[0:14]En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu. Le pedimos al Señor perdón por nuestras faltas, por nuestras debilidades, por nuestras caídas para preparar bien nuestro corazón a la celebración de estos sagrados misterios. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Oremos. Te pedimos, Señor, que protejas siempre a tu familia con tu mano poderosa, para que libre de toda maldad en virtud de la resurrección de tu Hijo unigénito, consiga los dones del cielo por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
[1:52]Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. En aquellos días se produjeron en Iconio conatos de parte de los gentiles y de los judíos, a sabiendas de las autoridades, para maltratar y apedrear a Pablo y a Bernabé. Ellos se dieron cuenta de la situación y se escaparon a Licaonia, a las ciudades de Listra y Derbe y alrededores, donde predicaron el Evangelio. Había en Listra un hombre lisiado y cojo de nacimiento que nunca había podido andar. Escuchaba las palabras de Pablo y Pablo, viendo que tenía una fe, una fe capaz de curarlo, le gritó mirándolo. Levántate, ponte derecho. El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia. Dioses en figuras de hombre han bajado a visitarnos. A Bernabé lo llamaban Zeus y a Pablo Hermes porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad, trajo a las puertas toros y guirnaldas y con la gente quería ofrecerles un sacrificio. Al darse cuenta los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío gritando: Hombres, ¿qué hacéis? Nosotros somos mortales igual que vosotros. Os predicamos el Evangelio para que dejéis los dioses falsos y os convirtáis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen. En el pasado dejó que, en el pasado dejó que cada pueblo siguiera su camino, aunque siempre se dio a conocer por sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia. Con estas palabras disuadieron al gentío, aunque a duras penas, de que les ofrecieran sacrificio. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria. No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria. No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu bondad, por tu lealtad. ¿Por qué han de decir las naciones dónde está su Dios? No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria. Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas. No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria. Benditos seáis del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor. La tierra se la ha dado a los hombres. No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria. Aleluya. Aleluya. Aleluya.
[5:17]El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu. Lectura del Santo Evangelio según San Juan. Gloria a ti, Señor.
[5:29]En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama. Al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me revelaré a él. Le dijo Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado. Pero el defensor, el Espíritu Santo que enviaré al Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
[6:36]Lo primero que tenemos que entender es que esta promesa de Cristo aquel que guarde mis palabras, vendrá mi Padre y habitaremos en él, haremos morada en él, no se produce en plenamente aquí en la Tierra. Sino que será en el cielo donde plenamente tendrá lugar esta inhabitación de Dios en nosotros. Aquí ya está el Señor dentro de nosotros de forma parcial, pero será en el cielo donde como dice San Pablo, él lo será todo para todos. Allí en el cielo será donde podremos contemplar y vivir en perfecta unidad con nuestro Padre Dios. Aquí, en la Tierra, lo podemos hacer de forma velada, no plena ni total, cuando cumplimos ciertas condiciones. ¿Y cuáles son esas condiciones? En cierto pasaje del Evangelio se recoge como Jesús estaba predicando y se supone que se acercaron algunos familiares cercanos. Serían primos, familia cercana de Cristo, que buscaba honores, aplauso, reconocimiento. Y entonces le hacen llamar y qué le dicen, tu madre y tus hermanos están aquí y te buscan. La Virgen María no necesitaba hacer llamar a Cristo. Hermanos de sangre, Jesús no tenía. Es verdad que para un judío, el concepto de hermano es mucho más amplio que para un occidental. Yo que convivo aquí con algunos chicos de África, estoy acostumbrado a que ellos dicen, mis hermanos y al final cuando hurgas un poco, de hermanos no tienen nada, son primos segundos, terceros, pero ellos los consideran hermanos. Agustín que está aquí sirviendo en el altar, no me dejará como mentiroso, al menos eso es lo que a mí me transmiten. Jesús no tuvo hermanos de sangre, es el unigénito, el único hijo además de la Virgen María. Se acercaron a pedir, a pedir posiblemente un puesto importante, y Jesús levantando la mirada dice, ¿quiénes son mi madre y mis hermanos? El que escucha la palabra de Dios y la pone por obra. Para que el Señor habite en nosotros, para estar en comunión con él, para sentir esa paz y ese amor que Dios quiere darnos, el amor que sintieron Pedro, Santiago y Juan cuando están en el Tabor y Pedro exclama qué bien se está aquí. Para experimentar esa unidad con la Trinidad, es fundamental por una parte la escucha, por otra parte la obediencia, dos virtudes difíciles. La escucha es más fácil, aunque vivimos en un tiempo en el que vamos tan deprisa y corriendo a todos los sitios que difícilmente encontramos momentos para estar relajados escuchando lo que el Señor nos dice. Tienes tiempo para todo y para todos menos para con Dios. Cuántas veces podrías ir a un retiro de un sábado por la mañana a lo mejor y no lo haces porque tengo muchas obligaciones, porque mi familia me necesita. Te necesitará, no lo dudo, pero ¿tú no necesitas también descansar en Dios? Cuántas veces podrías venir a misa entre semana, muchas veces no lo haces. Antepones otras cosas antes que venir a ver al Señor. Cuántas veces podrías rezar, pero dices, ah, es que tengo que ir aquí, tengo que ir allá, tengo estas obligaciones, tengo las otras. Dios siempre queda relegado. Por lo tanto, ¿cómo vamos a escuchar si no tenemos tiempo para Dios? Primera pregunta que nos tenemos que hacer. Yo escucho lo que el Señor me dice, ¿le estoy dedicando a Dios el tiempo que él requiere para hablar conmigo, para compartir conmigo su amor, para iluminar mi vida? Segunda virtud, la obediencia, y esta es más difícil todavía de vivir porque vivimos en un mundo marcado por la soberbia. Marcado por la soberbia porque pensamos que somos independientes, autónomos, que podemos vivir sin necesidad de ser fieles a nada ni a nadie. Que todo depende de tus apetencias y no es así. La verdadera libertad consiste en escuchar lo que el Señor te pide y en ser dócil, fiel a su voluntad. Has escuchado y sabes lo que el Señor te pide, a lo mejor es duro o difícil porque tienes que perdonar a una persona que no te cae bien o porque tienes que ser generoso dando tu tiempo o tu dinero a una persona necesitada. Lo fácil decir que no puedes, buscar excusas de mal pagador, la obediencia. Y cuando uno escucha y es obediente, cuando uno escucha la palabra de Dios y la vive, entonces el Señor habita en él. Porque estamos en unidad con él, porque estamos cumpliendo los requisitos que Cristo estableció, ¿quiénes son mi madre y mis hermanos? Los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra. Y entonces se produce esa unidad en tu corazón y esa felicidad que será plena cuando estés en el cielo viendo a Dios cara a cara y disfrutando eternamente de su amor. Somos templo del Espíritu Santo. La Trinidad habita en nosotros, somos familia de Dios si escuchamos y somos dóciles a su voluntad, obedeciendo. Pues que sea así en nuestra vida. Escucha y obediencia, dos virtudes fundamentales en la vida del cristiano para que el Señor habite en nosotros. Que él nos ayude. Nos ponemos en pie. Oremos a Dios, nuestro Padre, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Pedimos por la Iglesia, para que sea siempre luz en medio del mundo, consuelo y esperanza de los que sufren, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. Pedimos también por la paz, para que cesen las guerras y el terrorismo, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. Pedimos también por nuestras familias para que se mantengan unidas y en ellas se transmita la fe de padres a hijos, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. Pedimos por las vocaciones a la vida sacerdotal y a la vida consagrada, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. Pedimos por los que no tienen fe y a causa de las cruces de la vida desesperan, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. Pedimos por España, por Occidente, para que no abandonen sus raíces cristianas, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. Escucha, Padre, las súplicas de tus hijos que nos dirigimos a ti, confiando en tu amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
[14:22]Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre. Que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos. Él será para nosotros pan de vida. Bendito seas por siempre, Señor.
[14:49]Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre. Que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros bebida de salvación. Bendito seas por siempre, Señor.
[15:15]Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios Padre todopoderoso. El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. Suban hasta ti, Señor, nuestras súplicas con la ofrenda del sacrificio, para que purificados por tu bondad, nos preparemos para el sacramento de tu inmenso amor por Jesucristo nuestro Señor. Amén. El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu. Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca exaltarte en este tiempo glorioso, en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, intercediendo continuamente ante ti. Inmolado, ya no vuelve a morir, sacrificado, vive para siempre. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría. Y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles cantan sin cesar el himno de tu gloria. Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria, Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en el cielo. Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad. Por eso te pedimos, que santifiques estos dones con la efusión de tu espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo nuestro Señor, el cual, cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente aceptada tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo, tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros.
[17:53]Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo, tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.
[18:34]Este es el sacramento de nuestra fe. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús. Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia. Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la Tierra y con el Papa León, con nuestro obispo José y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad. Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, de tus hijos, María del Carmen y de los difuntos de la familia Parra y de todos los que han muerto en tu misericordia, admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros y así con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo San José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos por tu hijo, Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.
[20:09]Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén. Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir, Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la Tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo. Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor. Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles, la paz os dejo, mi paz os doy. No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. La paz del Señor esté siempre con vosotros. Y con tu espíritu. En el nombre del Señor resucitado, daos fraternalmente la paz.
[21:57]Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz. Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los llamados a la cena del Señor. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
[23:32]Por ser el día 4, en memoria de San Francisco de Asís y aprovechando el centenario, el octavo centenario de su muerte, donde el Papa León ha concedido una indulgencia plenaria, vamos a hacer la oración de intercesión pidiendo a San Francisco que interceda por nuestras necesidades y los nuestros.
[23:55]Te damos gracias, Señor, por el don de contar a San Francisco de Asís como nuestro modelo en el camino de la santidad, en el amor a ti, en el amor a la Iglesia, en el amor a los pobres, en el amor a las hermanas criaturas.
[24:25]Te damos gracias porque él nos enseñó que tú, sumo amor, no eres amado cuando solo nos acordamos de ti para pedir y no acudimos a ti para agradecer. Te damos gracias porque nuestro Padre San Francisco nos mostró que el camino que lleva al cielo pasa por llevar una vida austera y renunciar a la ambición, al rencor y a la violencia.
[25:08]Te damos gracias porque él nos recuerda que tú estás siempre realmente presente en la Sagrada Eucaristía, de la que nos llamas a acudir a ti para encontrar alivio cuando estamos cansados y agobiados. Te damos gracias también porque nos enseña que la hermana muerte no es el final del camino, excepto para los que mueren en pecado mortal, sino la puerta que debemos cruzar para estar siempre contigo en el cielo. Te damos gracias porque con su amor a la Virgen, tu Santísima Madre, San Francisco nos la ha mostrado como la inmaculada Reina de los ángeles, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, auxilio de los cristianos y esperanza de los que sufren. Por eso, Señor, te pedimos humildemente que la indulgencia que ahora tal y como ha concedido el Santo Padre León XIV, vamos a conseguir, nos sirva no solo para redimirnos de la pena que merecen los pecados, que ya han sido perdonados por la confesión, sino para que nos ayude a avanzar en el camino de la santidad a imitación del Seráfico Padre San Francisco, haciendo de nuestra vida un himno de gratitud con obras y palabras, como fruto de un corazón que solo quiere amarte y hacerte amar cada día. Amén.



