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¿Qué es la Ontología en Filosofía?

Edén de la Filosofía

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[0:00]La palabra ontología proviene del griego ontos, ser y logos, discurso o tratado.
[0:00]Literalmente significa discurso sobre el ser y ya desde aquí se percibe lo abismal del problema.
[0:00]La ontología no se ocupa de un ente en particular, como lo haría la biología con los seres vivos o la física con la materia, sino de lo más universal.
[0:00]Este campo no es un simple anexo de la filosofía, sino quizá su corazón más originario.
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[0:00]La palabra ontología proviene del griego ontos, ser y logos, discurso o tratado. Literalmente significa discurso sobre el ser y ya desde aquí se percibe lo abismal del problema. ¿Cómo hablar del ser, aquello que está en la raíz de todo lo que existe? La ontología no se ocupa de un ente en particular, como lo haría la biología con los seres vivos o la física con la materia, sino de lo más universal. ¿Qué significa que algo sea? ¿Qué categorías fundamentales definen la existencia? ¿Cuál es la estructura última de la realidad? Este campo no es un simple anexo de la filosofía, sino quizá su corazón más originario. De hecho, muchos dicen que la filosofía comienza cuando el ser humano empieza a preguntarse, ¿qué es lo que hay? ¿Qué significa ser? ¿Hay algo estable más allá de la multiplicidad de las apariencias? El nacimiento de la ontología, los presocráticos. Para entender qué es la ontología, hay que retroceder a los primeros filósofos griegos, los presocráticos. Ellos no se conformaron con explicar el mundo a través de mitos, dioses o relatos poéticos, sino que buscaron un principio racional que diera cuenta de la totalidad. Tales de Mileto dijo que todo es agua, Anaxímenes, que todo es aire. Heráclito, que el fuego es el principio y que todo fluye. Parménides, en cambio, afirmó que el ser es y el no ser no es. En esta sentencia de Parménides se esconde el germen de la ontología, la diferencia entre ser y no ser. Él defendía que el ser es único, eterno, inmóvil, mientras que el cambio y la multiplicidad son ilusiones de los sentidos. Frente a él, Heráclito insistía en que todo está en constante devenir. La ontología nace precisamente de ese choque entre la intuición de una realidad estable y la experiencia del cambio. Platón y el mundo de las ideas. Con Platón, la ontología adquiere una forma más elaborada. Platón distingue entre el mundo sensible y el mundo inteligible. Lo sensible está en constante transformación, lo inteligible es eterno e inmutable. Las ideas, como la justicia, la belleza o el bien, son el ser auténtico, mientras que las cosas materiales son solo copias imperfectas. Aquí, la ontología platónica no es solo teoría, sino camino de elevación del alma. Conocer el ser es ascender desde las sombras del mito de la caverna hasta contemplar el sol del bien. La ontología se vuelve entonces una búsqueda existencial, no solo preguntar qué hay, sino cómo debemos vivir para acceder a lo que realmente es. Aristóteles y la metafísica del ser. Su discípulo Aristóteles introduce un cambio crucial. Critica a Platón por separar las ideas del mundo sensible y propone que las esencias están en las cosas mismas. Para Aristóteles, la filosofía primera, la metafísica, es el estudio del ser en cuanto ser, no de un ente particular, sino del ser en general y de sus categorías. Sustancia, accidente, cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo. Además, Aristóteles introduce la famosa distinción entre potencia y acto. Todo ente es una mezcla de lo que ya es en acto y de lo que puede llegar a ser en potencia. Una semilla es en acto semilla, pero en potencia es árbol. Con esta noción, la ontología aristotélica explica el cambio sin caer en el relativismo de Heráclito ni en la rigidez de Parménides. Ontología medieval, Dios como ser supremo. En la Edad Media, la ontología se centra en la relación entre el ser creado y el ser divino. Filósofos como Tomás de Aquino interpretan a Aristóteles dentro del marco cristiano. Dios es el ser necesario, cuya esencia es existir. Mientras que las criaturas son seres contingentes que reciben su ser de Dios. Aquí la ontología se funde con la teología. Comprender el ser es comprender su fuente trascendente. Surge también la famosa disputa entre realistas y nominalistas. ¿Existen realmente las esencias universales o son solo nombres?

[4:59]Para los realistas, como Tomás, las esencias existen en la mente divina y en las cosas. Para los nominalistas, como Guillermo de Ockham, los universales son solo etiquetas útiles para agrupar individuos. Esta disputa muestra que la ontología no es un lujo teórico, sino que afecta a cómo entendemos la realidad, la ciencia y hasta la fe. Modernidad, el sujeto como centro del ser. Con la modernidad, la ontología cambia de rumbo. Descartes inicia con la duda metódica y llega a la certeza del yo pienso. El ser se ancla en la subjetividad. Lo único indudable es que existo como ser pensante. A partir de ahí, la ontología se transforma en búsqueda de fundamento en la conciencia. Espinoza propone un monismo radical. Solo existe una sustancia infinita que es Dios o la naturaleza. Y todo lo demás son modos de esa sustancia. Leibniz habla de las monadas, entidades simples que reflejan el universo entero. Y Kant da un giro aún más decisivo. El ser no se capta en sí mismo, sino a través de las condiciones transcendentales de la experiencia. La ontología se convierte en crítica del conocimiento. No preguntamos solo qué es el ser, sino cómo es posible que lo conozcamos. Heidegger y el Dasein. Ya en el siglo XX, Martin Heidegger retoma la pregunta ontológica en ser y tiempo. Según él, la filosofía occidental olvidó el ser y se centró en los entes. Para recuperarlo, hay que analizar la existencia concreta del ser humano, al que llama Dasein, ser ahí. El Dasein es especial porque se pregunta por su propio ser, vive arrojado en el mundo, proyectado hacia el futuro y consciente de su finitud, la muerte. La ontología, para Heidegger, no es un catálogo de categorías abstractas, sino una analítica existencial que describe cómo el ser humano habita el mundo, entre la autenticidad y la inautenticidad, entre la angustia y la posibilidad. Ontología contemporánea, multiplicidad y lenguaje. Después de Heidegger, la ontología se diversifica. Sartre desarrolla un existencialismo donde el ser humano está condenado a ser libre y debe inventarse a sí mismo. Merleau-Ponty explora la corporeidad como clave del ser en el mundo. En el campo analítico, Quine discute qué compromisos ontológicos asumimos al formular teorías. Decir qué entidades existen implica ya una toma de posición. Otros pensadores contemporáneos, como Deleuze, reivindican una ontología de la diferencia y el devenir frente a las concepciones estáticas del ser. Y en paralelo, corrientes como el realismo especulativo vuelven a preguntar si el ser puede pensarse más allá de la correlación con la conciencia humana. Ontología aplicada. Ciencia, tecnología y vida cotidiana. Pero la ontología no es solo teoría abstracta. Sus preguntas están en la base de la ciencia y de la vida práctica. En informática, por ejemplo, se habla de ontologías como sistemas de categorías que organizan información. En biología, discutir qué es una especie es una cuestión ontológica. En debates éticos, preguntarnos si una inteligencia artificial o un embrión poseen estatuto de persona, también es ontología. Incluso en la vida cotidiana hacemos ontología sin darnos cuenta, cuando nos preguntamos si un sueño fue real, si una amistad sigue existiendo aunque no haya contacto, o si el amor es algo objetivo o solo subjetivo, estamos explorando la frontera del ser. Ontología como camino existencial. Más allá de definiciones académicas, la ontología tiene una dimensión existencial. Preguntarnos qué es el ser no es un juego intelectual. Es mirarnos a nosotros mismos y a nuestro lugar en el universo. ¿Qué significa ser humano? ¿Qué significa ser finito, ser libre, ser responsable? En última instancia, la ontología es inseparable de nuestra búsqueda de sentido.

[9:35]Conclusión. La ontología es el núcleo de la filosofía, el intento de pensar lo más universal y lo más íntimo, el ser. Desde los presocráticos hasta los debates contemporáneos, atraviesa toda la historia del pensamiento. Platón habló de ideas eternas, Aristóteles de categorías, Tomás de Aquino de un ser necesario, Descartes del yo pensante, Kant de condiciones transcendentales, Heidegger del Dasein y los pensadores actuales de multiplicidad, lenguaje y tecnología. En todos los casos, la ontología se presenta como una invitación a no quedarnos en la superficie de las cosas, sino a interrogar su ser. Es una disciplina que se pregunta lo que parece más obvio y justamente por eso, más difícil, qué significa ser. Y aunque la respuesta nunca sea definitiva, la búsqueda misma nos transforma porque nos obliga a pensar en lo esencial. En definitiva, la ontología no es solo un capítulo de la filosofía, es la filosofía misma en su afán más radical, comprender lo que significa existir, lo que significa ser en este misterioso universo que habitamos. Déjanos un like y síguenos y arriba te dejo más vídeos para que sigas aprendiendo.

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