Thumbnail for ¿Qué es la verdad? (filosofía) - Dra. Ana Minecan by Ana Minecan

¿Qué es la verdad? (filosofía) - Dra. Ana Minecan

Ana Minecan

35m 44s4,388 words~22 min read
YouTube auto captions
Transcript source

YouTube auto captions

This transcript was extracted from YouTube's auto-generated caption track. The transcript below is server-rendered so it can be read, searched, cited, and shared without opening the original YouTube player.

Timestamped outline
Pull quotes
[0:29]Dicho muy brevemente y de forma muy concisa, la epistemología es la rama de la filosofía dedicada a reflexionar sobre el conocimiento.
[0:29]Pero, para entenderlo mejor, comencemos con un ejemplo sencillo, con una situación cotidiana que nos permitirá comenzar a despejar el camino hacia el núcleo filosófico profundo de la epistemología.
[0:29]Una nueva planta preciosa, que, sin embargo, jamás he visto antes y que no tengo ni idea, en realidad, de cómo debo cuidar.
[1:34]Ya lo dijo Aristóteles al comienzo de la metafísica: por naturaleza, todos los seres humanos desean saber.
Use this transcript
Related transcript hubs

[0:10]Saludos a todos y bienvenidos a un nuevo vídeo de nuestra sección preguntas y respuestas, esta vez dedicada a la cuestión que nos remite Alejandra Giro, que nos preguntaba ¿Qué es la epistemología y qué relación tiene con la verdad? Vamos a verlo.

[0:29]Dicho muy brevemente y de forma muy concisa, la epistemología es la rama de la filosofía dedicada a reflexionar sobre el conocimiento. Por tanto, aunque inicialmente nos resulte algo un poco ajeno y un poco abstruso, el problema que aborda esta disciplina es un reto, sin embargo, al que todos nos enfrentamos diariamente y que aparece además con toda su crudeza en los momentos más decisivos de nuestra vida. Pero, para entenderlo mejor, comencemos con un ejemplo sencillo, con una situación cotidiana que nos permitirá comenzar a despejar el camino hacia el núcleo filosófico profundo de la epistemología. Imaginemos, por tanto, por ejemplo, que me acabo de comprar una planta, ¿no? Una nueva planta preciosa, que, sin embargo, jamás he visto antes y que no tengo ni idea, en realidad, de cómo debo cuidar. Tengo, por tanto, un problema, necesito adquirir conocimiento relevante y fiable sobre un tema concreto, una situación, como podéis ver, en absoluta extraña ni poco común, ya que los humanos, en realidad, somos ávidos consumidores de conocimiento.

[1:34]Somos adictos al conocimiento, lo buscamos y lo consumimos constantemente. Ya lo dijo Aristóteles al comienzo de la metafísica: por naturaleza, todos los seres humanos desean saber. Es decir, estamos ante uno de nuestros más poderosos y profundos deseos. Todos los días queremos saber, pues, cómo regar nuestras plantas, quiero saber qué debo tomar para quitarme este dolor de cabeza, quiero saber cómo está mi amigo que vive en el extranjero, qué temperatura hará mañana. Quiero saber qué carrera estudiar, cómo debo conducir mi vida para ser feliz o también quiero saber el último cotilleo de mis amigas, porque el intercambio de información y la incorporación de nuevo conocimiento es una de las actividades que los miembros de nuestra especie realiza de forma ininterrumpida y placentera. Por algo hemos avanzado juntos hasta llegar a la era de la información y por algo nuestras principales y más populares tecnologías son las tecnologías de la comunicación. Por tanto, una vez identificado el problema, el siguiente paso es plantearnos cómo podremos adquirir este conocimiento. Cómo puedo yo como individuo alcanzar conocimiento verdadero sobre X, dónde puedo encontrarlo, mediante qué método debo buscarlo y cuál es el camino más fiable hacia la respuesta correcta a mi pregunta. Ante esta cuestión, todo ser humano se enfrenta a un conjunto de alternativas que constituyen el primer movimiento, el primer gesto hacia la epistemología.

[3:08]Un primer camino, una primera alternativa puede consistir en la observación empírica de la realidad, de aquello que denominamos los filósofos, los fenómenos y estados de cosas de la realidad. Por tanto, nuestra primera vía para adquirir conocimiento puede consistir en observar el mundo físico y cómo las cosas que lo conforman se relacionan y se afectan entre sí. Para extraer información empírica de este tipo podemos, por ejemplo, comprar unas cuantas plantas más de esta, y, mediante diversos ensayos, procurar a lo largo de varios días o a lo largo de varias semanas, someter a las pobres plantas a condiciones diferentes.

[3:46]Poca o mucha humedad, poca o mucha iluminación, usar un tipo de abono, no usarlo, y después poder observar cómo responde cada uno de los ejemplares de planta a estas condiciones. A partir de esta interacción física con el objeto de conocimiento, que es la planta en este caso, al que hemos sometido personalmente a diversas variables, podemos obtener muchos conocimientos correctos, pero no solo eso, atentos, podemos obtener también muchos conocimientos ciertos. Y atentos aquí porque el término certeza es uno de los ejes centrales de la epistemología. El calificativo cierto es habitualmente empleado en la filosofía para referirnos a aquellos conocimientos, atentos, que se distinguen por una característica especial. Son conocimientos que tienen un rasgo claramente diferenciado. A saber: son aquellos conocimientos que nos inspiran cuando estamos ante ellos una gran sensación de seguridad respecto a su carácter de verdad. Es decir, se trata de ese tipo de conocimientos que, cuando los escuchamos, cuando los tenemos delante, nos resultan absolutamente seguros, indubitables, firmes y evidentes. La certeza es, por tanto, un elemento muy importante del proceso de conocimiento, porque es una sensación, un estado mental que nos sobreviene siempre que experimentamos conocimientos claros y seguros, una sensación genial, que nos lleva por las pistas de la verdad. En la mayor parte de las ocasiones, respecto a la mayor parte de temas, sin embargo, no tenemos un conocimiento tan firme, tan claro, por lo que experimentar esta sensación respecto a algunas cosas es extremadamente relevante en la epistemología. Para que me podáis entender bien, la certeza es esa fuerza que sentimos, esa fuerza que disipa toda duda, ante el carácter verdadero y correcto de afirmaciones como 1 + 1 = 2. Todos nosotros sabemos que la afirmación es verdadera y, ante ella, no nos asaltan dudas, no nos asaltan inquietudes, no nos ponemos a buscar opiniones, ¿verdad? Sabemos por nosotros mismos que eso es cierto. Un ejemplo contrario a esta afirmación, que no estaría en absoluto acompañado por la certeza, serían, por ejemplo, todas las teorías y afirmaciones acerca de lo que pasará después de la muerte, o qué tiempo hará mañana. Ambas más o menos suelen tener el mismo nivel de incertidumbre, ¿verdad? No hay ninguna explicación, teoría o afirmación al respecto de cosas como esta que genere en nosotros la misma seguridad, la misma sensación total de certeza. Bien, pues volviendo a nuestro ejemplo, la experimentación empírica directa, por tanto, la experimentación personal, autónoma e individual de la realidad, la experimentación de primera mano, suele generar conocimientos que habitualmente están acompañados por esta sensación tan importante y tan relevante de certeza. No obstante, sin embargo, aunque este sea un método muy eficaz para generar seguridad y certeza, no suele ser lo que habitualmente hacemos en nuestra vida diaria. Generalmente, no sé vosotros, pero yo no suelo emprender este tipo de investigaciones empíricas en mi vida normal y, además, para las cosas verdaderamente importantes, en las que toca decidir cosas que van más allá sobre regar o no a esta planta, estos experimentos, además, son muy difíciles e, incluso, imposibles de realizar.

[7:24]Descartada la observación empírica, un segundo camino posible por el que habitualmente solemos optar para encontrar respuestas a nuestras preguntas es la deducción. La deducción es un modo particular de razonar, una capacidad específica de la mente humana, que, a partir de experiencias e ideas generales, nos permite extraer una conclusión aplicable al caso particular que tenemos delante.

[7:50]Es decir, empleando la deducción, acudimos a nuestra memoria, a nuestros conocimientos, a nuestras experiencias pasadas. Acudimos a nuestra mente, nos preguntamos a nosotros mismos y nos ofrecemos una respuesta derivada de generalidades. Por ejemplo, esto a mí me parece una planta tropical por mi experiencia, por las plantas que he visto anteriormente, y normalmente he visto que las plantas que vienen de regiones húmedas y calurosas, lo mejor que les viene es que se las riegue con frecuencia y que se les ponga al sol. Sin embargo, el problema de esta estrategia de la deducción como método para adquirir conocimiento es que es altamente falible. De hecho, en verdad, lo que yo tengo aquí es una asclepia carnosa, conocida también como joya carnosa, que es una planta, curiosamente, emparentada con los cactus y las crásulas, que tiene un crecimiento lentísimo y que, en verdad, solo necesita un riego cada dos semanas. Mis deducciones basadas en casos semejantes anteriores han sido incorrectas, porque mis experiencias y conocimientos pasados eran insuficientes y no englobaban en ningún caso las particularidades de este ejemplar de planta. De hecho, y aquí está lo grave, sobre casi todas las cosas que nos rodean, solemos hacer deducciones incorrectas, generalizaciones inadecuadas, ya que nuestros conocimientos sobre el mundo, a excepción de ámbitos muy concretos en los que cada uno sí somos expertos, suelen ser muy escasos. Al no tener suficientes datos, deducimos generalmente con demasiada rapidez y solemos sacar conclusiones precipitadas.

[9:28]Un tercer camino que puede tentarnos a la hora de buscar respuestas es el de la intuición. Y este, os lo aseguro, es más peligroso que caminar sobre lava, porque todos sabemos lo que es la intuición, pero a todos nos cuesta de algún modo explicarla. Bien, este extraño fenómeno tiene que ver con el conocimiento y, por tanto, también ha tenido su lugar y ha sido estudiado por la epistemología. Así, con intuición, término que proviene del latín y que significa literalmente "mirar hacia dentro", nos referimos a ese tipo de conocimientos directos e inmediatos que nos resultan evidentes sin que sintamos que haya mediado ningún tipo de razonamiento para alcanzarlos. No lo sé, lo intuyo. Lo que sabemos intuitivamente es algo que sabemos "de golpe" que no hemos razonado y que no sabemos justificar. Pues fijaros, seguro que todos habéis tenido intuiciones, esta extraña sensación de seguridad, de certeza epistemológica que a veces nos asalta de pronto, ha sido, de hecho, intensamente estudiada por la psicología y la neurobiología, y hoy en día sabemos que, en realidad, se trata de un curioso fenómeno psicológico muy particular, por el que creemos que estamos ante un conocimiento nuevo, injustificado, pero que, en realidad, se trata de información muy bien fundamentada sobre nuestras experiencias y conocimientos anteriores, pero que hace aparición en nuestra mente consciente de una forma tan repentina y emocionalmente tan intensa que nos parece como surgido de la nada. En realidad, por tanto, lo que llamamos intuición es el fruto de una deducción, una deducción de la que nosotros no somos conscientes, no hemos sido conscientes, porque el proceso lógico deductivo que hay detrás de ella nos ha pasado desapercibido. A veces expresa con ese "eureka" del científico, ¿verdad?, que lleva meses dándole vueltas a una idea y, de pronto, encuentra la solución, pero no sabe exactamente de dónde la ha sacado ni cómo fundamentarla bien. Y otras está relacionada con reacciones emotivas muy fuertes ante determinadas situaciones, ¿no? "Ah, sé que esa persona es mala, es falsa, lo siento", ¿no? O esa expresión que solemos decir: "Haz caso a fulanita de tal, que ella es muy intuitiva".

[11:59]De hecho, este es un reclamo muy común en la publicidad, que, generalmente, intenta apelar a las emociones fuertes e impulsivas de los seres humanos para tratar de reprimir nuestra reflexión cuando en la toma de decisiones en la compra. Porque, evidentemente, esto ayuda mucho a las ventas si reaccionamos emocionalmente muy rápido y muy impulsivamente y no reflexionamos. Así que frases como: "Déjate llevar por tu intuición y por tu instinto" son muy comunes en la publicidad, ¿verdad? Y el hecho de que hayamos elegido la marca X de cerveza, en realidad no tiene nada de espontáneo ni de natural, sino que ha sido construido por medio de innumerables impactos publicitarios anteriores por parte de esta marca. Es decir, no es que tú seas más intuitivo, sino que la reflexión deductiva de que esta marca de cerveza o que este coche es el mejor para ti ha sido, en realidad, guiada en segundo plano. Hay que tener, por tanto, mucho cuidado con este tipo de llamadas al impulso, porque no vienen ni del cielo ni del mundo de las ideas, sino que proceden de nosotros mismos y puede que hayan sido construidas, fundamentadas sobre deducciones incorrectas o deducciones que nos han metido en nuestra mente sin que nos hayamos dado cuenta.

[15:02]Pero de todas las consecuencias que tiene confiar en una autoridad y no tomarse las cosas por nuestra propia mano, quiero destacar la más importante. Y es que, con respecto al conocimiento que recibimos de los otros, experimentamos una clara disminución del nivel de certeza. Es decir, tenemos una sensación mucho menos intensa de seguridad. Los conocimientos provenientes de una autoridad externa, aunque los acabemos aceptando, aunque confiemos ciegamente en la fuente de la que provienen, no se nos revela nunca como tan claros y distintos y jamás serán tan ciertos como lo que hemos experimentado directamente. Alguien nos puede decir mil veces que el fuego quema, puede insistir en que le creamos, que es verdad, que ha hecho estudios, puede dar mil testimonios y explicaciones, mil pruebas y, con ellas, de hecho, puede acabar convenciéndonos, pero jamás alcanzaremos la clara, segura y límpida certeza que nos da la sencilla experiencia de meter la mano en el fuego. Este problema, evidentemente, tiene muy fácil solución en el caso de experiencias sencillas como el fuego, meter la mano en el fuego, pero es mucho más difícil cuando para experimentar algo con certeza por nosotros mismos necesitamos, por ejemplo, recibir una formación completa en física, en medicina o en biología. A qué me refiero con esto? Hay personas, por ejemplo, como bien sabéis, que no creen en la evolución y que piensan que las explicaciones que han escuchado en ámbitos de divulgación no son consistentes. Y esto, probablemente, sea cierto, porque la divulgación científica, la divulgación de la filosofía, la divulgación en general, suele simplificar mucho las ideas para poder llegar a todos los públicos. Si, en cambio, estas personas que solamente han tenido contacto con conocimientos divulgativos emprendieran un grado, un máster y, después, un doctorado en microbiología, tras largos años de estudios, podrían estar en condiciones de entrar en un laboratorio, saber usar sus instrumentos y poder presenciar en persona la evolución, los cambios evolutivos en estas criaturas.

[17:21]Os dejo abajo aquí en la descripción un link a un artículo que explica muy bien este interesantísimo experimento. Lo mismo pasaría, por tanto, con los que creen, no sé, que la Tierra es plana, o bien los lanzamos en un cohete a la estratosfera para que lo vean con sus propios ojos, o bien se le pone a hacer matemáticas y puede que le acabe pasando como ese famoso terraplanista del que, seguro que habéis oído hablar, que se puso en directo a desarrollar un experimento, un experimento, además, inspirado en la Grecia Clásica y, sin querer, en directo delante de sus oyentes, acabó probando, accidentalmente, que la Tierra era redonda. Así que, con esto, acabamos de descubrir un nuevo e importante problema epistemológico. Cuando abandonamos la búsqueda personal del saber y nos ponemos a buscar autoridades que nos transmitan los conocimientos que buscamos, nos ponemos en una postura pasiva que es intrínsecamente peligrosa. Y esto es importante, porque en la mayoría de los casos, en la mayoría de situaciones de nuestra vida ordinaria, nos veremos en esta situación, nos veremos obligados a delegar y a basarnos en fuentes de información externas. Y por ello, en la mayor parte de las ocasiones, en esta vida estaremos irremediablemente en manos del conocimiento de otros seres humanos.

[19:44]En primer lugar, clasificamos a todas esas personas a las que jamás les pediríamos consejo sobre nuestra planta ni sobre cosas similares, por ejemplo, mi primo de 2 años que no sabe nada de plantas, o mi cuñado, que ha matado todo ser vegetal que ha pasado por sus manos.

[20:03]Clasificamos así en este caso, usando de nuevo el criterio de la experiencia empírica, fijaros, lo importante, lo valioso que es para nosotros la experiencia directa, pero en este caso valorando el nivel de experiencia empírica que creemos que tienen los demás, separamos así rápidamente a los que son, incuestionablemente, ignorantes. Pero, ahora llega el verdadero problema: los potenciales expertos. Quién puede darnos verdaderamente el mejor consejo? ¿A quién debemos dirigirnos? ¿Quién es el verdadero experto, la fuente óptima para el conocimiento que buscamos? En primer lugar, en nuestra búsqueda de saber sobre la planta, está, por supuesto, nuestra abuela, que es una consumada cuidadora de plantas, que tiene su terraza llena de flores y que, por tanto, cuenta con la ventaja del éxito demostrado. Pero puede que la abuela no sepa nada de esta planta en concreto. Así que por mucho que sepa de plantas, puede que su autoridad sea nula en este caso concreto y no nos aconseje más. De hecho, lo sabéis bien, este es un error común en todos nosotros. Generalmente, y casi sin pensarlo, extrapolamos el éxito de un individuo de sus conocimientos en un ámbito muy concreto, a todos los aspectos de la vida, a muchas otras cuestiones de las que, quizá, esta persona en realidad no sepa nada. En nuestro día a día, por ejemplo, seguimos el consejo de personas socialmente exitosas, aunque estas, en realidad, no sepan nada de lo que nosotros estamos buscando. Este sesgo, este fallo en el que caemos habitualmente es muy bien conocido por la publicidad y, por tanto, ampliamente usado para vender productos. La publicidad conoce esta debilidad, típicamente humana, y nos presenta sus productos siempre junto a la imagen de actores, de deportistas, de empresarios importantes. La actriz famosa que siempre nos aconseja sobre un champú, aunque nosotros sepamos que ella, en realidad, no tiene absolutamente ni idea ni de química, ni de biología, ni tampoco tiene ninguna experiencia de peluquería o en los diversos tipos de productos del mercado, ni los ha comparado, da igual, no pasa nada.

[22:05]Como es una actriz famosa, le hacemos caso. El éxito en un ámbito, por tanto, no implica en absoluto que la persona también sea experta en todas las demás cosas y su autoridad puede ser, una vez más, nula en lo que nosotros nos planteamos. Así que la abuela, al igual que la actriz, aunque nos sean muy queridas y cercanas, puede que no tengan ni idea de lo que están hablando. En segundo lugar, estaría el florista, el dueño de la tienda, de la floristería en la que hemos comprado nuestra planta y que, dado que vende plantas, probablemente tenga datos concretos sobre esta especie. Pero también puede ocurrir que no le haya dado tiempo a leer suficientemente esta planta, o que esté tan inmerso y tan preocupado por su negocio que no tenga tiempo para informarse. Además, puf, para ir a preguntarle al florista, tendríamos que vestirnos, salir de casa, ir a la tienda, coger el metro, molestar al pobre hombre, hablar con él, demasiado esfuerzo, ¿verdad? Por ello, en tercer lugar, está, por supuesto, nuestra fuente de conocimiento más habitual: Internet.

[23:08]Mucho más cómodo, mucho más privado y accesible.

[23:14]Podemos usarlo desde la comodidad del sofá y, además, no tenemos que hablar con nadie para hacerlo. Pero en este punto se abre ante nuestros pies, de nuevo, un vasto y oscuro océano de posibilidades. Internet pone a nuestro alcance diversas alternativas. Por ejemplo, podemos ver unos cuantos vídeos cortos de YouTube sobre estas plantas, si los encontramos. También podemos usar YouTube para buscar un libro específico sobre esta especie y comprarlo y leerlo. Y también, finalmente, podríamos llegar a buscar literatura científica específica sobre esta especie. Los artículos científicos, en este caso, vendrían a ser algo así como la cúspide, el conocimiento más especializado, más preciso sobre cómo cuidar a nuestra planta, porque aquellos artículos científicos publicados en revistas serias, en revistas con altos estándares de evaluación, tienen la virtud de ser el resultado de numerosos experimentos científicamente ordenados, revisados, repetidos y, además, tiene la virtud de aunar toda la tradición anterior de la literatura científica sobre los errores y ensayos del pasado acerca de esta especie.

[24:42]Cualquiera que se haya dedicado a la investigación sabe lo bonito que es llorar cuando ya te han rechazado cinco veces el artículo que has escrito a lo largo de 8 meses. Pero es así, así funcionan las revistas científicas y, por tanto, garantizan unos estándares muy altos de revisión y de calidad de este conocimiento. Además, un mal artículo puede destruir toda una carrera o dejar a un departamento o a un laboratorio sin financiación. En cambio, un mal consejo de nuestra abuela nunca va a hacer que desaparezca nuestro amor incondicional. Pero hablar de artículos, de revistas científicas para saber simplemente cómo tengo que regar una planta, seguro que empieza a generaros a todos una cierta sensación de exageración. Oye Ana, yo solamente quería saber cuántas veces debo regar la planta, ¿vale? No hacerme un doctorado en botánica. Estoy segura, segurísima de que la mayoría de nosotros, yo incluida, por supuesto, se conformaría con la información encontrada en alguno de los pasos intermedios, en los primeros pasos del camino y no le daría más vueltas para no perder el tiempo y porque tampoco es un tema tan importante. Pero, y aquí está mi pregunta, ¿Y en los temas verdaderamente importantes? No hacemos las cosas también de la misma manera, con el mismo descuido, con la misma vagancia y, en los temas en los que nos jugamos la vida, la salud, la educación, el futuro o la felicidad, somos igual de vagos y poco exigentes?

[26:17]Y si esto fuera poco, nuestros problemas no acaban aquí, porque incluso cuando quisiéramos no conformarnos, incluso si somos personas curiosas, ¿no?, de talante inquieto, de espíritu científico, incluso si quisiéramos no quedarnos en la superficie del asunto y avanzar para saber más, nos encontraríamos con enormes dificultades. En primer lugar, la primera de ellas es la llamada dificultad de acceso al conocimiento. Lo sabéis bien, no todo el mundo posee las herramientas económicas ni formativas para acceder a conocimiento de calidad. Por ejemplo, no todo el mundo puede comprar libros caros, los libros científicos son muy caros. Ni todo el mundo sabe cuáles son los repositorios de artículos científicos más relevantes, más reconocidos, la mayoría de esos repositorios también de pago y muy muy caros, ni todo el mundo sabe cómo buscar en estas bases de datos o, sencillamente, si lo logra, no todo el mundo ni siquiera puede leer la información que hay en esos artículos porque la mayoría de ellos están escritos en inglés y, además, en un lenguaje técnico muy complejo, comprensible solamente para las personas que tienen formación superior al respecto. Muchas personas se quedan en la superficie leyendo artículos periodísticos, cosas que tienen pinta de ser artículos científicos, pero acceder a estas bases es extremadamente difícil y extremadamente caro. La epistemología, en este sentido, incluye también interesantísimos estudios sobre el aspecto social y económico del conocimiento. De qué modo influye, se preguntan muchos epistemólogos en la búsqueda, obtención y difusión del conocimiento, el nivel socioeconómico de las personas. Cómo se pueden romper las brechas y barreras y en qué medida afecta a determinados grupos de población la falta de acceso al conocimiento. Una de las subramas más interesantes de la disciplina, al final del curso os recomendaré alguna lectura sobre ello, es la llamada sociología del conocimiento científico.

[28:21]Pero, de hecho, incluso si pudiéramos con todos estos elementos, con todas estas dificultades, aparece otra terrible realidad y es que no existe un solo artículo en el que esté resumida toda la verdad, ni un solo libro, sino decenas de ellos que ofrecen perspectivas diferentes y en los que, en ocasiones, las interpretaciones sobre los mismos datos pueden llegar a contradecirse. Pero esto es la investigación, así funciona. Cuando uno se dedica a investigar, descubre con sorpresa toda la complicada red que sostiene todas y cada una de las afirmaciones que sobre cualquier tema haya mantenido el género humano. Cuanto más estudia uno, cuanto más se dedica a la investigación, más cuenta se da de su propia ignorancia y de lo complicadísimo de cada uno de los temas.

[29:12]Además, en último lugar, hoy en día, debido a que usamos masivamente las redes sociales como fuentes de información primaria, ¿verdad? Todos usamos Facebook, incluso Instagram o YouTube para acceder a las noticias. Nos vemos ante un problema añadido, un problema nuevo que es el de la creación deliberada de información falsa, de la creación deliberada de desinformaciones. Como bien sabéis, no estoy contando nada nuevo, dado que los resultados de búsqueda que responden a nuestras preguntas en Google, en Internet, en cualquier buscador, pueden verse manipuladas pagando a las redes sociales para que determinadas páginas web, determinados artículos o determinados vídeos aparezcan en primer lugar. Es muy fácil, posible, además, muy fácil crear deliberadamente ignorancia, confusión. Por ejemplo, para vender un producto diciendo que no sé qué compuesto descubierto en no sé qué lugar es muy bueno para la piel y está científicamente demostrado, ¿verdad? Si nosotros pagamos y creamos un número considerable de entradas, de primeras entradas apoyando esta idea, finalmente la persona que está buscando información al respecto, seguramente termine convencida de que dicha idea es cierta, cuando, en realidad, solamente ha habido una manipulación de los resultados. Por otro lado, los resultados pagados, además, fáciles, divertidos entierran las pocas cosas serias que hay en abierto en Internet y la inmensa mayoría de nosotros llega siempre a información de muy mala calidad. Por ello, y esto es lo más humano del mundo, en la mayoría de ocasiones, tendremos a tomar el camino corto, es decir, el camino de la cercanía, de la familiaridad, de la confianza o de la facilidad de acceso. Así que acabamos haciendo caso a la abuela, a un amigo o a un vídeo de Internet y punto, que, al fin y al cabo, es una maldita planta y, buah, yo que sé, si se muere se murió. Pero os lo pregunto una vez más: ¿y qué pasa con el resto de aspectos de nuestra vida, esos en los que no da tan igual y el que se puede morir no es una planta, sino nuestro hijo o nosotros mismos, o nuestra futura felicidad? No tener ni idea, no saber absolutamente nada acerca de cómo se debe manejar el conocimiento, no tener ni la remota idea de qué es la epistemología y qué fallos nos descubre, puede ser, en algunos casos, una verdadera tragedia. Pequeña nota para todos aquellos que dicen que la filosofía no sirve para nada.

[35:11]Lo que acabas de ver es solo un pequeño fragmento de nuestro curso. Si quieres disfrutarlo en su totalidad y descubrir muchos otros cursos, también de historia de la ciencia y de historia del arte, visita nuestra web anaminecan.com. Y recuerda, este proyecto solo es posible gracias a nuestro programa de microfinanciación. Si quieres apoyarnos, conviértete en uno de nuestros micromecenas en Patreon, desde solo 1 € al mes, nos ayudarás activamente a seguir difundiendo la cultura.

Need another transcript?

Paste any YouTube URL to get a clean transcript in seconds.

Get a Transcript