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¿Cómo hablar en público con éxito?

Escuela Europea de Oratoria

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[0:01]Yo creo que por eso Gloria dijo, a ver, a quién ponemos justamente después de comer?
[0:01]Vamos a poner a la de oratoria que se supone que animará un poco el asunto, así que en eso, en eso estamos.
[0:01]Soy como decía Gloria la directora de la Escuela Europea de Oratoria, precisamente hoy venía pensando que es una empresa donde las mujeres tienen mucho peso.
[0:01]El 90% de los profesores y del personal de la Escuela Europea de Oratoria son mujeres.
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[0:01]Sabéis cuál es la peor hora para participar en un congreso. Está a las 4 de la tarde. Para levantar, para levantar. Después de la comida, después del café. Yo creo que por eso Gloria dijo, a ver, a quién ponemos justamente después de comer? Vamos a poner a la de oratoria que se supone que animará un poco el asunto, así que en eso, en eso estamos. Soy como decía Gloria la directora de la Escuela Europea de Oratoria, precisamente hoy venía pensando que es una empresa donde las mujeres tienen mucho peso. El 90% de los profesores y del personal de la Escuela Europea de Oratoria son mujeres. Y es que a mí me gusta trabajar con mujeres. Y estoy cansada de esos estereotipos habituales de que las mujeres no pueden trabajar juntas, de que las mujeres somos tal, de que las mujeres somos... Las mujeres somos el sexo débil, pero si vivimos más que ellos. Qué nos van a contar. Empecé a hablar en público cuando tenía 16 años y pensaréis qué hacía con 16 años hablando en público. Era una especie de Greta Thunberg sin internet. Estaba en un grupo ecologista y me tocó ir a un colegio de aquí de Madrid, en Cuatro Caminos, a dar una charla sobre medio ambiente. Imaginaos, la primera vez que hablas vas a hablar en público y tienes 16 años, vas a hablar para chavales de 12 años. No había ni ordenadores ni PowerPoint ni Internet, lo que había era aquellas dichosas diapositivas que había que colocar boca abajo. Por supuesto me preparé muy bien la charla, entonces era perfeccionista, me lo he ido quitando. Y llevé mi carro de diapositivas con todas las diapositivas, la charla estupenda, que se la había dado a mi madre, a mi hermano, a los peluches, etcétera, etcétera. Fui allí, salón de actos, 300 niños, voy a colocar el carro de diapositivas en el proyector, aquello no encaja, empujo un poco, todas las diapositivas al suelo, 300 niños partidos de risa. Yo cogiendo diapositivas como podía, volviendo a colocarlas en otro proyector, en otro carro que me dieron. La charla perfectamente preparada se convirtió en aquí un elefante, aquí unos niños, aquí una planta, aquí unos niños y de todo lo que te pasa en esta vida hablando en público, aprendes. Y desde entonces hasta ahora, que tenía 16 y tengo 58, con lo cual llevo muchos años ya hablando en público, cada vez que hablo en público me pasan cosas nuevas. Pero de todo eso aprendes, de todo eso aprendes. Y lo que quiero comunicaros hoy es que hay cinco claves fundamentales, cinco Gs que yo le llamo, que son importantísimas para hablar en público bien. Y además voy a aprovechar la historia de algunas mujeres que son importantes y que son importantes que las conozcamos porque tienen que ver con hablar en público. La primera G de la que voy a hablar, esa primera G, va a ser la gestión de emociones. Y ya he oído hablar esta mañana de emociones, eh, hablando de las redes sociales, hablando de la importancia que tiene las emociones en las empresas. Seis emociones que tenemos los seres humanos de serie: la alegría, la tristeza, el enfado, el asco, la sorpresa. Seis emociones que necesitamos para nuestra vida, para saber gestionarlas bien y para saber comunicarlas bien. Y os quiero hablar de Michelle La Vaughn Robinson. Fijaos, Michelle era una abogada, vale, sí, con laude en Princeton y todo eso, casada con un abogado. Y que de repente él llega un día a casa y le dice, oye, mira Michelle, es que me quiero presentar a presidente del país, de Estados Unidos. Y entonces Michelle dice eso de, bueno, vale. Y a partir de ahí empieza una campaña electoral de Barack Obama y de Michelle Obama, en la que ella tiene que hablar en público. Claro, allí no pasa como aquí, que aquí no, aquí la primera dama de España de la Reina y las mujeres de los presidentes a veces ni siquiera las conocemos, las conocemos muy poco, hablamos muy poco en público, pero allí no. Allí desde que el marido decide, o la mujer si fuera el caso de una, por ejemplo como le pasó a Hillary Clinton, el marido o la mujer tienen que hablar en público también. Con lo cual Michelle Obama tuvo de repente que dar discursos. Y no creáis que lo hacía, bueno, lo hacía bien porque la verdad es que los estadounidenses hablan mejor en público que nosotros, tiene muy poco sentido del del ridículo y además están preparados desde pequeños en el colegio. Pero claro, Michelle se ponía delante de una audiencia a dar un discurso y decía cosas como, si mi marido es ese señor que le huele el aliento por la mañana. Si Obama deja los calcetines tirados por el suelo. Y claro, enseguida le empezaron a decir, el equipo de campaña de Obama empezó a decir que eso no se puede decir. Que eso no lo puedes decir. Con lo cual ella misma tuvo que ir gestionando emociones y diciendo, bueno, bueno, bueno, a ver, a ver, esto cómo se hace. Y claro, ha aprendido mucho más. Yo que escribí en 2009 el libro, Palabra de Primera Dama, descubrí que que al final ella tiene muchísimo más carisma que él y de hecho a muchísima gente en Estados Unidos le gustaría que ella se presentara a las próximas elecciones, cosa que creo que no va a hacer, pero es una pena. Bueno,

[5:07]presidenta de Estados Unidos. Con lo cual fijaos como al final uno tiene que tomar la decisión de decir, bueno, esto necesito hacerlo. O sea, no es ya, bueno, es que yo quiero ser abogada, no, yo es que quiero ser empresaria, no es que yo quiero, es que seas lo que seas en esta vida, necesitas hablar en público. Y cuanto antes te prepares, mejor. Porque yo tengo los cursos llenos en la Escuela Europea de Oratoria de profesionales de 30, de 40, de 50.

[5:39]De cualquier carrera que os podáis imaginar. Hasta algún sacerdote y algún señor de mudanzas, de todo un poco. Y confluyen en lo mismo, necesitamos comunicarnos mejor, necesitamos transmitir. Y salir a un escenario y estar tranquilo y estar sereno. Así que vamos a ver una herramienta que nos va a ayudar a estas más a estar más tranquilos, a estar más serenos cuando hablemos en público. Y voy a necesitar, voy a necesitar que os pongáis de pie. Así que venga, vamos a ponernos de pie.

[6:16]Fijaos, hay muchas posibles posturas cuando nos ponemos de pie delante de un público. Los pies son fundamentales para saber si alguien es un buen orador. Menos mal que llevo bonitas sandalias. Por qué, porque imaginaos, si estamos en esta postura, nos ponemos en esta postura, no estamos equilibrados. Eh, además nuestro pie va indicando que nos queremos ir, sabes, que ya estoy deseando marcharme. Si estoy con los pies cruzados, desde luego que no estamos, cruzamos, desde luego que no estamos equilibrados y viene alguien y te empuja un pelín, te caes seguro. Qué postura necesitamos para hablar en público y dar sensación de rotundidad? Esta. Pies bien clavados al suelo, separados, no juntos, porque fijaos, y a las mujeres nos han vendido los pies juntos, no, no, eso nada. Ni así en plan cowboy del oeste, no, los pies un poquito separados, bien clavados al suelo, las rodillas flojitas, que no estén tiesas así, que parezcamos un robot, sino flojitas, eh, vamos a ponernos todos en esta postura. Y esta sería la postura para dar sensación de seguridad, de confianza. De manera que mis brazos caen cuando no hablo. Y en el momento que hablo, mis brazos cobran vida. Nos sentamos, gracias. Oh, un aplauso, ¿no? Estaba aplaudiéndoos a vosotras. Claro, si estamos sentados ahora ya que las mesas redondas no son redondas, no son mesas, eh. Claro, entonces, si estamos sentadas sentadas, vale, siempre postura recta, vale, que no estemos ahí medio caídas. A veces los medios técnicos no ayudan nada. Eh, y vemos esos sillones donde la gente está repanchingada en el sillón hablando y el diafragma está arrugado y ahí se puede hablar poco. Con lo cual siempre bien rectos. Cuidado con las piernas. No, por Dios. O sea, vosotros pensad que vuestro lenguaje no verbal habla, aunque tú tengas la boca cerrada. Con lo cual gestionar nuestro propio lenguaje es muy importante y luego hablaré un poquito más sobre ello. Con lo cual, cuando estamos hablando en público, solo hay dos opciones posibles, hablando en público de pie, solo hay dos opciones posibles. O estoy en postura de neutralidad o me estoy desplazando por la sala. Pero cuando me estoy desplazando por la sala, yo soy quien le está dando la orden a mi cerebro de que se mueva. Es decir, lo que estoy haciendo ahora es un desplazamiento consciente, me voy moviendo. Con el rabillo del ojo voy mirando dónde está el final de la tarima, veis que no quito la mirada de vosotras porque sois quien importa. Pero lo que no me vale es esto. Esto para la discoteca, bailar todavía, vale, pero para hablar en público no, ni un pasito para adelante, un pasito para atrás. Vosotros fijaos en los pies de la persona que habla en público, porque son sus pies los que nos dicen si esa persona habla con seguridad.

[9:18]Y nos vamos a a la siguiente G. La siguiente G es la gestión de nuestros pensamientos. Y ahora el ejercicio va a ser más sencillo, porque ahora os voy a pedir que pongáis dos dedos, los dos índices hacia adelante, así. Sí. Y ahora los vamos a subir así y los vamos a colocar aquí. Y en esta distancia entre tus dos dedos, están todos tus problemas a hablar en público. Ahí están. Ahí están.

[9:54]Todos los miedos, el sentido del ridículo que en España lo llevamos aquí, en las venas. Es uno de los problemas que tenemos para hablar en público y para hablar en inglés, en francés o lo que sea. Y si pronuncio mal y si no lo, qué más da si viene un americano aquí chapurrea de cualquier manera y nos parece maravilloso. Lo importante es tener la capacidad para comunicarnos. Qué nos pasa a los españoles, que tenemos un sentido del ridículo muy alto y un escaso sentido del humor. Qué es lo que pasa? Que resulta que todo nos da corte. Ah, no, vamos a un sitio y nos sentamos al final. Vas al teatro que se vería mejor en primera fila y nos sentamos al final. Siempre con miedo y si me sacan y si tal. Otra de las cosas que aprendí de Michelle Obama preparando el libro sobre ella, es un concepto que ya he, vamos, he integrado digamos en mí, que es el de la piel del rinoceronte. No sé si alguna vez habéis tenido ocasión de conocer a un rinoceronte, yo sí y hay una conferencia en YouTube sobre el tema. Cuando vas a acariciar un rinoceronte, resulta que si le acaricias suavemente no lo nota porque su piel es muy gruesa. Para acariciar a un rinoceronte hay que apretar. Entonces esa maravillosa piel del rinoceronte hace que no le afecte si tiene bichitos o lo que sea porque no le llega. Entonces nosotros necesitamos construirnos esa piel de rinoceronte fuerte para que no nos afecte lo que nos digan los demás. Yo estoy en las redes sociales, en todas. En TikTok. A veces hago directos en TikTok, el domingo tengo uno. Y a veces estoy en TikTok, no tengo, no tengo muchos haters, la verdad, yo hablo de mis temas, de hablar en público, tengo pocos haters. Pero a veces estoy en directo en un TikTok y de repente alguien va y dice, abuela, qué haces ahí, te han dejado salir del asilo.

[11:50]Creéis que a mí me va a afectar. Claro, qué hago yo cuando me llega un comentario así? Y digo, nieto, qué haces aquí? Pues es un chaval de 13 años y yo tengo 58, muy bueno. Pues puede decirlo y no me importa nada. A mí me va a afectar lo que me diga. No. Entonces una de las cosas que oí esta mañana es, estamos en las redes sociales o no estamos. Estamos en un mundo en el que existen las redes sociales, hay que estar en las redes sociales porque además las redes sociales te van a ayudar a crear esa piel de rinoceronte. De manera que no te afecte lo que te digan los demás. No te estoy diciendo que entres en las redes sociales y hables de religión o de política. No, no. Si tú subes una foto a Twitter y dices, buenos días, y enseguida puede haber alguien que diga, serán para ti.

[12:39]Pues ya está, pasa. No le vas a gustar a todo el mundo. No y hay que asumirlo, somos muchísimos habitantes en este planeta. Entonces cuando lo asumes, vives más feliz. A quien no le gustes porque no mire, qué le vamos a hacer. Entonces no dejes que nadie pase esa coraza que te pueda hacer daño. Te tiene que importar lo que dicen las personas a las que quieres. Los demás que opinen.

[13:06]Una de las mujeres que más que más me gusta en esta vida se llama Jane Goodall, la Doctora Jane Goodall. Dedicada a los chimpancés, que esta mañana curiosamente cuando yo entraba en la sala se estaba hablando de monos y de chimpancés, yo he dicho, qué pasa aquí, alguien me está copiando la la ponencia, pero eran otros chimpancés y otros monos de los que se hablaba esta mañana. Ella fue enviada en los años 60 a Tanzania a estudiar los chimpancés. Es una de las mayores científicas, hoy ya está en los 80 y tantos, espero que viva muchos años más. Es una de las mayores científicas de nuestra era. Premio Princesa de Asturias y muchísimos premios. Y fijaos, es una mujer que se fue a estudiar los chimpancés a Tanzania y descubrió cosas importantísimas que no había descubierto ningún hombre. Como por ejemplo, que los chimpancés utilizan, cogen una ramita del árbol, le quitan las hojas, es decir, modifican un un objeto, lo meten en un termitero y cuando lo sacan, las termitas han subido a la ramita y se las pueden comer. Este descubrimiento llevó a que la definición de ser humano se cambiara porque entonces la definición de ser humano era la siguiente, el único animal capaz de crear instrumentos. Y Jane Goodall le mandó un telegrama, no había email ni esas cosas tan modernas, a su mentor a Louis Leakey, a Londres y le mandó un telegrama y le dijo, he descubierto esto. Una de dos, o cambiamos la definición de ser humano o incluimos a los chimpancés en los seres humanos y la tuvieron que cambiar. Pero Jane se dio cuenta de que si se dedicaba exclusivamente a estudiar los chimpancés en África no los iba a salvar. No los iba a salvar. Y entonces tuvo que dedicarse, y lleva ya muchos años haciéndolo, a recorrer todo el mundo hablando en público, hablando en público, hablando en público, hablando en público y podéis encontrar en Internet muchas conferencias de ella. Porque puedes estar trabajando en el proyecto más importante, pero si no lo cuentas, no sirve de nada. Entonces ella se dio cuenta de que necesitaba una motivación. Necesitamos hablar en público y como mujeres más, porque como decía antes, con el grupo de chicas imparables. Nadie lo va a hacer por nosotras.

[15:31]Con lo cual tenemos que buscar la motivación para hablar en público. Y cuando encuentras esa motivación te da igual todos los miedos. Ah, es que mi miedo es a quedarme en blanco. Pues no te lo aprendas de memoria. Si te lo aprendes de memoria, tienes muchas posibilidades de quedarte en blanco. Interioriza, interioriza lo que tengas que contar, lo que tengas que decir, es la mejor manera de no quedarte en blanco. Bueno, es que, y si se ríen de mí. Cualquiera nos podemos caer en el escenario, que nos pase cualquier cosa. Si nunca hablas en público, nunca te pasa nada hablando en público. Pero si lo que haces es interiorizar que si alguien se ríe de ti, tú también te ríes de ti, tú también te ríes de ti, eso es el sentido del humor, tener la capacidad para reírse de uno mismo. Hace unos años estaba en la Universidad de la Complutense, donde doy clase. Estaba dando clase y llevaba un PowerPoint y el pasador de diapositivas en la mano. No me gusta llevar nada en la mano.

[16:34]Las manos hay que dejarlas libres, limpias. Y en un momento determinado me coloqué el pasador en el bolsillo. Claro, hubo un descanso y fui al baño. Os podéis imaginar qué es lo primero que cayó cuando me bajé los pantalones. Claro, agobio total, coges el mando ya, ya no haces nada porque ya se te ha cortado completamente. Vas debajo del secamanos, lo secas, y nada, que yo el electrónico no funcionaba. Me pasé el resto de la clase dando el botón del ordenador para pasar las diapositivas. Y pensando, Dios mío, que nadie se le ocurra preguntar qué ha pasado con el pasado de diapositivas. Todas las cosas que te pasan hablando en público, en ese momento son un agobio. Pero luego se convierten en una anécdota que puedes contar. Con lo cual, permítete equivocarte, permítete que te pasen cosas, es que es lo normal. Y nos vamos con la tercera G, que es la gestión de las claves de la oratoria. Tres claves que he descubierto a lo largo de los años hablando en público, que funciona muy bien y que te van a ayudar en tus charlas, en tus presentaciones y en tus discursos. Estas tres claves las cumple, o las cumplía, perfectamente, una mujer como la madre Teresa de Calcuta. Yo he sido periodista durante unos cuantos años de mi vida y en una ocasión me tocó ir hasta Calcuta para hacer una entrevista a la Madre Teresa. Íbamos un fotógrafo y yo, llegamos al aeropuerto de Calcuta, le dijimos al taxista, queremos ir a la, a ver a la Madre Teresa y el taxista dijo, Madre Teresa, of course, todo el mundo conocía a la Madre Teresa. Con lo cual fuimos hasta allí, yo no soy especialmente religiosa. Pero era una mujer pequeñita, fue dos años antes de que falleciera, era una mujer pequeñita que irradiaba una luz impresionante. Y después de hacernos 8000 kilómetros para ir a entrevistar a la Madre Teresa, nos dijo que no quería dar la entrevista. Que quería que habláramos de su obra, que ella ya no quería aparecer en fotos. Así que estuvimos varios días con ella hablando de su obra, del trabajo que estaba haciendo con los, con los huérfanos, del trabajo que estaba haciendo con los enfermos, etcétera, etcétera. Comprendí que la Madre Teresa cumplía perfectamente las claves de la oratoria, que no solo funcionan para la oratoria, que son buenas para vuestra vida en general. Que son la naturalidad, la humildad y el corazón. La primera clave, ser tú mismo. Pero Mónica, ¿cómo voy a ser yo mismo si no dejas que meta los las manos en los bolsillos cuando hablo en público? Hombre, no. Porque como todo en esta vida hay unas normas y esconder las manos nunca viene bien. La humildad, no creerte más que nadie. Yo he aprendido un montón de cosas esta mañana que no sabía por supuesto en el rato que he estado en las jornadas y sigo aprendiendo cada día.

[19:37]LinkedIn está lleno de expertos. El experto en tal, el experto en cual, el experto en no sé qué, yo digo, yo no soy experta en nada. Prefiero pensar que experto es lo que dicen de ti los demás cuando tú no estás. Yo soy especialista en lo mío, que es hablar en público, pero no soy experta, tengo tantas cosas que aprender y sigo investigando para mis libros y sigo escribiendo. Con lo cual, cómo me voy a creer más que nadie. Hoy me toca a mí hablar aquí y mañana te toca a ti y ya está y yo aprenderé de ti como tú de mí. Y la tercera de las claves, contar las cosas con pasión, con el corazón. Hay un curso de la Escuela Europea de Oratoria que doy unas 60 veces al año. Ya llevamos unos cuantos años, con lo cual sí, me lo sé, cómo no me lo voy a saber. Y a veces alguien llega a mí y me dice, oye, Mónica, ¿No te aburres de contar siempre lo mismo? Primero, el curso cambia conmigo, va evolucionando conmigo, pero además es que cambia el público. Y cuando hablamos en público, el importante no somos nosotros. A veces ponemos el foco en nosotros. Ay, estoy nerviosa, ay me pasa no sé qué, ay. El foco tiene que estar puesto en el público porque el que importa es tu público. No vienes aquí a lucirte, ay, no, es que no, vienes a hacer una labor que es comunicar y transmitir. Con lo cual los oradores no somos actores, no interpretamos un papel. Somos nosotros mismos, la misma persona tomando un café y hablando aquí. Eso es lo que necesitamos hacer. Sabéis qué es lo que contamos con naturalidad, con humildad y corazón? Las anécdotas. Fíjate, piensa en ti dando una presentación. Hay personas como Gloria, por ejemplo, que ya han conseguido su naturalidad, que sale a hablar y vemos que es la misma persona hablando con nosotros, hablando fuera, maravilloso. Claro, pero es una naturalidad que cuesta adquirirla. Generalmente tú te pones a hacer una presentación y. Este, os voy a enseñar el PowerPoint. Bueno, entonces y y y tal, y y cual. Pero verdad que cuando le cuentas una anécdota de algo que te ha pasado a una amiga, a tu madre, a quien sea, no le dices, espera, que te voy a poner un PowerPoint. Ah, es que se lo cuente y sabes lo que me ha pasado? Tú te puedes creer que esto, es que es posible que me haya ocurrido esto. Y le pones emoción y le pones ganas y le pones ilusión porque es algo que te ha ocurrido a ti. Pues eso es lo que necesitamos hacer en cualquier presentación que tengamos que hacer de nuestro trabajo, de lo que sea. A veces llega alguien y me dice, Bea, pero Mónica, si tengo que hablar de números, cómo voy a poner emoción a los números de la empresa? Pues perdona, es tu empresa, que te está dando de comer, que gracias a ella tienes un sueldo cada día. Con lo cual ponle emoción, aunque sea que hay un 30, hemos subido de ventas un 38%. Lo puedes contar, bueno, vengo a contaros que que sí, que hemos subido un 38%. O lo puedes contar diciendo, y sabéis qué? Hemos subido un 38%. Bien. Con lo cual necesitamos poner esa pasión en cualquier cosa que contemos.

[22:53]Y nos vamos a la siguiente G, la quinta G, que es la gestión de los tres tipos de lenguaje que tiene el ser humano.

[23:47]El lenguaje no verbal, el corporal, el lenguaje paraverbal, la voz que utilizamos, y el lenguaje verbal, el mensaje, lo que digo. Y necesito cuatro voluntarias, tres que sepan andar y una no hace falta. No vais a hablar, venga, muy fácil, venga, una, dos, tres, cuatro, venga. Tú eres la primera, ponte aquí mirando hacia allá, hacia allá, vale. Vosotras tres mirando hacia ella, más para atrás, más para atrás, sin caerse, ahí, quietas, muy bien. Fijaos, aquí tenemos una persona, ¿cómo te llamas? Carlota. Carlota, bien, postura de neutralidad, los brazos no se cogen, esto es para los porteros de fútbol y eso, los brazos cuelgan, bien. Y aquí tenemos una persona con los tres tipos de lenguaje. Tú vas a ser el lenguaje no verbal. El lenguaje no verbal anda a zancadas grandes. Sí. Tú vas a hacer el lenguaje paraverbal, la voz. Y la voz anda a pasos normales. Y tú vas a hacer el lenguaje verbal, las palabras. Y las palabras andan a pasitos muy chiquititos. Sí. Cuando yo diga una, dos y tres, las tres vais hacia esta persona que está aquí, Carlota. Yo me voy a poner aquí para que no me atropelléis. La última que llegue, dice hola. Tú lo estás haciendo muy bien. Nosotros nos fijamos, lenguaje no verbal, lenguaje paraverbal y lenguaje verbal. Una, dos y tres, ya. Bien. ¿Qué lenguaje ha llegado primero? El no verbal. El lenguaje no verbal es el primero que ha llegado y es el primero que nos llega de una persona. Por eso es importante cómo vamos a una entrevista personal, una entrevista de trabajo. Por eso es importante que pensemos qué hace nuestro cuerpo cuando estoy delante de otras personas. El lenguaje no verbal es el primero que nos llega. Qué lenguaje ha sido el segundo que ha llegado? El paraverbal, la voz. Fijaos, el 70% de los malos oradores son malos oradores por el uso que hacen de la voz. Hola, buenas tardes, mi nombre es tal y vengo a hablar de tal tema. Claro. Entonces necesitamos jugar con la voz, vale que hay gente que tiene una voz radiofónica maravillosa. Luego hay gente que tenemos voces normales, lo que pasa es que jugamos con la voz para enganchar, enganchar, enganchar a nuestra audiencia. Y el tercer lenguaje que ha llegado es el lenguaje verbal, las palabras, lo que decimos. Fijaos, hace años se le decía a la gente que llevara un bolígrafo en la mano cuando hablaban en público. Por qué? Porque no se sabía entonces que el lenguaje no verbal era tan importante. Y vemos tertulianos en la tele con el bolígrafo dando vueltas, presentadores de telediario con el bolígrafo dando vueltas, políticos con el bolígrafo dando vueltas. Las manos libres, las manos las necesitamos para comunicar, para expresar y las manos tienen que ir vacías, limpias. Recordáis cómo se saludaban los indios en las películas del oeste? No hacían how, ¿vale? Hacían how, es decir, mostraban la palma de la mano en plan, puedes confiar en mí. Así se hacen los gestos cuando hablamos en público, siempre con la palma de la mano hacia el público y las manos moviéndolas aquí.

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