[0:08]Él avanzó por el largo pasillo hacia la sala del trono un poco irritado, ya que en esos sombríos tiempos volar por los cielos de Macragh era uno de los pocos momentos donde Sanguinius se sentía libre de todas las ataduras y responsabilidades que había aceptado, aunque de mala gana, siguiendo el plan de Roboute y el León. Pero la alarma de alerta en la pulsera de su mano no era algo que él pudiera ignorar, ya que era un llamado urgente de su guardia personal, y él sabía bien que no hubiera sido interrumpido de no ser urgente su presencia en el trono. Por lo que controló su ira y prosiguió a cumplir su deber como regente. Una estatua algo mediocre ocupaba gran parte del ala derecha de la cámara, pero no estaba allí por su valor artístico. Toda ella estaba envuelta en explosivos, una trampa desesperada para aquellos que tuviesen la intención de echar por el fango al nuevo emperador junto con el anterior. Sanguinius se detuvo ante el Señor de la Humanidad, el Emperador miraba hacia un lado con sus ojos vacíos fijos en un paisaje invisible. Por qué tuviste que morir, padre, siento mi atrevimiento al haber asumido tu título, Roboute dice que lo comprenderías, pero yo, yo ya no estoy tan seguro. Tocó el pie blindado de la figura, también siento mi indecisión, siento que te hemos fallado. Sanguinius se inclinó por la cintura y se tocó la frente, luego atravesó las puertas doradas que conducían a la sala del trono. La sala del trono era lo suficientemente grande para que Sanguinius pudiese alzar vuelo en su interior, pero prefería evitarlo. Se sentía como un pájaro enjaulado cuando volaba allí dentro, en lugar de eso, caminó hacia la extensa nave lateral. Ascalion, estoy aquí, hijo mío, qué te preocupa tanto para apartarme de mis reflexiones? No hubo respuesta. Uno de los estandartes que adornaban en la avenida hundió al golpearlo una repentina corriente de aire frío. Sanguinius lo miró y el extremo se agitó cerca del lugar donde Guilliman había descargado su ira en la pared. Sanguinius se dio la vuelta, la mayoría de los candelabros de pie estaban apagados. Unos pocos orbes de lumen flotaban en el aire, arrojando una luz tenue que no conseguía penetrar las sombras, y que en las zonas donde más compactas eran, lograban confundir hasta la vista del primarca. La habitación estaba fría, sus plumas se sacudieron mientras la piel que rodeaba sus cañones se volvieron tirantes. Se detuvo y olisqueó el ambiente, bajo el aroma refrescante de las nubes que anunciaban lluvia, había un hedor nauseabundo, tan fétido como la mugre acumulada de un matadero sucio. Con paso indeciso, siguió caminando con todos los sentidos atentos ante cualquier peligro. Algo andaba muy mal, Sanguinius se arrepintió de no haberse puesto la armadura. Ascalion. Su voz retumbó por toda la sala del trono vacía. Se acercó al trono, que brillaba levemente bajo un rayo de luz. Guilliman hacía las cosas de un modo bastante aséptico, pero tenía mano para la teatralidad cuando encajaba con sus metas. Subió la tarima y desde allí pudo observar la sala del trono de un extremo a otro sin problemas. Luz. Las velas no llamearon como siempre solían hacer, los pocos lúmenes dispersos siguieron siendo la única fuente de luz de la habitación. Las sombras se condensaron en el rincón más oscuro y Sanguinius se acercó a aquel punto sombrío. El repugnante olor se volvió más fuerte y como respuesta, desenvainó a medias la espada. Sanguinius se aproximó a aquella figura, había colgado una capa negra de un material apestoso e inmundo en una columna. La persona que la depositó allí lo había colocado con astucia, le había dado la forma de un cuerpo humano manejando con precisión los pliegues. El Ángel alargó la mano y tocó la capa, y esta cayó al suelo tras desprender un soplo de aire pestilente. Volvió a guardar su espada en la vaina con un chasquido. Estoy detrás de ti, Sanguinius. Sanguinius se dio la vuelta para mirarlo cara a cara, sacando la espada de su vaina con un chirrido musical. Sentado en el trono de Sanguinius y con Azkalion inerte a sus pies, estaba su hermano, Ave, Emperador. Pronunció Konrad Curze. Unos 153 centímetros de brillante acero brillaban en la penumbra, resplandeciendo con la luz interior de un campo disruptor activado. Curze se protegió los oscuros ojos de la luz, poniendo caras graciosas, como si estuviese batiéndose en un duelo de muecas con un niño pequeño. Ahórratelo, querido hermano, no será necesario, tú ya no eres mi hermano. Contestó Sanguinius. Caminaba a paso lento por el transepto, dando vueltas alrededor del trono, posó una mano sobre la empuñadura de su arma, preparado para el ataque de Curze, que llevaba vestido con la sucia armadura de batalla azul al completo. Alrededor del cierre del cuello, tenía la piel llena de suciedad. La línea del metal estaba tintadas de una gruesa capa de color marrón, formada por la sangre seca, pero sus garras estaban limpias. Los garfios que le anecían de las muñecas se alargaban más allá de sus manos y resplandecían con el brillo propio de haber sido limpiados recientemente. Las alas de Sanguinius se retorcieron, dudaba que fuese a sobrevivir a ese encuentro. Tanto el León como Guilliman lo habían pasado mal cuando se habían enfrentado juntos a Curze, pero entonces, mientras pensaban en la lucha, unos destellos del futuro irrumpieron sus pensamientos y le otorgaron una serie de golpes y contragolpes. Curze levantándose de un salto del trono, un chaparrón de espadas, Sanguinius destripado, Sanguinius dando un salto en el aire. Curze yace muerto, Curze esperando a que Sanguinius se acerque para después arrancarle la cabeza de los hombros. Sanguinius anticipando el movimiento de su enemigo y enterrando su espada en el esternón de Curze. El primarca sacudió la cabeza, aturdido. En un abrir y cerrar de ojos, un montón de posibilidades sangrientas le inundaron la mente. Intentó apartar las imágenes de su conciencia, pero estas se negaban a marcharse. Curze lo miraba con una especie de curiosidad malévola. De forma distraída, daba golpecitos con el pie sobre la coraza de Azkalion. El majestuoso rostro perfecto del legionario caído poseía la inmortal belleza de una escultura. Sanguinius se esforzó al máximo por escuchar si su hijo todavía respiraba. Tenía a su disposición el paisaje sonoro de la sala para analizarlo como quisiese con sus sentidos poshumanos. Cada corriente de aire y cada eco retumbaban con fuerza. El funcionamiento del metabolismo de Curze resonaba como el rugido de un volcán a punto de entrar en erupción. El propio cuerpo de Sanguinius amenazaba con acallar los sonidos que tanto ansiaban oír. Durante un angustioso segundo, no consiguió detectar nada. Pero entonces oyó el susurro del aire que se escapaba de los labios del legionario caído, así como el débil latido de los corazones gemelos. La esperanza le inundó el pecho. Azkalion sigue con vida. Curze abrió un poco los labios para dejar a la vista los negros restos de lo que antaño habían sido unos dientes. Sanguinius retrocedió ante el hedor que emanaba del aliento del primarca. Curze juntó un sucio dedo con el pulgar y los frotó en un gesto propio de un comerciante. Es un seguro de vida, nada más. Si te portas bien, te lo devolveré. Has venido a matarme, como ya intentaste matar al León y a Roboute. Te equivocas. No me mientas, Konrad. De qué sirve? Ambos sabemos cómo va a terminar todo esto. Curze puso los ojos en blanco. Pero cuántas veces voy a tener que repetirle a todo el mundo que ya no respondo ante ese nombre, acechante nocturno, acechante nocturno, no es tan difícil de recordar. Sacudió la cabeza con gestos de disgusto. Un manto de pelo graso le golpeó la coraza. Ah, no te acerques tanto, Ángel. Dijo Curze y acarició a Azkalion con el pie como cualquiera habría acariciado la barriga de un animal de compañía. Puedo quitarle la vida a este legionario en un santiamén, pero no lo haré. Te lo prometo. He venido a hablar contigo. Pues yo no tengo nada de qué hablar contigo. En tal caso, después me iré. Mis más sinceras disculpas, querido hermano. Yo sí tengo algo que comentarte, Sanguinius. O es que acaso lo que yo quiera no le importa al glorioso emperador de la humanidad. Siempre ha sido un quejica, Curze. Acechante nocturno.
[9:37]La auténtica verdad objetiva de todo esto, hermano, es que no estoy completamente seguro de que pudiese matarte si quisiese. Tú y Guilliman hablan a menudo de la lógica, así que vamos a pensar en los hechos que tenemos aquí. Soy más diestro que tú con las armas, desde siempre. Soy mejor que la mayoría de ustedes. Llevo mi armadura, tú no. La hoja de tu espada no es más que de acero y energía, mientras que yo poseo mis garras. Curze tamborileó sobre los brazos con forma de águila del trono con el dorso de una de las garras. Pues venga, inténtalo, ataca. Vamos a poner a prueba nuestras relativas habilidades. Pero eso es mucho más que una cuestión de simple arte de guerra. Tú y yo tenemos algo en común, una visión del futuro, y esa es una característica que nos deja al mismo nivel. Cuando uno puede adivinar las intenciones del otro, qué sentido tiene? Este maldito sentido.
[10:55]Sanguinius puso la punta de su espada contra su hermano. Se abalanzó sobre Curze con un rápido movimiento de las alas y sus cadenas se rompieron al abrirse de golpe. Curze se movió con tal prontitud que Sanguinius apenas fue capaz de ver cómo dejaba el trono. Su hermano se fundió con las sombras, con la capa dando vueltas a su alrededor. Cualquier otra criatura se habría visto afectada, pero Sanguinius no. Los destellos de las visiones se volvieron más molestos, pues se clavaban en su córtex visual como si fuesen unas uñas. Vio dónde estaría Curze en un momento antes de que realmente estuviera allí y lo atacó con antelación. Su espada se encontró con una de las garras del primarca. La respuesta de Curze que esperaba, la bloqueó con su espada y la siguiente y la siguiente a esa. Abrió una brecha, pero Curze la cubrió y el acechante nocturno se movió para destriparle, pero Sanguinius ya no estaba allí. El baile iba mucho más allá de la anticipación en combate. Él veía, el ángel y el acechante nocturno lucharon por la sala del trono a una velocidad que un humano medio le costaría seguir. Correspondían el ataque del otro una y otra vez. Ambos podían ver el movimiento de su enemigo antes de que se materializase y lo respondían de forma apropiada. Las visiones de Sanguinius, que de normal eran poco frecuentes, manaban de su cabeza en un torrente exasperante. Durante unos interminables minutos se enfrentaron, ninguno de los dos fue capaz de sacarle ventaja al otro y derrotarlo. En un acuerdo tácito, ambos se separaron. La peste que destilaba Curze había aumentado con creces a causa del esfuerzo. Y la perfecta piel de Sanguinius estaba perlada de sudor. Ambos resollaban un poco. Ves lo que te decía, no creo que tengas la misma capacidad que yo, pero puedes comprender un poco cómo es mi vida, ja. Dio un salto mortal hacia atrás y aterrizó con suavidad de pie junto al cuerpo de Azkalion. Y eso, es aburridamente predecible. No me parezco en nada a ti. No, todo luz, honor, esperanza y gloria, mientras tanto, yo debo sufrir una vida desprovista de sorpresa. Cada momento de esta ya visto antes de que pase. Pobrecito de mí. Qué haces aquí, Curze? Tu misión es hablar conmigo hasta revelar una astuta trampa. No me vas a engañar como a nuestros hermanos. Sin trucos. Lo dice en serio? He venido a hablar, la verdad. Esbozó una sonrisa de oreja a oreja y se inclinó. Los movimientos de Curze poseían una elegancia que parecía obscena cuando los ejecutaba su larguirucha figura. Su presencia estaba cargada de presagios. De repente, se movió, casi demasiado deprisa como para que Sanguinius pudiese seguirle. Los personajes tenebrosos de las leyendas tenebrosas se movían como él. Se detuvo y tomó a Azkalion por el tobillo. Ya lo sé. Ahora me vas a decir, voy a llamar a mi guardia, mis hijos vestidos con su armadura dorada. Vamos a matarte. No podrás detenernos. Bueno, pues no lo harán, y sí que puedo detenerlos. Ya viste lo que les hice a los hijos del León y a los del Regtano Vengador. Volveré a hacerlo y lo haré de buena gana. Si eso no basta para disuadirte, entonces la muerte de este legionario, tan preciado, tan querido bastará. Me repugnas. Tan bueno, tan estúpido, el gallito favorito de padre, pavoneándose en el gallinero. La monstruosidad no es justo el sentido de mi vida. Di, hermano, tengo curiosidad. Eres de los que cree que nuestra dispersión fue cosa del azar o de los que cree que no. Yo creo que Guilliman pertenece al segundo grupo. Puedo ver cómo el pensamiento se pasea por su aburrida mente, como un roedor en un laberinto, desesperado por encontrar una forma diferente de escapar, pero no consciente de que solo existe una salida tras la que lo espera un felino, tic, tac, tic, tac.
[15:21]Unas garras en las paredes. Has venido para preguntarme eso. Estás mal de la cabeza. He venido, y te lo estoy preguntando. Acaso mi propósito importa? Venga, Ángel, de verdad crees que fue cosa de la casualidad? Quiero saberlo. A todos y cada uno de nosotros nos dejaron en un mundo que resultó encajar a la perfección con nuestras personalidades. Personalidades que nuestro padre maquinó, además, el carácter de muchos de los hijos de Terra de nuestras legiones también encajaba con los mundos en los que nos encontramos.
[16:03]Ah, sí, claro. Ambos podemos ver el futuro. Por lo tanto, me imagino que padre lo puede leer como si fuese el periódico dominical. Puedes quedarte ahí de pie y decirme que todo fue obra del azar. No, no me contestas. No, no, que no me contestas o no que no lo crees. Sanguinius bajó la espada un par de milímetros. No lograba discernir por qué confiaba en Curze, pero las palabras se le escaparon de los labios y no habría podido detenerlas ni aunque esa hubiera sido su voluntad. No, no creo que fuese cosa de la casualidad. Sí, sí, ves. Un hombre que planea algo así durante tanto tiempo y con tanto esfuerzo para, en el momento de la victoria, dejarse engañar, no tiene sentido. Felicidades, estás a mitad de camino de ver la verdad. Que nuestro padre era un mentiroso? Era, en efecto, un mentiroso, y uno mucho más.
[17:07]Pues yo soy un monstruo, porque es todo lo que puedo ser, y de la misma manera, tú eres un ángel. Hiciste tu elección, Curze, padre solo nos hizo, no determinó nuestro futuro. Nos hicieron para que fuese así, nada podía cambiarlo. Lo sé, porque lo he intentado. Lo he intentado de verdad, para qué? Para que él pudiese verme sufrir al fracasar, para que él pudiese apuntar sus observaciones en los gráficos de su laboratorio. Qué clase de padre hace que su hijo sea de una manera para después castigarle por ser así? Crees que yo soy cruel? Él es más cruel que yo. Y van a castigarme por hacer aquello, por lo que me creó. Cómo puedes ser justo? Cómo puedo seguir al hombre que me hizo esto?
[18:09]Pues, ya lo ves, se mereció la traición. No lo creo, Konrad. Los padres mienten a sus hijos para protegerlos, para salvarlos. Nuestro padre se escondió durante incalculables milenios entre la humanidad y se reveló solo cuando él consideró que había llegado el momento oportuno para hacerlo. La historia de nuestra dispersión era una mentira necesaria, si es que es una mentira. Lo que nos diferencia a ti y a mí es que tú ves un motivo siniestro en sus acciones y yo no. Su secreto me hizo daño, Konrad, tanto como a ti, y también me duele la conclusión a la que has llegado, pero no voy a dejar que me embargue la desesperación. Esa es la verdadera diferencia entre tú y yo. No voy a abandonar el sueño de nuestro padre, su plan por el bien de la humanidad. Un bien dado a una especie que carece en absoluto de bondad. Sabías que aquí mismo, en el corazón del pequeño paraíso perfecto de Guilliman, hay gente a la que no se cuida, estado escondido en los barrios líridos. Los pregonados códigos civiles de Roboute se desenvuelven alrededor de los bordes de lugares como esos barrios. Herméticos como muros, pero no penetran en su interior. El acechante nocturno se acercó a su hermano, Sanguinius le correspondió, un paso por otro, manteniendo la distancia entre los dos. Curze arrastró a Azkalion como un niño enfadado arrastraría un juguete, sin el menor miramiento, sin ser consciente del daño que inflige a las cosas que cuida mientras da rienda suelta a un enfado sin sentido. He estado allí, entre los forasteros, los despreciados. Hablan de mí en susurros. Han aprendido a temer la oscuridad, pero nuestro hermano me ha encontrado. Se le ha ocurrido al León buscar allí o en cualquier lugar de Macragh. No, idiotas. Prácticamente les estaba gritando que viniesen a por mí. Si quisieras ver este mundo y ver la esperanza del futuro, ve a los barrios pobres. Allí verás la desesperación del presente, y sabes tan bien como yo que la esperanza por el futuro es una mentira. Todo se remonta al principio, y nuestro principio es muy oscuro. Hermano, de verdad crees eso, que todo esto podía evitarse? Creo que la traición de Horus formaba parte del camino trazado por nuestro padre. Yo no. Curze levantó los brazos como si fuese a abrazar a su hermano. La bota de Azkalion sonó contra el suelo cuando se chocó contra él. Ves, qué conversación íntima entre hermanos más maravillosa estamos teniendo. Por qué no podríamos tenerla? Nuestros hermanos están muy unidos. Fulgrim tenía en muy alta estima a Ferrus antes de que este lo matara, y después, Ferrus también estaba muy unido a Vulkan. Era muy fácil que te cayera mal Ferrus, pero el resto lo querían tanto. Quizás que él de una esperanza para mí. Hay esperanza para todos, Konrad. Curze esbozó una sonrisa de satisfacción. No, eso no es verdad. A mí me odian, tú siempre me has odiado. No te odian, tú te me odian. Tanto como amaban a Ferrus, pero qué importa el amor? Él está muerto y yo sigo vivo. Mi muerte no me llegará por sorpresa como la suya, asesinado por un hermano que afirmaba que lo quería. Con semejantes lazos entre nuestros hermanos, por qué no deberíamos ser íntimos tú y yo? No me atrevería a afirmar que somos iguales, eso sería una tontería absurda. Pues sí que nos parecemos. Sí, sí, creo que tú también puedes verlo, no? Un Ángel de luz y un Ángel de oscuridad. Me pregunto si tú, si tú hubieses sido yo, y yo hubiese sido tú. Yo ocuparía tu lugar, rodeado de gloria dorada, y tú estarías aquí de pie entre la suciedad. No, no lo creo. Yo creo que tú estarías muerto y enterrado. Entonces tú mismo reconoces que no nos parecemos. Somos hermanos, nos parecemos. Tienes que decidirte. Por qué padre no lo hizo? Nosotros, los dos, estamos llenos de ira. Sientes ira. Puedo notarlo. Lo llevas adherido a ti como la peste de un cadáver que lleva una semana muerto. Somos seres prometianos. A todos nosotros nos aqueja nuestro genio, pero no me aflige. Sé más que tú. Tú piensas que eres el Señor de la Ira, porque te has enfrentado a ella, has luchado contra ella y has ganado. Quizá lo seas, hermano, quizá hayas vencido al monstruo que todos llevamos dentro. Guilliman jamás le hizo frente. No, de verdad, la anciana Euten, tan querida por Guilliman, estuvo allí con él para tomarle de la mano cuando tenía miedo. Enterró sus pasiones bajo una capa de hielo y cálculos, mientras su madre le acariciaba los cabellos. Quién estaba allí para cuidar del acechante nocturno cuando temblaba en la oscuridad? Me enviaron solo a un infierno oscuro. He pasado miserias que acabarían contigo. He visto a los débiles aquejado por los fuertes, violaciones, mutilaciones, personas consumidas. Y yo me enojaba, y me enfadaba por todo eso, y lo intenté, Sanguinius, lo intenté, me esforcé tanto por hacerlo correcto, hasta que vi que me estaba enfrentando al verdadero orden del universo. Comprendí que no puedo luchar contra el sufrimiento. Me di cuenta de que no habían creado para perfeccionarlo. Nacemos, sufrimos y después morimos. No hay nada que podamos hacer para evitarlo, todo está establecido. Desde el mismísimo comienzo, todo fue establecido mucho tiempo atrás. Por qué no eres capaz de ver esa sencilla verdad? Una imagen parpadeó en la mente de Sanguinius. Su cuerpo muerto en el suelo, el rostro de Horus hinchado por una maldad inimaginable, que miraba su cadáver de manera lasciva. Konrad asintió de modo alentador, como si él también lo hubiese. Vivimos en un universo en el que nuestros pensamientos y nuestros miedos crean cosas que ansían con fuerza devorarnos. Parecen más fuerte que nosotros, los nonacidos, pero no lo son. Si nosotros no existen, sin ellos somos unas naves vacías de barro que nos apresuramos por volver a ser polvo. La misma moneda, diferentes caras, y nos esforzamos en aniquilarnos los unos a los otros, pero no tiene sentido, Sanguinius. No existe razón alguna para todo esto. No lo ves. Curze comenzó a ser más persuasivo, estaba desesperado por convencer a su hermano. Padre es el peor de todos. Está quejado por el vicio de la esperanza, Ángel. De todos nosotros, él es el que ve con mayor claridad. Lo sabía todo, mintió para protegerse a sí mismo, la disformidad, la energía que hay allí. Que no pudiese confiarnos ese conocimiento no es más que un indicio de su debilidad. He visto tantas cosas, hay dioses y tienen hambre. Nada podrá derrotarlos. Solo hay sufrimiento y no hay forma de escapar de la muerte. La esperanza es la venda que nos deja ciegos, arráncate de las de los ojos y podrás ver lo que veo, hermano. He visto la visión que te atormenta. Morirás a manos de Horus. Lo sé, estoy tan seguro de eso como de que yo moriré por la voluntad de nuestro padre, y que ese es y ha sido siempre la culminación de su plan. Quizá no tengamos que ser amigos. La familia está sobrevalorada. No vas a engañarme con tus palabras. No te estoy engañando, escúchame estúpido, pretencioso, solo tú, solo tú entre todos ellos, Sanguinius. Solo tú puedes entender. Estás aquí por algo, Curze, qué quieres? Tus hijos atacan el mundo Faros. Tus hijos. El humor del primarca cambiaba de un momento a otro. La llama de su cordura siempre a punto de apagarse. Se produjo un cambio en su interior y de repente se mostró meditibundo y se olvidó de los comentarios que había hecho hacía unos instantes. En serio. Qué interesante. No hagas como que no sabes de lo que te hablo. Dime la verdad en consonancia con la honestidad que me pides a mí. No estoy actuando. De verdad que no tengo ni idea que estará haciendo. Los abandoné en tramas. Creí que estaban todos muertos. Bueno, en cualquier caso, esa había sido mi intención.
[28:01]Pero estoy muy impresionado. Han empezado una guerra ellos solitos.
[28:08]Unos muchachos inteligentes, creí que habían perdido el rumbo por completo. Sí, asesinos y malvados. Todos ellos los odio, pero quizá después de todo, puedan servirme para algo. Esto cambia totalmente las cosas. Si no puedo controlarlos y ellos no van a morir, entonces la única opción que me queda es dirigirlos una vez más. Los defectos de tus hijos, son los defectos de su padre. Ay, pero qué oportuno. Pues mostramos nuestros propios defectos. Mis hijos no son como los tuyos, tan nobles, valientes, tan hermosos. Acaso conocen el veneno que les has inculcado? No me mires así. Conozco la sed que escondes. He visto cosas como esa en la disformidad, uno de los amiguitos de padre intentó matarme con un demonio. No funcionó, pero me transportó al Imperio. Tuve unas vistas maravillosas mientras estuve allí. Nada puede sobrevivir a la disformidad. Yo sobreviví. No soy nada. Me ofendes, hermano. He sobrevivido y ahora lo sé todo. Sé el final de esta historia. Una mirada maliciosa se cruzó por los ojos del acechante nocturno. Y conozco las verdaderas intenciones de padre. No es que eso importe. La galaxia arderá siempre. Se avecinan ciertas cosas que harán que la pequeña insurrección de Horus parezca favorable. Mientes. Curze sacudió la cabeza. Miento, tienes razón. Miento bastante a menudo. Lo lamento mucho, por cierto. Podría decirse que es un defecto que tengo. Pero esta vez no te estoy mintiendo. Te estoy diciendo la verdad, porque como ves, no tengo razones para mentirte. Ya no te lo diré más. Sanguinius levantó la espada, por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe. Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía.
[30:49]Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[31:07]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[31:39]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[32:11]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[32:43]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[33:15]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[33:47]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[34:19]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[34:51]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[35:23]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[35:55]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[36:27]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[36:59]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[37:31]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[38:03]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía. Sanguinius levantó la espada. Por un momento, los hermanos se miraron el uno al otro. Curze se quedó quieto, con los brazos abiertos de par en par. El acechante nocturno estaba en tensión, anticipando el golpe.
[38:35]Hazlo, atraviésame con la espada, cobarde. Haz lo que Vulkan, el León y el estúpido de Roboute no pudieron hacer. Mata al monstruo y demuestra tu valía.
[38:55]El interruptor del hombre muerto conectado al guantelete de Azkalion se activó y la estatua del emperador de la antesala explotó, lo que destrozó las puertas de la sala y acabó con los miembros de la guardia sanguinaria que vociferaban tras ella. Los escombros y parte de los cuerpos de los legionarios saltaron por los aires y por el suelo de mármol. La onda sísmica lanzó a Sanguinius hacia atrás y se estrelló contra su trono. La pared de la sala del trono se desplomó hacia fuera y con ella, parte del techo se vino abajo. La sangre y larga masa en polvo tiñeron las losas. Las ruinas de los escombros derrumbó las murallas de la fortaleza de Hija y cayó hacia la ciudad que había debajo de ella. Curze no sufrió ningún daño, ya fuera por la suerte o a propósito, había encontrado un lugar que había quedado indemne a la explosión. Se quedó junto a la destrozada pared, mientras el frío viento que soplaba en el exterior le agitaba la apestosa capa. Miró de nuevo a su hermano, con el cuerpo mutilado de Azkalion entre los brazos. Las miradas de los dos primarcas se encontraron e intercambiaron un destello de gran comprensión. El dolor y la rabia de Curze embargaron a Sanguinius, y el ángel sangriento cayó de rodillas ante el trono. Cómo podía saberlo, Konrad, el primarca le había cercenado el brazo a Azkalion a la altura del codo. Pero un espeso coágulo de células laramana se formó por encima del muñón. Una herida como esa era dolorosa para un legionario, pero no era mortal. Azkalion se movió y lanzó un chillido cuando Curze lo levantó por encima de la cabeza. No, no tienes por qué hacerlo. Si de verdad piensas lo que me acabas de decir, entonces mi visita ha sido una gran pérdida de tiempo. Todo se remonta al principio. Entonces, con una arremetida como si su cuerpo fuese un látigo, lanzó a Azkalion desde las murallas destruidas de la fortaleza. El cuerpo del legionario se elevó en el aire, enviado a gran altura por la gran fuerza de Curze, y durante un momento, pareció que se detenía por encima de las luces de la ciudad de Magna de Macragh Civitas. Pero entonces, cayó en picado y desapareció. Pero Sanguinius ya se había puesto en movimiento, con las alas extendidas, salió de la nada de entre la lluvia y la oscuridad y se zambulló en las inmensas murallas, desesperado por rescatar a su querido hijo.
[41:43]Sus alas extendidas batían con desesperación mientras se lanzaba en picado hacia el suelo. Sus manos rodearon la greva de Azkalion a solo un par de metros por encima de la parte superior de los altos edificios de la ciudad. Sanguinius lo elevó planeando en picado, mientras el suelo se precipitaba contra ellos y el cambio de dirección le desgarró los músculos.



