[0:02]Capítulo 3, la división del trabajo está limitada por la extensión del mercado. Así como el intercambio da lugar a la división del trabajo, la profundidad de esta división debe estar siempre limitada por la extensión del mercado.
[0:22]Cuando el mercado es muy pequeño, ninguna persona tendrá el estímulo para dedicarse completamente a una sola ocupación. Por falta de capacidad para intercambiar todo el excedente del producto de su propio trabajo por encima de su consumo por aquellas partes que necesita de otros. Hay algunas actividades que solo puede desarrollarse en una gran ciudad. Un cargador de objetos, por ejemplo, no podrá hallar empleo ni subsistencia en ningún otro lugar. Un pueblo le resulta ambiente demasiado estrecho, ni siquiera una ciudad corriente con un mercado normal podrá suministrarle una ocupación permanente. En las casas solitarias y las minúsculas aldeas, todo campesino debe ser el carnicero, el panadero y el cervecero de su propia familia. En tales circunstancias es raro encontrar a un herrero, un carpintero o un albañil, a menos de 20 millas de otro. Las familias que viven separadas, pues la casa más cercana está situada a 8 o 10 millas. Deberán aprender a hacer por sí mismas un gran número de pequeños trabajos que en sitios más poblados reclamarían la presencia de dichos artesanos. Un carpintero rural se ocupa de todas las labores que emplean madera. Un herrero rural de todas las que emplean hierro. El primero no es solo un carpintero, sino un ensamblador, un constructor de muebles y hasta un ebanista. Así como un fabricante de ruedas, arados y carruajes. En las partes más remotas y aisladas de las Tierras Altas de Escocia, no puede haber ni siquiera un fabricante de clavos. A un ritmo de 1.000 clavos por día y 300 días laborales por año. Un artesano de ese tipo haría 300.000 clavos anuales. Pero en una región como esa no podría vender ni un millar de clavos, es decir, ni el producto de un día de trabajo en el año.
[2:47]El transporte por agua abre un mercado más amplio para todos los sectores que el que pueda abrir solo el transporte terrestre. Es en las costas del mar y en las orillas de los ríos navegables, donde los diferentes trabajos empiezan naturalmente a subdividirse y a progresar. Y con frecuencia sucede que debe transcurrir mucho tiempo hasta que dicho progreso se traslade hacia el interior del país. Un gran carro, guiado por dos hombres y tirado por ocho caballos con unas cuatro toneladas de carga demora ocho semanas en un viaje de ida y vuelta entre Londres y Edimburgo. En aproximadamente el mismo tiempo, un barco tripulado por seis u ocho personas, lleva de Londres a Leith y vuelta 200 toneladas de carga. Así, con la ayuda del transporte por agua, seis u ocho hombres, pueden desplazar entre Londres y Edimburgo y vuelta la misma cantidad de mercancías que 59 carros, guiados por 100 hombres y tirados por 400 caballos. Dadas las ventajas del transporte por agua, es natural que los primeros progresos en las artes y la industria aparezcan allí, y que siempre ocurra que se extiendan mucho después a las regiones interiores del país. Las naciones que se civilizaron primero fueron las establecidas en torno a la costa del mar Mediterráneo. Este mar, sin dudas, el mayor de los mares interiores que existen en el mundo, al no tener mareas ni olas, salvo las provocadas por el viento, resultó ser por la calma de la superficie, por la multitud de sus islas y la proximidad de sus orillas, extremadamente favorables para la naciente navegación. En esos tiempos, los hombres ignorantes de la brújula temían perder de vista la costa y debido a la imperfección de la industria naval, recelaban de abandonarse a las vociferantes olas del océano. De todos los países de la costa del mar Mediterráneo, Egipto fue el primero en el que tanto la agricultura como las manufacturas alcanzaron un nivel apreciable de cultivo y desarrollo. El alto Egipto no se alejaba del Nilo más que unas pocas millas, y en el bajo Egipto, ese enorme río se divide en gran cantidad de canales. Que permitieron la comunicación fluvial no solo entre todas las grandes ciudades, sino también entre los pueblos importantes. La amplitud y facilidad de esta navegación interior fue probablemente una de las causas fundamentales del progreso temprano de Egipto. Capítulo 4: del origen y uso del dinero. Una vez que la división del trabajo se ha establecido y afianzado, el producto del trabajo de un hombre apenas puede satisfacer una fracción insignificante de sus necesidades. Él satisface la mayor parte de ellas, mediante el intercambio del excedente del producto de su trabajo por encima de su propio consumo, por aquellas partes del producto del trabajo de otros hombres que él necesita. Cada hombre vive así gracias al intercambio o se transforma en alguna medida en un comerciante y la sociedad misma llega a ser una verdadera sociedad mercantil. Pero cuando la división del trabajo dio sus primeros pasos, la acción de esa capacidad de intercambio se vio con frecuencia entorpecida. Supongamos que un hombre tiene más de lo que necesita de una determinada mercancía, mientras que otro hombre tiene menos. En consecuencia, el primero estará dispuesto a vender y el segundo a comprar una parte de dicho excedente. Pero si ocurre que el segundo no tiene de lo que el primero necesita, no podrá entablarse intercambio alguno entre ellos. El carnicero guarda en su tienda más carne de lo que puede consumir y tanto el cervecero como el panadero están dispuestos a comprarle una parte. Pero solo pueden ofrecerle a cambio los productos de sus labores respectivas. Si el carnicero ya tiene todo el pan y toda la cerveza que necesita, entonces no habrá comercio. Ni uno puede vender ni los otros comprar, y en conjunto todos serán recíprocamente menos útiles. A fin de evitar los inconvenientes derivados de estas situaciones, procuran naturalmente manejar sus actividades de tal modo que disponen en todo momento, además de los productos específicos de su propio trabajo, una cierta cantidad de algunas mercancías que en su opinión pocos rehusarán aceptar a cambio de otros productos.
[8:20]Se dice que, en las épocas rudas de la sociedad, el instrumento común del comercio era el ganado. Y aunque debió haber sido extremadamente incómodo, sabemos que en la antigüedad las cosas eran a menudo valoradas según el número de cabezada de ganado que habían sido entregadas a cambio de ellas. Homero refiere que la armadura de Diómedes costó solo nueve bueyes, mientras que la de Glauco costó 100. Se cuenta también que en Abisinia, el medio de cambio y comercio más común es la sal. En algunas partes de la costa de la India, es una clase de conchas. El bacalao seco en Terranova, el tabaco en Virginia, el azúcar en algunas colonias en las Indias Occidentales y hasta en un cierto pueblo de Escocia, no es extraño que un trabajador lleve clavos en lugar de monedas a la panadería o la taberna. Los hombres prefieren para el intercambio los metales, por encima de cualquier otra mercancía. Los metales pueden ser no solo conservados con menor pérdida que cualquier otra cosa, puesto que casi no hay nada menos imperecedero que ellos, sino que además pueden ser y sin pérdida, divididos en un número indeterminado de partes, unas partes que nuevamente pueden fundirse de nuevo en una sola pieza. Ninguna otra mercancía igualmente durable posee esta cualidad.
[10:09]La persona que deseaba comprar sal, por ejemplo, pero solo poseía ganado para dar a cambio, debía comprar sal por el valor de todo un buey o toda una oveja a la vez. En pocas ocasiones podía comprar menos, porque aquello que iba a dar a cambio en pocas ocasiones podía ser dividido sin pérdida. Y si deseaba comprar más, se veía forzado, por las mismas razones, a comprar el doble o el triple de esa cantidad, es decir, el valor de dos o tres ovejas. Por el contrario, si en lugar de ovejas o bueyes podía dar metales a cambio, con facilidad podía adecuar la cantidad de metal a la cantidad precisa de la mercancía que necesitaba.
[11:01]Para este propósito se han utilizado diferentes metales en las distintas naciones. Entre los antiguos espartanos, el medio común de comercio era el hierro. El cobre entre los antiguos romanos y el oro y la plata entre las naciones ricas. Hay que destacar que la palabra VALOR tiene dos significados distintos. Unas veces expresa la utilidad de algún objeto en particular. Y en otras, el poder de compra de otros bienes que confiere la propiedad de dicho objeto. Se puede llamar a lo primero, valor de uso y a lo segundo, valor de cambio. Las cosas que tienen un gran valor de uso, con frecuencia poseen poco o ningún valor de cambio. No hay nada más útil que el agua, pero con ella casi no se puede comprar nada. Casi nada se obtendrá a cambio de agua. Un diamante, por el contrario, apenas tiene valor de uso. Pero a cambio de él se puede conseguir, generalmente, una gran cantidad de otros bienes. Para investigar los principios que regulan el valor de cambio de mercancías se procurará demostrar: primero, cuál es la medida real de este valor de cambio. Segundo, cuáles son las diferentes partes que componen este precio real. Tercero, cuáles son las diversas circunstancias que a veces elevan alguna o todas esas partes por encima y a veces las disminuyen por debajo de su tasa natural u ordinaria. Se explicará estas tres cuestiones en los capítulos siguientes.



