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la maleta macabra

Katherine Araque

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[0:08]Sábado, día de mercado y para variar, como de costumbre la plaza principal luce a reventar.
[0:08]El ambiente de muerte revolotea por el aire, pesado, traicionero, buscando dar el puntillazo final.
[0:58]Y si esa boquita que usted está tan bueno me dice que sí, le doy hasta lo imposible.
[0:58]Por billetes no, por billetes no, no se preocupe su persona que yo tengo pero es que hartó.
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[0:08]Son casi las 4 de la tarde de este sábado. En este pueblo enclavado en las laderas de una montaña cundiboyacense. Sábado, día de mercado y para variar, como de costumbre la plaza principal luce a reventar. Las cantinas de damicelas pintoreteadas, campesinos sudorosos y ánimos exaltados por el licor, hacen presagiar que aquellas notas estridentes que salen las timeras por las rocolas, no solamente pregonan despechos buscando consuelo. El ambiente de muerte revolotea por el aire, pesado, traicionero, buscando dar el puntillazo final.

[0:58]Hoy presentamos La maleta macabra. Vea mamita, su merced sabe que yo estoy loco por usted. Y si esa boquita que usted está tan bueno me dice que sí, le doy hasta lo imposible. Por billetes no, por billetes no, no se preocupe su persona que yo tengo pero es que hartó. Véngase para acá, mi Juana, no, véngase, véngase para acá y se sienta para estar aquí con un macho. Venga vecina. Ay Pantaleón mi amorcito, ¿cómo voy a negarle nada si usted sabe papito que me trae loca? Viejo cochino, si supiera el asco que me produce. Si no fuera porque esta noche me dan el billete que le pedí, que para comprarle la casita a mi mamá que vive en Bogotá, lo mandaba para el carajo. Huele a diablos, se ve que nunca se baña, siempre lo veo con esa ruana que huele a chivo y esa jeta sin dientes que huele a usted, gorila. Menos mal que tendré que soportarlo solo hasta esta noche. Una vez me entregue la plata que me prometió, me largo de este pueblo con Pedro, ese si es un hombre, no está coscoria. Ay, Pantaleón, papito. Usted que le estamos pasando rico y que de mil amores me quedaría contigo toda la noche tomando bolita, pero es que, pues, tengo un poco de afán. Recuerda que a las 6 de la tarde sale el último bus del pueblo y pues quiero aprovechar para mandarle ahí la encomienda de la casita de mi mamá, la que voy a comprar con el dinerito que me vas a regalar. Me trajiste la platica? Ay, mi Manuelita, mi piernona, pero la pregunta ofende su merced. Yo ya sabía, claro que le tengo la platica sí, sí, sí. Pero, pero no, no, aquí no. Aquí no porque usted sabe que eso es peligroso andar por ahí con tanta plata entre el bolsillo. Y aquí tengo harto eso sí, pero, pero tampoco toda la que le tengo que dar, no, no, no, no. Y como yo sé que su merced es la más cariñosita y querendona conmigo y sabe de sobra qué es lo que a mí me gusta pues, para que me haga así feliz, nos vamos para allá en un lugarcito solos. Sí, donde estemos las dos solitas y hacemos cochito y si le doy todo lo suyo si, mamita. Sí. Ay no, Pantaleón, no me diga que otra vez quiere que nos vayamos para ese solar. Por lo menos nos merecemos una piecita. Ay pieza no, pieza para qué, no, no hay tiempo, no, no, bueno, su merced verá, su merced, quiere la platica, no? Pues entonces complázcame. Y luego yo me largo tranquilo para mi finca y su merced se queda ahí con todo el billetote para su mamá, sí. Qué dice, mamita, sí. Espera, está sonando mi celular. Ay, dónde fue que lo metí. Ay, es mi mamá, la pobre está pendiente de mis noticias. Déjalo, voy a contestarle, es que la bulla no me deja oír nada. Bueno, vaya, vaya, vaya pues mi mamasota. Uy, eso es mucho tronco de vieja para yo solo. Y todo por billete. No, esa muñecota cree que yo tengo dinero cuando la verdad es que no tengo ni en qué caerme muerto. Uy, pero mientras se entera de la verdad pues me la gozo, ¿cierto? Y Pantaleón si Fuentes, eso es un viejo zorro, no, definitivamente sos un duro. Sí, ya te dije que el cucho me dijo que me trajo el billete. Pero el muy cochino quiere que antes le jalemos nuevamente a la ñaca ñaca en ese lote solitario que queda cerca de aquí, qué asco. Tranquila, mamacita. Que será la última vez que veas a ese tipo. No solamente te va a dar el billete que te prometió. Acuérdate que tenemos un plan para quedarnos con todo lo que ese tipo tenga. Sí. No, dice que tiene fincas y traga mulas. Claro, tiene artísimas. Pues cuando salga contigo, lo estaré esperando allá en ese sitio. Listo. Que se baje los pantalones y yo que le quito el billete. Y de ahí para adelante déjalo de mi cuenta. Al cucho le van a salir muy caras las caricias tuyas y el viejo suelta todo porque lo suelta y luego mándalo pal adiós. Ese es mi hombre. No, señor, usted no puede estar hablando de mi hermano.

[5:58]Él no puede ser el maletado que salió en el periódico. Él está en Bogotá buscando trabajo, no, no puede ser él. Cómo se le ocurre, señor, decirme semejante barbaridad. Florinda Cifuentes, la hermana mayor de Pantaleón, no podía salir del asombro. Estaba ahí, en la comisaría de la Policía del pueblo, recibiendo de labios del comandante la infausta noticia. Su hermano Pantaleón, desaparecido hacía más de dos semanas, había aparecido, descuartizado. El representante de la ley no encontraba palabras para poder hacer entender a la mujer de 70 años y aspecto campesino, que su hermano había sido asesinado por desconocidos. Y luego su cuerpo desmembrado y puesto en una maleta, que desde un pueblo vecino había sido enviada a Bogotá a una dirección inexistente. Que allí, luego de permanecer varios días en el depósito de la flota intermunicipal, había llamado la atención por los fuertes olores que producía, lo cual obligó a llamar a la policía, quien hizo el macabro descubrimiento, que luego de varias pesquisas, se había conocido que aquel cuerpo pertenecía a su hermano Pantaleón Cifuentes de 60 años, agricultor de oficio. Y que ahora necesitaban que ella identificara el cuerpo para hacerle entrega oficial de sus restos y adelantar la correspondiente investigación.

[7:41]No, no, no puede ser, no, no, no, no, no, no, no, no, por Dios, cómo le pudieron haber hecho esto a mi hermanito, por Dios.

[8:02]¡Maldita sea! ¡Hijo de la gran madre de vida! ¿Por qué fuiste tan bruta y te dejaste embaucar así? Ese majistori de madre no tenía ni en qué caerse muerto. Ya, deja de joderme la vida que cada vez que me acuerdo de todo lo que tuve que hacer con ese cucho me hierve la sangre. Pantaleón se aprovechó de mí. Claro, cómo no se burlaría cuando yo le pedía el dinero para mi mamá, por eso me alegra que lo hayamos mandado para el otro toldo. Y cómo lo hicimos. Ese maldito sufrió las verdes y las maduras antes de colgar los guayos. Pero se las tenía merecidas. Yo hubiera salido con algo hasta le hubiera hecho más pasito al motarlo y no lo hubiera aplicado luego al corte como se lo hice. Eso fue una obra de arte. Ay, sí señor. Un viejo tan grandote caber en una maleta tan chiquita. Ja, ja, ja.

[9:05]La risa les duró poco a estos malvados. Esa misma tarde, cuando se disponían a abandonar la cantina en donde trabajaba la mujer, fueron aprendidos por las autoridades. Y ahora reciben todo el peso de la ley.

[9:23]La maleta macabra.

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