Thumbnail for Izquierda y Derecha (no existen) by MIGALA

Izquierda y Derecha (no existen)

MIGALA

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[0:00]La izquierda y la derecha no existen. Antes, tal vez en 1791, durante la Revolución Francesa, cuando en la Asamblea Legislativa se reunieron nobles y burgueses para discutir el futuro del reino. O la República, esa era la cuestión y como la plebe gritaba mucho, la aristocracia se pasó al lado derecho de las gradas. En la izquierda quedaron los revolucionarios, representantes de la clase campesina y la recién nacida burguesía, que exigían igualdad, legalidad, fraternidad y guillotinas. En la derecha estaban los nobles y aristócratas, sangre azul que defendía una monarquía impuesta por la Iglesia. Si fuéramos muy cínicos, diríamos que unos trataban de obtener el poder, mientras que otros trataban de conservarlo. Pero imaginemos que sus ideales eran genuinos. Imaginemos que la realeza creía en una justa jerarquía, mientras que la nueva burguesía luchaba por igualdad. Hoy quedan muy pocas monarquías y son apenas una atracción turística, pero la discusión política aún ocurre a través de estos dos polos y en todo el mundo. Un estudio internacional para el cual se entrevistó a millones de personas de ambos lados del planeta, demostró que ocho de cada 10 personas identifican su orientación política en algún punto de este espectro. Unos países son más conservadores y otros más progresistas, pero en todos, todos la gráfica tomaba esta forma. Es curioso, porque la política y los medios nos presentan a la izquierda y la derecha como dos especies irreconciliables. Pero la gran mayoría de la población existe aquí, en medio, mientras que en ambos lados hay apenas unos cuantos extremistas. Si los medios no estuvieran tan urgidos de atención, veríamos más de este infinito gradiente de opiniones, pero no. Nosotros, el pueblo, somos los que repartimos los clicks y nosotros queremos ver pleito, loquitos de un extremo, imponiéndole su punto de vista a fanáticos del otro que gritan el suyo mientras se tapan los oídos. ¿Y qué defiende esta gente de los extremos ahora que no quedan monarquías? Unos dirán que la lucha es capitalismo contra comunismo, otros que es igualdad contra jerarquía, libertades contra obligaciones. Pero qué hay del Partido Comunista Chino, que defiende el libre mercado y una rígida jerarquía burocrática? O el presidente republicano de Estados Unidos que promueve acabar con las élites, no, hombre, no las económicas, las otras. O el presidente de México, de izquierda en lo económico, pero conservador en lo social, o el presidente de Canadá, un progre neoliberal. Es que acaso el mundo se ha vuelto loco? Ah, siempre fue igual. El espectro de izquierdo a derecha solo sirve para aceptar o rechazar ideas según la tribu que las proponga. Esta idea es buena o es mala? A quién le importa? Es buena si es de mi tribu y es mala si es de la otra, y vayan todos al demonio menos la cueva 36. El espectro de izquierda o derecha es una gran herramienta para no pensar y por eso no puede ayudarnos a entender la realidad, porque no hay izquierda, ni hay derecha. Solo hay gente confundida, producto de sus genes, la cultura, sus padres y hasta su edad. Gente buscando una tribu y bribones buscando el poder. El camino perfecto solo es difícil para los que escogen. Si quieres la verdad clara frente a ti, nunca estés a favor o en contra. El conflicto entre a favor y en contra es la peor enfermedad de la mente. Dijo un maestro de Zen llamado Jianzhi Sengcan. Aquí no venimos a pelear, venimos a entender, aquí no hay fachos, ni zurdos, no somos chairos, ni somos fifís. Entonces, qué somos? Pues somos humanos, animales políticos, según Aristóteles, por nuestra necesidad de discutir, interactuar y llegar a acuerdos. Pero antes que humano, antes que homínido, antes que mamífero, tú eres materia viva. Código genético sin más plan que reproducirse y sobrevivir, reproducirse y sobrevivir. Se oye fácil, pero tiene su truco, porque todos los demás están buscando lo mismo y para ese fin se han inventado órganos, tácticas, camuflajes. Y entre la infinita variedad de vida que cubre el planeta, han surgido preguntas. Unas son muy obvias y por eso todos llegamos a la misma respuesta. Hambre, come, sed, bebe, hotel, Trivago. Pero conforme crecíamos en complejidad, surgieron otras preguntas que no son tan evidentes. Qué haces cuando hay un extranjero en la frontera? Qué pasa cuando un miembro de la tribu ya no puede cazar? ¿Cuál es la naturaleza del ser humano? La selección natural no ha podido resolver estas dudas, por eso, y por el puro hecho de estar vivo, tú ya estás involucrado en tres conflictos. El conflicto entre naciones, el conflicto dentro de la tribu y el conflicto contigo mismo. Primero el conflicto entre naciones, qué hacer cuando dos tribus se encuentran, pelear o colaborar. Pelear tiene sus ventajas porque no sabes quiénes sean esos o qué quieran, qué tal que son peligrosos, podrían tener enfermedades, matar a tus vecinos, te mantendrá seguro. Pero también tiene sus desventajas, por ejemplo, no te los puedes coger. Si matas al vecino, nunca mezclarás tu código genético con el suyo y tal vez pienses, bien, así mantengo mi raza pura y mi sangre limpia. Pero qué tan pura es demasiado pura? Eso pensaron los Habsburgo, la familia real del Sacro Imperio Romano desde el siglo XV hasta el siglo XVIII. Ellos solo se casaban entre primos y sí, las comidas familiares eran incómodas, pero al menos no tenían que compartir el poder con otras casas reales. Ah, pero mira qué feos eran, como no tenían otros genes con los cuales mezclarse, sus defectos genéticos se acentuaron cada vez más como perros con pedigrí. Hasta que nació Carlos II de España, un pobre hijo del incesto con la boca tan torcida que no podía masticar y le mordía los pezones a sus nodrizas. Le decían, el hechizado. El historiador Will Durant lo describe como corto, cojo, epiléptico, senil y completamente calvo antes de los 35, siempre al borde de la muerte. Pero sorprendió repetidamente a la cristiandad al continuar viviendo. Y sí, tuvo a su cargo el Imperio español, pero murió muy joven, sin dejar herederos, lo que ocasionó la brutal guerra de sucesión española, que acabó con el Imperio y con su línea genética. Moraleja, tener hijos entre primos está mal. Qué, por qué volteando a ver a Monterrey? Piénsalo así, si una tribu es vulnerable a una enfermedad y no tiene variaciones genéticas, cuando esa enfermedad ataque, los va a matar a todos. Entonces, qué, colaboramos? Colaborar con los extranjeros tiene sus ventajas. Ellos tienen acceso a recursos que tú no, así que pueden comerciar. Ellos saben cosas que tú no, así que puedes aprender. Su código genético es distinto, así que pueden tener hijos normales. Juntas, las dos tribus pueden lograr más que cualquier tribu aislada. Pero también hay riesgos, podrían ser violentos. O peor aún, podrían cargar enfermedades para los que no tienes defensas. El peor escenario del conflicto entre naciones ocurrió cuando los europeos llegaron a América. Y sí, mataron, y sí, violaron, pero el daño que hicieron con sus espaditas fue minúsculo, comparado con el daño que hicieron las plagas y enfermedades que traían con ellos. Se estima que la viruela mató alrededor de 20 millones de personas en el nuevo mundo. 90% de la población nativa, 90. Los españoles aún encontraron ciudades e imperios, pero siglo y medio más tarde, cuando los ingleses llegaron a Norteamérica, encontraron los restos postapocalípticos de una civilización nativa. Solitarios sobrevivientes que lo habían perdido todo y a todos. Uy, chavos, y lo que les espera. Entonces, qué hacer entre naciones, luchar o colaborar? La selección natural dijo, no sé, y por eso naciste con ambas tendencias. Una más fuerte que la otra como todos, pero ambas respuestas sobrevivieron en tu código genético porque nos ayudaron a sobrevivir. Igual que el egoísmo y la generosidad. Qué haces cuando un miembro de la tribu ya no puede cazar como antes? Cuidas de él o lo dejas a su suerte? Ahí ocurre el conflicto dentro de la tribu. Por un lado, tienes una boca más que alimentar y que no está poniendo de su parte. En las precarias condiciones del hombre primitivo, esto podría poner en peligro a la tribu entera. Qué pasa si tienes a dos? Qué pasa si la mitad de tu tribu no puede cazar? La otra mitad debe alimentarlos a todos? Qué pasará cuando se encuentren a otra tribu en la que todos cazan y todos pelean? Pero bueno, por otro lado, son tu tribu, también son seres humanos. Los humanos existimos unos para otros, dijo el emperador Marco Aurelio. Por qué, solo míranos, qué patética raza de primates nos tocó ser. Los humanos vivimos en grupos porque somos débiles, vulnerables. Nuestra única fortaleza es la colaboración y mira el horizonte, es una gran fortaleza. Y la forma más simple de colaborar nace en la familia, porque un hermano comparte 50% de tu código genético, un primo 25% y así. Por pura selección natural, aquellos organismos preparados para dar su vida por preservar el código genético de sus hermanos y familiares, fueron más exitosos a la hora de pasar sus genes a la siguiente generación. Estamos programados por la evolución para amar a nuestra familia. Pero en poblaciones pequeñas, donde las interacciones locales son siempre con la misma gente, los humanos desarrollamos parentesco por nutrición. O sea, aprendemos a ver a nuestros vecinos como familia, como miembros de la misma tribu. Dicho lo cual, qué será de este holgazán? Vive o muere? Depende de tu tolerancia para la desigualdad. De cuántos vecinos consideras como parte de tu tribu. Si son pocos, tu tolerancia para la desigualdad será alta. Y si estás de acuerdo con que unos tengan más que otros, pensarás que las jerarquías sociales son justas. Y todo aquel tratando de subvertirla, todos los que se quieran meter a la fila, deben ser detenidos. Si los miembros de tu tribu son muchos, tu tolerancia para la desigualdad será baja. Y si crees que en el fondo todos somos iguales, pensarás que las jerarquías sociales son injustas, artificiales, porque tú ves en cada miembro de tu tribu un valor intrínseco, más importante que cualquier cargo o título. Competir o colaborar. Ese es el conflicto con uno mismo. Cuál es la esencia del ser humano? Somos seres nobles en un mundo malvado o bestias crueles que deben ser contenidas? Vamos a ver. En la esquina de los técnicos está el chino Mengzi, quien creía que el hombre es bueno por naturaleza. En nuestro corazón está la compasión, la vergüenza, la modestia y la habilidad de distinguir entre el bien y el mal, pero deben ser cultivadas. Del otro lado del mundo, pero muy cerca en el pensamiento, Rousseau decía que la naturaleza humana es compasiva, pero que somos corrompidos por la sociedad. Somos nobles y generosos, pero la jerarquía provocó orgullo, vanidad y desigualdad. Y sí, Rosu era un hippie, pero su filosofía inspiró las grandes revoluciones del siglo 19 y ayudó a convertir las monarquías religiosas de occidente en repúblicas seculares y democráticas. Nada mal. Un poquito más moderado, John Locke decía que la gente nace con una mente en blanco, una tabla rasa y el comportamiento nace de analizar nuestro ambiente y reflexionar sobre estas percepciones. O sea que la gente nace toda igual y ya cada quien decide si ser bueno o malo, libre o no. Casi en el centro, Karl Marx, que era un materialista, decía que el ser humano no tiene una naturaleza como tal. Que son los mecanismos de interacción a los que está sujeto, los que lo obligan a ser altruista o egoísta. Pero mira qué implicaciones tan peligrosas tiene su filosofía. Porque si el espíritu humano es una plastilina moldeable por los mecanismos a su alrededor, si no tenemos necesidades básicas como, por ejemplo, la libertad, qué nos impide manufacturar al obrero perfecto. A mí no me miren, peleen con Aldous Huxley, a él se le ocurrió esta pregunta. Y del lado de los rudos está Trasímaco, un sofista que creía que la gente solo busca placer y riqueza para sí mismo. Pero por suerte, hay una sociedad que nos obliga a contener nuestros impulsos. La justicia, decía Trasímaco, no es más que el interés del más fuerte y eso que nunca vino a la Ciudad de México. Más al extremo está Xun Zi, el némesis de Mengzi, él creía que la naturaleza del hombre era malvada. Los deseos por prestigio y satisfacción físicas son innatos e irradicables del ser humano y la compasión es contraria a la naturaleza humana. Si no fuéramos bestias crueles, decía Mengzi, no habría necesidad de ley, Estado o fuerza. Pero espérate, porque hasta que está Hobbes, quien escribió su Leviatán mientras veía los horrores de la Guerra Civil inglesa. Y concluyó que el estado natural del ser humano es una guerra de todos contra todos. Antes de la civilización, vivíamos en constante miedo y peligro. La vida era solitaria, pobre, fea, brutal y corta. Según Hobbes, el ser humano se dio su libertad para asesinar, a cambio de una autoridad que lo protegiera de ser asesinado. Y solo un autoritario Leviatán podía mantener la paz. Para Hobbes, la naturaleza humana está podrida y por eso también la sociedad. Muy bonitas opiniones, todo el mundo tiene 10, tú no por emo, tú menos por hippie. Pero quién de estas almas torturadas tenía razón? Qué dice la ciencia? El ser humano nació para competir o colaborar. Pues aquí, otra vez la selección natural dijo, quién sabe. Porque mira, juguemos un juego, tú y yo somos atrapados por la policía. Nos meten en cuartos aislados y nos dicen, puedes confesar o quedarte callado. Si ambos confiesan, cada quien tendrá una pena de cinco años en prisión. Pero si ambos se quedan callados, ambos salen libres. Ah, pero si tú confiesas y yo me quedo callado, yo me voy 10 años a la cárcel. Y si yo confieso, pero tú te quedas callado, tú te vas 10 años a la cárcel. Qué hacer, competir o colaborar? Si somos absolutamente racionales, nos daremos cuenta de que la estrategia dominante es competir. En ambos casos, confesar es la opción con la mayor recompensa y el menor castigo. Pero mira qué paradoja, si ambos somos racionales, ambos nos vamos a la cárcel. Nuestra única salida es ser irracional. Por suerte, la vida no es un juego de lógica, somos seres sociales y la vida es larga, así que la interacción con otro ser humano es como una serie de muchos juegos del prisionero. Y a gran escala, la selección natural privilegia a las especies con la mejor estrategia para seguir existiendo. Entonces, cuál es la mejor estrategia? Pues mira, hicieron un concurso del Dilema del Prisionero y el ganador fue el algoritmo de Anatol Rapaport. Un biólogo y matemático que programó a su prisionero con la estrategia de ojo por ojo. Su algoritmo comienza colaborando, si el otro colabora, Anatol colabora, pero si el otro lo traiciona, Anatol lo traiciona. Muchas emociones humanas, según Rapaport, han evolucionado para lidiar con esta estrategia, amistad, gratitud, simpatía y algunas formas de hipocresía. Esto no significa que estemos programados para actuar racionalmente estrategias de teoría del juego. Más bien, nuestro cerebro tiene dos motivaciones fundamentales, cooperación y venganza. Y ambas se sienten bien. Cooperar con los que cooperan, se siente bien, pero castigar a los que nos traicionan, se siente mejor. Y para que veas que la evolución es un trabajo mal hecho, esta estrategia no es perfecta, porque una sola tradición puede mandar a dos individuos a una espiral de venganza donde nadie gana y todos pierden. Estas son las tres preguntas que la selección natural no pudo responder. Tres conflictos que debemos resolver solos. Y de qué depende nuestra decisión? Idealmente, la razón, pero esta es tan pequeñita, comparada con las fuerzas y tendencias que actúan dentro y fuera de nosotros. Pero de dónde vienen estas fuerzas y tendencias? Bueno, aquí hay muchos culpables, pero los principales son tres, tus papás y el tiempo. Tus padres, porque te dieron tu cerebro. En 2010, la Universidad de Londres, no la de de veras, esta analizó a 92 estudiantes y descubrió que podían predecir sus orientaciones políticas solo por la forma de su cerebro. Los que se consideraban a sí mismos de derechas, tenían más grande esta parte, que está relacionada con la agresión, miedo, ansiedad y detección de amenazas. Los que se consideraban de izquierda, tenían más grande esta parte del cerebro, que se encarga de regular funciones cognitivas como la inhibición verbal, la toma de decisiones y la empatía. Y tiene sentido, porque tus padres no solo te dieron tu cerebro, también te educaron y seguro usaron una de dos estrategias, el miedo o la culpa. Según el libro La Personalidad Autoritaria, de Theodor Adorno, los niños educados a través del miedo, o sea, golpes, gritos y amenazas, crecían con un mayor respeto por la jerarquía. Pero también aprendían a ver el mundo como un lugar peligroso, a otros humanos como rivales y a la naturaleza humana como fallida. Los niños educados a través de la culpa, que les decían, mira, por burro, ya hiciste llorar a tu mamá. Ellos crecían para ser más empáticos, con mayor disposición a colaborar. Pero también crecían con menor autoestima, tal vez por eso, en contraste, veían a la naturaleza humana como noble. Y luego está el tiempo, que lo que no arregla lo echa a perder. Un dicho popular dice que si no eres liberal a los veinte, no tienes corazón. Si no eres conservador a los treinta, no tienes cerebro. Y es solo un dicho, pero guarda un poquito de verdad, porque cuando eres joven, la mayoría de las interacciones son con tu familia. Y como ya vimos, es más probable que ellos colaboren contigo, así que durante tus primeros años de vida, tu imagen de la humanidad será más amable. Pero luego creces y al dejar tu hogar te enfrentas a más y más interacciones con gente que no está relacionada contigo. Que no tiene incentivos para colaborar y tiene más razones para traicionarte. Y varios años de mala suerte pueden hacerte perder la fe en la humanidad. Cuando eres joven, vives desde la esperanza, cuando eres mayor, desde la experiencia. Pero además tu cerebro cambia, porque mira, esta parte es la que te hace humano. En ella se representa la información que no está presente en el medio ambiente, como el lenguaje. Este mágico trozo de carne se merece su propio video, pero una de sus tareas es contener impulsos y controlar tus emociones. El problema es que esta parte del cerebro no termina de formarse hasta que cumples 25 años. Y para que veas que la evolución es un trabajo lento, pero además mal hecho, esta otra parte del cerebro se encarga de las reacciones inmediatas del cuerpo, del miedo y la agresividad. Y cuando llegas a la pubertad, muchos años antes de desarrollar la precorteza frontal, esta pequeña bastarda se vuelve loca y te pone todo adolescente. Y tal vez por eso, hacemos nuestro servicio militar a los 18. Tal vez por eso los reclutadores del ejército siempre eligen como blanco a los adolescentes, a quienes pueden venderles el infierno de la guerra como una aventura romántica. Quizá por eso los carteles agarran de sicario a puro chavito. Es la edad perfecta para matar y morir. Niños traicionados por su biología y su sociedad, nunca tuvieron una oportunidad en la vida. Chavos, no se en carne de cañón, si quieren sentir cosas lean a Bradbury. Debes permanecer borracho de literatura para que la realidad no pueda destruirte, dijo este maravilloso ser humano. Cómo lo extraño. Entonces, cómo decía el dicho? Si a los veinte no tomas riesgos y buscas emociones fuertes, tienes un sistema límbico deficiente. Si a los treinta no controlas tus impulsos y consideras cuidadosamente el interés de otros, tienes una precorteza frontal deficiente. Esta confusión nos hace libres, es un efecto secundario de ser humano y esta línea bicolor no alcanza a contener el maremoto de impulsos y emociones que me hierve dentro del pecho. Porque según este espectro, izquierda y derecha sufren del mismo mal, creen que el mundo es como debería ser. La derecha cree que este es el mejor mundo posible y hay que defenderlo. La izquierda cree que el mundo ya era bueno y lo arruinamos. Un lado piensa que el espíritu humano puede crecer y evolucionar, mientras que el otro cree que el ser humano es una criatura fallida y debe ser controlada. Pero adivina qué, ambas personas soy yo. Todas esas fuerzas y tendencias viven en mi interior, responden a la realidad que observo y solo de vez en cuando, coinciden con la oferta política de un lado o del otro. Somos criaturas complejas, pero por qué ocho de cada 10 personas en todo el mundo se pintan el alma de un color? Por qué definirse como izquierdo o derecha? Pues porque somos humanos, y los humanos existimos los unos para los otros. Y desde que éramos changos temerosos entre depredadores, aprendimos que solo podemos sobrevivir en tribu. Y mira, tal vez hubo humanos independientes que vivían a solas y decían, yo no necesito tribu para sobrevivir. No has visto a Bear Grylls, puedo tomar pipí y comer arañas, voy a estar bien. Pero hace 70.000 años, el clima cambió. Un volcán gigante ocasionó una era del hielo y la humanidad por poco desapareció. Apenas 3.000 seres humanos quedaron vivos, 3.000 personas. Qué habrán pensado? Qué habrán sentido estas personas idénticas a nosotros, pero al borde de la extinción? La naturaleza seleccionó a los 3.000 humanos más aptos para sobrevivir. Y solo pudieron sobrevivir colaborando. Y hasta hace poco, así era la vida. Nacías en un grupo social reducido y vivías con tu familia y tus amigos hasta que morías una muerte prematura. Pero díganle a Hobbes que tiene cero, porque sí, la vida era corta y sucia. Quizá no era feliz, pero era satisfactoria, porque somos humanos y no queremos sobrevivir, queremos vivir. Porque a los seres humanos no nos importan las dificultades, nosotros florecemos frente a los retos. Lo que nos importa, según la teoría de la autodeterminación, es ser buenos en lo que hacemos, vivir vidas auténticas y sentirnos conectados. Y si en el camino nos come un tigre, pues se la pinches vi. En una carta, Benjamín Franklin observó que muchos colonos ingleses se escapaban de las ciudades para irse a vivir con los indios. Pero ninguno regresó. Y nunca un indio se escapó de la tribu para ir a vivir en la ciudad, porque la vida en tribu era tan precaria que la pobreza individual era imposible. Los derechos naturales de la gente eran obvios. Todos dependían de todos y cada quien tenía un lugar en la sociedad. Pero 6.000 años de historia nos dejaron aquí, en la modernidad. Un estudio de 2012 en desórdenes afectivos concluyó que las fuerzas económicas de la sociedad moderna han manufacturado un medio ambiente que maximiza el consumo a cambio del malestar a largo plazo de los individuos. Pasamos millones de años evolucionando para vivir en tribus. Y luego arrastramos este cuerpo a una vida sobrealimentada, malnutrida, sedentaria, sin luz del sol, desvelada, competitiva, desigual y solitaria. Cada vez más solitaria. Y a cambio, mira nada más, nos dieron Uber Eats, qué tiempo para estar vivos. Eh, te la creíste. Pero nuestra primitiva necesidad de existir en tribu sigue ahí. Y la vemos cada vez que la realidad nos recuerda nuestra colectiva fragilidad, lo diminutos y vulnerables que somos. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis bombardearon Londres con la esperanza de romper el espíritu de la población. Pero ocurrió todo lo contrario, entre los bombardeos, las admisiones al psiquiátrico declinaron. Los suicidios se desplomaron, los epilépticos reportaron tener menos convulsiones. Un doctor señaló que, los neuróticos de antes, ahora manejan ambulancias. Por toda la ciudad desaparecieron las barreras sociales, entre los refugios improvisados, los ingleses descubrieron esa profunda hermandad que los unía a todos. La solidaridad que nació de los bombardeos duró hasta después de la guerra. Mientras que Churchill decía, la guerra sigue, programas de austeridad, hagamos al Imperio inglés grande otra vez. La gente dijo, eh, el perro, y votó por el partido obrero, que dejó de gastar en mantener el Imperio y rechazó favorecer a los intereses privados para invertir en salud pública y seguridad social. Esa era de bienestar no acabó hasta que la generación de veteranos comenzó a desvanecerse y Margaret Thatcher fue elegida por sus hijos como Primer Ministro en 1979. Vamos a ver, a ver si puedes encontrarla en esta gráfica.

[30:17]Los desastres siempre nos recuerdan, brevemente, la humanidad que nos une. Durante la guerra en Bosnia, uno de los refugiados escribió, moríamos de miedo, pero éramos una familia. Reíamos, llorábamos y escuchábamos rock and roll juntos. No nos importaban presidentes ni generales, nuestro único héroe era Bowie.

[30:46]Pero acabó la guerra, regresó la vida moderna y en varios muros de Sarajevo apareció un graffiti que decía, todo estaba mejor cuando todo estaba peor. Hace apenas un par de años, el 19 de septiembre de 2017, un terremoto golpeó el centro de México. Cayeron edificios, personas murieron y una vez más, entre las ruinas, descubrimos nuestra tribu. Todos éramos parte de esa comunidad de sobrevivientes, de esa hermandad en el dolor. Yo vi de cerca las cadenas humanas, las donaciones, los gestos de amor entre completos extraños. Cada uno de nosotros se sentía como una célula de un organismo más grande que trabajaba en armonía. Pero la armonía duró poco.

[31:50]Una semana más tarde, cuando todos regresamos a nuestras solitarias oficinas, una conocida publicó en un foro de publicistas, soy la única que se siente así? Después del temblor, cuando todos nos ayudábamos, sentí que lo que hacía importaba, que todos teníamos una razón de ser. Hoy que estoy de vuelta en la oficina, diseñando una lata de atún, siento que estoy desperdiciando mi vida.

[32:19]Pero la hermandad duró muy poco. Después del sismo se reunieron toneladas de víveres para los damnificados. Se donaron millones de pesos, todo muy bonito. Y días más tarde nos enteramos de que, supuestamente, el gobernador de Morelos estaba robando los víveres para ponerlos en bolsas con su jeta. Híralo, muy guapo, y repartirlo a la población. Porque al año siguiente había elecciones.

[32:59]Porque el poder opera con reglas distintas y a veces contrarias a la humanidad. Nunca vimos el destino de las donaciones para la reconstrucción, pero sí vimos miles de lonas que decían, mi tribu, buena, la otra, tribu, mala, vota a mí. Pero cuidado, no confundas tribu con muchedumbre. Una tribu es el grupo de gente por la cual darías la vida, a la que ayudarías a alimentar o a defender. Cualquier grupo de gente que no nos incite a actuar desinteresadamente de esta manera no es una tribu, es una muchedumbre. Solo una entidad política diseñada para empoderar a un individuo o idea a costa de un chivo expiatorio. La tribu está basada en el amor, la muchedumbre, en el miedo, en el odio. Y cuando esta se queda sin enemigos, o se desmorona, o busca enemigos en su interior. Hoy México vive en una literal guerra, de unas víctimas del sistema económico contra otras y declarada por órdenes de otro país. Cuesta trabajo creer que esta triste República es una tribu. Solo mira nuestra sociedad, que además parece estar en una guerra cultural consigo misma. La gente habla con increíble desprecio de sus propios vecinos, según su visión política de los chairos o fifís, o de los machos o feminazis. Este tipo de desprecio generalmente se reserva para los enemigos en tiempos de guerra, pero ahora es la forma en la que hablamos de nuestros compatriotas. Qué tragedia ser humano. Nuestras tribus nos hacen grandes, mucho más grandes que cualquier individuo, pero también nos hacen crueles, mucho más crueles. Y todo porque este montón de burócratas incompetentes y sin carisma que tenemos como autoproclamados líderes no tienen otra virtud que el vicio ajeno. Su único eslogan es, al menos no somos como esos otros. No me ames, pero odia a ellos, pero esos otros, ellos son igual que tú. Todas estas tendencias existen dentro de ti, dentro de mí, dentro de todos. En mayor o menor medida, pero no son malas, todas las fuerzas y tendencias que la mente simple identifica como de izquierdo o derecha, son necesarias para tener una sociedad saludable. Y si pensamos distinto, no está mal, te invito a una chela, lo platicamos. Lo que sí está mal es excluir a otros miembros de tu tribu para hacerte del poder. Es la traición más idiota y cortoplacista que existe. Dañan la misma nación que quieres gobernar y destruyen en semanas los complejos sistemas de organización que hemos construido desde que somos un país.

[36:34]La izquierda y la derecha no existen, son un truco de la retórica para que los hijos de los pobres se maten en el campo de batalla, mientras las élites se pelean por el poder.

[36:51]O como dijo Teodoro Roosevelt, los partidos políticos se han transformado en herramientas para promover intereses corruptos, que usan a ambos, imparcialmente, para sus propios fines. Detrás del gobierno opera un gobierno invisible, sin lealtad ni responsabilidad hacia la gente. Destruir este gobierno invisible y disolver la alianza entre negocios corruptos y políticos corruptos debería ser la primera tarea del Estado. Pero para disolver esta alianza, hay que entender cómo opera. Hay que echarse un clavado en el pozo negro del poder para entender sus reglas. Para entender por qué nos representan estos individuos despreciables, para entender por qué, a menudo, las malas actitudes son buena política. Pero ese es tema para el siguiente video. Espérenlo en un par de semanas. Así es, señores y señores, viene toda una saga. Hablaremos de poder, de corrupción y de guerra. Miraremos a los ojos al lado más oscuro del corazón humano y tal vez, solo tal vez, si al final nos queda un poquito de esperanza, veremos ideas para arreglarlo.

[38:21]Quiénes son estos nombres que están pasando? Ellos son mi tribu, los Patrons de mi gala. Juntos aprendemos del mundo y los tiros penetrantes de su fortuna injusta para oponer los brazos y darles fin con atrevida resistencia. Yo sé que es difícil hallar entre las tumbas un lugar para la risa. Yo mismo a veces caigo y el viento levanta mi rostro como una alfombra rota. Pero aún en las celdas, bajo la lluvia, yo no perdí la fe. Amigos, aunque os golpeen, jamás perdáis la fe. Aunque vengan días sucios, jamás perdáis la fe. Aunque yo mismo os niegue de rodillas, no me creáis. Amad la vida, guardad rocío para que las flores no padezcan las noches canallas que vendrán.

[39:28]Ah, sí, también suscribíos y dadle click a la campanita. Bai.

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