[0:52]Su luna de miel fue un largo escalofrío. Durante tres meses, se habían casado en abril, vivieron una dicha especial. Ella lo quería mucho, él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.
[1:53]Alicia pasó todo el otoño en la casa, sin querer pensar en nada hasta que llegara su marido. No es raro que adelgazara, tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días. Al fin, una tarde, pudo salir al jardín.
[2:36]Al día siguiente amaneció desvanecida.
[2:50]Tiene una gran debilidad que no me explico y sin vómitos, nada. Si mañana despierta como hoy, llámeme. Buenas noches. Gracias, doctor.
[3:57]Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte.
[4:21]Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones. Entre las más pesadas, había un cerdo que tenía los ojos fijos en ella.
[4:47]¡Alicia! Tranquila, soy yo.
[5:02]El médico volvió inútilmente. Había allí delante una vida que se acababa desangrándose día tras día, hora tras hora sin saber absolutamente cómo.
[5:34]Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida. Apenas podía mover la cabeza y perdió el conocimiento.
[6:23]Alicia murió por fin.
[6:56]¡Señor! ¡Señor! ¡Venga rápido!
[7:02]Mire, mire esas manchas, parece sangre. Jordan sintió que los cabellos se le erizaban.
[7:42]Noche tras noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su trompa chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón, sin duda, habría impedido al principio su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse la succión fue vertiginosa. En cinco días y en cinco noches, había el monstruo vaciado a Alicia. Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas ocasiones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable y no es raro hallarlos en los almohadones de plumas.



