh, y adaptarnos a a esas circunstancias, cada cada la educación es personalizada siempre, es de persona a persona. No podemos educar a granel, eh, no es café para todos, sino cada hijo tiene sus circunstancias, cada hijo tiene tiene su manera de ser, su manera de entender las cosas, etcétera, ¿no? La octava máxima podría ser que convertirnos los padres en en en en juguetes para los hijos. Es decir, jugar con ellos. Eh, el el juego es el disfraz del aprendizaje, están aprendiendo jugando. Recuerdo un anuncio de hace muchos mucho tiempo que decía que a un niño estaba sacando los los paquetes y de repente encontró un palo, ¿no? Un palo, gritaba, ¿no? Entonces, ahora decir, ¿no? abría el regalo y decir, un padre, ¿no? una madre para jugar, ¿no? Es decir, necesitan jugar, eh. La novena máxima, eh, penúltima máxima sería que la educación necesita la mediación del afecto. No se puede educar, yo diría ni educar ni enseñar si no media el afecto. Si yo no quiero a esa persona a la que estoy educando no la educaré.

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