[0:05]Desde siempre el ser humano ha consumido toda clase de drogas, bien para curarse o por mero placer. Alcohol, cocaína, morfina, pero todas ellas hacen mella en el cerebro. Drogas y cerebro, cocaína y estimulantes, la mecánica del placer. En la actualidad, la biología es capaz de explicar los efectos en nuestras cabezas y el estudio de las drogas permite a la ciencia comprender mejor el funcionamiento del cerebro.
[0:36]La cocaína y su derivado el crack, las anfetaminas y los antidepresivos tienen en común suministrar energía, confianza y una cierta euforia. Todas son drogas estimulantes del cerebro.
[0:53]En las montañas de América del Sur, la hoja de coca es una planta sagrada y milenaria.
[1:01]Bajo el Imperio Inca, la quemaban y la consumían durante las ceremonias en honor al Dios Sol.
[1:09]Aún hoy en día, los chamanes indios se sirven de ella para los ritos adivinatorios.
[1:33]En Colombia, Bolivia y Perú, la mayor parte de los indígenas tradicionalmente mastican las hojas de coca como aporte de energía para resistir la fatiga y para eliminar la sensación de hambre.
[1:52]Aunque los campesinos tienen el derecho a cultivar la coca de manera legal para el consumo propio o para la fabricación de medicamentos, sin embargo, pueden ganar el doble vendiendo su cosecha a los laboratorios clandestinos que fabrican la cocaína. Se calcula que en la actualidad hay más de 13 millones de cocainómanos en el mundo. Con 158.000 hectáreas dedicadas a su cultivo, la cocaína genera un tráfico colosal que produce millones de dólares en beneficios y pone a aldeas enteras a expensas de los narcotraficantes. Esta es la hoja de coca. Esto de acá es tu droga, lo que sale. Esto de acá. Esto una vez que se le pisa ya comienza a salir, mira. Sale la droga, su nombre es el...
[2:44]Primero le ponemos esto. Para que tenga efectos en el cerebro, el punto de partida es puramente químico. Con grandes dosis de cal, ácido sulfúrico y queroseno que sirven de fijador.
[3:04]A partir de la cocaína se fabrica también un derivado muy potente, el crack, que se vende bajo la forma de pequeñas piedrecitas.
[3:15]En vivo y en directo para que aprendas, pero esto no, esto no se toma.
[3:21]Eso te llega hasta nuestro paladar, hasta aquí nomás, y se le bota. Ahí va, ahí va, ahí sale la...
[3:36]Los probados, los probados.
[4:05]El Laboratorio Nacional de Brookhaven, cerca de Nueva York, es uno de los pocos lugares del mundo en donde investigadores como Jin Jack Wang, pueden estudiar en tiempo real el cerebro humano bajo la acción de las drogas. Sabemos que la cocaína la usaban desde hace miles de años los indios de Sudamérica. La masticaban de la misma forma que el tabaco, lo cual no creaba dependencia.
[4:39]No era considerada una droga adictiva. Luego apareció el crack. Esnifada no provoca dependencia, pero fumada o inyectada en vena provoca una gran dependencia.
[4:55]Por tanto, el modo de administrársela y la velocidad con la que llega la cocaína al cerebro son lo que hacen a una persona dependiente.
[5:44]El humo del crack pasa a través de la boca, de ahí a los pulmones e inmediatamente al cerebro.
[5:53]En Brookhaven utilizan sobre todo la tomografía mediante la emisión de positrones. Las radiaciones dibujan de forma virtual el cerebro para identificar las zonas activadas por las drogas.
[6:08]Aquí hemos podido demostrar que el crack invade ciertas regiones del cerebro mucho más rápido que la cocaína en polvo o inyectada, una velocidad que explica la temible intensidad de sus efectos. Estos trabajos están coordinados por Nora Volkov, una científica situada a la cabeza del organismo que supervisa cualquier investigación estadounidense acerca de las drogas. Estamos mostrando con la ayuda de la tecnología de la imagen, junto a otros investigadores y experimentos con animales, que las drogas administradas repetidamente perturban de manera fundamental la manera con la que trabaja el cerebro. Afecta especialmente a la motivación. La motivación que una persona siente por tomar esta droga se vuelve extremadamente intensa. Pero también afecta a zonas del cerebro que están implicadas en operaciones como la toma de decisiones, el raciocinio, la capacidad de controlar nuestros actos.
[7:08]Afecta también a los circuitos de la memoria. Y no solo a los circuitos que utilizamos para aprender una nueva lengua, sino también a aquellos implicados en recordar experiencias emocionales.
[7:20]Dentro de la cavidad craneal, el córtex es la parte más visible. Es donde residen nuestras facultades intelectuales. Bajo su repliegue, en una zona oculta, se encuentra el área límbica que gobierna las emociones y las motivaciones. Y es aquí donde las drogas actúan. Para ello, todas las drogas piratean el sistema de comunicación del cerebro, pues nuestro cerebro se pasa la mayor parte del tiempo hablando consigo mismo. Su buen funcionamiento se basa en el diálogo incesante entre nuestros cien millones de células nerviosas, las neuronas. Para hacer circular la información, las neuronas envían mensajeros químicos denominados neurotransmisores. Bien sea el dolor, el placer o el ritmo en el intercambio de información, los neurotransmisores regulan un equilibrio sutil y complejo del que dependen el conjunto de las funciones de nuestro organismo. Entre cada neurona existe un pequeño espacio en el que reina una intensa actividad. Es aquí, en la sinapsis, en donde actúan los neurotransmisores. Para hacer circular la información de una neurona a otra, se dirigen a sus receptores correspondientes. Estos mecanismos se dan en los seres humanos y, en general, en los mamíferos, incluidos los más pequeños. Nunca hubiéramos podido estudiar la acción de las drogas de no haber sido por las ratas y los ratones. Comparten un gran número de sus genes con nosotros y las drogas desencadenan las mismas tempestades en sus cerebros. De hecho, la humanidad entera tiene una deuda moral con estos pequeños animales.
[9:14]Podemos drogar a las ratas, manipular sus genes e incluso diseccionarlas. Es la triste pero necesaria labor diaria de los laboratorios que comparan el estado de las ratas controladas o normales con las ratas denominadas knockout. Esta técnica consiste en suprimir los genes de los ratones normales. Por ejemplo, el gen responsable de la fabricación de un neurotransmisor. Estos ratones modificados genéticamente se llaman ratones knockout.
[9:55]Al día de hoy conocemos una decena de neurotransmisores, pero hay uno que juega un papel fundamental en la sensación del placer y la atracción por las drogas, es la conocida dopamina.
[10:12]Vean a qué se parece la dopamina al microscopio bajo su forma cristalizada.
[10:20]Y bajo la representación de un enlace químico.
[10:25]Una molécula microscópica de la que Bruno Giros estudia sus efectos destacados en el cerebro de los ratones normales y de los ratones knockout. Todas las drogas utilizadas por el hombre, la nicotina, el alcohol, los opiáceos, los cannabinoides, los estimulantes del cerebro. Todas estas drogas tienen una cosa en común, liberan dopamina, así pues la dopamina es efectivamente el centro de sus circuitos de recompensa, por no decir de sus circuitos de placer. La dopamina es liberada igualmente a través del juego compulsivo, las actividades sexuales o la ingesta de alimento. Y son precisamente la actividad sexual y la ingesta de comida, factores importantes en la liberación de la dopamina. Es decir, se trata de comportamientos de supervivencia, son indispensables para la continuidad de la especie. Las drogas no hacen sino minar estas actividades y van en cierto sentido a engañar al sistema, a aprovecharse de él. El cerebro, en un principio, no fue diseñado para depender de las drogas, sino que fue creado para activar sistemas de refuerzo que permitieran, justamente, la mencionada actividad sexual y la ingesta de alimento. Las drogas, de una manera general, van a engañar a estos sistemas y ocupar su lugar. Este experimento permite observar una de las funciones de la dopamina. En la caja de la derecha, un ratón normal. A la izquierda, un ratón knockout, al que se le ha suprimido un elemento esencial en el circuito de la dopamina, el que la transporta.
[12:10]Por una parte, tenemos la terminación nerviosa del animal normal que libera la dopamina.
[12:24]La dopamina no va a tardar en instalarse en los receptores que están aquí en la célula receptora. Y rápidamente, dicha dopamina es recaptada por el transportador de la dopamina aquí, para así alcanzar el interior de la neurona.
[13:06]En nuestro ratón knockout, se da también la misma terminación, la liberación de la dopamina. Activación de los receptores, pero no la recaptación.
[13:21]Por tanto, se liberan grandes cantidades de dopamina aquí en la sinapsis y toda esta dopamina activa a los receptores de manera muy importante. Aquí pueden ver esta hiperactividad. Ahora son mucho más activos. De hecho, muestran un comportamiento totalmente idéntico al de los ratones normales que acaban de ver y a los que se les ha inyectado cocaína.
[13:46]Una vez que hemos comprendido el sistema, ya podemos identificar los mecanismos con los que pondremos en juego una menor cantidad de dopamina a liberar o lo contrario. A continuación, lo compararemos con el ser humano para así probar estas hipótesis con las moléculas que están a nuestra disposición o que van a ser desarrolladas en años venideros. Evidentemente, a nuestra cobaya no le podemos preguntar cómo le afecta a su psique, que es lo que buscamos en el hombre. Pero todo lo que hay detrás de estos problemas de pensamiento, toda la neurobiología es estrictamente la misma. Es justo la expresión de esta neurobiología que, por ejemplo, en los ratones se mostrará en el movimiento y en el hombre en una gran actividad mental. Al observar estos mecanismos en los ratones de control y en los knockout, los investigadores identifican las innumerables funciones de la dopamina en nuestro cerebro. Y cuando cortan estos diminutos cerebros en láminas, atraviesan una primera etapa en el descubrimiento de nuevos medicamentos.
[16:58]En el cerebro, estimulada por la cocaína, la dopamina no asciende a cualquier parte del cerebro. Se concentra en el área límbica, a nivel del cuerpo estriado, y más en concreto en el núcleo accumbens. Desde hace 10 años, el estudio de esta zona, a la vez minúscula y crucial, ha desencadenado una pequeña revolución en la neurociencia. Todos están de acuerdo en que el núcleo accumbens sería el centro de sensaciones de placer provocadas por la dopamina.
[17:35]Comparada con otras fuentes de recompensas y, sobre todo, con las sensaciones subjetivas de placer como comer, beber o el sexo, es claro que lo que uno hace cuando lleva a cabo estas actividades es bastante diferente. Cada cual busca el objeto de su motivación, busca comida, busca agua, se desea sexo. Entonces, uno adopta un comportamiento particular, como comer, con todo lo que implica dicho acto, se degusta, se traga, se ingiere y se libera glucosa. Y se cree que en un determinado punto de este proceso, quizá desde los primeros instantes en que nos llevamos la comida a la boca, cambiamos la actividad del circuito de la dopamina. Y esto ha sido medido. Con las drogas no anhelamos ninguno de los que a menudo llamamos comportamientos de consumo, es decir, de llevarnos algo a la boca, de gustarlo, masticarlo, o incluso mantener una actividad sexual. Cuando algo entra inyectado en vena o en forma de humo por la nariz, se produce un cortocircuito que altera el proceso de la dopamina directa y rápidamente, sin ninguna actividad preliminar. De ahí el concepto de alteración del sistema de recompensa del cerebro.
[19:07]Lo que estamos empezando a comprender es que cuestiones fundamentales respecto a lo que constituye el comportamiento voluntario se hacen cada vez más evidentes. Y una de las enfermedades donde se hace más patente es en la drogodependencia. El número de pacientes tratados de hiperactividad es realmente considerable. Pero nada en comparación con los 300 millones de consumidores de otro tipo de psicoestimulantes recetados por los médicos, los antidepresivos.
[19:40]Especialista en las depresiones bajo su aspecto biológico, psiquiátrico y farmacológico, Michel Hamon estudia los mecanismos de acción de los antidepresivos. Intuitivamente, se sabe con claridad lo que es la depresión, es un estado de ánimo triste. Esta es la definición más conocida, pero son también una serie de síntomas que demuestran que se trata de una patología, de una verdadera enfermedad. Es en particular una infravaloración de sí mismo, efectivamente, se tiene la impresión de que uno no vale nada. Es también una pérdida de motivación. Es, en cierto sentido, una pérdida del impulso vital. Es decir, se carece de una capacidad de búsqueda, de experimentar el placer, el placer de la vida cotidiana, de las actividades del día a día. Y esto se puede hacer patente en el trabajo, por ejemplo, a través de una pérdida de motivación.
[21:02]Si es una hormona, esto quiere decir que es liberada en la sangre y que va a actuar sobre un objetivo. En este caso, una glándula que se encuentra en los riñones y que se llama glándula suprarrenal. En esta zona, en la corteza, lo que se denomina el córtex de la glándula se encuentra la glándula córtico suprarrenal. La ACTH actúa sobre las células a este nivel y activa las células y estas últimas van a liberar lo que se denomina cortisol. Es una de las hormonas, yo diría la principal, que permite al organismo reaccionar ante el estrés. El cortisol desata una movilización general del organismo y una explotación intensiva de las reservas de energía, los azúcares y las grasas. Después el cortisol regresa al cerebro para informar al hipotálamo que ha cumplido con su trabajo y normalmente, cuando el estrés ha desaparecido, el ciclo se aminora y el organismo recobra su estado de equilibrio. Pero sucede que el cortisol se acelera y que pasa sin detenerse, es una vía abierta para la depresión.
[22:20]El sujeto depresivo es un individuo cuyo sistema de estrés, de reacción al estrés, está constantemente activo. La idea es impedir esta acción del cortisol y por tanto actuar directamente sobre este axón para frenar su actividad. Existen productos que funcionan muy bien sobre los animales y que impiden la acción excesiva de este axón.
[23:09]Se estima, aproximadamente, que el 15% de la población puede presentar, en un momento u otro de su existencia, un episodio depresivo. El hecho de deprimirse o algo similar, era considerado sólo como algo negativo hace unos años. Y lo sigue siendo en algunos lugares, cuando en realidad se trata de una patología, de una enfermedad. Las personas sufren y existe un sustrato biológico. Puede verse en el cerebro lo que pasa en el cerebro del enfermo, y también puede verse cómo actúan los medicamentos sobre él. En resumidas cuentas, para mí es una patología al mismo nivel que la drogodependencia. Un toxicómano es un enfermo y no alguien al que se le deba tratar o considerar como un delincuente. Es un enfermo. Repito, tiene una cierta apetencia por un producto, la droga, en un momento dado, y el hecho de tomarla y su vulnerabilidad particular le convierten en un enfermo al que es necesario curar. Estas personas están enfermas, los deprimidos también, los que padecen fobias, las alteraciones de comportamiento son verdaderas enfermedades.
[24:27]Lo que estamos empezando a comprender es que cuestiones fundamentales respecto a lo que constituye el comportamiento voluntario se hacen cada vez más evidentes. Y una de las enfermedades donde se hace más patente es en la drogodependencia. Porque hablo con propiedad, durante muchos años he estado tratando con drogodependientes. Actualmente, entre estas personas adictas, algunas mujeres, por ejemplo, han perdido a sus hijos a causa de la droga. Se les advirtió diciéndoles, si consumen drogas, nos haremos cargo de sus hijos. Y en realidad, quieren a sus hijos, no quieren perderlos, pero por la razón que sea, se encuentran con un amigo, les tientan con la droga y antes de darse cuenta ya la están consumiendo, a expensas de perder a sus hijos.
[25:21]Es el hombre esclavo de sus neuronas, nuestras decisiones son fruto de nuestros razonamientos o el producto de la gran farmacia que es nuestro cerebro. Qué lugar ocupa nuestro libre albedrío en todo esto. Pensamos que existe el libre albedrío, lo damos por asumido. De otra forma tendríamos graves problemas para dirigir un gobierno, un estado y nuestra civilización, pero cuál es el límite del libre albedrío. Hasta qué punto está influido por el subconsciente y por las recompensas que actúan en el inconsciente, eso no se sabe. Yo tampoco lo sé, es un tema muy complejo, y si me preguntan un ámbito de investigación preferente, este podría valer, el mismo libre albedrío. Quizás aún más que la conciencia, porque es algo que determina el funcionamiento de la sociedad, la cual está dirigida por cerebros de individuos.
[50:03]A todos las ratas y souris que, cada día en los laboratorios, contribuyen a una mejor comprensión de la consciencia humana.



