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RECUERDOS DEL CIRCO PRICE 1970

Teatro Circo Price

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[0:20]Y de repente viene un soplo de viento y se va todo esto.

[0:26]El dinero es lo que hace todo. Y don Arturo Castilla, eh, pues se tuvo que ir. Cuando lo tiraron fue bastante impacto. El circo es muy frágil y no aguantó la embestida del interés económico.

[1:05]Donde no pensaba nadie que el Circo Price podría acabar, porque el éxito de las actividades del Circo Price era total. Primero un run run que se iba a cerrar y no se sabía todavía la noticia, y entonces mi marido todos los días subía a casa diciendo lo mismo. Esto no puede ser, esto es una broma, esto no puede ser. ¿Cómo lo van a quitar? Y y la piqueta toca, toca, toca, toca. Y luego, me hace el Ministerio de Cultura, que era... es que el Price era mi casa, joder. Era el circo que viéndolo me forjé. El circo era lo más grande que yo he visto en mi vida. Y por supuesto, lleno. Hombre, a tope. Lleno, lleno, lleno. Era un espectáculo. Siempre lleno y entrando con muchísimos niños. En todos los espectáculos siempre estaba lleno. Sí, siempre. El Circo Price siempre se ha llenado. Sí, estaba lleno. Lo recuerdo lleno y lo recuerdo semi vacío. Tenía mucho ambiente. Estaba en el centro de Madrid. Y entonces si vas bajando y había un momento determinado que se llegaba a la Plaza del Rey. Y la Plaza del Rey, pues era una plaza luminosa, era una plaza alegre, era una plaza donde había gente que vendía globos. Había una hilera de señoras vendiendo almendras, caramelos, pipas. Mucho griterío, muchísimos colores, muchísima mucho follón. Estaba al aula, la Casa de las Siete Chimeneas. Había ambiente de circo, era un circo estable. Esa Plaza del Rey en Navidad estaba llena de niños corriendo, jugando, los taxis que metían una callecita que había para pasar delante del circo y se paraban allí y tal. El bar de al lado, que era el bar del circo, que le llamaban. Ahí había un café que se llamaba El Hespérides. Me parece que se llama El Hespérides, que estaba al lado del no sé si seguirá el café de aquel, ¿no? El Hespérides era un circo, digo un circo, un bar bastante nombrado, porque es donde parábamos todos los artistas del circo y todos los empleados, y allí había unas tertulias, había mesas en la calle y se juntaba el trapecista con el malabarista, con el payaso, charlaban. Había al lado una una sala de fiestas que se llamaba Casablanca. Estaba cerca de ahí, en el este. chicotes. Y aquí enfrente, en las mismísimamente frente por frente estaba el Casablanca. Circo Price y el Casablanca.

[3:33]El Circo Price era un circo de edificio, un edificio muy bonito. Estaba en un edificio, que a mí eso me llamaba mucho la atención, ¿no? Porque decía, el circo, pues es la carpa y las lonas y todo, los carromatos. Desde fuera, la imagen de la Plaza del Rey con aquellos carteles tan bonitos, luminosos arriba, anunciando. Pues rojos, amarillos, blancos, como los de las luces de Navidad, pero claro, entonces no eran las luces de la Navidad, eran las luces del Circo. Con el logotipo de los circos Carcellet sobre azul, la fachada del circo estaba muy iluminada. Era blanca y era más bien un poco arábica. Las puertas blancas que tenía de entrada en madera. No recuerdo un circo tan bonito y tan señorial como aquella primera vez que fui. Nada más entrar en los pasillos había unas fotos grandísimas, todo alrededor del pasillo, la primera de mi tío y de mi padre, estaban maquillándose. Era un mundo muy sorprendente. Podías distinguir entre los payasos, los animales y los trapecistas. Te podía salir un tigre y te podía salir un perro de estos enanitos, salían culebras, salían enanos. Todos los flamencos han pasado por el Circo de Price. Es que me estoy recordando esta que era ciega, que cantaba, la niña de la Puebla. Pues esa era ciega y esa en el camerino limpiaba lentejas y hacía punto. La ciega hacía punto y limpiaba lentejas. En el camerino ella siempre estaba haciendo algo. Pasa, pasa, pasa, siéntate aquí. Digo, ¿qué hace? Limpiando lentejas. Pero, ¿cómo las limpia? Gigantes, salían tragasables, contorsionistas, los forzudos, que era la repera, ¿no? Ver un forzudo que era. Y nada más que entrar era redondo, lo que es un circo, redondo. Una bombonera, era precioso. Era era precioso, era una bombonera, era una auténtica bombonera de colores. Yo creo que era rojo. Rojo, rojo. Yo creo que era rojo. Como un palacio, vamos, me pareció una cosa maravillosa el circo. Todo de hierro en color crudo, blanco, más bien crudo y rojo. Las columnas, la delantera, y balconcillos que tenía también en blanco. Hierro trabajado, tipo, no sé, como los balcones estos antiguos y tal, en blanco, me acuerdo que eran blancos. Este no tiene patio. Tenía un patio de animales, las butacas de pista, que eran como, como tres filas o cuatro, eran era poquito. Por arriba, Malacla, son chicos jóvenes que van a aplaudir y eso no pagan. Le da la forma de ir gratis al teatro cuando eres estudiante. Normalmente había un jefe de cla, que cuando arrancaba los primeros aplausos, pues tú tenías que seguirle. Y claro, eso te daba ánimo a todo el público también. Que empezaban a aplaudir como locos, eh, yo. Pues había uno que estuvo yendo mucho tiempo, un chico joven, e iba para verme a mí. Y me lo decía él. Yo vengo para verte a ti. A los demás no le aplaudo, y decía, te van a echar como no aplaudas. Yo lo que más recuerdo del Circo Price es la cercanía. Era acogedor. Sabes, te daba un, te daba una alegría salir, no lo veías desangelado. El público lo tenías más, era más, no sé, te sentías más protegido, más, el artista te lo tenía el público más, más, más encima, ¿no? Y entonces era, era mejor. Tengo la la vago recuerdo de que la gente estábamos muy junta, muy cerca. Es más, cuando había los números de de caballos, los números ecuestres, siempre estabas con, con un temor a que algún caballo se saliera. Que menos mal que no se cae un caballo porque le podía haber caído, nos podía haber caído a nosotros. Imagínate mi terror que yo me toco sentada al lado de una columna y entonces en el número de monos, llegó un mono, se agarró la columna, dio una vuelta y en esa vuelta me pegó un bofetón que me dejó, que casi me tira, y entonces claro, yo me quedé, no sabía qué hacer, mi suegro apurado, el mono se marchó y todo el mundo riéndose. Fue terrible, fue terrible. Nosotros teníamos en el Price una pista muy maja, muy maja, muy maja. Tú sabes cuánto mide una pista de un circo? Para los números de volteo, pues se dieron cuenta los, los primeros picadores del ejército británico, que si la pista era irregular o era ovalada, en el lado largo el caballo aprieta más y el movimiento es discontinuo. Para que el tranco sea continuo, la pista tiene que ser redonda. Y por qué tiene 13 metros, porque la cuerda de dar cuerda y de tomar a los caballos tiene seis metros y medio de radio, y por lo tanto 13 de diámetro. Y al fondo estaban los camerinos. Por ahí salían los artistas. Estaban los camerinos a un lado y a otro y estaban abiertos por arriba, para que respiraran, porque estaban al lado del de lo de los caballos, del patio. Todos los camerinos eran unas cochambres. Eran unas cochambres, porque además cada uno llevaba sus fotos, las ponían en la pared con chinchetas, luego quitaban las chinchetas, luego, estaba todo tirado, porque los artistas además, claro, tenían prisa e iban a lo que iban, ¿entiendes? No iban a colocar las cosas. Solían tener por allí un propio o una propia, sabes, que es el que les organizaba las cosas, en este caso era mi abuela. Que organizaba las cosas, pero que mira, aquello ya te digo, eran unos camerinos fríos, destartalados, mal puestos, con poca luz, chungos. Y me lo quitaron, me lo quitaron, no sé el por qué, no sé el por qué. No sé el por qué. Entonces es una pena tan grande que todavía tengo, la tengo en el alma, ¿sabes? Nunca entendimos por qué se cerraba y no solo se cerraba, sino que se demolía, ¿no? Pues que una cosa era cerrarlo y otra era tirarlo, no sé. Y el día que se cerró la gente de pie llorando. Sentí mucho que lo quitaran, a mí me extrañó que cuando lo quitaron hubieran seguido viniendo. Es como que la calle era una cosa, era la vida. Según te ibas aproximando al circo, algo, algo, algo se, se respiraba. Entrábamos siempre con música. Por entonces había acomodadores que te iban sentando y tal. Se tocaba un timbre, un timbre muy potente. La señal para que los que iban a los focos tenían que subir, tenían que cambiar los carbones, y entonces iba yo. Me decía, niño, sube tú, que ahora vamos nosotros. Y me daban los carbones y yo iba para arriba y los cambiaba. Entonces la gente oía ese timbre y ya empieza. De repente apagan las luces y un foco, ilumina uno a otro y tal y te vas dando cuenta de todos los personajes que están participando. Entonces generalmente se abría un poquito con un presentador. Enrique Berruezo, que fue el presentador y locutor durante los últimos años de Price, pero este hombre me enseñó mucho la pista, lo que era la presentación. De jefe de pista, pues era como la primera persona que entra con el esto, el traje típico de del circo, el primero que entra como para presentar a todos los demás. En este caso, mi tío, como era el jefe de pista, salía vestido de rojo con su chistera negra o de negro, de frac. Generalmente le daban siempre el, le decían, voilá, la señorita, madam, y tal, y parecía como muy elegante, ¿no? Que sean señores y caballeros, buenas noches, no sé qué y cual. Bueno, presentamos. Era un hombre muy bien parecido, ¿sabes? Llevaba el pelo muy rizado y y se manejaba bien. Iba con un traje muy muy aparente, claro, como tenía que llevar un jefe de pista, ¿no? Ponían la jaula de de de los leones, que se montaba normalmente en los descansos. Y yo mientras que estaba tirando de los vientos de la jaula y los estaba atando a la pista, siempre estaba pensando, como esto se desate, madre mía, esta se va a liar aquí, yo no sé qué va a pasar. Terminábamos nosotros de montar a lo mejor esa jaula de leones, todo, pues ya empezaba la segunda parte, digamos. Se veía cómo salían los los leones y los animales, ta ta ta ta ta. Sí, me acuerdo de chico de vez en cuando, el rugido de las fieras. Eso sí. animales, porque a los niños ya sabes, por los animales los llama mucho la atención. A mí me gusta los animales, a lo mejor no está bien ahora decir esto, pero a mí me gustaban los animales en el circo.

[12:08]Me gustaba el elefante, la jirafa Tana, no se me olvida. La jirafa Tana en el Circo Price, decían. La jirafa. Los espectáculos de perritos. Y a mí eso me, es que me, es que me irritaba profundamente, vamos, los animalitos haciendo acrobacias, no me ha hecho gracia nunca. Cuando se ponía a llorar el payaso y le salía el agua proyectada de los ojos, joder, pues para mí sería un, una sorpresa de tremenda, ¿no? Una parodia que nos la achacan a nosotros, que no es nuestro, lo que pasa es que siempre la hacíamos nosotros, es el sillón americano. Eso es una parodia que, bueno, el que la inventó en su tiempo, la sacó del libro de las Mil y una noches. Un tío que engaña a la mujer, que viene mi marido, te echo la sábana por encima y haces que eres un sillón. Sobre todo el que se da las bofetadas, era lo más divertido. Cuando nos quitamos las máscaras, pues todos somos distintos, ¿verdad? Era un payaso de cerca la cara y sobre todo cuando se está maquillando o desmaquillando, lo recuerdo especial, con mucha intensidad, porque era como me impresionaba, digo, este señor está su cara, no es la cara que, no es la nariz, ni la cara que sale en la pista, ¿no? Y con esto, voy a estar 30 años, ¿no? Eh, voy a estar 30 años sin cambiar un ápice de la ceja, ni de la boca, ni de la crucecita del, de los ojos. Y como payasos, Emmi, Gotti y Cañamón. Zampabolllos, que era de la familia Aragón. Nabucodonosorcito, también de la familia Aragón, eran los payasos, Pompoff y Teddy. Pompoff y Teddy. Me acuerdo también, Tonetti se llamaba uno.

[13:56]Los Rastelli, los Rudi Llata. Los Rastelli, los Pompoff, los Tonetti. Ay, Charlie Rivel. Y luego Charlie Rivel. Lo que pasa es que Charlie Rivel era un payaso como muy triste, a mí me daba mucha pena. Charlie Rivel no hablaba. Solamente con los gestos, los gestos, los gestos que hacía la gente se montaba de risa con él. A esos payasos de soirée, a esos sí que lo recuerdo, porque esos son los que te hacían la foto.

[14:40]Siempre me acuerdo de los eh, de las, de los que iban sobre las monociclos y que era también saladísimos. Scotland, sí, hacían bicicleta. Éramos ciclistas. El nombre nuestro eran los Scotland. Era más, era más, no sé cómo explicártelo. Explícaselo tú.

[15:08]E, y era más comercial, en honor a K, Patrick McMillan, el inventor de la bicicleta, el escocés. Había una cosa que también me sorprendía porque era la charivari, ¿sabes? Las, las charivari eran aquellas que salían, salía cinco, seis o siete. Éramos dos, vestidas de payaso, un payaso, un traje muy bonito. Paseaba por por la pista, en monociclo, en patines o, vamos, lo que fuese. Con los carteles. Y daba la vuelta a la pista en, anunciando el número que iba a salir. Yo he conocido a un faquí allí que se llamaba Fajartal. Y este Rajatarto, pues se comía, no veas, se comía bombillas, se comía cristales. Ahí, los payasos. Y claro, aquello siempre producía, ¿verdad?, una especial, una especial impresión, ¿verdad? Ver un tío que se mete un sable así, coge y pum. Se metía un sable por una estilete por aquí, le salía por allí. Y ves que se va metiendo. Además que era un sable, no era una cosa telescópica, ¿no? No. Era un, un, un sable que se metía el tío por la boca, joder, aquello era espectacular, tal, y y luego se tumbaba en el suelo y en una cama de esas que tenía pinchos. Le poníamos una piedra que podía pesar 30 o 40 kilos encima del vientre. Y otro elemento le daba, le daba con una maza encima de la tripa. Pum, pum, pum, pum. Y el hombre estaba acostado sobre los cristales. Miss Mara también la recuerdo, que iba deslizando desde las corvas de por la pantorrilla hasta quedarse en los talones. Estaba colgada de las piernas, pero de las piernas que el trapecio era este, y se colgaba con, se quedaba para abajo con los talones de las piernas, el talón aquí y otro talón aquí y se quedaba. Se iba bajando poco a poco y se quedaba cabeza abajo, cogida nada más que de los talones. Cardenal hacía malabares en pista con con aros y luego se subía a unos a unos pedestales, incluso tenía un pedestal que era, tenía una forma de una guitarra. Y allí hacía, se subía y hacía equilibrios de manos, a lo mejor girando dos aros en un, en un brazo y en las piernas. Una guitarra que la hice yo, mi sombrero cordobés encima del sombrero yo, mi mujer que era bailarina y de arte español, tenía un cuerpazo que te quiero morir con su bata de farales, con su clavel y sus castañuelas. Cogía un aro, me contorsionaba, doblaba una pierna, pum, un aro, pin, pin, pin, pin, pin, pin, pin. El otro, doblaba la otra pierna. Pin, pin, pin, pin, pin, pin, pin. Ya van dos. Tercero, cogía un dental, me lo ponía en la boca, cogía un aro, pum, pin, pin, pin, pin. El circo era X. Y aquí están, había un pasillo y ahí estaban los camerinos, por aquí salían los artistas al centro de la pista y la orquesta estaba aquí. La orquesta estaba aquí, clarinete, saxofón, trombón. Primero había una orquesta y esa orquesta la dirigía el maestro Mario Barceló. Era el que me decía, mira, hoy, hoy va a salir va a salir con el, va a sacar el clarinete. Tiene que sonar más el clarinete que el saxofón. Bueno, pues el clarinete lo tocaba lo que me venía escrito. Atención, rrr. Y ahora, el salto de no sé qué y tal. Doble rizo y todo, por favor. Los focos. Es un mundo estupendo, eh. Un mundo estupendo. Por ejemplo, este circo no huele a circo, no huele a nada. Lo primero que te notabas cuando entrabas en el circo era el olor. Buah, el olor del circo era un espectáculo, nada más entrar, olor a caballo, a tigre, a todo. Sí, tenía un olor característico al entrar. Ese es un olor que no se te olvida. El olor es especial, cuando entras en un circo. Recibías una bofetada, un olor, no sé, a circo, no sé, a circo. El olor era distinto en verano que en primavera, que que en invierno. En invierno olía a animales, nada más. Se ponía serrín también, si hacía falta, pero lo normal era pista de coco, eso huele, y cuando el león se da la vuelta y te mea, eso huele. Pues olía a boñiga de elefante, a orín de tigre, a madera vieja, a serrín, a niño y a ozonopino. Echaban con un spray que llevaba un tubo largo y lo iban pasando por entre todo el público y y olía, olía, decíamos ozonopino y era y era un olor a pino. Yo creo que echaban el ozonopino, ¿no? era una con unas para que para quitar el mal olor, ¿no? Entonces, con el mal olor que había o el olor particular de del circo y el olor de lo ozonopino, pues se trevaba un olor también. Como un aire enrarecido por un conjunto de olores, nunca, nunca venía un olor solo. Patatas fritas, caramelos, chicle americano. Patatas fritas, pipas, las palomitas, las clásicas palomitas. Sí, sí, sí, por favor, lo de las pipas, yo creo que es que es muy español de toda la vida. Bazoka, el chicle americano, el célebre bombón helado. Pasaban vendiendo bombones helados, ¿o no? Sí. Había un bombón helado, había un bombón helado de madera y, ¡fac! Lo que más me llamaba la atención era el bombón helado, eso sí que era, era de nata bañado en chocolate. Y entonces iban bombón helado, chicle, caramelos, tal. El primer recuerdo que tengo del circo es mi padre. Mi padre, mi casa, no a lo mejor no éramos felices, pero nos reíamos mucho, mi padre era payaso, mi tío payaso, somos payasos, pero cuando he venido al circo siempre ha sido de la mano de mi padre porque iba a trabajar. Yo he nacido en el circo, no es nada ajeno, es como el niño que dice, ¿cuál es tu primera imagen de vida? Pues no sé, pues está al lado de de de la familia y mi entorno, pues ha sido, pues una carpa con unos mástiles.

[21:54]Y el techo que yo veía, pues era lona y y un montón de anécdotas que que que hay debajo de esa lona. Eras feliz, pues en los niños que estamos asilvestrados, porque estamos siempre en libertad. Yo estaba por ahí jugando, yo estaba por por la bambalina, me metía en todos los sitios. Navegando siempre por por los interiores, las tripas del circo. Y como a mí nadie me decía nada, porque todo el mundo me, vamos, el rapaz este que yo tendría pues cuatro, cinco, seis años, pues, pues, pues era una prolongación de mi casa, casi el circo. Me ponía entre bambalinas ahí a ver los números, pasaban por aquí todo el mundo a mi lado, la desmaquillaban en el pelo. Mi padre, era el jefe de montadores del circo ambulante del Circo Price. Mi marido trabajaba allí desde los 14 hasta que lo cerraron. Y luego mi hijo dio el foco, ¿verdad? Daba el foco con su padre. Yo quería ser cirujano del corazón y cuando terminé que tenía que elegir ciencias o letras, le dio un infarto a mi padre en Holanda, con un circo, con el circo Voltini, Tony Voltini, y ya decía, joder, papá se muere y no lo conozco. Yo quiero, yo quiero conocer a mi padre y le dije, dejo los estudios y me voy al circo. Fue un disgusto gordo en casa. Yo allí con 8 años vi un circo. Eso sí que me encantó, me encantó. Y dije, manos a la obra. No había ningún gimnasio, me tuve yo que hacer las pesas con latas de conserva y cemento y astillas de pico. Y allí, en la terraza de mi casa, pues me ponía a darle que te pego para los bíceps, para el otro, en la barandilla que entraba a la terraza, andaba como pasando el alambre. Yo con cuatro años, no podíamos elegir. No recuerdo si mi padre me preguntó si quería ser artista de circo. Lo que sí te puedo decir que es lo mejor que me ha podido pasar desde el punto de vista profesional. Hasta que llegó la noticia. Recuerdo, es que lo escuché por la radio. De repente se acabó. O sea, no hubo como, creo que no hubo como un aviso de se va a cerrar, se va a cerrar, sino que fue casi como de la noche a la mañana. Yo muy mal, muy mal, y cuestionando mucho, cuestionando mucho el que Price se podía haber mantenido. Haber hecho algo para que no se hubiera producido ese final, que fue un final cruel, injustificado y sin sentido. No se podía haber conservado, no se podía haber conservado.

[24:59]Y el último día fue Pinito del Oro que me firmó el programa, el último, el último día, cuando se cortó la coleta, que le cortó la coleta Mari San Pérez. Y era un programa donde las grandes atracciones era Pinito del Oro que se retiraba del del circo, Mari San Pérez que debutaba en el mundo del circo y que venía de otro de otro medio, y otra una serie de artistas en los que, en entre los que, evidentemente, destacaba mucho Eduardo Cardenal, porque hacía un número de verticalismo pues realmente muy fuerte. Digo, aquí hay que ir a por todas porque estaban todos los empresarios del planeta tierra viendo el último programa del Circo Price de Madrid. Entonces, la gente se puso de pie y mi marido cogió el micrófono y lo despidió, que era el último espectáculo, los artistas que estaban allí también, no nos cabían en la, en el brazo, mi marido abrazó pues a todos, a mí, al otro, al otro, ya no sabía quién se abrazaba a quién. El caso es que esa noche se fueron todos llorando a su casa. Sí, cuando dijeron que lo iban a cerrar, que casi no me lo creía. Fue muy duro para el circo, muy, le perjudicó muchísimo.

[30:09]A cerrar el Circo Price ya se acabó para Madrid el circo. Con mucha pena, claro. Una cosa que no, inesperada, ¿no? Para todo el mundo, es decir, ¿cómo cómo van a quitar el único circo que hay? Pero qué es lo que se quiere construir ahí? Ahí fue un trapicheo que hubo con la casa de las Siete Chimeneas de al lado, que era de un banco, que te lo doy, que te lo doy, pero fíjate lo que es, ¿no? Lo tiran para poner el Ministerio de Cultura ahí. Joder, lo tiraron, hicieron otro nuevo y ahí han puesto Ministerio de Cultura a lo mejor un día podríamos cambiarlo a otro sitio, sí sí sí. Y volver a hacer el Circo Price.

[33:22]El circo para mí es la Plaza del Rey. Un espectáculo divertido, con un montón de ingredientes. Para mí ahora mismo es un recuerdo. Cuanto más tiempo pasa más lo añoras. Ha sido parte de mi vida y qué quieres que te diga. La misma está dándole de comer. Pues un recuerdo que va unido con mi vida. El circo es el mayor espectáculo del mundo, el mayor espectáculo del mundo. El circo es el mayor espectáculo del planeta tierra. Pero un mundo distinto, un mundo. Hombre, el circo ha sido una cosa muy importante. Ahora no. Es una manera de ver actuar artistas en una pista cercana y tiene mucha importancia, yo creo que nunca debería dejar de existir. No debe de morir el circo. A mí me gusta el circo. Pues una gran ilusión de, una, me gustaba mucho de pequeño. Ahora mismo nada. Simplemente unos recuerdos. Para mí el circo es magia auténtica. Pues se trata de eso, de de tener a dos horas a las personas viviendo otra vida, otra faceta, otra. La sorpresa solamente que un espectador tiene, cuando ve algo que le parece normal, eso es el circo. El circo es una fábrica de sueños, es decir, la gente viene aquí para soñar y para imaginar y para creer que otro mundo es posible. Una vida, un todo.

[34:56]Para mí ha sido un recuerdo precioso y lo tengo en la memoria.

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