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23 Granos con Más Proteína que el Filete de Carne

Secretos que Sanan

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[0:00]Y si te dijera que hay granos con más proteína que un filete de carne, y que probablemente ya tienes varios de ellos en tu cocina.
[0:08]Mientras el mundo gasta miles de millones en suplementos y polvos procesados, estas semillas llevan miles de años construyendo civilizaciones enteras con cuerpos fuertes y mentes claras.
[0:08]Hoy te voy a mostrar 23 granos que superan al filete en proteína y varios de ellos también lo superan en hierro, en fibra y en aminoácidos esenciales.
[0:08]Quédate hasta el final porque el número cinco fue literalmente prohibido durante décadas en Estados Unidos por razones que nada tenían que ver con la salud.
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[0:00]Y si te dijera que hay granos con más proteína que un filete de carne, y que probablemente ya tienes varios de ellos en tu cocina.

[0:08]Mientras el mundo gasta miles de millones en suplementos y polvos procesados, estas semillas llevan miles de años construyendo civilizaciones enteras con cuerpos fuertes y mentes claras. Hoy te voy a mostrar 23 granos que superan al filete en proteína y varios de ellos también lo superan en hierro, en fibra y en aminoácidos esenciales. Quédate hasta el final porque el número cinco fue literalmente prohibido durante décadas en Estados Unidos por razones que nada tenían que ver con la salud. Y el número 23 era el combustible secreto de los corredores incas que recorrían 100 kilómetros diarios por las montañas. Suscríbete porque cada semana descubrimos alimentos que la industria prefiere que ignores, y que tu cuerpo lleva siglos esperando. Vamos directo. Aquí están los 23 granos con más proteína que la carne, ordenados para que puedas elegir los que mejor se adapten a tu vida. Número uno, lentejas, el bistec de los pobres que alimentó imperios. Empecemos con la legumbre más subestimada del planeta. En el Antiguo Egipto, hace más de 4000 años, las lentejas ya eran moneda de cambio entre trabajadores. Y no era casualidad. 100 gramos de lentejas cocidas contienen 9 gramos de proteína. Pero aquí viene lo interesante. También aportan 18 gramos de fibra y el 37% de tu requerimiento diario de hierro. Eso es más hierro que en la misma cantidad de carne de res. Estudios publicados en Nutrición Clínica, demuestran que el consumo regular de lentejas, reduce los picos de glucosa posprandial hasta en un 35%. Para cualquiera que busque proteína sin el colesterol de la carne, esto no es solo historia. Es una solución diaria. Desaparecieron de las mesas modernas cuando la carne se volvió símbolo de estatus en los años 50. Y las lentejas quedaron etiquetadas como comida de escasez. Prepara una taza de lentejas con cúrcuma y un chorrito de limón. Déjalas hervir 20 minutos. Y tienes un plato que supera nutricionalmente a cualquier hamburguesa. Número dos, quinoa. La madre de todos los granos que la NASA eligió para alimentar astronautas. Los Incas la llamaban Chisaya Mama, que significa madre de todos los granos. Y cuando la NASA buscó el alimento perfecto para misiones espaciales de larga duración, eligió quinoa. La razón, 14 gramos de proteína completa por cada 100 gramos en seco, con los nueve aminoácidos esenciales que tu cuerpo no puede fabricar. Eso es algo que ni el pollo ni la res pueden presumir sin combinarse con otros alimentos. Además, contiene más magnesio que cualquier otro grano, con 197 miligramos por porción. Para cualquiera que entrene o busque recuperación muscular, la quinoa ofrece lo que los suplementos prometen, pero rara vez entregan. Cayó en el olvido fuera de los Andes, cuando los conquistadores españoles la prohibieron por considerarla alimento pagano, prefiriendo imponer el trigo europeo. Cocínala en caldo de verduras en lugar de agua, en proporción de dos tazas de líquido por una de quinoa, durante 15 minutos. Tu paladar y tus músculos te lo agradecerán. Y si la quinoa te pareció impresionante. El número tres tiene algo que ella no tiene, la capacidad de inflarse como palomitas y multiplicar su volumen cuatro veces. Número tres, amaranto. El grano que los aztecas mezclaban con sangre y que la ciencia redescubrió. Moctezuma recibía cada año más de 20.000 toneladas de amaranto como tributo. Era tan sagrado que los aztecas lo mezclaban con miel y sangre para crear figuras ceremoniales. Cuando Hernán Cortés llegó, prohibió su cultivo bajo pena de muerte. 500 años después, la ciencia entiende por qué era tan valioso. 13 gramos de proteína por 100 gramos, con niveles de lisina que triplican los del trigo. La lisina es el aminoácido limitante en la mayoría de los cereales, y el amaranto lo tiene en abundancia. Investigaciones recientes muestran que sus péptidos bioactivos reducen la presión arterial en hipertensos hasta en 10 puntos sistólicos después de tres semanas de consumo regular. Para cualquiera con historial cardiovascular en la familia, este grano merece un lugar permanente en tu despensa.

[5:01]Fue borrado de la agricultura mundial por un conquistador que temía su poder cultural, más que su poder nutricional. Tuéstalo en seco 3 minutos hasta que reviente como palomitas, mézclalo con miel de abeja y tendrás el mismo alimento energético que sostuvo a guerreros hace 500 años. Número cuatro, garbanzos. La proteína mediterránea que reduce la inflamación mejor que algunos medicamentos. En el libro de Isaías, capítulo 30, versículo 24, se mencionan los garbanzos como alimento de bueyes y asnos de labranza. Los animales que necesitaban más fuerza para el trabajo pesado. 19 gramos de proteína por cada 100 gramos en seco, más el 45% de tu fibra diaria. Pero lo que la ciencia moderna descubrió va más allá. Los garbanzos contienen compuestos que inhiben la enzima alfa amilasa, lo que ralentiza la digestión de carbohidratos y mantiene estable tu energía durante horas. Ensayos clínicos con más de 200 participantes, demostraron que quienes consumían garbanzos cinco veces por semana, mostraban niveles de proteína C reactiva. Un marcador de inflamación, 23% más bajos que el grupo control. Para cualquiera que lidie con dolor crónico o inflamación persistente, esto no es teoría, es una herramienta comprobada.

[6:42]Licúa una lata escurrida con tahini, ajo, limón y una pizca de comino. Y tendrás hummus casero con más beneficios que cualquier barra de proteína comercial. Pero el número cinco tiene una historia que va más allá de la nutrición, porque estuvo literalmente prohibido por ley. Número cinco, semillas de cáñamo. La proteína prohibida que contiene el balance perfecto de omega 3 y omega 6. Durante décadas, cultivar cáñamo en Estados Unidos era un delito federal. No por razones de salud, sino por su parentesco botánico con la marihuana, aunque las semillas no contienen THC. Mientras tanto, Europa y Asia nunca dejaron de cultivarlo. 31 gramos de proteína por 100 gramos, convirtiéndolo en uno de los granos más densos en proteína del planeta. Pero lo verdaderamente único es su proporción de ácidos grasos. Omega 6 y omega 3 en ratio de 3 a 1, exactamente lo que los nutricionistas recomiendan para reducir inflamación sistémica. Un estudio con pacientes de dermatitis, encontró que 20 gramos diarios de semillas de cáñamo, durante 8 semanas, redujeron el picor y la sequedad en un 40%. Para cualquiera que sufra de piel reactiva o inflamación crónica, estas semillas ofrecen lo que las cremas solo disfrazan. Desapareció de la agricultura occidental cuando la guerra contra las drogas confundió una semilla nutritiva con una sustancia peligrosa. Espolvorea dos cucharadas sobre tu ensalada o licuado cada mañana, y en un mes, notarás la diferencia en tu piel y en tu energía. Es la semilla que tu cuerpo reconoce inmediatamente, porque evolucionamos consumiéndola. Número seis, frijoles negros. El alimento que construyó Mesoamérica y que protege tu corazón mientras duermes. En las tumbas mayas de hace 2.500 años, los arqueólogos encontraron vasijas con frijoles negros, colocados como alimento para el viaje al inframundo. Si elegían este grano para la eternidad, algo sabían. 21 gramos de proteína por cada 100 gramos secos, más antocianinas, los mismos pigmentos antioxidantes de los arándanos, pero en concentraciones mayores. Investigaciones cardiovasculares demuestran que el consumo de una taza de frijoles negros cuatro veces por semana, reduce el colesterol LDL en un 8% después de seis semanas, sin ningún efecto secundario. Para cualquiera con antecedentes cardíacos o colesterol elevado, este frijol trabaja mientras tú descansas. Perdió glamour cuando las proteínas animales se volvieron símbolo de prosperidad, y los frijoles quedaron relegados a guarnición olvidada. Remójalos 8 horas. Cuécelos con una hoja de laurel y epazote durante hora y media. Y tendrás el alimento que sostuvo civilizaciones enteras sin necesidad de suplementos ni laboratorios. Y si estos seis te parecieron poderosos. El número siete esconde un secreto para la salud masculina que la industria farmacéutica prefiere que no conozcas. Número siete, semillas de calabaza. El suplemento de próstata que crece en tu huerto y cuesta centavos. Los aztecas las llamaban pepitas. Y las consideraban un alimento sagrado reservado para guerreros antes de la batalla. No era superstición. Era sabiduría nutricional que la ciencia tardó 500 años en confirmar. En cada pequeña semilla verde, se esconde un arsenal bioquímico que la industria de suplementos vende fragmentado en cápsulas de 30 dólares. 30 gramos de semillas de calabaza, entregan 9 gramos de proteína completa, más que un huevo entero. Pero lo que las hace únicas es su contenido de zinc. Cubren el 40% de tu necesidad diaria en un solo puñado. El zinc es crítico para la producción de testosterona y la salud prostática. Estudios clínicos con más de 1.400 participantes, mostraron que el extracto de semilla de calabaza, redujo los síntomas de hiperplasia prostática benigna en un 41% después de 12 meses. También contienen cucurbitina, un aminoácido que paraliza parásitos intestinales. Los herbolarios mexicanos lo sabían siglos antes de que existieran los antiparasitarios farmacéuticos. Tuéstalas ligeramente en sartén seca durante 5 minutos a fuego medio. Agrégales una pizca de sal marina y chile en polvo. Y tendrás el snack más poderoso que puedas imaginar. Dos cucharadas diarias son suficientes. Para cualquiera que se despierte varias veces por la noche para ir al baño, o sienta que su energía hormonal ya no es la de antes. Estas semillas merecen un lugar permanente en tu despensa. Fueron desplazadas cuando la industria farmacéutica descubrió que un medicamento patentado para la próstata genera miles de millones anuales, mientras que una semilla silvestre no produce ganancias. Es la respuesta que tu cuerpo masculino lleva pidiendo en silencio. Número ocho, tempeh. La carne vegetal que los indonesios perfeccionaron hace 1000 años mientras Occidente seguía cazando. En la isla de Java, alrededor del año 1200, alguien descubrió que la soja fermentada con un hongo específico, se transformaba en algo completamente diferente. No fue accidente, fue el nacimiento de uno de los alimentos más densos en proteína que existen en el planeta. Los occidentales llegamos tarde a esta fiesta por aproximadamente 800 años. 100 gramos de tempeh contienen 19 gramos de proteína. Exactamente igual que la misma cantidad de filete de res. Pero a diferencia de la carne, el tempeh viene con prebióticos naturales que alimentan tu flora intestinal y cero colesterol. La fermentación rompe los antinutrientes de la soja y multiplica la biodisponibilidad de sus isoflavonas por hasta cinco veces. Un estudio publicado con 328 participantes, demostró que consumir tempeh tres veces por semana durante 8 semanas, redujo el colesterol LDL en un 15% sin efectos secundarios. También es una de las pocas fuentes vegetales significativas de vitamina B12, algo que ninguna otra legumbre puede ofrecer. Córtalo en cubos de 2 centímetros, marínalo 30 minutos en salsa de soja con ajo y jengibre, y saltéalo a fuego alto durante 7 minutos hasta que esté dorado y crujiente por fuera. Para cualquiera que haya intentado reducir la carne, pero extraña esa satisfacción de morder algo sustancioso, el tempeh llena ese vacío exacto. Nunca penetró el mercado occidental porque no se puede producir industrialmente con la misma eficiencia que la proteína animal subsidiada. Es la carne que no necesita matar a nadie para existir. Y si el tempeh te sorprendió por su antigüedad, el número nueve viene de la misma familia, pero con un perfil nutricional que lo convierte en el favorito de los atletas olímpicos japoneses. Número nueve, edamame. Las vainas verdes que Japón mantuvo en secreto hasta que los atletas empezaron a ganar medallas. En los restaurantes de sushi, lo sirven como aperitivo casi descartable, algo para picar mientras esperas el plato principal. Pero en Japón, el edamame ha sido combustible de élite durante más de 2000 años. Los monjes budistas del período Kamakura, ya documentaban su consumo como alimento de resistencia física. El secreto salió de Asia recién en los años 90, cuando nutricionistas deportivos notaron algo inusual. Una taza de edamame, entrega 18 gramos de proteína completa con los nueve aminoácidos esenciales. Algo rarísimo en el reino vegetal. Contiene más potasio que un plátano, más hierro que la espinaca y más fibra que la mayoría de cereales. Un análisis con 242 atletas mostró que quienes consumían edamame regularmente tenían tiempos de recuperación muscular un 23% más rápidos que el grupo control.

[15:37]Las isoflavonas del edamame, también modulan el estrógeno de forma protectora. Estudios epidemiológicos en Japón, correlacionan su consumo alto con tasas de cáncer de mama 40% menores que en países occidentales. Hiérvelas las vainas en agua con sal gruesa durante 5 minutos, escúrrelas y cómelas directamente presionando con los dientes para extraer los frijoles.

[16:05]500 gramos congelados cuestan menos que una barra de proteína procesada. Para cualquiera que busque proteína rápida post entrenamiento sin batidos artificiales ni digestiones pesadas. El edamame es la respuesta que los gimnasios japoneses conocen desde hace décadas. Quedó relegado a comida étnica exótica. Cuando la industria de suplementos creó la ilusión de que la proteína efectiva solo viene en polvo con sabor artificial. Es el snack que debería estar en cada refrigerador de cada persona que mueve su cuerpo. Número 10, avena. El grano humilde que baja el colesterol mientras los cardiólogos siguen recetando estatinas. Antes de que existieran las cajas de cereal con personajes animados, la avena era medicina seria. Los médicos romanos la prescribían para fortalecer a los soldados. En Escocia durante siglos, fue literalmente la diferencia entre sobrevivir el invierno o no. Pero algo extraño pasó en el siglo 20. Un alimento medicinal se convirtió en comida de dieta aburrida y perdimos de vista su poder real. 100 gramos de avena contienen 17 gramos de proteína, más que el arroz, más que el trigo, más que casi cualquier otro cereal del planeta. Pero su verdadero superpoder es el beta glucano. Una fibra soluble que atrapa el colesterol en el intestino y lo expulsa antes de que llegue a tu sangre. La FDA de Estados Unidos autorizó que los productos de avena lleven la declaración oficial de que reducen el riesgo cardíaco, algo que casi ningún alimento ha logrado. 3 gramos diarios de beta glucano, presentes en apenas 40 gramos de avena, reducen el colesterol LDL entre 5 y 10% en 6 semanas, según metaanálisis con más de 28.000 participantes. Prepárala remojando media taza en agua o leche vegetal la noche anterior. Agrega una cucharada de mantequilla de almendras y canela por la mañana. Y tendrás un desayuno que protege tus arterias silenciosamente con cada bocado. Para cualquiera con historial familiar de enfermedad cardíaca o colesterol que sube sin explicación, la avena no es solo desayuno. Es prevención activa. Fue trivializada cuando los cereales azucarados prometieron más sabor. Y la avena quedó etiquetada como comida de hospitales y abuelos. Es el cardioprotector que ya tienes en tu alacena esperando que lo tomes en serio. Pero si la avena te pareció impresionante por su efecto cardiovascular, el número 11 tiene algo que ella no tiene. Un perfil de aminoácidos tan completo que compite directamente con la proteína animal. Número 11, espelta. El trigo ancestral que Roma usó para construir un imperio y que la agricultura moderna casi extermina. Cuando los legionarios romanos conquistaron Europa, no lo hicieron con trigo moderno, lo hicieron con espelta. Un grano más duro, más nutritivo, más resistente que cualquier variedad que cultivamos hoy. Julio César documentó que sus tropas rendían mejor con pan de espelta, que con cualquier otro cereal disponible. No era coincidencia. 100 gramos de espelta, entregan 15 gramos de proteína con un perfil de aminoácidos excepcionalmente equilibrado. Contiene un 30% más de lisina que el trigo común, el aminoácido limitante que suele faltar en los cereales. También entrega el 25% de tu necesidad diaria de magnesio y el 50% del manganeso recomendado. Un estudio comparativo mostró que personas con sensibilidad al trigo moderno, toleraban la espelta en el 70% de los casos. Su estructura de gluten es diferente, más antigua, más compatible con nuestra biología. La fibra de la espelta además, fermenta lentamente en el intestino, alimentando bacterias beneficiosas durante más tiempo que otros granos. Cocínala como arroz. Una parte de espelta por tres de agua, hierve 45 minutos hasta que esté tierna pero con textura. Y úsala como base de ensaladas o guarnición caliente. Para cualquiera que sienta que el pan moderno le inflama, pero no quiere abandonar los granos por completo, la espelta puede ser exactamente lo que tu sistema digestivo necesita. Desapareció de los campos cuando la agricultura industrial, eligió variedades de trigo con mayor rendimiento por hectárea, aunque menor valor nutricional. La economía ganó, tu salud perdió. Es el grano que alimentó imperios y que merece volver a tu mesa. Número 12, semillas de chía. El superalimento azteca que desapareció 400 años porque los conquistadores lo prohibieron. Esta es una de las historias más oscuras de la nutrición. Los aztecas consideraban la chía tan valiosa que la usaban como moneda y ofrenda religiosa. Los guerreros corrían cientos de kilómetros alimentados únicamente con una mezcla de chía y agua llamada isquiate. Cuando Hernán Cortés entendió el poder que este grano daba al pueblo, ordenó destruir los cultivos y prohibir su siembra. La chía desapareció de la historia humana durante 400 años, hasta que investigadores la redescubrieron en los años 90. Dos cucharadas de chía contienen 6 gramos de proteína, 11 gramos de fibra y 5 gramos de omega 3. Más ácidos grasos esenciales que el salmón gramo por gramo. Pero su propiedad más fascinante, es que absorben hasta 12 veces su peso en agua, creando un gel que estabiliza el azúcar en sangre durante horas. Un ensayo clínico con 77 diabéticos tipo 2, mostró que agregar chía a su dieta durante 12 semanas, redujo la hemoglobina glicosilada en un 0.4%. Equivalente al efecto de algunos medicamentos antidiabéticos. También contienen más calcio por porción que un vaso de leche. Remoja una cucharada en 150 mililitros de leche de coco durante 15 minutos, hasta que se forme un pudín natural. Agrega frutas frescas y cacao en polvo. Y tendrás un postre que estabiliza tu glucosa en lugar de dispararla. Para cualquiera que luche con antojos de azúcar o energía que sube y baja como montaña rusa. La chía actúa como un regulador metabólico natural. Fue literalmente borrada de la historia por un conquistador que entendió que un pueblo bien alimentado, es un pueblo difícil de controlar.

[23:19]Dale like a este video ahora. Y si todavía no te has suscrito, haz clic en suscribirte y activa la campana para no perderte ningún descubrimiento. Estamos construyendo una comunidad de personas que recuperan el conocimiento nutricional que la industria alimentaria prefiere que olvides. Ahora vamos con los siguientes 11 granos. Y prepárate porque viene el número 17. Un grano etíope que tiene más hierro que cualquier cereal del planeta y que los corredores de élite africanos mantuvieron en secreto durante décadas. Número 13, trigo sarraceno. El grano que engañó al mundo con su nombre y esconde 13 gramos de proteína completa. A pesar de llamarse trigo, no tiene absolutamente nada que ver con el trigo. De hecho, ni siquiera es un cereal. Los monjes budistas del Tíbet lo cultivaban hace más de 1000 años porque notaron que les daba energía sostenida durante sus largas meditaciones en alturas donde otros granos no crecían. Fagopyrum esculentum, llegó a Europa en el siglo XV y alimentó a campesinos rusos y japoneses durante siglos de hambrunas. Aquí está lo que nadie te cuenta. 100 gramos de trigo sarraceno cocido, contienen 13 gramos de proteína completa con todos los aminoácidos esenciales. Algo rarísimo en el mundo vegetal. Pero lo verdaderamente extraordinario es su contenido de rutina. Un flavonoide que fortalece los capilares sanguíneos y que los estudios muestran, puede reducir la presión arterial hasta en un 12% en personas con hipertensión leve. Además, tiene un índice glucémico de solo 54, significativamente más bajo que el arroz blanco. Para cualquier diabético o prediabético, esto significa que puedes comer un plato abundante sin que tu azúcar se dispare. Para aprovecharlo al máximo, tuesta media taza de trigo sarraceno en una sartén seca durante 3 minutos hasta que suelte un aroma a nuez. Luego, cocínalo con dos tazas de agua durante 15 minutos.

[25:37]Úsalo como base para ensaladas o como reemplazo del arroz. Para cualquiera que busque proteína completa, pero no puede comer gluten, este pseudocereal es tu mejor aliado oculto. Desapareció de las cocinas occidentales cuando la industria del trigo refinado dominó el mercado en los años 60, convenciendo a todos de que los granos oscuros eran comida de pobres. Es la proteína que lleva 1000 años esperando que la redescubras. Número 14, frijoles pintos. El grano mexicano que tiene más proteína por peso que un huevo entero. Los aztecas los llamaban Etle. Y los consideraban tan valiosos que se usaban como moneda de intercambio en los mercados de Tenochtitlan hace más de 500 años. Cuando los conquistadores españoles llegaron, encontraron que los nativos combinaban estos frijoles con maíz. Y creaban una proteína tan completa que no necesitaban carne para sobrevivir. Lo que los investigadores modernos confirmaron, es impresionante. 100 gramos de frijoles pintos cocidos, entregan 21 gramos de proteína, superando al filete de res por casi 2 gramos. Pero hay más. Contienen 15 gramos de fibra por porción, el 60% de tu necesidad diaria. Un estudio del Journal of the American College of Nutrition, encontró que comer frijoles cuatro veces por semana reduce el colesterol LDL en hasta un 8%. Y su contenido de molibdeno, un mineral que casi nadie menciona, ayuda al hígado a procesar toxinas de manera más eficiente. La preparación ancestral sigue siendo la mejor. Remoja una taza de frijoles secos durante 8 horas, descarta el agua y cocínalos con una hoja de laurel y un diente de ajo durante 90 minutos. El remojo reduce los antinutrientes hasta en un 80% y los hace mucho más digeribles. Para cualquiera que quiera proteína económica, accesible y probada por generaciones. Este es el grano que alimentó imperios enteros. Cayó en desprestigio cuando las proteínas animales se volvieron símbolo de estatus económico en Latinoamérica durante el siglo 20, relegando al humilde frijol a comida de segunda clase. Es el tesoro nutricional que tus bisabuelos comían a diario y que la publicidad de carne te hizo olvidar. Y si los frijoles pintos te parecieron una revelación, el número 15 tiene algo que ningún frijol puede ofrecer, la mayor concentración de vitamina E de todo el reino vegetal comestible. Número 15, semillas de girasol. El snack que esconde 21 gramos de proteína y que los astronautas rusos llevaban al espacio. En la década de los 70, la Agencia Espacial Soviética incluyó semillas de girasol en las raciones de sus cosmonautas porque descubrieron que proporcionaban proteína densa, grasas saludables y un perfil mineral casi perfecto en un paquete que no ocupaba espacio ni requería refrigeración. Helianthus annus, originario de América del Norte, fue cultivado por tribus nativas hace más de 5000 años, antes de conquistar Rusia y convertirse en el cultivo nacional. Los números hablan por sí solos. 100 gramos de semillas de girasol contienen 21 gramos de proteína. 35 miligramos de vitamina E, que es el 233% de tu requerimiento diario. Y 660 miligramos de fósforo. Esta combinación las convierte en uno de los alimentos más densos nutricionalmente del planeta. Además, son ricas en selenio, con 79 microgramos por porción. Un mineral que los estudios asocian con función tiroidea óptima y protección contra el estrés oxidativo. Para obtener sus beneficios sin exceso de sodio, compra semillas crudas sin sal y tuéstalas tú mismo en el horno a 160 grados durante 10 minutos. Una porción de 30 gramos diarios es suficiente para notar efectos en piel y energía en tres semanas. Para cualquiera que busque un snack que realmente nutra en lugar de solo llenar. Estas semillas son la respuesta que tenías frente a ti todo el tiempo. Fueron relegadas a comida de estadio de béisbol, cuando la industria de snacks ultra procesados, las asoció con entretenimiento barato en lugar de nutrición seria. Es el superalimento espacial que puedes comprar por centavos en cualquier tienda. Número 16, mijo. El cereal africano que alimentó faraones y tiene más magnesio que cualquier otro grano. Los arqueólogos encontraron restos de mijo en tumbas egipcias, que datan del año 3500 antes de Cristo.

[30:44]Los faraones lo consideraban tan esencial, que lo incluían en las provisiones para el más allá. Panicum Miliaceum, cruzó continentes y se convirtió en el alimento base de millones de personas en India, China y África, durante milenios, mientras Europa lo ignoraba completamente. Este grano diminuto esconde números gigantes. 100 gramos de mijo cocido, proporciona 11 gramos de proteína y 119 miligramos de magnesio. Casi el 30% de tu necesidad diaria. El magnesio es el mineral que el 70% de la población tiene deficiente según estudios epidemiológicos. Y está involucrado en más de 300 reacciones enzimáticas en tu cuerpo, desde producir energía hasta regular el sueño. Además, el mijo tiene un índice glucémico de 54, significativamente más bajo que el arroz. Y contiene compuestos fenólicos que los investigadores asocian con propiedades antiinflamatorias. Cocínalo como arroz. Una taza de mijo con dos tazas de agua durante 20 minutos. Agrégale cúrcuma y pimienta negra mientras hierve para potenciar la absorción de sus nutrientes y crear un plato antiinflamatorio completo. Para cualquiera que sufra calambres musculares, insomnio o fatiga crónica. La deficiencia de magnesio podría ser la causa oculta y este grano es una solución deliciosa. Desapareció de las mesas occidentales cuando el trigo refinado se convirtió en sinónimo de civilización. Y los granos africanos fueron etiquetados como primitivos por el colonialismo alimentario del siglo 19. Es el cereal de faraones que cuesta menos que un café y nutre más que la mayoría de los suplementos. Pero el número 17 tiene algo que el mijo no puede igualar. Un contenido de hierro tan alto que los corredores etíopes lo consideran su arma secreta. Número 17, teff. El grano microscópico de Etiopía que tiene más hierro que la carne roja. Los corredores de maratón etíopes han dominado las competencias mundiales durante décadas. Y durante años los entrenadores occidentales, asumieron que era genética. Pero cuando los investigadores analizaron su dieta, encontraron un patrón. Todos consumían injera, un pan fermentado hecho de teff, a diario. Era gross this teff, es tan pequeño que 1000 gramos caben en una cucharada. Pero su densidad nutricional es inversamente proporcional a su tamaño. Los números son extraordinarios. 100 gramos de teff, contienen 13 gramos de proteína completa y 7.6 miligramos de hierro. Comparado con los 2.6 miligramos en 100 gramos de carne de res. Esto significa que el teff tiene casi tres veces más hierro que un filete. Para cualquier mujer en edad reproductiva, vegetariano o persona con tendencia a la anemia, esto es revolucionario. Además, la fermentación tradicional del teff aumenta la biodisponibilidad de sus minerales hasta en un 40% y reduce los fitatos que bloquean la absorción. Prepara gachas de teff, cocinando un cuarto de taza del grano con una taza de agua durante 20 minutos, revolviendo ocasionalmente. Añade canela y miel al servir. O intenta hacer injera mezclando harina de teff con agua y dejándola fermentar 24 horas antes de cocinarla como crepa. Para cualquiera que haya luchado con niveles bajos de hierro y no tolera los suplementos. Este grano diminuto podría ser la solución que tu cuerpo necesita. Permaneció oculto fuera de Etiopía hasta los años 90, porque sus semillas son tan pequeñas que las técnicas agrícolas occidentales no podían cosecharlo eficientemente, y la industria prefirió granos más rentables de procesar. Es el secreto de los atletas más resistentes del planeta, finalmente accesible para ti. Número 18, habas. La legumbre mediterránea que los gladiadores romanos usaban para construir músculo. En la antigua Roma, los gladiadores no comían carne como muestra la película, comían principalmente habas y cebada. Los historiadores lo saben porque analizaron huesos de gladiadores encontrados en Éfeso y descubrieron una dieta predominantemente vegetal. Vicia Faba, alimentó a los constructores de pirámides egipcias, a los soldados griegos y a generaciones de campesinos mediterráneos que realizaban trabajo físico intenso sin acceso a carne. Esta legumbre ancestral entrega 26 gramos de proteína por cada 100 gramos de peso seco, superando significativamente al pollo. Pero lo que realmente la distingue es su contenido de L-dopa, un precursor directo de la dopamina. Estudios clínicos con pacientes con Parkinson han mostrado mejoras en síntomas motores con el consumo regular de habas, aunque se necesita más investigación. Además, proporcionan el 65% de tu folato diario. Una vitamina B esencial para la producción de glóbulos rojos y la síntesis de ADN. Para maximizar sus beneficios, remoja las habas secas durante 12 horas. Pélalas retirando la piel exterior dura y cocínalas con romero fresco durante 45 minutos. Puréalas con aceite de oliva, limón y ajo para crear una versión más nutritiva del hummus. Para cualquiera que busca construir músculo de manera natural o que quiera apoyar su salud cerebral a largo plazo. Esta legumbre ofrece beneficios que van mucho más allá de la proteína. Fueron desplazadas por la soja importada cuando la globalización abarató las legumbres de otros continentes y los agricultores mediterráneos abandonaron cultivos tradicionales por ser menos rentables en el mercado moderno. Es la proteína que construyó imperios y que ahora puedes recuperar para tu plato. Si estás empezando a darte cuenta de cuánta proteína vegetal de calidad ha estado escondida en granos y semillas que la industria alimentaria nunca te enseñó a valorar, dale like a este video ahora. Y si todavía no te has suscrito, qué estás esperando. Tu cocina acaba de convertirse en la mejor fuente de proteína que existe.

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