Thumbnail for Ash x Cynthia & Lusamine Capitulo 1 Temporada 1 »Vidas Cotidianas« El Amor Que Tanto Busque  by 𝑫𝒆𝒈𝒐𝑺𝒉𝒊𝒑

Ash x Cynthia & Lusamine Capitulo 1 Temporada 1 »Vidas Cotidianas« El Amor Que Tanto Busque

𝑫𝒆𝒈𝒐𝑺𝒉𝒊𝒑

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[0:24]Luego de haberse convertido en campeón mundial de la Liga de Campeones, Ash finalmente emprendió el regreso a casa después de varios días llenos de entrevistas, celebraciones y despedidas que parecían no terminar nunca. Aunque había sonreído durante todo ese tiempo, en el fondo solo quería volver a su habitación, dejar a un lado toda la presión acumulada y descansar por primera vez desde el torneo. Durante el viaje, observaba por la ventana con una calma que pocas veces tenía, recordando cada combate que lo había llevado hasta ese momento, pero sobre todo aquella semifinal que muchos consideraban imposible. Haber derrotado a Cynthia seguía siendo algo difícil de asimilar incluso para él. No había sido solo una victoria, había sido el combate más exigente de su vida, uno donde tuvo que llevarse al límite para encontrar una manera de superar a alguien que durante años había sido vista casi como invencible. Mientras tanto, lejos de ahí, Cynthia no lograba apartar ese mismo recuerdo de su mente. Desde que terminó el torneo, la imagen de Ash manteniéndose firme frente a ella, leyendo cada movimiento y encontrando respuestas donde parecía no haberlas, volvía una y otra vez a sus pensamientos. No era frustración por haber perdido, porque conocía bien lo que era la derrota, sino una curiosidad que no dejaba de crecer. Se preguntaba cómo un joven como él había conseguido vencerla, cómo alguien tan impulsivo había demostrado una madurez táctica que incluso ella no anticipó. Pensó en los años que había pasado perfeccionando su estilo, en todas las regiones recorridas, en cada campeón enfrentado, y aún así era Ash quien había roto ese esquema. Aquello no dejaba de inquietarla. Recostada finalmente en su habitación, con la luz apenas iluminando el techo, Cynthia cerró los ojos intentando descansar, pero los recuerdos seguían apareciendo. Recordó el instante exacto en que entendió que Ash no estaba peleando solo con instinto, sino con una convicción que parecía crecer con cada dificultad. Incluso recordó cómo, después del combate, él se acercó a agradecerle y le dijo que jamás habría llegado tan lejos sin haber aprendido observando a entrenadores como ella. Cynthia había respondido con calma en ese momento, pero por dentro aquellas palabras habían dejado algo extraño en su interior. Ahora, sola en el silencio de la noche, admitía para sí misma que no podía dejar de pensar en él. Se giró sobre la cama buscando una postura más cómoda, pero terminó soltando un leve suspiro al darse cuenta de que el sueño tardaría en llegar. Se preguntó si Ash estaría celebrando todavía o si ya habría vuelto a su rutina habitual, probablemente descansando sin imaginar que ella seguía pensando en aquella batalla. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro al imaginarlo hablando con la emoción de siempre sobre futuros retos. Entonces se dijo que quizá no era solo curiosidad lo que sentía, quizá había empezado a ver algo más en ese muchacho que simplemente a un rival prometedor. Pero esa idea la hizo guardar silencio consigo misma. No quiso profundizar más. Cerró los ojos otra vez, intentando dejar que el cansancio la venciera. Poco a poco, mientras la noche avanzaba y los pensamientos se hacían más difusos, Cynthia finalmente comenzó a quedarse dormida, aunque incluso en ese último instante antes del sueño, la imagen de Ash seguía presente en su mente. Lejos de donde Ash descansaba y donde Cynthia intentaba conciliar el sueño, en la región de Alola otra persona seguía despierta. Dentro de una amplia sala iluminada por el resplandor de una pantalla, Lusamine observaba una vez más la repetición de la batalla final entre Ash y Leon. No era la primera vez que la veía esa noche, y aún así no parecía cansarse de repetirla. Cada movimiento, cada estrategia, cada instante donde parecía que Ash estaba contra las cuerdas y lograba levantarse otra vez, hacía que una sonrisa apareciera en su rostro. Verlo convertido en campeón mundial le producía una felicidad genuina, como si aquel triunfo también tuviera un significado personal para ella. Después de todo, había visto de cerca el tipo de persona que era Ash y sabía que ese logro no había sido casualidad. Mientras la batalla seguía reproduciéndose, Lusamine no pudo evitar recordar todo lo que ese joven había hecho por ella. En más de una ocasión había pensado que jamás podría pagarle realmente la deuda que sentía. Ash no solo había protegido a su hija cuando más lo necesitaba, también la había ayudado a ella misma cuando estuvo perdida. Había intervenido cuando otros se alejaban, había arriesgado su vida sin pedir nada a cambio, y había mostrado una comprensión que pocas personas tuvieron con ella. Por eso, al verlo ahora convertido en campeón, no podía evitar sentir orgullo. Era como ver a alguien cercano cumplir un sueño que había perseguido con todo su corazón. Sin embargo, aquella noche había algo más que gratitud rondando sus pensamientos. Lusamine apoyó una mano sobre el brazo del sillón y se quedó mirando fijamente la imagen congelada de Ash sonriendo tras la victoria. Entonces se preguntó por qué tenía tantas ganas de verlo en persona. Podía enviar un mensaje, podía felicitarlo por videollamada, podía incluso mandarle algún regalo por su triunfo. Pero nada de eso le parecía suficiente. Quería verlo frente a frente. Quería agradecerle mirándolo a los ojos por todo lo que había hecho por ella. Esa necesidad le parecía extraña incluso a sí misma. Se levantó con calma y caminó hasta la gran ventana de la habitación desde donde podía observar el cielo nocturno de Alola. El silencio de la isla hacía que sus pensamientos sonaran más claros. Se preguntó si Ash habría cambiado mucho desde la última vez que se vieron. Seguramente sí. Ahora era campeón mundial, pero en el fondo dudaba que hubiera perdido esa manera honesta y leal que siempre lo definió. Recordó su sonrisa, la facilidad con la que lograba transmitir confianza, e incluso aquella costumbre suya de lanzarse a ayudar sin medir consecuencias. Pensando en eso, Lusamine dejó escapar un suspiro casi imperceptible y terminó admitiendo para sí misma que no solo quería agradecerle. También quería volver a estar cerca de él. Aquella idea hizo que permaneciera quieta varios segundos. No entendía bien de dónde nacía ese impulso, pero era real. Después de tanto tiempo, Ash seguía ocupando un espacio en sus pensamientos que ningún otro había tomado. Regresó a la pantalla y volvió a reproducir el momento exacto donde Ash era proclamado campeón. Al verlo levantar el trofeo, Lusamine sonrió otra vez y murmuró para sí que quizá era momento de verlo personalmente. Tal vez podía invitarlo a Alola. Tal vez podía encontrar una excusa sencilla para reunirse con él. Mientras esa idea comenzaba a tomar forma, una sensación nueva apareció en su interior, una mezcla de emoción y nervios que no esperaba sentir. A la mañana siguiente, Ash despertó con la luz del sol entrando por la ventana y por primera vez en varios días, sintió que no tenía ninguna obligación inmediata. No había combates pendientes, entrevistas, entrenamientos ni personas esperándolo afuera. Solo estaba en casa. Permaneció unos segundos mirando el techo antes de estirar la mano hacia su celular que había dejado a un lado de la cama. Al encenderlo, comenzaron a aparecer varias notificaciones acumuladas. Mensajes de viejos amigos felicitándolo por el campeonato, algunos enviándole bromas como si nada hubiera cambiado, otros contándole pequeñas cosas de sus vidas cotidianas. Había mensajes de compañeros que seguían entrenando en distintas regiones, conocidos que ahora estaban ocupados con sus propios proyectos, y personas con las que no hablaba desde hacía meses. Ash fue revisando todo con calma, sonriendo de vez en cuando al ver que, pese a todo lo que había ocurrido, muchas cosas seguían sintiéndose normales. Mientras seguía deslizando la pantalla, apareció una notificación distinta. No reconoció el nombre del usuario. Era un perfil que no tenía agregado, y por curiosidad abrió la solicitud. Lo primero que vio fue una fotografía donde aparecía un chico abrazando a Serena con una sonrisa, y debajo una frase simple que decía: aquí con mi novia. Ash se quedó observando la pantalla unos segundos sin reaccionar. No era exactamente una sensación de tristeza lo que apareció, pero sí algo extraño, una especie de vacío momentáneo difícil de nombrar. No porque sintiera que había perdido algo, sino porque aquella imagen lo tomó desprevenido.

[8:48]Serena había sido alguien importante en su vida, eso era innegable, pero también sabía que entre ellos nunca hubo algo definido. Nunca prometieron nada. Nunca hablaron realmente de sentimientos. Cada uno siguió su camino. Pensó por un momento en todo eso mientras dejaba el teléfono sobre sus piernas. Si alguien hubiera esperado verlo afectado, probablemente se habría equivocado. Ash no se sintió devastado ni resentido. Solo pensó que era curioso cómo el tiempo seguía moviéndose para todos, incluso cuando uno no lo notaba. Serena estaba viviendo su vida, igual que los demás. Y él, después de todo, también estaba haciendo lo mismo. Incluso terminó soltando una leve exhalación, casi como si se sacara de encima una duda que nunca había querido enfrentar. Se dijo para sí que no tenía sentido pensar demasiado en algo que jamás llegó a existir. No había traición ni pérdida. Simplemente las cosas eran así. Sin darle más vueltas, apagó la pantalla del celular y lo dejó a un lado. Se incorporó, se arregló un poco y bajó las escaleras guiado por el aroma de comida que venía desde la cocina. Al llegar, encontró a su madre sirviendo el desayuno como tantas veces en el pasado, como si el hecho de que ahora fuera campeón mundial no hubiera cambiado nada dentro de esa casa. Delia lo miró sonriendo y le dijo que por fin había decidido dormir como una persona normal. Ash respondió con una pequeña risa y se sentó frente a ella. Mientras empezaban a comer, su madre le preguntó si tenía planes ahora que el torneo había terminado. Ash se quedó pensativo unos segundos antes de responder que, por primera vez en mucho tiempo, no lo sabía. La conversación siguió con una tranquilidad que le hizo bien. Hablar de cosas simples, escuchar a su madre preguntarle si estaba comiendo suficiente o si pensaba descansar de verdad, le devolvía una sensación de normalidad que había extrañado. Y aunque por un instante recordó aquella notificación extraña, ya no le dio importancia. Su atención estaba ahí, en ese desayuno sencillo, en ese momento común que después de tanto viaje se sentía casi raro. Sin saberlo, mientras comía con calma junto a su madre, otras personas en lugares lejanos seguían pensando en él. Pero Ash todavía no tenía idea de que ese aparente día ordinario estaba a punto de empezar a cambiar. Después de terminar el desayuno, Ash pasó un rato ordenando algunas cosas en su habitación antes de decidir que no quería quedarse quieto todo el día. Aunque había pensado descansar, la costumbre de entrenar terminaba imponiéndose. Preparó lo necesario, tomó su gorra y se dijo que un poco de práctica le vendría bien para despejar la mente. Bajó las escaleras con esa idea, mientras su madre le preguntaba si pensaba volver tarde. Ash respondió que solo iría a entrenar un rato y regresaría antes del anochecer. Todo parecía un día común. Nada indicaba que algo fuera a salirse de lo normal. Al abrir la puerta para salir, dio apenas un paso y se quedó completamente inmóvil. Frente a él, esperando con una serenidad casi imposible de alterar, estaba Cynthia. Durante unos segundos Ash creyó que estaba viendo mal por la sorpresa. La observó en silencio tratando de entender si realmente estaba frente a su casa o si todavía seguía medio dormido. Pero no, era ella. Cynthia volvió a mirarlo y repitió con una ligera sonrisa, entonces dime Ash, ¿vas a dejarme esperando afuera o vas a mostrarme cómo entrena el campeón mundial?

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