[0:12]La modernidad es un nuevo modelo cultural, que va a desplazar alrededor del siglo XV en Occidente, a un anterior modelo cultural milenario basado en la magia, el mito y la religión. Fundamentalmente es el proceso renacentista en Europa, es el que construye una nueva visión de la vida, y se produce un desplazamiento de la figura de Dios como centro de la visión del mundo y el universo. Definición de Max que Max Weber le da al término cultura para ubicar en el centro de ese universo una nueva figura que ya no sea Dios, sino que será el hombre. Ese hombre que se transforma en el protagonista esencial de la cultura y de la vida a partir de ese momento. Un hombre que no necesariamente es identificado, que no necesariamente es personificado, sino que es un hombre en general en su concepto universal. La figura humana pasa a ocupar un lugar central en la concepción de la cultura, pero no es cualquier concepto sobre el hombre, sino que hablamos del hombre cartesiano. Ese hombre que piensa y con su pensamiento es capaz de reconstruir la vida a su medida, de crear un mundo a la medida del hombre. Por eso la razón será el factor esencial para la modernidad. El hombre pasa del mito premoderno al logos, un concepto griego capaz de resumir en su doble acepción, los dos pilares fundamentales de la cultura moderna. El logos en tanto razón, y el logos en tanto palabra. Digamos, esta doble caracterización de la palabra logos es de algún modo un resumen de la importancia que tiene la razón para la modernidad. La palabra no solamente en su característica hablada, sino también y fundamentalmente, la palabra escrita, que será una marca esencial de la cultura moderna. No es casual que coincidiendo en el inicio de la cultura de la modernidad aparezca la figura de Gutenberg y su creación, la imprenta. Es tan potente la presencia del libro para la modernidad que podríamos considerar, como lo hacen algunos autores, que estamos en presencia de un paréntesis histórico de 500 años en el que la palabra escrita asume un protagonismo excluyente por sobre cualquier otro forma de comunicación. La modernidad se construye entonces con una cultura libresca, es una cultura edificada en el libro. Por eso la escuela, que es una institución de la modernidad, tiene un apego tan esencial al libro y a la palabra escrita. Otro factor fundante de la modernidad que surge de la razón y se apuntala en la palabra, será la política. La política moderna nace también en ese período renacentista con figuras como Maquiavelo, que comienza a concebir una sociedad que puede prescindir, o que intenta prescindir de la tutela de Dios, ¿no? Desprenderse de la divinidad para construir y ordenar el mundo. Un mundo a la medida del hombre, que ya no está basada en el poder basado, perdón, en el poder de la de la divinidad, sino en el poder de la voluntad racional. Por eso hombres modernos como Immanuel Kant van a plantear que la modernidad pone fin a la etapa infantil de la humanidad. El hombre moderno se vuelve adulto, la humanidad se vuelve adulta y puede elegir según su decisión. Aparecen los iluministas y el iluminismo y aparecen los contractualistas como Hobbes, Locke y Rousseau que entienden posible ordenar una sociedad a partir de la razón, de la voluntad humana. Tan forma con ello a la ideología liberal, pero no son los únicos. Luego otro moderno como Carlos Marx construirá la ideología comunista. Liberalismo y comunismo son hijos de la misma madre moderna. La persuasión será el procedimiento de relación intelectual central en la modernidad. Argumentar racionalmente será el modo de convencer a unos de las ideas de los otros.
[4:55]Y una característica del persuadido es su firmeza y la dificultad de ser persuadido de algo distinto, lo cual nos lleva a otro factor propio y muy particular de la modernidad que es la idea de profundidad. La modernidad es un tiempo profundo, profundidad entendida como enraizamiento sólido y consistente en algo. Esa profundidad se manifiesta en ideas enraizadas, en sentimientos enraizados, en costumbres enraizadas. Y lo que enraíza es muy difícil de ser movido. Es muy difícil de ser modificado. La modernidad, si bien plantea la idea de cambio, en verdad se instala en un proceso que hasta podríamos decir se opone a ese modelo de cambio, o por lo menos pone límites al modelo de cambio. Por tal, aparece muy potentemente la idea de permanencia como valor moderno. Lo que permanece parece bueno, lo que permanece parece mejor. Lo durable, lo consistente, sean ellas ideas, cosas o emociones, o incluso adhesión a un espacio físico, aparece como valorable. La persuasión y lo permanente nos conducen también dentro de un mundo racional a la idea de verdad. Pero no cualquier verdad, sino una verdad única. Una verdad.
[6:37]El hombre moderno se cree capaz de poder alcanzar la verdad y para eso da forma a un universo que es el universo científico. Que tuvo impulso a partir del siglo XVII, con expresiones tales como la matemática, la física, la química, la astronomía y otras que pretenden ese objetivo de verdad. Una cultura que estima que existe lo verdadero y, por ende, lo falso. De esa pretensión de verdad, obviamente no se excluye el el proceder del hombre. Por el contrario, existe una idea de una moral de carácter universal. Una conducta sobre lo bueno y lo malo, sobre lo correcto y lo incorrecto, que sea igual para todos los hombres. Y como occidente es donde se crea y se fundamenta la modernidad, la moral occidental se concibe como el pensamiento de una cultura superior. Por otra parte, la pretensión de verdad da lugar a la existencia del conflicto. Y la modernidad es un tiempo de conflictos. El conflicto hace a la modernidad. La cultura moderna no es un tiempo de paz y de armonía, por el contrario, y esa conflictividad se expresa en un en un concepto muy propio de la modernidad, que es la dialéctica. Uno de los grandes conceptos filosóficos del pensamiento moderno. Hegel desarrolla ampliamente el concepto dialéctico y se puede sintetizar en la idea de lo otro en lo mismo. En cada idea, en cada fenómeno anima su contrario. Toda circunstancia genera su opuesto y da forma al conflicto que le da sentido a ambas partes. La idea dialéctica es una idea central para la modernidad. Así, el futuro se entiende desde el presente. El presente tiene sentido por la existencia del pasado. La sombra vive en la luz, el dolor requiere del placer, la lejanía se comprende por la cercanía. El inicio supone la existencia del final, la carencia se enfrenta a la opulencia, la ignorancia anida en la sabiduría. El yo supone y exige la existencia del otro, el disgusto está ligado al me gusta. Lo interno contiene lo externo. El amo se explica por el esclavo, la vida tiene sentido en la muerte. La dialéctica moderna es un fenómeno procesual de conflicto y resolución para generar un nuevo conflicto en una cadena de transformación y crecimiento de evolución permanente en una espiral ascendente sin límites. Volviendo a la idea de moral universal, de ella deriva la construcción de una sociedad disciplinaria, en la que la mirada externa se vuelve importante y acechante. Un mundo normativo y ordenado, basado en el panóptico de la vigilancia y, eventualmente, del castigo, tal como lo analiza el filósofo y psicólogo Michel Foucault. Es en este marco disciplinario normativo, donde la existencia de la libertad en la modernidad se vuelve una quimera. Los espacios de libertad de la cultura moderna son escasos, pero el concepto de libertad es una de las grandes pretensiones modernas, es un es un valor esencialmente moderno y altamente requerido por la modernidad. La libertad es un valor siempre perseguido y rara vez alcanzado, prevaleciendo la acción represiva, la conquista de una vida libre. En cambio, hay otro factor que sí alcanza una dimensión sólida, que es el factor de la seguridad de la modernidad. Estamos ante un valor muy presente y casi garantizado, ya que un mundo disciplinario, normativo, jerarquizado, vigilado, asegura una vida protegida. Estamos estamos en presencia de la idea de la jaula de hierro que imaginó Max Weber, que da forma a todo un amplio espectro de seguridad. Una seguridad de carácter existencial, una seguridad urbana, pero también una seguridad laboral, una seguridad emocional. Seguridad y libertad forman parte de una misma balanza que difícilmente logre un equilibrio y que dentro de la cultura moderna hace prevalecer el platillo de la seguridad por sobre todas las cosas. En esta idea, en este en este verdadero conflicto dialéctico aparece la idea del deber. La idea del deber es una idea que pone afuera del hombre la decisión y hace crecer la importancia del otro, en esta relación también dialéctica, propia de la modernidad. En una relación que acrecienta la presencia de la norma, la norma impuesta por el otro y con ello el conflicto entre libertad y obediencia que realza la figura de la autoridad.
[12:20]Esta autoridad se hace presente en esa en una de las grandes construcciones normativas que tiene la modernidad, que es nada menos que el Estado. El Estado es un entramado normativo de gran dimensión en la cultura moderna que ordena la vida de la sociedad, donde el poder político ocupa el espacio central de las relaciones de poder de esa sociedad. Y la población que compone el Estado se asienta en una categoría central que es la categoría de ciudadano. Dentro de la modernidad, quienes gozan de los derechos que ampara el Estado, son los ciudadanos, pero al mismo tiempo reconoce una segunda categoría central, una segunda categoría esencial, que es la de trabajador. Y en la modernidad domina una ética del trabajo, un valor del trabajo profundamente arraigado. La idea es que el trabajador, la figura del trabajador, es para la modernidad un modelo deseable de ciudadano. Y esto no solamente lo es, digamos, el trabajador no solamente es un un modelo deseable de ciudadano para el sistema capitalista, sino que incluso lo será para su contrario o su enemigo, que es el marxismo. También el trabajo para el marxismo es una actividad central en la forma de vivir del hombre moderno. Esencialmente se trata de que trabajar es bueno.
[13:52]En esta misma línea de análisis, aparece otro de los cimientos de la modernidad, junto con la razón y se trata del progreso. La idea de progreso es esencialmente una idea moderna. Considera que la humanidad es un está en medio de un proceso de evolución permanente. Una evolución como una flecha lanzada hacia arriba y adelante, siempre a más, siempre mejor, para que la modernidad, la historia humana nunca retroceda. Siempre avance a partir de la forma de la firme voluntad y racionalidad del hombre. Por eso la modernidad es un tiempo teleológico. Es es un es un una idea de historia con una finalidad, con un objetivo, la humanidad tiene un sentido para la modernidad, un objetivo que busca el reino de la felicidad. El hombre mira siempre adelante, cree que hay un destino mejor esperándolo mañana. El hombre moderno persigue, por lo tanto, la utopía. Ese ideal improbable que, sin embargo, es el objetivo buscado, que le da sentido a la vida moderna. El tiempo de la modernidad es claramente el futuro. Toda acción de la sociedad está disparada hacia el futuro y tiene sentido mañana. Impulsado desde el pasado, sobre el que se asienta, pero sin reparar en el presente, un tiempo de fugacidad que carece de importancia. Ya que el futuro es lo que impulsa al hombre moderno o, eventualmente, huir del pasado, pero de ninguna manera el presente. La meta del futuro merece la postergación del presente. Estamos frente a un hombre que mira al futuro, un hombre prometeico. Ese hombre prometeico es un hombre que todo lo puede, pero ese todo es un objetivo utópico y no es ahora cuando lo alcanzará, sino mañana. El hombre prometeico mediante su voluntad podrá alcanzar lo que se proponga. Esa es la propuesta moderna. Este verdadero Dios humano se siente capaz de lograrlo. Pero, finalmente, los sueños de la razón moderna terminan produciendo monstruos. Es a mediados del siglo XX cuando comienza a flaquear la fe en el futuro, la confianza en el objetivo al que conduce el proyecto de la modernidad. La razón moderna se degrada desde la pretendida trascendencia a un a convertirse en un mero instrumento funcional y pragmático. Es a mediados del siglo XX el proyecto de la modernidad genera desconfianza, deja en el camino un rastro regado de guerras, crisis, violencias y genocidios. Los sueños de la cultura moderna, finalmente, después de 500 años, derivan en una verdadera pesadilla y esta visión de la vida y del universo comienza a ser abandonada por un nuevo modelo cultural. Que lo sucederá y comenzará a desplazarlo. Estaremos en presencia, entonces, de una crisis de paradigma de cultura y la aparición de una nueva forma de vida: la posmodernidad. Profesor Claudio Alvarez Terán, http://alvarezteran.com.ar



