[0:08]Era octubre de 2015 cuando mis papás podían concretar por fin las vacaciones que habían estado soñando desde varios años atrás sin exagerar. Cuando mis hermanos y yo éramos niños, nos habíamos acostumbrado a tener unos días de vacaciones cada año, casi siempre en alguna playa del país. Pero se nos vinieron entonces temporadas negras para la familia que abortaron enfermedades y problemas económicos y pronto estos paseos anuales se convirtieron solo en un recuerdo. Casi cinco años después, logramos por fin volver a tenerlas en un puente. Esta vez no era a una playa, al contrario. Ante el calor que azotaba la ciudad, decidimos buscar un lugar más contrastante y económico, un lugar en el bosque, frío, donde pudiéramos despertar y oler la niebla por la mañana. Mis padres eligieron unas cabañas que ya nos habían recomendado unos tíos y la verdad, yo me emocioné porque llevaba una clase de fotografía en la universidad y sentía que el bosque me daría buenas oportunidades de acabarme algunos carretes y poder llevar algo interesante a la siguiente clase. Llegamos cansados luego de ese viaje en carretera y recuerdo muy bien que yo aparte el baño al llegar. Necesitaba darme una larga ducha, pues me sentía muy cansada. Sin embargo, tuvimos que esperar hasta que el señor dueño de la cabaña llegara, media hora después de nosotros y nos enseñara el lugar y sus alrededores. Nos explicó algunas cosas y luego nos señaló una vereda que era un atajo hacia el pueblo, en lugar de dar la vuelta tan larga por la carretera que acabábamos de llegar. Me pueden llamar si quieren, dijo, pero hay muy poca señal aquí. Yo me salgo y me voy hacia aquel árbol, nos dijo señalando, porque siento que allá agarro un poco más. Nos dejó solos. Mis hermanos se pusieron a corretear afuera con una pelota a pesar de que se hacía de noche y mis papás sacaron la despensa que llevaban para empezar a hacer de cenar. Yo aproveché para darme ese baño caliente que tanto necesitaba. No había una gran vista en el lugar, aunque estábamos muy alto, porque los árboles nos rodeaban, pero se veía justo como en las fotos y la niebla incluso comenzaba a rodear los pinos, a la cabaña, a nosotros. Me metí a bañar. Y por un momento escuché como que me hubieran hablado. Cerré la regadera y pregunté en voz alta, pero no me respondieron. Continué bañándome y escuché algo más, pero no sabía identificar bien qué era. Decidí no hacerle caso. Al final de cuentas estábamos en un bosque y yo no tenía mucha familiaridad con los sonidos de la naturaleza. Terminé de bañarme y lo seguía escuchando. Era como un animal, como algo que rascaba detrás de la pared, recorriéndola desde el techo hasta el piso. Pensé que era quizás una rama detrás del baño, aunque no vi ningún árbol tan cerca a la cabaña cuando le dimos la vuelta por fuera. Pero bueno, estaba segura que no había nada de qué preocuparme. Tanto que ni siquiera le dije a mis papás. Pero esa noche soñé muy feo. A mí fue a la única a la que le tocó habitación sola y escuché toda la noche como si algo respirara muy cerca de mí. Creo que hasta calentura me dio en algún momento y me había despertado ya varias veces sintiéndome muy mal. En una de estas veces que desperté, vi mi puerta abierta y a mi mamá en ella, observándome. Le pregunté que qué pasaba y me dijo que solo quería checar que todo estuviera bien. Entró a revisar mi ventana y me dio un beso de buenas noches. Ahorita vengo, me dijo, me voy a quedar contigo. Ya por la mañana, sintiéndome un poco mejor, me platicaron todo, todo lo que había pasado la noche anterior mientras preparaban café. Mis hermanos escucharon que alguien estaba caminando por el piso de madera que rodeaba a la casa. Uno de ellos se había quedado dormido en la sala y fue a despertar al otro. Este le decía que se calmara, que seguramente no era nada. A lo mejor hay venados por aquí o algo así, pero tú tranquilo.
[5:10]Entonces, los escuchó él también y se dio cuenta de que sí era algo en dos patas, caminando alrededor de nosotros. Algo grande.
[5:24]Se fueron corriendo a despertar a mi papá sin hacer ruido y él buscó algo con que salir a revisar.
[5:45]Aunque escucharon movimiento entre los árboles, no lograron ver nada. La oscuridad de esa noche en el bosque, sin luna y rodeados de árboles altos, era total. Yo supuse que como me sentía mal, mi mamá se había quedado el resto de la noche conmigo. Esa mañana fría y nublada, estuvimos más preocupados por lo que pasó la noche anterior. No lográbamos disfrutar de nuestro escape. Mis papás nos dijeron que no nos alejáramos de la cabaña y mis hermanos solo hablaban de qué pudo haber sido y cómo sería el plan más adecuado para defendernos si alguien nos atacaba en un lugar como ese. Yo los veía casi hasta divertidos con los planes, como si estuvieran viviendo su propia película de terror. Ya estábamos adentro y ellos seguían platicando en la sala y entonces, desde mi cuarto, los escuché todavía más sobresaltados. Salí para escuchar bien qué decían y los vi pegados a la ventana. Hay algo ahí, detrás de esos árboles, mira.
[7:08]Me acerqué a ellos para decirles que por favor no bromearan con eso, pero pude ver cómo se movió de un árbol a otro una figura negra, enorme, como de 1.90. No estaba mucho más de 40 metros de nuestra cabaña. Le dijimos a mi papá lo que estaba ahí, pero le pedimos que no saliera a revisar. Sugirió que fuéramos en la camioneta al pueblo para buscar al señor de la cabaña, pero la verdad preferíamos no tomar esa carretera en ese momento, era demasiado solitaria. Uno de mis hermanos se ofreció a bajar corriendo por el sendero que llegaba hasta el pueblo de forma más directa, pero evidentemente tampoco era buena idea. Así que solo salió mi papá y se acercó hasta el lugar que nos habían señalado, donde había más señal y ahí esperó hasta enviar un mensaje. Se tardó unos 20 minutos en regresar, mientras el mensaje salía y el señor le respondía que ya iba para allá. Para este momento nos dimos cuenta que ya se nos había pasado toda la tarde, estaba por oscurecer de nuevo. Y afuera de la cabaña todo parecía tener un filtro azul y la niebla ya era tan espesa que más bien parecía una llovizna. Era un paisaje de verdad muy bonito. Y por un momento, ya sabiendo que el señor iba a llegar en cualquier momento, yo sentí que hasta nos empezábamos a relajar. Es nuestra imaginación a lo mejor, ¿no? Les dije. Quizás solo era alguien que iba pasando por la vereda y ni en cuenta de nosotros y mírennos a nosotros aquí todos asustados. Los demás quisieron coincidir, excepto mi mamá. No, sí hay algo raro. Ayer que te fui a revisar en la noche, vi clarito que había alguien parado afuera de tu ventana. No te quise asustar, pero por eso me quedé ahí contigo. Y la siguiente hora se la pasaron mi mamá y mi papá peleando en el cuarto, discutiendo sobre por qué no le había dicho mi mamá lo que había visto. Pero mi mamá también tenía argumentos para no haberlo hecho. Escuchamos unos pasos en la madera afuera y nos acercamos a la puerta pensando que ya había llegado el señor. Pero no vimos a nadie. Antes de que pudiéramos ir a decirle a mis papás, escuchamos una risa, una risa a lo lejos, pero de alguna forma también a la vez muy cerca. Todos lo escuchamos, mis papás salieron corriendo del cuarto y entonces escuchamos algo más, algo se movía en el cuarto de mis hermanos, tan fuerte que hasta movió algunas cosas colgadas en la pared.
[10:14]Corrieron para ver quién estaba ahí, pero no había nadie en el cuarto y la pared se volvió a mover.
[10:24]Salimos corriendo al carro y justo cuando mi papá iba a volver por la bolsa de mi mamá y su cartera, llegó el señor en un pick up con algunos muchachos. Mi papá le hizo señas y le dijo que había alguien allá adentro y se bajaron todos corriendo para revisar la cabaña rincón por rincón. Eventualmente lograron encontrar algo, una especie de refugio, construido en las paredes interiores con ropa, restos de comida.
[10:58]Alguien había hecho un hoyo por una de las esquinas del techo y había estado habitando esta cabaña, al parecer, en toda ella cuando no había huéspedes y se regresaba a la pared cuando alguien llegaba a pasar el fin de semana.
[11:14]Lo más horrible fue que por esta pared podía llegar al baño, a la regadera y aunque el dueño nos aseguró de que no había manera de que pudiera haber visto hacia adentro, yo no podía dejar de pensar en lo que había sentido. En cómo lo sentía arañando esa pared a unos centímetros de mí.
[11:37]Por la sala y por el cuarto de mis hermanos, donde lo escuchamos por última vez. Sí había rendijas, rendijas que le permitieron observarnos. Decidimos entre todos no hacerlo público, pues sabíamos que la cabaña era la única forma de mantenerse económicamente del señor y él nos aseguró que no sabía nada y que lo iba a resolver. Pero por lo que supimos, nunca dieron con la persona que se escondía allí.
[12:21]Dos años después, cuando pudimos volver a tener vacaciones, preferimos volver a la playa.
[12:52]Hola a todos los que hacen posible y escuchan relatos de la noche.
[22:56]Voy a contarles la experiencia más bizarra y espeluznante que me ha tocado vivir, que nos pasó justo cuando mis papás habían comprado una casa por la que trabajaron mucho, por años. Una casa lejos del centro de la ciudad en una zona mucho más tranquila. Un fraccionamiento que de hecho apenas se había construido y cuyas casas apenas empezaban a ocupar. Era de clase media, pero muy seguro. Nuestra casa estaba en una privada de unas 30 viviendas y teníamos guardia de seguridad. Más de la mitad de las casas aún se veían vacías cuando nos mudamos nosotros. Semanas antes de la mudanza, yo había conocido a un chico por Facebook, en un grupo de anime, de hecho, y aunque no teníamos amigos en común, pronto nos empezamos a llevar muy bien. Él no era de cerca del rumbo. Vivía en el otro extremo de la ciudad y eventualmente se animó a invitarme a salir para conocernos finalmente en persona. Como yo no quería ir hasta el centro, le dije que si él se acercaba hasta mi casa, aceptaba y le platiqué de un centro comercial no muy lejos de donde me había mudado y que aunque apenas tenía unos cuantos locales abiertos, ya tenía cine y lugares para comer. Aceptó vernos ahí el sábado siguiente. A mí me quedaba perfecto. Aprovecharía que mi papá trabajaba y mi mamá iría a una fiesta de cumpleaños con mi hermanita cerca de la otra casa donde vivíamos. Eran las 6 cuando salí de casa. El centro comercial estaba a unos 20 minutos caminando, así que decidí irme así hasta allá. Pero justo cuando iba saliendo, me llamó la atención una figura detrás de una cortina en la casa de enfrente. Sin duda, alguien se estaba asomando desde ahí hacia nuestra casa. Le mandé mensaje a mi mamá que tenía el teléfono de la caseta de guardias para que lo reportara. Según yo esa casa aún estaba vacía y no me daba nada de confianza. Seguí caminando hasta mi destino. La colonia me gusta mucho, pero me gustaba todavía más en aquel entonces, tranquila, más no poder. Y así llegué al centro comercial. Igual que las colonias alrededor, semi vacío. Había largas zonas solitarias, pasillos que parecían salidos más de una película de zombies que de un centro comercial real. Entonces, noté que alguien me seguía. Al principio me asusté, pero me calmé cuando vi que se trataba de una señora. Una señora de pelo muy lacio, negro como su ropa. Extremadamente delgada, pero muy alta, mucho más alta que yo, como de 1.80. De nuevo me empecé a sentir rara cuando noté que caminaba a la misma velocidad que yo, unos metros atrás. Así que cuando llegué a la primera tienda abierta en ese pasillo, me detuve para que ella me pasara, pero se detuvo también. Mientras yo veía la tienda, ella veía un local vacío. Empecé a caminar de nuevo y llegué hasta la fuente en el centro de la plaza, donde esperaría a Jorge, el chico. Aunque yo había llegado un poco antes de lo acordado, le envié un mensaje para decirle que se apurara por favor, porque había una señora rara siguiéndome de cerca y el centro comercial estaba mucho más solitario de lo que yo había pensado. Me dijo que si quería lo esperara en el segundo piso, cerca de la salida al estacionamiento, que ya no tardaba en llegar, pero la verdad me daba más miedo subir hacia aquella zona mucho más solitaria. Al menos ahí donde estaba, había varios locales abiertos alrededor. Por los reflejos en la ventana de una tienda frente a mí, pude ver que la señora con su pelo largo e inconfundible, estaba justo arriba de mí, justo sobre mí, pero en el piso de arriba, asomándose, mirándome. Pero no hice ningún movimiento, quise aparentar que no la había notado todavía. Tan solo mandé un nuevo mensaje, lo más disimulado posible. Por favor, apúrate, sigo en la fuente.
[27:35]Y entonces vi por el reflejo de la ventana como esta mujer revisó algo en sus manos.
[27:44]Estaba revisando un celular. Maldita sea, pensé. En ese momento todas las señales que no había tomado en cuenta, me cayeron como un balde de agua fría. Me había citado con un completo desconocido al que solo había visto en dos fotos y lo más obvio, lo más obvio de lo que no me había dado cuenta. Aunque me había dicho que no conocía el centro comercial, minutos antes me pidió que lo esperara en la entrada al estacionamiento del segundo piso, algo demasiado específico. Le volví a escribir. Le dije que ya me sentía mejor, que hasta me sentía tonta por haberme asustado y que iba a subir a esperarlo al estacionamiento. Me dirigí hacia las escaleras. Pero en el último momento corrí, corrí hasta la entrada principal donde por suerte, estaba un taxi libre al que me subí y le pedí que me llevara a mi casa. Al llegar a la privada me recibió el guardia y me dijo que sí habían logrado ver a la persona que le había dicho a mi mamá, que sí había un intruso en la casa de enfrente. Dijo que había salido corriendo un poco después de mí, cuando él apenas iba a revisar la casa. Era un hombre, un hombre de unos 50 años, como de 1.80. Muy, muy delgado, que que llevaba peluca, lacia, larga y ropa negra de mujer. Era, era la señora que me había seguido en el centro comercial. Mi única reacción fue entrar a Facebook en ese momento y el perfil de Jorge ya había desaparecido. Aunque ya vive gente en esa casa de enfrente, cuando salgo y esa luz está apagada y esa ventana está abierta, siempre tengo el mismo recuerdo aterrador. Cuando salgo y la calle está sola, siento que voy a volver a verlo parado en esa ventana.



