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APOLLO 18: La Misión Secreta que el Gobierno Quiso Borrar | RESUMEN COMPLETO

Ahora Veremos

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[0:00]Muy bien, 18, pueden alunizar.

[0:05]¡No!

[0:10]En 1974, tres astronautas estadounidenses son enviados a la luna en una misión secreta para instalar detectores contra misiles soviéticos, pero lo que encuentran allá arriba desafía a toda lógica. Una nave soviética abandonada, un cosmonauta muerto en circunstancias escalofriantes y un silencio aterrador que esconde algo peor. Las rocas comienzan a moverse, revelando criaturas arácnidas camufladas que los acechan sin descanso. En la cara oculta de la luna, lejos de la Tierra, la supervivencia no es una opción, es una ilusión. El 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 marcó un hito histórico al convertirse en el primer viaje espacial que llevó a un ser humano a la luna. Aunque los registros oficiales señalan que la última misión tripulada a nuestro satélite natural fue la Apolo 17 en 1972. Grabaciones recientemente desclasificadas en 2011 revelan la existencia de una operación encubierta, la misión Apolo 18, supuestamente dirigida en secreto por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El metraje recuperado inicia con detalladas conversaciones entre los tres astronautas seleccionados para esta misión secreta: John Gray, Nathan Walker y Ben Anderson. A pesar de que el proyecto Apolo 18 había sido cancelado oficialmente. El equipo recibe la inesperada noticia de que la misión ha sido reactivada bajo condiciones completamente distintas. Ahora forma parte de una operación ultrasecreta de carácter militar. La confidencialidad es extrema, incluso se les prohíbe revelar cualquier información a sus propias familias. Durante los preparativos, John y Nathan explican que el propósito principal de la misión es transportar e instalar un dispositivo denominado PSD5, un sistema rudimentario de detección de misiles diseñado para ofrecer ventaja estratégica frente a la amenaza soviética. Además, reciben la instrucción de recolectar nuevas muestras de roca lunar, un encargo que desconcierta a Nathan, dado que las misiones anteriores ya habían retornado con grandes volúmenes de material geológico lunar. Tras completar su entrenamiento y embarcarse en la nave espacial, los tres astronautas inician su viaje. Desde el espacio, contemplan la Tierra con asombro, mientras se preparan para el descenso. John debe permanecer en órbita pilotando el módulo de comando, mientras que Nathan y Ben descienden a la superficie lunar a bordo del módulo de aterrizaje para cumplir una misión que se extenderá por dos noches. A pesar de algunos inconvenientes técnicos, ambos logran alunizar y pisar el suelo lunar. Una vez allí, documentan su expedición con cámaras de mano y colocan equipos de grabación adicionales en el sitio de aterrizaje junto a la bandera de los Estados Unidos. Tras un breve momento de calma en el que aprovechan para saltar alegremente en la baja gravedad y saludar la bandera, se concentran en sus tareas asignadas. Sin embargo, pronto detectan variaciones inexplicables en el suministro energético del módulo de aterrizaje, lo que lleva a Nathan a comunicarse con el control de misión solicitando una revisión. Durante el despliegue del dispositivo PSD5, comienzan a experimentar interferencias extrañas tanto en el vídeo como en el audio. A pesar de ello, Nathan y Ben transportan el aparato a una ubicación lejana, más allá del alcance del rover lunar, según lo establecido en su plan de misión. Desde la órbita, John los alerta sobre los peligros que representan los cráteres lunares. Una caída podría significar su muerte inmediata. Finalmente consiguen colocar el PSD5 en la zona indicada y lo activan según las instrucciones recibidas. Una vez completada esa tarea, los astronautas inician la recolección de muestras geológicas. Durante esta fase, Ben nota una textura inusual en algunas de las rocas. En una de las grabaciones se observa que una de ellas parece moverse ligeramente cerca de un cráter, aunque el fenómeno pasa inadvertido para los astronautas en ese momento. Tras concluir su labor, aseguran cuidadosamente las muestras en un contenedor especializado y regresan al módulo de aterrizaje. Al final de la jornada, dan por concluido el primer día de la misión y se disponen a preparar la cena. En la nave, John advierte que las transmisiones de radio están siendo afectadas por una inusual interferencia, por lo que se dispone a trabajar en la resolución del problema. Mientras tanto, Ben y Nathan conversan en el módulo lunar, intercambiando anécdotas personales en un intento por mantener la moral elevada. Poco después, los tres astronautas se preparan para dormir y descansan tras una intensa jornada. Sin embargo, las cámaras comienzan nuevamente a presentar fallos con interferencias cada vez más frecuentes. De forma repentina, el silencio absoluto de la noche lunar se ve interrumpido por una perturbadora cacofonía. Chillidos agudos, chasquidos metálicos y sonidos similares a rasguños, acompañados por oscilaciones de energía que afectan la iluminación del módulo. Alarmados, Ben y Nathan deciden investigar el origen de los ruidos. Ante la incertidumbre, contactan con control de misión para saber si las anomalías podrían deberse al funcionamiento del PSD5. No obstante, la respuesta es evasiva. Deberán esperar a que el Departamento de Defensa analice la situación. Ben, inquieto, toma una cámara de mano e intenta grabar los extraños sonidos mientras se recuesta, esperando conciliar nuevamente el sueño. Al mismo tiempo, una de las cámaras del módulo capta, sin que ellos lo noten, cómo una roca lunar se mueve por sí sola cerca del equipo. Justo entonces, las interferencias se intensifican y el dispositivo deja de grabar abruptamente. Al día siguiente, Ben y Nathan se preparan para continuar su jornada sobre la superficie lunar. Desde Houston, control de misión les informa que el problema de las interferencias ha sido resuelto, por lo que pueden retomar sus actividades sin mayores complicaciones. Poco después, John les avisa desde órbita que pronto perderá contacto por radio al comenzar su tránsito por el lado oculto de la luna, donde las comunicaciones son naturalmente imposibles. Durante el desayuno, Ben se percata de que una de las muestras recolectadas el día anterior ha desaparecido de su contenedor. Tras una breve búsqueda, la encuentra en el suelo del módulo de aterrizaje. Sorprendidos y confundidos, ambos aseguran que todas las muestras habían sido cuidadosamente almacenadas y selladas. Sin entender cómo ocurrió, vuelven a guardar la roca. Esta vez etiquetándola como posiblemente contaminada y se disponen a continuar con la siguiente fase de la misión, reactivar el sistema PSD5. Mientras avanzan hacia el sitio del dispositivo, pierden repentinamente la comunicación por radio con control de misión, aunque Nathan sospecha que se trata de una falla momentánea. El silencio se prolonga incluso cuando llegan a la ubicación del PSD5. Allí descubren algo inquietante, un conjunto de huellas desconocidas rodeando la zona. No parecen pertenecer a ninguno de ellos. Sin noticias de control de misión ni de John desde la órbita, los astronautas deciden seguir el rastro de las pisadas. A medida que avanzan, se dan cuenta de que el patrón de las huellas es errático, caótico, como si quien las hubiera dejado estuviera desorientado, posiblemente sufriendo de hipoxia. El recorrido los conduce hasta un módulo de aterrizaje que no reconocen de inmediato. Al aproximarse, identifican con asombro que se trata de un módulo ruso. Desconcertados por no haber sido informados de la presencia de cosmonautas soviéticos en la luna, se acercan con cautela al vehículo. La bandera rusa ya se ha caída sobre el polvo lunar y el interior del módulo revela un evidente estado de abandono. Al inspeccionar el sistema de soporte vital, descubren que aún funciona, lo cual intensifica el misterio. Nathan tropieza con uniformes salpicados de sangre seca y botiquines médicos abiertos, lo que incrementa su alarma. En ese momento, Ben nota un nuevo conjunto de huellas que se alejan del módulo y se adentran hacia un cráter oscuro. Intrigado, decide explorarlo, pero Nathan le advierte que los trajes espaciales no están diseñados para resistir las extremas temperaturas que se registran en el interior de los cráteres. A pesar del consejo, Ben asegura que el descenso no parece muy profundo y desciende lentamente. Una vez en el interior, Ben no encuentra más que rocas y una superficie anormalmente blanda. Menciona las bajas temperaturas y desde fuera Nathan le grita que salga de inmediato. Mientras se prepara para regresar, Ben realiza un hallazgo macabro: el cuerpo descompuesto de un cosmonauta ruso en aparente estado de abandono. A pesar del estremecedor hallazgo, Ben logra sacar el cuerpo a la superficie lunar. Al inspeccionar el cadáver, nota un desgarro en el casco del cosmonauta fallecido. Mientras examina con detenimiento el traje espacial, el cuerpo repentinamente se sacude de manera espasmódica, provocando una reacción de pánico en ambos astronautas. Instantes después, Ben descubre algo aún más inquietante: una roca alojada dentro del torso del cosmonauta. Decidido a entender más, se dispone a examinarla de nuevo. Nathan, alarmado, le recuerda que han llegado a un punto crítico. Los niveles de oxígeno están descendiendo rápidamente y deben regresar de inmediato al módulo de aterrizaje si desean sobrevivir. Una vez de regreso, Ben expresa con insistencia sus crecientes sospechas, pero Nathan opta por ignorarlo, concentrándose en las tareas de seguridad. Utilizando la línea segura de comunicación, Nathan contacta a control de misión para indagar si existe alguna posibilidad de que se haya desarrollado una misión rusa paralela, dada la presencia del módulo desconocido. La respuesta no hace más que aumentar su inquietud. Control asegura que, según los registros oficiales, no ha habido expediciones humanas soviéticas a la luna después de 1969. Esa revelación hace que Nathan sospeche que la elección del lugar de alunizaje pudo no haber sido fortuita. Sin embargo, control de misión se limita a reiterar que toda la operación está bajo la supervisión directa del Departamento de Defensa y que pronto recibirán una explicación más clara. Mientras debaten, Ben comienza a especular que han sido engañados respecto al verdadero propósito de su misión. Por su parte, John, aún incomunicado mientras orbita por el lado oscuro de la luna, graba un mensaje personal en el que confiesa una creciente sensación de inquietud. Cada vez que mira por la ventanilla, siente que algo o alguien le observa desde el vacío del espacio. De regreso en el módulo de aterrizaje, Nathan y Ben intentan descansar. Durante la noche, una distorsión severa afecta la señal de la cámara externa. Esta interferencia provoca una vibración repentina dentro del módulo, lo suficientemente fuerte como para hacer caer uno de los cascos. El golpe despierta a Nathan, quien al examinar el casco caído, descubre que está dañado. Presenta una grieta que podría comprometer su integridad en caso de una caminata lunar. Más tarde, Ben se acerca a la ventanilla y se da cuenta con estupor de que la bandera estadounidense ha desaparecido del lugar donde fue izada. Al comunicarse nuevamente con control de misión, solo reciben información vaga sobre interferencias en las transmisiones. Cuando Nathan menciona la desaparición de la bandera, la incredulidad se apodera del equipo en Houston. No pueden explicarlo. Poco después, Ben teoriza que un segundo cosmonauta ruso, posiblemente desorientado o mentalmente inestable, podría ser el responsable de los incidentes. Sin embargo, John, quien acaba de volver a orbitar la cara visible de la luna y recupera comunicación, refuta esta hipótesis señalando que ningún traje soviético de la época habría permitido una caminata lunar de más de 12 horas sin soporte vital. En una nueva comunicación, un alto funcionario del Departamento de Defensa le admite a Nathan que también han considerado la posibilidad de una presencia rusa adicional, aunque carecen de pruebas concluyentes. Además, contradice la teoría de Ben, asegurando que, según los informes de inteligencia, solo un cosmonauta fue enviado. Cada revelación solo profundiza la incertidumbre entre los astronautas. Sin embargo, la inminencia del itinerario de regreso obliga al equipo a dejar de lado cualquier investigación adicional. Su prioridad ahora es sobrevivir y regresar a la Tierra. Comienzan de inmediato los preparativos para el lanzamiento. De forma repentina, un fuerte sonido irrumpe en la radio, interrumpiendo el procedimiento. Alarmados, aceleran los protocolos de despegue, pero son golpeados por una fuerza externa de gran intensidad. La cámara es violentamente derribada y arrastrada por el suelo lunar hasta detenerse. Segundos después, una sacudida brutal sacude todo el módulo de aterrizaje, dejando al equipo en un estado de total incertidumbre. El sistema interno del módulo indica fallos críticos, una pérdida total de comunicación y una fuga de oxígeno que, aunque lenta, podría volverse mortal. Ante esta situación, Nathan especula que el daño fue causado por el impacto de un meteorito. Al observar a través de la ventanilla, nota que no hay signos evidentes de colisión, pero descubre que el rover ha sido volcado. Consciente de que reparar la antena del vehículo es su única oportunidad para restablecer contacto, Nathan decide que deben salir del módulo. Antes de hacerlo, Ben registra en vídeo sus intenciones como medida preventiva. Una vez en el exterior, Nathan examina la nave y confirma que hay daños visibles en su estructura. Pero no encuentra fragmentos ni cráteres que respalden la teoría del meteorito. Mientras tanto, Ben permanece en el módulo, intentando comunicarse con control de misión, pero solo logra captar sonidos distorsionados, extraños y perturbadores a través de la radio. En ese momento, Nathan detecta algo desconcertante: huellas que se alejan del módulo, impresas sobre la superficie lunar. Por radio, Ben le pregunta si está seguro de lo que está viendo. Nathan responde con firmeza: las huellas no parecen humanas. Además, observa que el costado del módulo de aterrizaje presenta arañazos, como si algo lo hubiese atacado deliberadamente. Incluso la bandera estadounidense, que había desaparecido, aparece rasgada de forma similar. Con urgencia, Nathan consigue voltear nuevamente el rover y ajusta manualmente la antena, indicándole a Ben que intente establecer contacto con John o con el control de misión. Sin embargo, todos los intentos de conexión resultan infructuosos. De pronto, Nathan lanza un grito de alerta: algo se está moviendo. Ben, confuso, le responde que no ve nada normal, pero Nathan insiste, cada vez más alterado, que hay algo moviéndose dentro de su traje. Ben, alarmado, le ordena que regrese de inmediato al módulo. La situación se intensifica cuando Nathan grita con desesperación y comienza a comportarse de forma errática. Las grabaciones de la cámara captan con claridad una criatura con forma de araña adherida a su casco. Ben sale apresuradamente para socorrerlo y encuentra a Nathan en el suelo, apenas consciente. Con el oxígeno escapando por una fisura en su traje, con gran esfuerzo lo arrastra de vuelta al módulo y logra presurizarlo justo a tiempo, estabilizándolo. Simultáneamente, desde la órbita, John y control de misión intentan sin éxito establecer comunicación con ellos. John sugiere que desactiven el PSD5 para verificar si el dispositivo está interfiriendo con las transmisiones, pero su propuesta es rápidamente rechazada por el equipo en tierra. Una vez que Nathan recupera parcialmente la estabilidad, Ben le exige una explicación sobre lo ocurrido afuera. Sin embargo, Nathan, con un rostro inexpresivo, simplemente responde que tropezó, cayó y se golpeó el casco. Ben, perplejo, recuerda con claridad que Nathan mencionó algo moviéndose en su traje. Al preguntarle al respecto, Nathan afirma no recordar nada de eso. En ese momento, Ben detecta que el traje de Nathan presenta manchas de sangre. Alarmado, decide inspeccionar la herida. Al retirarle la parte superior del traje, descubre una profunda laceración en su abdomen. Al examinarla con cuidado, nota un objeto duro incrustado en el interior. Utilizando unas pinzas médicas, Ben extrae lentamente el cuerpo extraño: se trata de una roca lunar. El hallazgo deja a ambos hombres paralizados. ¿Cómo pudo terminar un fragmento de roca lunar incrustado en su interior? Este misterio marca un punto de inflexión en su misión, llevándolos a enfrentarse a una amenaza mucho más inquietante de lo que jamás imaginaron. Ben examina detenidamente la roca extraída del cuerpo de Nathan y señala que su composición es idéntica a la de las demás muestras lunares recolectadas. Sin embargo, su hallazgo y la situación general lo tienen profundamente inquieto. Dominado por la paranoia, Nathan toma un martillo y destruye la roca en varios fragmentos, como si al hacerlo pudiera borrar la amenaza que representa. Mientras tanto, control de misión intenta restablecer la comunicación, pero aunque logran escuchar la voz de Ben, él no puede oírlos. El canal permanece abierto, pero el flujo de información es unilateral. Ben plantea una inquietante hipótesis: ¿y si el PSD5 no fue diseñado para detectar misiles, como se les hizo creer, sino para emitir una señal? Una señal que, en lugar de proteger, atrae a las criaturas que los acechan. Nathan, cada vez más escéptico sobre la narrativa oficial, va más allá. Considera que hay una razón oculta tras la insistencia del Departamento de Defensa en que instalaran múltiples cámaras. Sospecha que él y Ben no son más que sujetos de prueba bajo vigilancia constante. Ante esto, deciden tomar una decisión radical: desmantelar el dispositivo PSD5. Sin embargo, al llegar a su ubicación, descubren con asombro que el artefacto ya ha sido destruido. A su alrededor, hallan un nuevo patrón de huellas claramente no humanas. Ambos coinciden en que las criaturas responsables de la agresión también debieron desactivar o destruir el PSD5, quizás como respuesta a su señal. Mientras tanto, desde el módulo, control continúa con intentos infructuosos de establecer contacto. Tras una rápida inspección del lugar, Ben convence a Nathan de regresar al módulo de aterrizaje. Su herida está empeorando y necesita descanso. Ya dentro, mientras Nathan se quita el traje, Ben nota que la lesión se ha infectado gravemente y que la infección está extendiéndose rápidamente. Además, observa que los ojos de su compañero están intensamente enrojecidos, inyectados en sangre, como señal de una posible reacción sistémica. Desde la órbita, John informa que no ha logrado establecer conexión directa con el módulo. Control de misión tampoco tiene éxito, aunque pueden enviar mensajes, la comunicación sigue siendo unilateral. Desde Houston, les garantizan que están haciendo todo lo posible para facilitar su regreso a la Tierra, pero sus palabras no pueden llegar a los astronautas atrapados en la superficie. Nathan, cada vez más desconfiado, confiesa su temor. Cree que su infección representa un riesgo biológico demasiado alto como para regresar. Con tono grave, le sugiere a Ben que lo abandone. Esa noche, Nathan cae en un estado de delirio febril antes de perder el conocimiento. Ben, angustiado, contempla su situación. El oxígeno se agota y las comunicaciones siguen caídas. Si no logran regresar a tiempo, su única opción será dirigirse al módulo ruso en busca de oxígeno de reserva. Pero justo cuando empieza a planificar esa alternativa, gotas de sangre caen sobre su rostro. Al mirar hacia arriba, ve que la herida de Nathan continúa sangrando profusamente. El estado físico y mental de Nathan se deteriora rápidamente. En un momento de confusión y paranoia, acusa a Ben de querer asesinarlo. Ben intenta calmarlo, asegurándole que solo busca ayudarlo, pero Nathan, con una voz antinatural distorsionada, le ordena que no lo toque jamás. Más tarde, mientras Ben duerme exhausto, Nathan comienza a registrar en vídeo su propio colapso mental. Graba su rostro alterado y luego filma a Ben durmiendo pacíficamente como si fuera un extraño. De repente, una de las criaturas arácnidas invade el módulo de aterrizaje. Nathan entra en pánico, pierde el control y destruye las cámaras en un ataque de furia. Las alarmas internas despiertan a Ben, quien corre para intentar detenerlo. Nathan, fuera de sí, grita que no permitirá que el Departamento de Defensa lo observe morir como un experimento. Durante el forcejeo, las cámaras restantes sufren distorsiones severas, registrando imágenes confusas y fragmentadas. Desde la órbita, John libra su propia batalla. Con cada minuto que pasa, el alcance de su comunicación disminuye. Se enfrenta a la angustiosa posibilidad de tener que abandonar la misión sin sus compañeros. Solo recibe más interferencias, ecos de una tragedia que aún no termina de revelarse. A medida que el suministro de oxígeno disminuye peligrosamente, Ben comprende que su única opción de supervivencia es dirigirse al módulo espacial ruso y aprovechar sus sistemas de soporte vital y comunicación. Durante el trayecto, Nathan, cada vez más afectado por la infección, cae en un estado de paranoia extrema. Insiste en que Ben lo abandone allí mismo, afirmando que es lo mejor. Ben, indignado, rechaza la idea, considerándola una traición a los principios de un astronauta. De forma repentina, Nathan salta del rover en movimiento, lo que provoca un choque violento. Ben queda inconsciente por unos minutos, mientras a su alrededor todas las rocas comienzan a transformarse en criaturas alienígenas que cobran vida. Cuando recobra el conocimiento, descubre que Nathan ha desaparecido. Tras una intensa búsqueda, lo encuentra al borde del mismo cráter donde habían hallado el cuerpo del cosmonauta ruso. Una vez más, Nathan le ruega que lo deje atrás, pero Ben, firme, se niega. En un instante desgarrador, Nathan es arrastrado súbitamente hacia la oscuridad del cráter. Al encender su linterna, Ben observa con horror cómo las rocas que lo rodean se transforman una vez más en entidades alienígenas con movimientos erráticos. Abrumado por el terror y sin otra alternativa, Ben huye, dejando a su compañero atrás. Logra llegar al módulo espacial ruso y activa los sistemas de emergencia. Para su sorpresa, establece conexión inmediata con la agencia rusa. Sin embargo, en lugar de recibir ayuda, es transferido al Secretario de Defensa de los Estados Unidos. Este le informa fríamente que están al tanto de la situación en la luna, pero que han tomado la decisión de abandonarlo debido al riesgo potencial de una infección biológica. A pesar de los ruegos desesperados de Ben, quien asegura estar sano y suplica pensando en su familia, el Secretario se mantiene impasible, prometiendo honrarlo públicamente como un héroe caído. Resignado a su suerte, Ben pasa lo que cree serán sus últimas horas, escuchando una grabación de la voz de su hijo. En ese momento de vulnerabilidad, una señal irrumpe. John ha logrado establecer contacto, desafiando las órdenes directas del Secretario de Defensa. John le promete que lo traerá de vuelta a casa. Le proporciona instrucciones para iniciar el sistema de lanzamiento del módulo ruso. Mientras Ben se prepara para despegar, Nathan, desfigurado, delirante y mortalmente enfermo, reaparece y comienza a golpear desesperadamente la ventanilla del módulo. Ben lo observa, paralizado, antes de que Nathan logre romper el cristal. Una horda de entidades arácnidas invade su casco, destruyéndolo desde adentro. Nathan muere de forma brutal ante los ojos de su compañero. Alterado por lo ocurrido, Ben escucha la voz de John, que lo reconforta y le asegura que están por volver a casa. Pero cuando Ben mira directamente a la cámara, sus ojos aparecen inyectados de sangre. A pesar de todo, activa el despegue. Ya en órbita, el Secretario de Defensa informa a John que Ben ha sido infectado y que de intentar regresar con él, se le negará el acceso a la Tierra. John, ignorando la advertencia, continúa su misión. En gravedad cero, Ben descubre con horror que el módulo ruso transporta una infestación de rocas alienígenas. Estas criaturas lo atacan dentro de la cabina, infectándolo completamente. Fuera de control, Ben colisiona contra la nave de John, lo que provoca la muerte de ambos astronautas. Los informes oficiales presentan sus muertes como resultado de un accidente durante un entrenamiento y se afirma que sus cuerpos jamás fueron recuperados.

[26:07]Sin embargo, investigaciones posteriores revelan un detalle inquietante. Más de 380 kilos de roca lunar, recolectadas durante las misiones Apolo y entregadas como obsequios diplomáticos a líderes de todo el mundo, han desaparecido o han sido reportadas como extraviadas. Y así concluye esta perturbadora historia. Si te gustó este vídeo, no olvides dejar tu like, suscribirte y activar la campanita de notificaciones para no perderte ningún resumen más. Eso ha sido todo por hoy, hasta la próxima.

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