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RESUMEN | TODOS LOS TRASTORNOS SEXUALES (♂️ ♀️) | DIAGNÓSTICO, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO DSM 5-TR

Psico Facil

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[0:00]Bienvenidas y bienvenidos a nuestra serie DSM en 5 minutos con el psicólogo Javier Parra Pulido. Hoy veremos la sección de disfunciones sexuales. Primero, eyaculación retardada. Los trastornos de disfunciones sexuales se caracterizan por una afectación en la capacidad de responder sexualmente o de obtener satisfacción cuando se tiene una estimulación adecuada y conocimiento sobre la forma de obtener placer sexual. Se debe tener en cuenta que las personas pueden experimentar varios trastornos a la vez y pueden ser de por vida, es decir, que el problema inició con la primera experiencia sexual. Adquirido, en donde el problema se desarrolla en un periodo específico de tiempo y situacional en donde el problema ocurre en un contexto, estimulación o con una persona en específico. Además de los criterios diagnósticos, se deben tener en cuenta que las disfunciones sexuales pueden ser relacionadas a aspectos como problemas de pareja, comunicación, factores de vulnerabilidad individual como una mala imagen corporal o historial de abuso. Otro trastorno como la depresión donde los niveles de la libido suelen disminuir, factores de estrés, culturales o religiosos.

[1:19]Siempre se deben evaluar estos aspectos antes de realizar un diagnóstico de los trastornos de disfunciones sexuales. El trastorno de eyaculación retardada o es una disfunción sexual masculina en la cual existe una demora o ausencia persistente o recurrente de la eyaculación durante la actividad sexual en presencia de una adecuada estimulación. A nivel general, los criterios diagnósticos son: Presencia de uno o todos los siguientes síntomas en casi todas o todas las relaciones sexuales de pareja, que corresponde entre un 75 y 100% de las veces sin que la persona lo desee el retardo de la eyaculación. Retardo marcado de la eyaculación. Infrecuencia marcada o ausencia de la eyaculación. Se debe tener en cuenta que la expresión de retardo no tiene un límite preciso, puesto que no se tiene un consenso acerca de cuánto es el tiempo adecuado para alcanzar el orgasmo. El segundo criterio es que los síntomas anteriores han persistido durante 6 meses o más. Asimismo, los criterios anteriores causan un malestar clínicamente significativo en las personas. Por último, los síntomas no se explican por otro trastorno mental, relación de pareja o efectos de una enfermedad o fármaco. Algunas características asociadas al diagnóstico son que las parejas realizan intentos prolongados para alcanzar el orgasmo, llegando incluso a presentar agotamiento o molestias genitales. Estas conductas llevan a que los hombres eviten las relaciones sexuales. La prevalencia de este trastorno oscila entre el 1 y el 5% en estudios en Estados Unidos, según cifras del DSM-5-TR. Sin embargo, este es el menos frecuente de las disfunciones sexuales, ya que el 75% de los hombres experimenta un orgasmo en sus relaciones sexuales. Las causas de este trastorno pueden ser multifactoriales e incluir aspectos físicos, psicológicos y sociales. En términos físicos, algunas condiciones médicas como la diabetes, enfermedades neurológicas o lesiones en los nervios, pueden afectar la función eyaculatoria. Asimismo, ciertos medicamentos como los antidepresivos pueden tener efectos secundarios que influyen en la eyaculación. A nivel psicológico, factores como la ansiedad, el estrés, la depresión o traumas sexuales pasados pueden contribuir al trastorno. Además, algunos patrones de comportamiento aprendidos, como la masturbación con una presión o velocidad específica, pueden condicionar la respuesta eyaculatoria. El tratamiento del trastorno de eyaculación retardada puede involucrar un enfoque multidimensional. En primer lugar, es importante realizar una evaluación exhaustiva para identificar las causas subyacentes específicas en cada caso. Si se encuentran problemas físicos, puede ser necesario derivar al paciente a un especialista médico. En el ámbito psicológico, la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a abordar creencias y patrones de pensamiento negativo relacionados con la eyaculación, reducir la ansiedad y mejorar la autoconfianza sexual. Además, se pueden utilizar técnicas de sensibilización y de sensibilización que implican la exploración gradual de estímulos sexuales para aumentar la excitación y reducir la presión y ansiedad asociadas con la eyaculación. La terapia de pareja también puede ser beneficiosa para abordar cualquier conflicto o dificultades relacionadas con la intimidad y la comunicación sexual. Segundo, trastorno eréctil. El trastorno eréctil, también conocido como disfunción eréctil, es una condición en la cual un hombre tiene dificultad para obtener o mantener una erección lo suficientemente firme como para tener una relación sexual satisfactoria. Específicamente, el trastorno eréctil tiene los siguientes criterios diagnósticos: Presencia de uno o todos los siguientes síntomas en casi todas o todas las relaciones sexuales en pareja, que corresponden entre un 75 y 100% de las veces en las que se presenta. Dificultad para conseguir una erección. Dificultad para mantener la erección durante el acto sexual. Y o una reducción marcada en la rigidez de la erección. El segundo criterio es que los síntomas anteriores han persistido durante mínimo 6 meses o más. Asimismo, los criterios anteriores causan un malestar clínicamente significativo en el individuo. Por último, los síntomas no se explican por un trastorno mental o son consecuencia de una alteración grave en la relación de pareja u otros factores estresantes y no se atribuye a los efectos de alguna sustancia, droga o enfermedad médica.

[6:27]Por su parte, algunas características que apoyan al diagnóstico son que muchos hombres que padecen este trastorno pueden tener baja autoestima, poca confianza en sí mismos y sentimientos de masculinidad disminuido. Llegando incluso a que eviten los encuentros sexuales y tengan disminución del deseo sexual. La prevalencia del trastorno eréctil es mayor en la de tipo adquirido y se relaciona con la edad, ya que, según datos del DSM-5-TR, cerca del 13 al 21% de los hombres entre los 40 y 80 años tienen este trastorno y las cifras suelen ser del 10% de ocurrencia en los adultos menores de 40 años. La presencia de este trastorno en la juventud es baja, ya que cerca del 8% de los jóvenes presentaron problemas de disfunción eréctil en su primera experiencia sexual sin que llegaran a tener el diagnóstico. Las causas del trastorno eréctil pueden ser variadas, incluyendo factores físicos, emocionales y psicológicos. Algunas causas físicas pueden ser enfermedades crónicas asociadas también a la edad, como la diabetes o enfermedades cardiovasculares, el consumo de ciertos medicamentos, el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol. Factores emocionales y psicológicos como el estrés, los problemas de pareja y el miedo al fracaso en el rendimiento sexual, también pueden contribuir al trastorno eréctil. Algunos estudios han mostrado que la disfunción eréctil en el primer intento sexual está relacionada con tener sexo con una pareja previamente desconocida, uso concomitante de drogas o alcohol, no querer tener sexo y la presión de los compañeros, pero estos problemas no suelen presentarse en los demás encuentros sexuales. Cuando la disfunción ocurre en primeras ocasiones, no suele necesitar intervención terapéutica, ya que se resuelve espontáneamente. El tratamiento del trastorno eréctil puede implicar varios enfoques. En primer lugar, es importante abordar cualquier condición médica subyacente, como las mencionadas anteriormente. También con el uso de medicamentos recetados o terapias específicas. La terapia sexual puede ser beneficiosa para abordar los aspectos emocionales y psicológicos del trastorno eréctil, ayudando a reducir la ansiedad y mejorar la autoestima y la comunicación de pareja. La terapia cognitivo-conductual es un enfoque comúnmente utilizado en el tratamiento del trastorno eréctil desde la psicología. Esta terapia se enfoca en identificar y cambiar los pensamientos negativos y las creencias limitantes relacionadas con el rendimiento sexual. También se trabaja en el desarrollo de habilidades de comunicación efectiva en la pareja y en la mejora de la autoestima y la autoconfianza sexual. En algunos casos, los medicamentos orales como los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5, por ejemplo, el sildenafil o Viagra, por su nombre comercial, pueden ayudar a mejorar la función eréctil al aumentar el flujo sanguíneo al miembro. También existen otras opciones de tratamiento como las inyecciones intracavernosas, las bombas de vacío o la terapia de ondas de choque. Tercero, trastorno orgásmico femenino. El trastorno orgásmico femenino se caracteriza por una dificultad recurrente o persistente en las mujeres para alcanzar el orgasmo durante la actividad sexual, a pesar de estar en un estado de excitación y recibir estimulación sexual adecuada. Es importante destacar que el trastorno orgásmico no es lo mismo que la anorgasmia, que se refiere a la incapacidad total para experimentar orgasmos. Asimismo, para el diagnóstico de este trastorno, la dificultad para alcanzar el orgasmo es por medio del clítoris, ya que es en este órgano donde se presentan la mayoría de los orgasmos femeninos. Es decir, que no alcanzar el orgasmo por contacto peneano-vaginal no se considera un factor determinante en el diagnóstico. A nivel general, el trastorno orgásmico femenino tiene los siguientes criterios diagnósticos: Presencia de uno o todos los síntomas que se indican a continuación en casi todas o todas las relaciones sexuales en pareja, que corresponden a un 75 al 100% de las veces en las que se presenta. Retraso marcado, infrecuencia marcada o ausencia del orgasmo. Reducción en la intensidad de las sensaciones orgásmicas. El segundo criterio es que los síntomas anteriores han persistido durante unos 6 meses como mínimo. Asimismo, los criterios anteriores causan un malestar clínicamente significativo en la mujer. Y por último, los síntomas no se explican mejor por un trastorno mental o son consecuencia de una alteración grave en la relación de pareja, como discusiones o violencia de género u otros factores estresantes y no se atribuye a los efectos de alguna sustancia, droga o enfermedad médica. Se debe tener en cuenta que, al igual que los demás trastornos de disfunción sexual, esta condición puede haberse presentado de por vida, es decir, que el trastorno inició con la primera relación sexual. Adquirido, donde el problema se desarrolla en un periodo específico de tiempo y situacional, donde el problema ocurre en un contexto, estimulación o con una persona en específico. Según cifras del DSM-5-TR, el trastorno orgásmico femenino tiene las tasas de prevalencia muy variables, que van desde el 8 al 72% a nivel mundial, y que dependen de múltiples factores como la edad y las creencias culturales. Sin embargo, estos valores disminuyen considerablemente cuando se tiene en cuenta el estrés asociado a los síntomas. Es decir, que muchas de las mujeres que refieren cumplir con el criterio de retraso, ausencia, infrecuencia o intensidad reducida del orgasmo, no tienen afectación en áreas de su vida, por lo que no cumplirían los requisitos del diagnóstico. Se debe tener en cuenta además que cerca del 10% de las mujeres no experimentan un orgasmo en su vida y la satisfacción sexual no es dependiente del orgasmo. Lo que implica que hay mujeres que refieren una vida sexual satisfecha sin que necesariamente experimenten un orgasmo. Las causas del trastorno orgásmico femenino son múltiples y pueden incluir factores psicológicos como la ansiedad, el estrés, la depresión o problemas de imagen corporal. Las dificultades en la relación de pareja, como la falta de comunicación, la falta de intimidad emocional o la falta de conexión, también pueden desempeñar un papel importante. Además, factores físicos como desequilibrios hormonales, enfermedades crónicas como la diabetes, vejiga hiperactiva o esclerosis múltiple se han asociado al trastorno. Asimismo, el trastorno se puede deber a efectos secundarios de medicamentos como antipsicóticos, antihistamínicos o los antidepresivos recaptadores de la serotonina. En cuanto al tratamiento del trastorno orgásmico femenino, es importante abordar tanto los aspectos emocionales como los físicos.

[13:32]La terapia puede incluir técnicas de relajación, ejercicios de comunicación de pareja donde se aborden los problemas y necesidades sexuales. Educación sexual y exploración del propio cuerpo. En esta, se realizan ejercicios de masturbación dirigida, enfoque de los sentidos que involucra el contacto no erótico que progresivamente va aumentando a la estimulación sexual para conocer las necesidades de la pareja. Asimismo, la práctica de nuevas posiciones o el uso de dispositivos consoladores suelen usarse en la intervención. Desde un aspecto cognitivo, se trabajan en las creencias y pensamientos disfuncionales relacionados con la sexualidad que puedan afectar la satisfacción sexual y se fomenta una actitud adecuada hacia el sexo y el placer y se reduce la presión por alcanzar el orgasmo. Cuarto, trastorno del interés o excitación sexual femenino. El trastorno del interés o excitación sexual femenino se caracteriza por la dificultad persistente o la ausencia del interés o excitación sexual, lo que puede causar angustia o dificultar la relación sexual satisfactoria. Para su diagnóstico, se debe tener en cuenta factores interpersonales, ya que cuando se presenta una discrepancia del deseo, es decir, que la mujer tenga menos deseo de mantener actividad sexual que su pareja, no se puede considerar que se presente el trastorno. A nivel general, este trastorno tiene los siguientes criterios diagnósticos: Ausencia o reducción significativa del interés o la excitación sexual femenina, que se manifiesta por al menos una de las siguientes características: Interés ausente o reducido en los temas relacionados a la actividad sexual. Fantasías o pensamientos sexuales ausentes o reducidos. Inicio reducido o ausente de la actividad sexual y habitualmente no receptiva a los intentos de la pareja por iniciarla. Durante el acto sexual, la mujer presenta excitación o placer sexual reducido o ausente en todas o casi todas las ocasiones de actividad sexual que ocurren entre el 75% o más de las veces. Excitación o placer sexual ausente o reducido en respuesta a cualquier invitación sexual erótica, como algo escrito, visual o verbal. Sensaciones genitales o no genitales ausentes o reducidas durante la actividad sexual en casi todas o todas las ocasiones que corresponden al 75% o más de las veces. El segundo criterio es que los síntomas anteriores han persistido durante 6 meses o más. Asimismo, los criterios anteriores causan un malestar clínicamente significativo en la mujer. Y por último, los síntomas no se explican por otro trastorno mental, relación de pareja o efectos de una enfermedad o fármaco.

[16:29]Al igual que los demás trastornos de disfunción sexual, esta condición puede haberse presentado de por vida, es decir, que el trastorno inició con la primera relación sexual. Adquirido, donde el problema se desarrolla en un periodo específico de tiempo y situacional, donde el problema ocurre en un contexto, estimulación o con una persona en específico. La prevalencia de este trastorno no es bastante clara y las cifras varían según características como la edad, el contexto cultural y las relaciones interpersonales. Según cifras del DSM-5-TR, se ha identificado que cerca del 30% de las mujeres presentan disminución del deseo sexual de manera crónica, sin que se vincule a un malestar significativo y estrés y un 15% presenta completamente los síntomas. Se conoce que la prevalencia de este trastorno aumenta conforme aumenta la edad de la mujer. Las causas del trastorno pueden ser diversas. En primer lugar, factores psicológicos como el estrés, la ansiedad, la depresión o conflictos en la pareja pueden afectar el deseo y la excitación sexual. También puede influir la falta de conocimiento sobre la propia sexualidad o una imagen corporal negativa. Asimismo, experiencias sexuales ingratas que pueden ocurrir porque uno o ambos cónyuges carecen de la habilidad o porque la mujer no comunica sus necesidades sexuales se han asociado al trastorno. Además, existen factores físicos como desequilibrios hormonales, la menopausia y enfermedades crónicas como la diabetes que pueden ocasionar la disminución en el deseo sexual. Asimismo, algunos medicamentos como antipsicóticos, antihistamínicos o los antidepresivos recaptadores de serotonina pueden generar los síntomas del trastorno. Aunque se debe tener en cuenta que si dichos factores son la causa principal, no se podría diagnosticar el trastorno. En cuanto al tratamiento, se abordan tanto los aspectos físicos como emocionales. Un enfoque terapéutico común es la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a identificar y modificar los pensamientos y creencias negativas relacionadas con el sexo. Además, la terapia de pareja puede ser útil para mejorar la comunicación y la intimidad en la relación. En algunos casos, se pueden considerar tratamientos farmacológicos como medicamentos que aumentan el flujo sanguíneo en la zona genital, aunque su eficacia puede variar. También se pueden explorar técnicas de estimulación sexual, ejercicios del suelo pélvico y otras prácticas que promuevan la exploración y el disfrute del cuerpo. Quinto, trastorno del dolor genito-pélvico, penetración. El trastorno del dolor genito-pélvico o penetración es una condición en la que la mujer experimenta dolor o malestar significativo durante la actividad sexual. Según el DSM-5-TR, se clasifican dos subtipos: dispareunia y vaginismo. La dispareunia se refiere al dolor recurrente o persistente durante la penetración vaginal. Puede ser causado por diversas condiciones físicas como infecciones, enfermedades ginecológicas, cicatrices, sequedad vaginal o problemas musculares. También pueden influir factores emocionales como la ansiedad, el miedo al dolor o traumas pasados. El vaginismo, por otro lado, se caracteriza por la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico que dificulta o impide la penetración vaginal. Puede ser causado por miedo, ansiedad, antecedentes de abuso sexual, creencias negativas sobre el sexo o falta de conocimiento y educación sexual. A nivel general, este trastorno tiene los siguientes criterios diagnósticos: Dificultades persistentes o recurrentes en una o más de las siguientes situaciones: Problemas en la penetración vaginal durante las relaciones sexuales. Marcado dolor vulvovaginal o pélvico durante el intento de penetración. Marcado dolor o ansiedad de sentir dolor vulvovaginal o pélvico antes, durante o después de la penetración vaginal. Tensión o contracción marcada de los músculos del suelo pélvico durante el intento de penetración vaginal. El segundo criterio es que los síntomas anteriores han persistido durante unos 6 meses como mínimo. Asimismo, los criterios anteriores causan un malestar clínicamente significativo en la mujer. Y por último, los síntomas no se explican por un trastorno mental o son consecuencia de una alteración grave en la relación de pareja, como discusiones o violencia de género u otros factores estresantes y no se atribuyen a los efectos de alguna sustancia, droga o enfermedad médica. Al igual que los demás trastornos de disfunción sexual, esta condición puede haberse presentado de por vida, es decir, que el trastorno inició con la primera relación sexual. Adquirido, donde el problema se desarrolla en un periodo específico de tiempo y situacional, donde el problema ocurre en un contexto, estimulación o con una persona en específico. La prevalencia de este trastorno se desconoce, sin embargo, cerca del 10 al 28% de las mujeres reportan dolores recurrentes en la penetración, según cifras del DSM-5-TR. No se conocen cifras de este tipo de trastornos en personas de la comunidad LGTBI. Las causas de este trastorno se han relacionado a factores emocionales y psicológicos. La ansiedad, el miedo al dolor, la falta de conocimiento y educación sexual, experiencias traumáticas pasadas o creencias negativas sobre el sexo pueden contribuir al trastorno. A nivel físico, su ocurrencia se asocia a las infecciones, enfermedades ginecológicas, cicatrices, sequedad vaginal o problemas musculares en la zona pélvica. Estos factores pueden generar sensaciones de incomodidad o dolor durante la penetración. El enfoque del tratamiento puede variar dependiendo de las causas subyacentes, pero puede incluir diferentes estrategias. Se suele usar la terapia cognitivo-conductual para abordar los factores emocionales y psicológicos. Esta terapia puede ayudar a cambiar los pensamientos negativos, reducir la ansiedad y el miedo y mejorar la comunicación en la pareja. Asimismo, se realiza psicoeducación sobre el funcionamiento del cuerpo, se desmitifican creencias erróneas sobre el sexo y se brinda apoyo emocional para abordar el malestar. Asimismo, el tratamiento puede implicar un enfoque gradual para la reintroducción de la actividad sexual, comenzando con técnicas de relajación, exploración corporal y técnicas de desensibilización para reducir el dolor y aumentar la comodidad. Por último, se pueden emplear técnicas de fisioterapia especializadas para abordar los problemas musculares en el área pélvica. Esto puede incluir ejercicios para fortalecer y relajar los músculos del suelo pélvico. Sexto, trastorno del deseo sexual hipoactivo en el varón. El trastorno del deseo sexual hipoactivo en el varón se refiere a una disminución persistente o recurrente del interés o deseo sexual. Básicamente, implica una falta de motivación o interés por participar en actividades sexuales. Es importante destacar que no se trata de una disminución ocasional o temporal del deseo, sino de una situación constante que puede generar malestar en la persona. Para su diagnóstico, se deben tener en cuenta factores interpersonales, ya que cuando se presenta una discrepancia del deseo, es decir, que el hombre tenga menos deseo de mantener actividad sexual con su pareja, no se puede considerar que se presente el trastorno. A nivel general, este trastorno tiene los siguientes criterios diagnósticos: Reducción o ausencia de fantasías eróticas y deseo de la actividad sexual de forma constante o recurrente. El segundo criterio debe haber estado presente durante 6 meses o más.

[24:28]Asimismo, los criterios anteriores causan un malestar clínicamente significativo en el hombre. Y por último, los síntomas no se explican por otro trastorno mental, relación de pareja o efectos de una enfermedad o fármaco.

[24:50]Se debe tener en cuenta que, al igual que los demás trastornos de disfunción sexual, esta condición puede haberse presentado de por vida, es decir, que el problema inició con la primera relación sexual. Adquirido, donde el problema se desarrolla en un periodo específico de tiempo y situacional, donde el problema ocurre en un contexto, estimulación o con una persona en específico. Según cifras del DSM-5-TR, la prevalencia de este trastorno varía dependiendo del país de origen y la edad del hombre. Se cree que hay una prevalencia que oscila entre el 3 al 17% a nivel mundial, siendo menos frecuente en varones entre los 16 y 24 años, comparados con los adultos entre 60 y 74 años, donde hay rangos de prevalencia entre el 16 y el 28%. Por su parte, menos del 2% de los hombres refieren algún desinterés en las relaciones sexuales que no implican la presencia del diagnóstico. Las causas de este trastorno se asocian a factores psicológicos que incluyen el estrés, la ansiedad, la depresión, los problemas de autoestima o las experiencias traumáticas en las relaciones sexuales anteriores o la experiencia de abuso sexual. Asimismo, factores relacionales como la falta de comunicación o problemas en la pareja pueden desempeñar un papel importante en el caso de que el trastorno haya sido adquirido. Dentro de variables conductuales, el cansancio crónico, el consumo excesivo de alcohol o drogas, la falta de ejercicio físico regular y una mala alimentación pueden afectar la libido y desencadenar el trastorno. Dentro de las causas físicas asociadas al trastorno, se encuentran los factores hormonales, como una disminución en la producción de testosterona o problemas de salud crónicos. Algunos medicamentos utilizados para tratar condiciones médicas, como la hipertensión arterial o la depresión, pueden tener efectos secundarios que disminuyen el deseo sexual. El tratamiento de este trastorno se puede abordar desde una terapia individual, donde se abordan los factores psicológicos que contribuyen al bajo deseo sexual. Un psicólogo especializado en sexualidad puede ayudar a identificar y trabajar en aspectos emocionales, mejorar la comunicación y brindar estrategias para mejorar el deseo sexual. Si la falta de deseo sexual afecta la relación de pareja, la terapia de pareja puede ser útil para abordar los problemas de comunicación, resolver conflictos y trabajar en la intimidad emocional. En algunos casos, se pueden recetar medicamentos para aumentar el deseo sexual. Estos medicamentos pueden incluir terapia hormonal o medicamentos específicos para tratar la disfunción. Por último, adoptar un estilo de vida saludable puede tener un impacto positivo en el deseo sexual. Mantener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio regularmente, reducir el estrés y limitar el consumo de alcohol y tabaco pueden ayudar a mejorar la libido. Séptimo, eyaculación precoz. El trastorno de eyaculación prematura o precoz es una disfunción sexual masculina caracterizada por una eyaculación que ocurre de manera persistente y recurrente antes de lo deseado durante la actividad sexual. En otras palabras, el hombre eyacula demasiado rápido y esto puede dificultar la satisfacción sexual tanto para él como para su pareja. Este tipo de diagnóstico se realiza por igual para hombres con distintas orientaciones sexuales, puesto que las latencias o tiempo de eyaculación suelen ser similares entre hombres con distintas orientaciones sexuales y en distintos tipos de actividad sexual. A nivel general, el trastorno de eyaculación precoz tiene los siguientes criterios diagnósticos: Patrón persistente en que la eyaculación, que se produce durante el acto sexual, sucede aproximadamente al minuto siguiente de la penetración y antes de que el individuo lo desee. En esta versión revisada del DSM-5-TR, por consenso de expertos se recomienda considerar dos minutos como punto de corte en la eyaculación para este trastorno. Ya que un minuto es un periodo demasiado breve y solo cerca del 1 al 3% de las personas refieren cumplir con este requisito. Pero muchos otros varones que tienen un umbral de eyaculación de 2 minutos refieren también el cumplimiento de los demás criterios que veremos a continuación. Segundo, el síntoma anterior debe haber estado presente durante mínimo 6 meses y se tiene que experimentar en todas o casi todas las ocasiones de actividad sexual, que corresponden del 75 al 100% de las veces. Asimismo, los criterios anteriores causan un malestar clínicamente significativo en el hombre. Y por último, los síntomas no se explican mejor por un trastorno mental o son consecuencia de una alteración grave en la relación de pareja o efectos de una sustancia, droga o enfermedad médica.

[29:48]Se debe tener en cuenta que, al igual que los demás trastornos de disfunción sexual, esta condición puede haberse presentado de por vida, es decir, que el problema inició con la primera relación sexual. Adquirido, donde el problema se desarrolla en un periodo específico de tiempo y situacional, donde el problema ocurre en un contexto, estimulación o con una persona en específico. También se hablan de niveles de gravedad en este trastorno. Hay una eyaculación precoz leve cuando esta ocurre entre los 30 y 60 segundos después de la penetración. Moderada cuando la eyaculación ocurre entre los 15 y 30 segundos luego de la penetración, y grave cuando la eyaculación ocurre antes de la actividad sexual o al inicio de esta, aproximadamente a los 15 segundos de haber iniciado. La prevalencia del trastorno de eyaculación difiere según variables como el país y la edad de las personas. Según cifras del DSM-5-TR, entre el 8 al 30% de los hombres presentan este trastorno en diferentes edades y este aumenta con la edad. Por ejemplo, en varones entre los 18 y 30 años, la cifra de prevalencia está entre el 9 al 11%, mientras que el 55% de los hombres mayores a 50 años padecen este trastorno. La eyaculación precoz de por vida es más frecuente que la adquirida. Las causas del trastorno de eyaculación precoz son multifactoriales e incluyen aspectos psicológicos, comportamentales y biológicos. A nivel psicológico, el estrés, la ansiedad, la presión por el rendimiento sexual y los problemas emocionales pueden desempeñar un papel importante en la eyaculación precoz. Así, la preocupación excesiva por satisfacer a la pareja o por el propio desempeño sexual puede aumentar la excitación y acelerar la eyaculación. Algunas experiencias sexuales tempranas donde ocurrió la eyaculación o traumas pueden condicionar el desarrollo de la eyaculación precoz. Esto puede incluir experiencias negativas, falta de educación sexual adecuada o dificultades en las relaciones sexuales anteriores. Asimismo, factores relacionados con la pareja pueden llevar a la eyaculación precoz como problemas de comunicación, falta de conexión emocional o falta de comprensión entre los miembros de la pareja. Pueden generar ansiedad y tensión durante el acto sexual, lo que puede contribuir a la eyaculación precoz. A nivel biológico, algunos hombres pueden tener una mayor sensibilidad en los nervios del miembro, lo que puede contribuir a la eyaculación precoz. También pueden existir desequilibrios en los niveles de neurotransmisores en el cerebro como la serotonina, que juegan un papel en el control de la eyaculación. Por otra parte, en muchas ocasiones la eyaculación precoz es aprendida a partir de la práctica rápida de masturbación en edades tempranas en la adolescencia, lo que afecta el reflejo eyaculatorio, ya que la eyaculación depende del sistema nervioso periférico autónomo. Por lo que las experiencias previas pueden modificar dicho reflejo. El tratamiento de la eyaculación precoz es variada e interdisciplinar. En muchos casos, cuando el inicio de la actividad sexual ocurre en la adolescencia o adultez joven, con el tiempo los hombres aprenden a controlar el reflejo eyaculatorio y no requieren apoyo terapéutico. Cuando no es el caso, la intervención puede abordarse desde aspectos médicos o psicológicos con un 90 a 95% de efectividad. A nivel general se trabaja. Educación sexual, en ella se aprende sobre el proceso sexual y cómo funciona el cuerpo. Se comprenden los diferentes niveles de excitación y las sensaciones previas a la eyaculación que pueden ayudar al paciente a tener un mayor control sobre su respuesta sexual. Generalmente, la educación sexual recibida por parte de los varones se relaciona a la pornografía y se generan mitos acerca del placer y el tiempo de duración de la actividad sexual. Lo que puede llegar a generar angustia y ansiedad por no tener el mismo desempeño que los actores de los videos, ocasionando afectación sobre el rendimiento sexual en las relaciones. Asimismo, se trabaja el uso de distintas técnicas que han demostrado efectividad terapéutica para el control de la eyaculación. Entre ellas, las técnicas de relajación, ya que la ansiedad y el estrés pueden contribuir a la eyaculación precoz. Practicar técnicas de relajación como la respiración profunda o la meditación pueden ayudar a reducir la ansiedad y promueven un estado de calma durante el acto sexual. Los ejercicios de kegel fortalecen los músculos del suelo pélvico, lo que puede mejorar el control sobre la eyaculación. Aquí se identifican los músculos del suelo pélvico, haciendo ejercicios como si la persona estuviera tratando de detener el flujo de la orina con contracciones. Esta técnica de contracciones se debe repetir regularmente durante el día. Técnica del parar y comenzar, durante la masturbación o el sexo con la pareja, cuando la persona sienta que está cerca de eyacular, debe retener la estimulación y tomar un descanso breve. Luego la persona continúa con la estimulación y repite según sea necesario. Este ejercicio ayuda a reconocer las sensaciones previas a la eyaculación y prolonga gradualmente el tiempo antes de llegar al clímax. Técnica del apretón, similar a la técnica anterior, pero en este caso cuando la persona siente que está cerca de eyacular, debe apretar suavemente la base del pene con el pulgar y el índice durante unos segundos para interrumpir la respuesta eyaculatoria. Luego, la persona continúa con la estimulación y repite, según sea necesario. Por último, la comunicación abierta. Se recomienda hablar con la pareja sobre la experiencia y las preocupaciones. La comunicación abierta y sincera puede ayudar a reducir la presión y el estrés asociado con el rendimiento sexual y permite que ambos encuentren formas de disfrutar del acto sexual sin sentirse apresurados. Algunos tratamientos médicos incluyen el uso de preservativos retardantes que incluyen benzocaína, lidocaína o prilocaína, que ayudan a retrasar el orgasmo. Asimismo, el uso de fármacos como antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina, como la paroxetina, sertralina o fluoxetina pueden ayudar a disminuir la eyaculación precoz, siendo el primero el más eficaz. Por último, algunos analgésicos como el tramadol pueden incluir dentro de su efecto secundario el retraso de la eyaculación, por lo que se puede formular en las primeras etapas del tratamiento. Recuerda que este video es informativo y educativo y por ninguna razón se debe reemplazar por un proceso de valoración y diagnóstico psicológico. Si estás experimentando alguno de los síntomas del presente trastorno, recuerda siempre consultarlo con tu psicólogo o psiquiatra más cercano. En nuestra siguiente sección del curso, veremos la sección de disforia de género. Ve dejando tus inquietudes en la caja de comentarios. Te sirvió nuestro video, únete al canal y recibe beneficios exclusivos y adicionales como miembro. 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[37:11]Continúa con nuestro siguiente capítulo de nuestra serie DSM en 5 minutos, o también puedes ver algún otro video de nuestra gran selección. Suscríbete a nuestro canal y síguenos en las redes sociales. Hasta la próxima.

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