[0:00]En cuanto a desarrollo cerebral, la madurez no llega hasta los 20 o incluso hasta los 30 años. Sarah-Jayne Blakemore. Entrena tu cerebro, cambia tu mente. En las últimas décadas se ha descubierto que nuestro cerebro es capaz, durante toda la vida, de cambiar su estructura y su configuración al ritmo de su entorno. El mensaje de Redes de hoy es: ejercita tu cerebro, puede cambiar, nunca es tarde. Eduard Punset nos revela en esta clave, junto a la neurocientífica Sarah Blakemore, las evidencias de la plasticidad del cerebro humano y cómo en los últimos años la neurociencia va a tener mucho que decir en las escuelas.
[0:48]Eduard Punset: Bueno, estamos en un taxi típico de Londres, desde el aeropuerto de Heathrow hasta el centro de Londres. Y el taxi, como se pueden imaginar, lo conduce un taxista londinense, el mismo o el mismo grupo con el que se hizo el experimento más famoso que ha demostrado que los taxistas, créanlo o no, de Londres, tienen más memoria espacial que el resto de los mortales. El segundo experimento se hizo con músicos, también en Londres y en ellos se descubrió que unas conexiones cerebrales muy específicas se desarrollaban más con el ejercicio memorístico de acordarse de las notas, se desarrollaba más que en el promedio de la gente. O sea que gracias a los taxistas y gracias a los músicos, hoy sabemos, nos regodeamos con este concepto de la plasticidad cerebral que permite, en pocas palabras, aprender, en contra de lo que se creía, aprender durante toda la vida de una persona.
[2:11]Sarah, hasta ahora solo teníamos la genética. Cuando nos preguntábamos qué pasaría con la educación, era lo único que teníamos. Pero ahora la ciencia de la neurología y de la psicología se han unido y nos dicen que no solo se trata de la genética, que también están las emociones, la dieta, que hay muchas más cosas. Bueno, de hecho, si esto es cierto, probablemente podemos hacer algo en relación con la educación, que es bastante mala en los tiempos que corren, ¿no? Podemos hacer algo. Sí. Creo que en cierto modo, actualmente la investigación va en esa dirección. Estamos empezando a ver ciertas consecuencias para la ciencia, para la neurociencia concretamente, aplicables a las políticas y a las prácticas educativas. Ahora mismo es bastante difícil sacar conclusiones porque está claro que es demasiado pronto. Pero en el futuro, a medio plazo, la neurociencia tendrá muchas repercusiones en el ámbito educativo. Y hemos, hemos obtenido ya algún descubrimiento que pueda ayudar al ciudadano de a pie. ¿Qué habéis descubierto vosotros? Nuestros estudios se centran en ver cómo se desarrolla el cerebro. Es una ciencia realmente nueva, de hecho, solo existe desde hace unos 5 o 10 años, desde que utilizamos tecnología como la neuroimagen. La resonancias magnéticas cerebrales que nos permiten hacer un escáner del cerebro de una persona viva para ver cómo se desarrolla este a lo largo de la vida. Y estos estudios de investigación muestran claramente que el cerebro sigue desarrollándose durante décadas, y una etapa del desarrollo especialmente crucial es la adolescencia. Y es una crisis, ¿eh? Real, es una crisis. Bueno, lo es. Se ha escrito mucho sobre el tema desde hace siglos, pero lo que no sabíamos es por qué la adolescencia representa un periodo de crisis, de transición cerebral. Un periodo en el que la conciencia de uno mismo, la influencia de los semejantes, la asunción de riesgos, todas estas cosas cambian. Hace una década la mayoría lo hubiese asociado con cambios hormonales. Pero ahora los estudios de neurociencia están demostrando que no solo cambian las hormonas, sino que durante este periodo también se producen cambios drásticos en el cerebro. Se produce, me dicen, una extraordinaria poda de neuronas durante la adolescencia, ¿no? Hace unos 10 años se publicó el primer estudio sobre el desarrollo del cerebro basado en una resonancia magnética. Fue la primera prueba de que durante la adolescencia se producen muchas cosas relacionadas con el cerebro, y desde entonces se han publicado cientos de artículos con muchísimas muestras. Miles de niños a los que se les practica una resonancia cerebral cada tantos años y que revelan que hay muchas diferencias entre un cerebro infantil y un cerebro adulto. El nuevo concepto cuál es entonces? Es la plasticidad del cerebro, a diferencia de lo que se pensaba, de que con la edad las neuronas dejaban de crecer. Ahora resulta que no, que la edad no es un obstáculo y que seguimos aprendiendo y cambiando de distintas formas, pero durante toda la vida, aprendemos durante toda la vida. Sí, sí, es cierto. El desarrollo, los cambios en el número de conexiones celulares y también en la velocidad con la que las células se pueden comunicar. Parece que todo va cambiando de forma natural durante décadas, o más incluso. Y además, existe otro tipo de plasticidad que surge cada vez que aprendemos algo nuevo. Cada vez que aprendemos una palabra nueva o un nuevo rostro, algo cambia en nuestro cerebro. La fuerza de las conexiones entre las células cambia. Y sabemos que podría seguir así para siempre, durante toda la vida. El tiempo. Ay, el tiempo.
[6:21]Desde que nacimos, vamos acumulando horas, días de felicidad. Llegan los hijos, las preocupaciones, las alegrías, la tristeza. Y nos salen las primeras canas, las primeras arrugas, nos duelen los huesos. Hasta hace bien poco se creía que nuestro cerebro, como nuestro cuerpo, iba perdiendo facultades, se iba traseando. Pero, ja, eso se lo han creído ellos. Hace 30 años, los científicos afirmaban que nuestro cerebro se desarrollaba en la infancia. Y que, llegada a una edad avanzada, no podíamos aprender nada nuevo. Por suerte, ahora ya se sabe que eso no es así. Y que, sí, nos hacemos mayores, pero nuestro cerebro está preparado para aprender durante toda la vida, aunque tenemos que ejercitarlo. Ahora sabemos que también en el cerebro adulto se crean nuevas neuronas y que son más importantes las conexiones, las sinapsis, que la cantidad de neuronas en sí. Y esas conexiones sí que se crean. Y con 70, con 80, con 100 años, también podemos aprender informática, un nuevo idioma, o lo que nos echen por delante. Por supuesto, el cerebro envejecido es menos maleable y aprender nuevas cosas, pues eso requiere de más tiempo. Pero vamos, que querer es poder. Y ahora sabemos que hay algo que se llama neurociencia que nos da la razón. Mi nombre es María Soria y tengo 81 años. Algo, algo en lo que creíamos durante años, ah, que podíamos estar en una habitación solos y aprender mucho estando solo. Ahora, ahora me decís que no, que no es cierto, que posiblemente la inteligencia, el desarrollo cerebral, necesiten del contacto con otros cerebros. ¿Es verdad? Sí, parte de mi trabajo se centra en el cerebro social, es decir, la complicada red que conecta las regiones cerebrales que se utilizan para que podamos interactuar con otras personas y entenderlas. Parece que las interacciones sociales están ahí desde el principio, desde el nacimiento. Son sumamente importantes para el aprendizaje y el desarrollo. Hay estudios en Estados Unidos que demuestran que los bebés aprenden mejor si lo hacen de una persona de carne y hueso que de una pantalla de televisión o de la grabación de una voz en una cinta. De hecho, los bebés de hasta 6 meses de edad pueden distinguir el rostro de un mono del de otro mono, y luego pierden esta capacidad.
[9:23]Pierden dicha capacidad, sí. ¿Por qué crees que un bebé necesita distinguir la cara de un mono de otro? No es que los bebés necesiten diferenciar un mono de otro. Lo que ocurre es que cuando nacemos, podemos percibir cada sonido y cada rostro. Pero perdemos la capacidad de distinguir, por ejemplo, entre rostros y sonidos que no están demasiado presentes en nuestro entorno. Por ejemplo, un bebé, un bebé humano no tendrá que ver rostros de monos. Por eso no tiene sentido que invierta mucha energía cerebral en diferenciarlas distintas caras de los monos. Y entonces, probablemente se pierden las conexiones que le permiten procesar las diferencias entre estos rostros, mientras que las conexiones restantes, las que permiten distinguir entre rostros humanos, se ven reforzadas. Una cosa, una cosa que me fascina y supongo que a muchos ciudadanos también, es algo que tiene que ver con, bueno, tú lo llamas, creo, los periodos críticos del aprendizaje. Por supuesto, tenemos los ejemplos terroríficos de dos premios Nobel, ah, no me acuerdo de cómo se llamaban. Hubel y Wiesel. Exacto, Hubel y Wiesel. Hicieron experimentos con gatitos, ellos. Sí, privaron a los gatos. Privaron a los gatos de la visión y los pobres gatitos perdieron el sentido de la vista. En cierto modo, esto demostró que hay etapas críticas para el aprendizaje. Se parecen los humanos a los gatos en este sentido o tienen otros periodos o ventanas. Bueno, al decirlo así has omitido el final de la historia. Lo que estudios posteriores han demostrado es que se puede obtener cierta recuperación de las funciones. O sea, que si sometemos a un gato que ha perdido el sentido de la vista, que ha perdido un desarrollo normal del córtex visual, a un entrenamiento intensivo, se le puede entrenar cerebralmente para que recupere la vista en condiciones más o menos normales. Es decir, que no deberían interpretarse como periodos críticos en el sentido de que una vez transcurridos ya no hay nada que hacer. Sino más bien como periodos sensibles, periodos que son particularmente buenos para adquirir información y desarrollar ciertos aprendizajes. Si pudiéramos retroceder 200.000 años y traernos a un niño al siglo XXI, le bastarían pocos días para acabar jugando a la consola como cualquier crío actual. Del mismo modo, cualquiera de nosotros podría regresar al pasado con los parientes de ese niño y sorprendernos al poco cazando mamuts o haciendo fuego chasqueando un par de piedras. Y es que el cerebro humano no ha evolucionado, es el mismo desde hace decenas de miles de años, pero viene dotado con todos los kits que va a necesitar. Como si fuera una gran caja de herramientas que le permite ir adaptándose a las situaciones nuevas. Fascinante, ¿a que sí? Y en eso somos muy diferentes al resto de animales. Los pájaros instintivamente pueden hacer un nido y las arañas formas geométricas perfectas con los que atrapar a otros insectos. Y es que nacen con una serie de conocimientos inscritos en sus genes. Sin embargo, los seres humanos nacemos con más vacíos de información, pero con una mayor capacidad de aprender. Y para aprender y desarrollar nuestra inteligencia necesitamos estar en sociedad. Lo que facilita que el cerebro actual y el de hace 200.000 años se adapten a los cambios del entorno es que conviven con otros cerebros. Las neuronas espejo, situadas en el córtex premotor, son las encargadas de observar a los otros para que podamos interactuar con ellos, entenderlos y también aprender. Somos cerebros sociales.
[13:19]Eduard Punset: Algo que me fascina de todo esto. Es es constatar, y lo he visto con mis nietas, la relación entre la palabra escrita. Cuando aprenden a escribir, y una pintura o un color, que es algo totalmente distinto. Quiero decir que cuando eran más pequeñas, lógicamente, les resultaba más fácil reconocer una pintura que una palabra escrita. Pero con la edad, no hay nada que pueda contener la fuerza imperiosa de la palabra escrita. Es como un lavado de cerebro, oye, ¿por qué las palabras se vuelven tan importantes, la lengua escrita frente a otros estímulos? Creo que una vez has aprendido a leer no puedes hacer nada para evitarlo. Si ves una palabra que puedes leer, tu cerebro lo procesa, aunque sea una desventaja. De ahí que existan estas graciosas tareas que se conocen como las Stroop tasks, en las que puedes intentarlo. Escribes el nombre de una palabra, por ejemplo, escribes la palabra azul, pero con tinta verde y la tarea consiste en nombrar el color de la tinta. Es verdad, y eres mucho más lento si el color de la tinta es distinto del color de la palabra, porque estás. Te fías de la palabra. Porque tu cerebro no puede evitar leer la palabra y eso interfiere con el hecho de nombrar el color azul. Y así se demuestra que la lectura se automatiza cada vez más conforme aprendemos a leer. Sarah, me han comentado que se podría desarrollar el concepto de plasticidad cerebral. De hecho, se podría hacer después de 2 o 3 experimentos. Bueno, uno de los primeros experimentos fue un estudio hecho en Londres sobre los taxistas londinenses. De una de mis colegas en la Universidad de Londres. Allí para llevar un taxi tienes que saberte no sé cuántos miles de rutas. Creo que son unas 25.000 rutas. Increíble, eh. Tienes que aprendértelas todas de memoria, así que se trata de personas con una memoria espacial prodigiosa. Ella los estudió y se fijó en la estructura y funciones de sus cerebros y lo que descubrió fue que comparando con otros conductores, el hipocampo, que es una parte del cerebro que se encarga de la memoria y del aprendizaje espacial, una parte de este era mayor. Mayor, ¿eh? Sí. En los taxistas, comparado con otros conductores, el tamaño de esa parte del hipocampo tenía que ver con el tiempo que habían estado conduciendo taxis. Cosa que sugería que realmente el tamaño tenía que ver con la necesidad de moverse por Londres. O sea, o sea que la gente que siga creyendo que no se puede hacer nada o casi nada, en torno a lo que somos, que tenemos el cerebro que tenemos y punto. Bueno, que vayan cambiando de opinión. Porque fíjense, los conductores de taxi aquí en Londres, les ha crecido el hipocampo a base de memorizar, simplemente, las nombres de calles. En Sara, parece que hay otro ejemplo que tiene que ver con los músicos. Hay estudios sobre violinistas. Violinistas, sí. Violinistas expertos, cuyos cerebros, más concretamente la parte de sus cerebros que controla el movimiento de los dedos de la mano izquierda. Porque utilizan la mano izquierda. El hemisferio derecho es mayor en los violinistas expertos. De hecho, creo que se trató de un descubrimiento especialmente importante para los violinistas que practicaban desde la infancia y menos importante para los violinistas que aprendieron de mayores. Además, actualmente hay estudios muy interesantes sobre las personas que aprenden a hacer malabarismos, que aprenden a hacer juegos malabares con pelotas. Si comparamos el cerebro de personas antes de que hayan aprendido a hacer malabarismos y después de 3 meses de aprendizaje, la parte del cerebro que interviene en el procesamiento de los movimientos visuales. El hecho de tener que seguir la trayectoria de la pelota incrementa el tamaño del cerebro. Y algo interesante es que si dejan de practicar durante 3 meses, el cerebro se encoge y vuelve a su estado original. O sea, que tiene mucho que ver con este concepto de la plasticidad cerebral. Hay que entrenar el cerebro y seguir practicando porque si no, vuelve a donde estaba. De la misma forma que cuando practicamos un deporte se desarrollan más determinados músculos, en la última década técnicas como la resonancia magnética han permitido ver que con el cerebro pasa algo similar. Ahora se puede medir la actividad cerebral de una persona mientras esta desarrolla una tarea y ver de qué forma el sistema nervioso se adapta continuamente a las circunstancias cambiantes. Cuando aprende una nueva lengua, una habilidad, una ruta distinta hacia casa o al ver una cara nueva. Y como en el caso del deporte, los cambios de la estructura del cerebro van asociados a su uso. Cada día recorren la ciudad, se manejan por un entramado complejo de calles, avenidas y rondas. Recuerdan que hay obras en una zona determinada y las sortean. Se saben de memoria cientos o quizás miles de rutas. De toda esa información espacial se encarga el hipocampo, una región cerebral con forma de caballito de mar. Nos ayuda a recordar dónde están las cosas o cómo volver a casa. Y almacena información sobre coordenadas espaciales. Esa zona, cuando una persona se convierte en un experto de la navegación, se desarrolla más. Por eso, en un taxista es mucho mayor que en un conductor normal de la misma edad y sexo. El tamaño depende del tiempo que lleva conduciendo el taxi y usando a fondo su memoria espacial. Lo interesante de esto es que ahora se sabe que todos podemos ejercitar nuestro hipocampo para mejorar la memoria espacial y la navegación. La parte del cerebro que procesa la música está situada a ambos lados de la cabeza, muy cerca de las orejas. Se denomina córtex auditivo y en los músicos puede ser hasta un 25% más grande que en las personas que jamás han tocado un instrumento. Y como ocurre en los taxistas, el tamaño del córtex auditivo depende de los años que lleve esa persona dedicada a la música. Pero este no es el único cambio en su cerebro. También las regiones que controlan el movimiento y el tacto se transforman como consecuencia del uso.
[20:16]Cuando el dedo toca una cuerda, este estímulo sensorial activa neuronas en el córtex somatomotor del lado opuesto. Además, un nivel alto de actividad refuerza las conexiones entre los grupos de neuronas excitadas. Y si un adulto empieza a tocar el violín, también cambia su córtex somatomotor. Se ha demostrado que se necesitan apenas 5 días para que las áreas sensorial y motora se modifiquen y se adapten a la nueva actividad. Aunque si dejamos de tocar durante mucho tiempo, perdemos flexibilidad y conexiones sinápticas. Nuestro cerebro es moldeable. Tiene una gran capacidad para cambiar y adaptarse en función del entorno y de nuestras experiencias y puede, además, reorganizar funciones. En las personas sordas, el córtex auditivo, en lugar de procesar el sonido, se activa para leer los movimientos de los labios. Se adapta a las circunstancias y responde a otras señales que la persona sorda necesita procesar y entender.
[21:17]Eduard Punset: Yo solía burlarme de la gente que hace crucigramas del periódico. Pero me contestaban, es para recordar mejor, para mejorar mi memoria. Así que es verdad, estaban mejorando su memoria. Sí, bueno, hay muchos estudios sobre ello porque ahora se pueden comprar videojuegos nuevos. Como por ejemplo, Brain Training, no sé si has oído hablar de este videojuego. Sin embargo, es un tema polémico porque se trata de saber para qué sirve realizar este tipo de ejercicios, crucigramas, puzles enormes y este tipo de cosas. Creo que el consenso general, desde un punto de vista neurocientífico, es que entrenarse en este tipo de actividades claramente mejora o cambia la parte del cerebro donde se encuentran estas habilidades. Es decir, que si haces muchos crucigramas cada vez los harás mejor. Y la razón van a ser ciertos cambios cerebrales. Pero la cuestión es saber si esto tiene un impacto para cualquier otra habilidad, en las habilidades en general, por ejemplo. Sí, sí es general. No hay ningún indicio de que así sea y habrá que seguir investigando. Eduard Punset: Pero si todo esto de lo que estamos hablando contiene aunque sea solo una media verdad, entonces las perspectivas de cambio para la educación son inmensas. Sí, estamos empezando a saber mucho más sobre lo que sucede en el cerebro cuando aprendes cosas distintas como matemáticas o cuando aprendes a leer y escribir, cuando interactúas socialmente o cuando utilizas distintos métodos de aprendizaje. Pero creo que lo más importante que hay que recordar es que todo ello va a tener consecuencias para la educación. Estoy pensando ahora en un amigo mío que tiene mi edad, o quizás un poco más joven. Es italiano, Giacomo Rizzolatti, y tú lo conoces muy bien porque descubrió en los monos lo que llamáis las neuronas espejo. Así es, y descubrió que con solo mirar a alguien haciendo algo, tú aprendes a hacerlo también. Y si intentas imitar lo que el otro está haciendo, entonces aprendes más de prisa. Habría que intentar aplicarlo a la educación, ¿no crees? Habría que aplicarlo. Sí, y hay otros ejemplos que van en esa misma dirección como cuando simplemente te imaginas haciendo algo, por lo que se activan las mismas regiones cerebrales que cuando realmente haces lo que habías imaginado. Lo que significa que la práctica mental puede ser eficaz ya que si nos imaginamos haciendo algo, no sé, corriendo, por ejemplo, puede influir en nuestra velocidad. Bueno, es una influencia muy sutil pero significativa en cosas como la fuerza de nuestros músculos, con solo imaginarlos, sin hacer absolutamente nada. Y se supone que es porque cuando lo imaginamos se activan las mismas regiones cerebrales que cuando hacemos ejercicio de verdad. Recuerdo que en una ocasión me encontraba en Boston, en Estados Unidos, y estaba con uno de los mayores expertos en nutrición del mundo. Y al final de la conversación me dijo: mire, Eduard, la nutrición y la dieta son muy importantes para la salud, pero hacer ejercicio es todavía más importante. Esto es lo único de lo que estamos seguros. Así que parece que hacer ejercicio es muy importante para la salud. Sí, se trata de un tema muy interesante. De hecho, no sabemos cómo influye a largo plazo el ejercicio en el cerebro humano. Pero lo que sí sabemos de distintos estudios hechos con ratones y ratas es que el ejercicio influye en el cerebro. Es en aquella parte del cerebro, el hipocampo, que se encarga de la memoria y del aprendizaje, donde más influye el ejercicio. Hay estudios de hace algunos años que demuestran que cuando los ratones pueden hacer todo el ejercicio que quieren, nuevas células tienden a crecer en su hipocampo, muchas más que en los ratones que no pueden hacer actividad física.
[26:53]Sería muy útil enseñar a los jóvenes en el instituto cómo se desarrolla su cerebro. Sarah-Jayne Blakemore. Redes. Dirección Eduard Punset. Realización Ramón Balaguer. Edición científica Miriam Peláez. Producción Sylvia Peder.



