[0:00]El vídeo de hoy es un vídeo muy especial, un vídeo en el que hablaremos de un país que resurgió de sus cenizas, una historia de superación, de una nación que hace pocas décadas se moría de hambre y que a día de hoy es capaz de mirar a los ojos al todopoderoso Estados Unidos. Un país que está llamado a escribir grandes páginas en este siglo XXI y cuyo techo aún se desconoce. Hoy, amigos y amigas de Memorias de Pez, nos toca hablar de la increíble historia de China, de cómo el país de los farolillos y los dragones fue capaz de sobreponerse a la peor situación que el ser humano ha conocido y de cómo su gobierno maniobró hábilmente para revertir la situación. Pero antes de empezar con el vídeo, esperad, os dije que este vídeo era muy especial, porque este vídeo no lo voy a hacer solo. Os presento a Pablo Gil, aunque muchos ya le conoceréis, es un verdadero experto con cuatro décadas de experiencia en el mundo de las finanzas. En este vídeo hablaremos de cómo China se ha convertido en una auténtica potencia mundial, pero además de ayudarme con esta explicación, Pablo continuará hablándonos del presente y del futuro de China en su canal Pablo Gil Trader. Pero mejor que os lo cuente él. Pablo, ¿qué nos has preparado? Hola, Borja, pues efectivamente, en mi canal hemos publicado la segunda parte del vídeo. Si en este hablábamos de cómo China ha llegado a convertirse en una potencia, en mi canal hablaremos de cómo China está a día de hoy posicionada en distintos sectores, cuáles son sus fortalezas y sus debilidades, cómo afronta su carrera por la hegemonía mundial contra Estados Unidos y por supuesto, cuál es el futuro del gigante asiático. Así que si no os queréis perder todas las claves para entender el presente y el futuro de China, os espero en mi canal Pablo Gil Trader. Pero, Borja, aunque la segunda parte la cuente en mi canal, te invito a que participes y nos adentremos juntos en el pronóstico sobre el papel de China en el mundo para los próximos años. Pues allí nos vemos, Pablo, que también tengo alguna cosilla que aportar. Y ahora sí, vamos con la historia de cómo China se convirtió en una gran potencia mundial. Vamos al lío. Para comenzar esta historia nos tenemos que ir a 1927, un año clave que marcó para siempre el destino de China. Imaginaros por un momento el panorama, un país en una crisis absoluta, con un gobierno que ni siquiera controlaba todo su territorio, ya que una parte importante de China estaba en manos de varios señores de la guerra. Fruto de la crisis y de las ideas revolucionarias que llegaban de Europa, en China las ideas comunistas fueron ganando popularidad. Cuando los comunistas se vieron lo suficientemente fuertes, se levantaron contra el gobierno de China, estallando una guerra civil entre lo que se llamará la China comunista y el gobierno, que será conocido como la China nacionalista. Y así es como arrancó una guerra civil tan intensa y prolongada que duró más de dos décadas. Y si os estáis preguntando por qué duró tantísimo tiempo, la respuesta la tenemos a poca distancia de China. Y es que los japoneses se lanzaron a la conquista del gigante asiático, así que durante un tiempo comunistas y nacionalistas tuvieron que hacer algo increíble, aparcar su bronca personal para unirse contra los invasores japoneses. Al final los chinos consiguieron echar a los japoneses después de una cruenta guerra que supuso millones de muertos. ¿Y qué pasó cuando los chinos echaron a los japoneses de sus tierras? Para sorpresa de nadie, comunistas y nacionalistas volvieron a darse de palos, continuando la guerra que los japoneses habían interrumpido. La guerra civil china finalmente terminó en 1949 con una victoria rotunda del bando comunista, liderado por el carismático y polémico Mao Zedong. Los nacionalistas, defensores del capitalismo y dirigidos por Chiang Kai-shek, tuvieron que conformarse con Taiwán. Con la victoria comunista, se funda la República Popular China, pero no penséis que era todo color de rosa. La realidad era bastante oscura. China estaba devastada, la economía en ruinas y la industrialización era poco más que una fantasía inalcanzable, y aquí es cuando Mao Zedong decidió ponerse manos a la obra para intentar mejorar las cosas. Aunque spoiler, salió fatal, tan mal que a finales de los 50 y principios de los 60 tuvo lugar la tristemente famosa Gran Hambruna China, un desastre monumental. Se calcula que esta tragedia causada principalmente por las desastrosas políticas económicas impulsadas por Mao, dejó entre 15 y 55 millones de víctimas. Sí, habéis oído bien, millones. Pero no profundizaremos ahora en este dramón, porque esto ya os lo he contado en un vídeo que tenéis subido en el canal. ¿Y cómo fue capaz China de salir de esa gran catástrofe? Para salir de esa gran catástrofe, los chinos tuvieron que esperar a que se muriese Mao, una muerte que llegaría en 1976. Para entonces, China necesitaba desesperadamente cambiar de rumbo, y es que mientras que en China la gente literalmente se moría de hambre, en Occidente el panorama era radicalmente opuesto. La economía en Europa y Estados Unidos iba viento en popa, creciendo sin parar, pero entonces, en 1978, llegó al poder un tipo pequeño en estatura, pero enorme en visión, Deng Xiaoping. Con sus apenas 1.52 metros de altura, Deng Xiaoping decidió que era hora de probar algo novedoso, el capitalismo, eso sí, siempre bajo la atenta vigilancia del Estado. Llamémoslo entonces, capitalismo de Estado. Deng Xiaoping comenzó una serie de reformas económicas revolucionarias, abandonando muchas doctrinas comunistas clásicas implantadas por Mao, liberalizando la economía e impulsando una industrialización acelerada, y así es como empezó a entrar el aire fresco en la economía china. Y desde ese momento, amigos míos, China comenzó una transformación radical que la llevaría a convertirse en la superpotencia económica que conocemos hoy en día. Pero, ¿cómo pasó exactamente esto? Es algo que veremos más adelante, porque la historia está llena de detalles fascinantes y de personajes tan peculiares como el propio Deng Xiaoping, que logró que un gigante dormido finalmente despertara. ¿Y en qué consistieron las reformas de Deng Xiaoping? Las reformas de Deng Xiaoping establecieron tres principios innegociables que fueron los que transformaron China para siempre. El primero fue la privatización progresiva de la economía. Deng Xiaoping, astuto como el solo, comenzó poco a poco a permitir que las empresas privadas tuvieran un papel protagonista en la economía, dejando atrás el rígido control estatal comunista. Vamos, que decidió abrir la puerta al capitalismo, pero solo un poquito y mirando muy bien quién entraba. Además, fomentó la competitividad en los mercados haciendo que los empresarios se pusieran las pilas. El tercer pilar fue la apertura a las inversiones y mercados extranjeros. Aquí es donde Deng Xiaoping pensó, si no puedes vencerlos, únete a ellos. Así que nuestro pequeño amigo decidió abrir China al comercio internacional, atrayendo inversiones extranjeras con condiciones fiscales muy atractivas. El resultado, dinero fresco entrando a chorro. Deng Xiaoping solo puso una condición, cualquier empresa extranjera que entrase a fabricar en el país lo tenía que hacer de la mano de una empresa local. De esta manera China se aseguraba que sus empresas obtuvieran el conocimiento necesario para poder convertirse en la fábrica del mundo. Pero antes de lanzar este experimento a gran escala, había que hacer una pequeña prueba, un test que permitiese analizar si esto del capitalismo de Estado era una buena idea. Así que China eligió Shenzhen, un pueblo de pescadores en la frontera con Hong Kong, que resultó ser un conejillo de Indias perfecto y permitió allí a empresas nacionales y extranjeras operar en un contexto de libre mercado casi total en lo que el gobierno llamó una zona económica especial. Los resultados hablan por sí solos. El pueblo de pescadores de 30.000 habitantes, cuya renta media no superaba el dólar por año, se convirtió en una ciudad inmensa y ultramoderna en la que a día de hoy viven más de 10 millones de personas con una renta media anual de 30.000 dólares. Así que el gobierno chino pensó, ¿y si replicamos este modelo en ciudades de toda China? Pues dicho y hecho, China comenzó a crear zonas económicas especiales por todo el país, llegando a popularizar el dicho, un país, dos sistemas. De esta manera China consiguió crear una potente red de fábricas que destacaban por ser capaces de producir a precios ultrabajos. Esto hizo que muchas empresas de todo el mundo comenzaran a producir en China todo tipo de productos, por la simple razón de que allí era más barato. ¿Fue entonces cuando China dio el verdadero salto adelante? Sí, fue ahí cuando China dio el verdadero salto adelante. China se convirtió en una gran potencia exportadora y se la empezó a conocer como la fábrica del mundo. El gigante asiático había despertado y ya nadie lo iba a poder parar. Los resultados de las políticas de Deng Xiaoping fueron tan espectaculares que 800 millones de ciudadanos chinos salieron de la extrema pobreza. Y es que, desde hace 40 años, la economía china ha crecido a una media del 9,5% anual, una auténtica locura si lo comparamos con Estados Unidos o la propia Unión Europea. Deng Xiaoping dejó de ser el líder supremo de China en 1989, pero para entonces China ya no era la misma. El pequeño líder chino había implantado una idea sencilla, probemos lo que funcione y olvidemos los dogmas. Este pragmatismo quedó grabado en la cúpula del partido y sin él al mando, la cosa siguió funcionando muy bien. A comienzos de los 90, Jiang Zemin tomó el timón en un momento clave. Para consolidar su poder y evitar que la población china se levantase para exigir más democracia, el Partido Comunista necesitaba demostrar que el crecimiento económico podía garantizar la estabilidad del país. Así que Jiang Zemin no solo mantuvo las reformas iniciadas por Deng Xiaoping, sino que las aceleró con una mezcla de pragmatismo económico y control político férreo. Bajo su liderazgo, las fábricas del Delta del Yangtze comenzaron a funcionar las 24 horas del día, 7 días a la semana. No era una metáfora. El país se convirtió en una gigantesca cadena de montaje ininterrumpida. El mensaje era claro, había llegado el momento de China y el mundo lo iba a notar. Jiang Zemin fue también el rostro visible del socialismo con características chinas, un modelo que, con una mano, abrazaba la economía de mercado y con la otra, sujetaba bien firme el poder político. Durante su mandato se impulsaron reformas que permitieron la entrada de capital extranjero, se consolidaron las zonas económicas especiales y se comenzó a modernizar el sistema bancario, aún torpe y estatalizado. De esta manera, el Banco Central chino comenzó a acumular una montaña creciente de reservas y divisas que con el tiempo se convertirían en una de las principales armas geoeconómicas del país. Todo esto culminó en 2001, cuando China entró oficialmente en la Organización Mundial del Comercio. Fue un punto de inflexión histórico. El gigante asiático pasaba de ser una economía emergente semi-aislada a convertirse en un actor central del comercio global. A partir de ahí, el crecimiento fue meteórico. Las exportaciones se dispararon. El producto interior bruto comenzó a crecer a tasas de vértigo, y en pocos años China adelantó a potencias tradicionales como Reino Unido, Francia o Italia. Los puertos de Shenzhen, Ningbo o Shanghai se convirtieron en símbolos de una nueva era. Los contenedores salían repletos de juguetes, electrodomésticos, textiles, móviles y electrónica barata, mientras los dólares llegaban como una marea imparable. Pero Jiang Zemin no se limitó a gestionar la economía, también preparó ideológicamente al partido para sobrevivir a su propia transformación. En el año 2000 presentó su teoría de las tres representaciones, con la que legitimaba que empresarios privados y nuevas élites económicas pudieran formar parte del Partido Comunista. Una jugada maestra, en lugar de enfrentarse al auge del capitalismo interno, lo abrazó, lo incorporó y lo subordinó al partido. Gracias a esta doctrina, el comunismo chino se adaptó al siglo XXI sin necesidad de dejar de ser comunismo, al menos de nombre. Cuando entregó el bastón de mando en 2003, Jiang Zemin dejó una enorme hucha de divisas. Su sucesor, Hu Jintao, asumió el poder con una consigna clara, evitar que China se durmiera en los laureles. Porque si bien la locomotora industrial seguía funcionando, es cierto que ya se empezaba a escuchar algún que otro chirrido. Los salarios en las zonas industriales del este del país subían. La mano de obra barata dejaba de ser tan barata y países como Bangladesh, Vietnam o incluso Camboya comenzaban a ofrecer alternativas más rentables para las empresas extranjeras. China se daba cuenta de que ya no podía vivir solo de ensamblar productos ajenos, no quería seguir siendo la fábrica del mundo donde millones de obreros trabajaban a destajo fabricando bienes de bajo valor añadido, mientras el margen de beneficio real se lo llevaban empresas occidentales. Era el momento de cambiar el modelo, de subir un peldaño más, y así nació la revolución científica y tecnológica china. El gobierno empezó a regar el país con inversiones en educación superior, creando universidades de primer nivel y promoviendo la investigación aplicada. Se construyeron parques tecnológicos a las afueras de las grandes ciudades, surgieron incubadoras de startups y el Estado empezó a fomentar la creación de empresas innovadoras con capital público y privado. Pekín, Shanghái, Shenzhen, Hangzhou... se llenaron de laboratorios, centros de investigación y clusters tecnológicos que aspiraban a convertir a China en una potencia tecnológica. Capital para financiar todo esto no faltaba, gracias a la lluvia constante de dólares procedente del comercio exterior. El gobierno pudo invertir en conocimientos sin frenar el crecimiento de la nación. Las infraestructuras se multiplicaron, se electrificaron trenes, se ampliaron redes de transporte y se modernizaron las telecomunicaciones. Todo esto sin perder de vista el control político. Hu Jintao seguía operando bajo el principio de armonía social, lo que significaba que el gobierno chino seguía controlando muchos aspectos de la vida de sus ciudadanos. Hu Jintao dejó el cargo en 2013 y para entonces las reservas de divisas superaban ya los 3 billones de dólares, colocándose como las mayores del planeta. China no solo era una potencia exportadora, sino que se había convertido en uno de los principales acreedores del mundo. El país tenía músculo financiero, proyección internacional y un proyecto de modernización en marcha. Lo que quedaba por ver era si el siguiente líder sería capaz de convertir esa ambición económica en poder estructural, en influencia global, vamos. Y ahí es donde entra Xi Jinping, el cual no heredó un país en vías de desarrollo, sino una verdadera potencia mundial. Cuando Xi Jinping llegó al poder, detectó tres amenazas que podían hacer descarrilar el proyecto chino, la corrupción interna, la dependencia tecnológica del exterior y la creciente desigualdad entre el este costero rico y el interior rural olvidado. Así que no se anduvo con chiquitas, lo primero que hizo fue declarar la guerra a la corrupción. Xi Jinping lanzó una campaña que sacudió los cimientos del Partido Comunista. Se cazaron tanto tigres como moscas, desde altos cargos del Politburó hasta funcionarios locales de tercera fila, más de 200.000 responsables públicos fueron investigados y muchos acabaron entre rejas. El mensaje, nadie está por encima del partido, y el partido, por encima de todo, debe ser puro. Este ejercicio de cirugía política no solo limpió estructuras, también reforzó el poder personal de Xi, que se convirtió en una figura casi intocable para las clases populares, especialmente en la China rural, donde el discurso anticorrupción caló con mucha fuerza. Pero Xi Jinping no solo miraba de puertas para dentro, sabía que el mundo había cambiado y que China ya no podía limitarse a copiar o ensamblar lo que otros inventaban. Así que lanzó una apuesta estratégica por la autosuficiencia tecnológica. Bajo su mandato, se multiplicaron las inversiones en inteligencia artificial, biotecnología, robótica o semiconductores. Se impulsó el plan Made in China 2025, una hoja de ruta para dejar de depender de Occidente y convertirse en líder en sectores clave. En paralelo, el Estado metió dinero a paladas en empresas punteras, desde Huawei hasta Baidu, con el objetivo de crear campeones nacionales que compitieran en la Liga de Silicon Valley. Y mientras tanto, en el tablero internacional China dejó de disimular su ambición. Xi Jinping fue el gran impulsor de la iniciativa de la Franja y la Ruta, conocida también como la Nueva Ruta de la Seda. Un megaproyecto global de infraestructuras con el que Pekín buscaba conectar Asia, África y Europa mediante carreteras, trenes, puertos y todo tipo de infraestructuras estratégicas, desde Kazajistán hasta Kenia, pasando por el puerto de Pireo en Grecia. El sello Made in China empezó a verse en puentes, centrales eléctricas y vías férreas. Xi Jinping dejó claro que su país no solo exportaba productos, también quería exportar influencia y poder. Internamente, Xi Jinping redefinió el papel del partido en la vida cotidiana. Bajo su mandato, el control político se intensificó. La vigilancia digital se expandió, se reforzó la censura en redes sociales y se instauró un sistema de crédito social para premiar o castigar comportamientos ciudadanos. En paralelo, el culto a su figura fue creciendo, se reformó la Constitución para eliminar los límites de mandatos y permitirle seguir en el poder indefinidamente. A estas alturas nadie duda de que Xi Jinping ha dejado de ser un presidente al uso, es ya un líder histórico, con un nivel de concentración de poder que no se veía desde Mao. Y esto es todo por mi parte. Recordad que este vídeo es solo el principio. Si queréis conocer todos los detalles sobre la China actual y su futuro, podéis visitar el canal de Pablo Gil, donde os explicaremos todo lo que tenéis que tener en cuenta a la hora de proyectar el papel de China en el mundo que viene y por qué no, a la hora de encontrar oportunidades de inversión. Y ya por último, me gustaría saber qué opináis de estos vídeos, si os ha gustado el formato y sobre todo qué cambiaríais para poder mejorar en el futuro. Y ahora, os dejo con Pablo Gil para que se pueda despedir de vosotros, aunque espero que más que un adiós, esto sea un hasta luego. Y hasta aquí esta primera parte sobre la historia de China, desde su colapso hasta su impresionante resurgir. Muchas gracias, Borja, por una exposición tan buena de lo ocurrido hasta ahora, pero esto no acaba aquí, porque ahora vamos a desarrollar lo que está por venir. Qué papel juega China hoy en el tablero mundial, hasta dónde puede llegar su ambición tecnológica y económica. Para descubrirlo, os invito a ver la segunda parte de este vídeo en mi canal Pablo Gil Trader. Allí os contaremos todo lo que hay que saber sobre el presente y el futuro del gigante asiático. Sus fortalezas, sus debilidades, su lucha por la hegemonía global y las claves para entender lo que viene. Así que ya sabes, haced clic en el enlace que tenéis en la descripción y acompáñanos en este viaje fascinante. Nos vemos.

✅ ¿Cómo se convirtió CHINA en una SUPERPOTENCIA? El increíble viaje de China
Memorias de Pez
17m 2s3,222 words~17 min read
YouTube auto captions
Transcript source
YouTube auto captions
This transcript was extracted from YouTube's auto-generated caption track. The transcript below is server-rendered so it can be read, searched, cited, and shared without opening the original YouTube player.
Pull quotes
[0:00]Un país que está llamado a escribir grandes páginas en este siglo XXI y cuyo techo aún se desconoce.
[0:00]Pero antes de empezar con el vídeo, esperad, os dije que este vídeo era muy especial, porque este vídeo no lo voy a hacer solo.
[0:00]Os presento a Pablo Gil, aunque muchos ya le conoceréis, es un verdadero experto con cuatro décadas de experiencia en el mundo de las finanzas.
[0:00]Hola, Borja, pues efectivamente, en mi canal hemos publicado la segunda parte del vídeo.
Use this transcript
Related transcript hubs
Watch on YouTube
Share
MORE TRANSCRIPTS


