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Nada más queer que la naturaleza | Brigitte Baptiste | TEDxRiodelaPlata

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[0:07]La palma de cera es el árbol nacional de Colombia, es una especie endémica, una especie muy amenazada y durante los últimos años ha tenido mucha atención por parte de los conservacionistas, entre los cuales me encuentro.
[0:07]Pero las investigaciones que se han hecho sobre la palma este año revelaron algo interesante.
[0:07]El cambio de sexo y de género se ha reportado regularmente en la ciencia, cada vez más.
[0:07]Sin embargo, mucha gente utiliza el argumento de la falta de naturalidad en la comunidad LGBT para cuestionar y criticar su existencia incluso.
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[0:07]La palma de cera es el árbol nacional de Colombia, es una especie endémica, una especie muy amenazada y durante los últimos años ha tenido mucha atención por parte de los conservacionistas, entre los cuales me encuentro. No con mucho éxito desafortunadamente. Pero las investigaciones que se han hecho sobre la palma este año revelaron algo interesante. Algunos ejemplares son transexuales. Y les aseguro que no tuve nada que ver con ello. El cambio de sexo y de género se ha reportado regularmente en la ciencia, cada vez más. Sin embargo, mucha gente utiliza el argumento de la falta de naturalidad en la comunidad LGBT para cuestionar y criticar su existencia incluso. En muchos casos eso redunda en violencia y en discriminación hacia las personas LGBT. En la naturaleza, en contraste, encontramos especies que parecen andar todo el tiempo en desfile de orgullo gay, como estas ranitas. Despliegan una cantidad de colores, de formas que incluso ponen en riesgo su existencia ante los depredadores. Estas ranitas usan esa estrategia como un mecanismo fundamental de adaptación, de innovación para la evolución. Nos preguntamos entonces si existe alguna relación entre la construcción de identidad sexual y de género entre los seres humanos y con la biodiversidad. ¿Cómo se construye realmente esa identidad entre las personas y cómo se construye en las demás especies? Proveniendo de la literatura, la teoría queer nos sugiere que la identidad sexual se construye en la interacción que tienen los personajes que comparten una narración. Todos nosotros, las otras especies del mundo, compartimos ese gran, esa gran historia que es la vida, gracias al ADN. Estamos en el mismo cuento. La teoría queer también destaca lo raro, destaca lo ambiguo, destaca lo excéntrico como cualidades que nos van a ayudar a adaptarnos a a los retos del cambio climático, a los retos de las nuevas tecnologías, a esa gran transformación que el mundo está sufriendo en estos tiempos. La teoría queer además nos dice que es el cuerpo el que se va a poner en juego cada vez más para poder asumir esa variación tan importante que requerimos en la adaptación. El cuerpo se desarrolla y construye identidad dependiendo entonces de con quién se relaciona, de cómo vive en un territorio determinado. Por ejemplo, los pueblos Agua, Emberá del Pacífico colombiano viven en unas selvas ecuatoriales tremendamente húmedas. Llueve hasta 8000 milímetros al año, con una temperatura media de 30, 35 grados centígrados. Se imaginan a sí mismos como descendientes de las lianas, de las raíces de las epífitas de las orquídeas que crecen en los árboles. Ellos construyen su identidad a partir de su manera de relacionarse con las plantas y con los animales, desarrollan identidades híbridas. En cambio, nosotros que ya vivimos en una civilización occidental y moderna, optamos por romper nuestros vínculos con esa naturaleza, con esos árboles, con ese bosque, con esas, con esos animales. Y estudiar, poner en la distancia esos objetos que la constituyen, cada vez que acudimos a entender esa relación, fragmentamos el ecosistema en pedacitos y proyectamos sobre esos pedacitos toda la fuerza de nuestra razón, casi que encandilando el objeto. Con lo cual indudablemente ganamos precisión, pero perdemos en visión. Rompemos la conexión que hay entre todos los seres y construimos una visión distinta a partir de esos pedacitos con los que ensamblamos una colección de museo, con los que ensamblamos un catálogo. Por supuesto, los catálogos nos dicen mucho de cómo es el mundo, pero es un mundo que ya no tiene identidad de género, que ya no tiene identidad sexual. Es un catálogo que además se puede reorganizar de acuerdo a muchas lógicas, cada quien le puede dar sentido a la manera en que se organiza. Puede servir de base para contar historias, también puede servir de base para construir un parque zoológico, para construir un jardín botánico. En fin, también nos ayuda a construir visiones de naturaleza. Sin embargo, normalmente esas visiones de naturaleza acaban agrupadas, acaban enmascaradas por el proceso de agregación de todas las especies, de verlo todo junto. Y acabamos pensando que el mundo y la naturaleza es una especie de brócoli de verde genérico. Y fíjense ustedes cómo a veces las políticas ambientales están constituidas por la conservación del verde, sin realmente entender que lo que está pasando en el mundo es un constante arreglo y cambio de las especies que se están relacionando y están evolucionando activamente. Realmente ese ejercicio de simplificación del mundo, de distanciamiento del mundo ha llevado a que construyamos una perspectiva tremendamente homogénea del mismo. Una perspectiva en la cual la diversidad y la diversidad de género y la diversidad sexual no son importantes. Un mundo en el cual las relaciones entre las especies y entre nosotros y la naturaleza cambia sustancialmente de sentido. Por eso mismo, creo que es tiempo de reincorporar, de rescatar la diversidad sexual y de género en nuestras visiones de la naturaleza. Es tiempo de rechazar la homogeneidad y de darle un espacio a la diversidad de verdad, a la diversidad que está representada por las interacciones entre todas las personas. Es tiempo de construir una versión más gozosa, más divertida y más bonita de la naturaleza.

[7:55]Porque no hay nada más queer que la naturaleza.

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