[0:00]Somos realmente libres? Crees que eliges de quién enamorarte, tu carrera profesional o tus creencias? Y si te dijera que eres menos conductor de tu vida de lo que crees. Tal vez ni elegiste ver este video. Pero, ya que estás aquí, veamos cómo funciona nuestro libre albedrío. En 2002, la ciencia creó los ratbots, ratones hackeados con minúsculos cables conectados directo al cerebro. Unos iban a su GPS interno para dar dirección y otros a su centro de placer extremo. Con un simple control de computadora, los científicos nos hacían girar, correr o trepar como marionetas de carne y hueso. Pero si pudieras preguntarle a estos ratones por qué giraron a la derecha, te jurarían que fue su propia idea. Como la señal dispara una recompensa directa antes de la acción, el roedor no siente que es un esclavo. Al contrario, siente que obedecer la orden es la decisión más brillante que ha tomado en toda su vida. Por lo tanto, por más que les digan que los están controlando, ellos dirán, claro que no, yo así lo deseé, a mí me apasiona subir a estas escaleras. El ratón no siente la opresión del control remoto ni los cables, siente la motivación interna, genuina e innegable de actuar. Y ahora te pregunto, si nosotros pudimos hackear la voluntad de un animal con tecnología de hace más de 20 años, qué te hace pensar que la naturaleza con millones de años de ventaja, no lleva haciendo exactamente lo mismo contigo desde el día en que naciste. Seguro ahora tu ego humano se está defendiendo a capa y espada. Estás pensando, yo no soy un simple roedor. Yo tengo conciencia, razonamiento, yo leo filosofía, yo sé exactamente por qué hago las cosas. Pues no. No necesariamente. Tu cerebro tiene dos mitades, la izquierda, que habla y la derecha, que es muda pero muy visual. Simplificando, ambas se comunican por un grueso puente de nervios. Hace años, para curar ataques severos de epilepsia, los médicos cortaban ese puente. Las dos mitades quedaban atrapadas en la misma cabeza, totalmente incomunicadas. Los científicos aprovecharon esto, resulta que tus ojos están cruzados, todo lo que ves a tu izquierda da directo a tu mitad derecha. Sabiendo esto, les mostraron un cartel solo en el lado izquierdo a un paciente. El cartel decía, levántate. La orden viajó en secreto a su mitad derecha. El paciente, sin decir ni una palabra, se puso de pie y caminó. Entonces, el científico le pregunta en voz alta, oye, ¿por qué te paraste? Aquí está el truco: la mitad del cerebro que sabe hablar, la izquierda, jamás vio el cartel. Estaba oscuras. Lo honesto habría sido decir no sé, mis piernas se movieron solas. Pero a tu cerebro le aterra no tener control. En cuestión de milisegundos, inventó una excusa lógica. El paciente respondió, porque quería estirar un rato las piernas. Ahí estaba, su mente fabricó una mentira de la nada para justificar una acción que no decidió conscientemente. Y lo peor es que él no está mintiendo. Su cerebro le asegura que es así, y todo lo que nuestro cerebro afirma está también verdad para nosotros. Piensen cuando pierdes las llaves y de pronto dices, ah, las dejé sobre el refrigerador. Incluso puedes visualizar la escena de forma nítida en tu mente, pero cuando vas a revisar no hay nada. Entonces corriges, ah, no, las dejé en el cajón y tu cerebro proyecta de inmediato el recuerdo exacto de las llaves en el cajón. Sin embargo, tampoco están ahí. No estás mintiendo de forma intencional. Tu mente rellena los vacíos de información en tiempo real, construye esa certeza temporal con el único propósito de impulsarte a iniciar la búsqueda. Tu mente te da la sensación de que estás haciendo lo correcto, o al menos lo necesario para avanzar, sin importar la dirección. Su único trabajo es inventar historias convincentes para justificar las decisiones que otras partes ocultas de tu neurología ya tomaron por ti hace un buen rato. Y comienzas a preguntar, y si todo en la vida es así? Porque, por ejemplo, piensa en eso a lo que llamas el amor de tu vida. Esa persona tan especial, única en el universo, ¿de dónde salió? Fíjate bien, de la escuela, de la universidad, del trabajo, amigos o de tu pequeño círculo de amigos. Acaso esa es total elección? Es como ir a un restaurante que solo tiene tres platos asquerosos en el menú y al final golpear la mesa diciendo, elegí libremente. Ese es mi plato favorito. No, no has elegido libremente. Has elegido entre las opciones que tenías en la carta del restaurante y eso no es completa libertad. Estás severamente limitado por la geografía, por tu estrato económico, por las coincidencias de horarios del autobús y por quién se sentó a tu lado en la clase de historia. Elegir a la persona correcta de un grupo de 20 individuos que la vida te puso enfrente por puro accidente, no es libre albedrío, es estadística y conveniencia. Te enamoraste de lo que había en tu inventario. Pero imaginemos que sí, que la carta es infinita, imagina que rompemos las leyes del espacio, que ahora sí puedes elegir el plato que más deseas de la gastronomía mundial. o a la persona que más te gusta entre los 8 mil millones de habitantes del planeta entero. Entonces, ahora sí sería completo albedrío, ¿no? Por fin estarías tomando el control de tu vida. Por fin harías lo que tanto quisiste y nadie en el mundo te lo puede impedir. Pues no. Ni en ese escenario perfecto utópico, estarías siendo tú quien decide. En este mismo instante, la información que ha llegado a ti generaciones por generaciones tomará el control absoluto. Cuando creas que estás eligiendo tu comida libremente, será tu instinto el que hará que elijas el plato con más calorías, grasa y azúcar, porque tus ancestros le temían al hambre. Harán que elijas a la chica o chico con mejores genes, guiándote por la simetría facial o su olor corporal para asegurar tu descendencia. Tú no eres un ente libre flotando en el espacio, eres el resultado de una fórmula matemática increíblemente compleja de biología, genética y casualidades ambientales. Tan solo creerás que elegiste ver este video en esta plataforma en este día y a esta hora. Pensarás que fue tu curiosidad intelectual, pero lo más probable es que no. Probablemente un algoritmo diseñado por ingenieros en otro continente calculó tu nivel de aburrimiento y te puso este estímulo enfrente, sabiendo cómo reaccionaría tu dopamina. Pero tranquilo, sigue creyendo que es así, por tu bien y el de este canal. Ya puedes decirte o no, como siempre, tú decides.
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