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Liderazgo Militar Eficaz: Diferencias con el Civil, Teorías Clave y 12 Competencias

Juan Moisés de la Serna

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[0:00]A ver, si pensamos en un líder militar, ¿qué imagen nos viene a la cabeza? Seguramente la del típico sargento de película, ¿no? Gritando órdenes sin parar. Bueno, pues la realidad es mucho más compleja. Detrás de ese cliché hay toda una ciencia, una ciencia pensada para crear líderes que toman decisiones de vida o muerte en un abrir y cerrar de ojos. Así que vamos a desmontar ese mito y a ver qué hay de verdad. Entonces, la gran pregunta es, ¿qué es lo que de verdad define a un buen líder militar? Y ya os adelanto que la respuesta tiene mucha más miga de lo que parece. No es solo una cuestión de galones o de dar órdenes, para nada. Mirad, esta frase de Eisenhower lo clava. Dice que liderar es el arte de conseguir que alguien haga algo porque quiere hacerlo, no porque se lo ordenes. Es que no se trata de imponer, se trata de inspirar y me parece que es el punto de partida perfecto para entender todo esto. Venga, pues vamos a empezar por ahí, por romper ese estereotipo del que hablábamos. Ser un líder militar de primera no tiene nada que ver con gritar más fuerte. Es un tema de de tener un conjunto de habilidades superespecíficas muy trabajadas. Y aquí está, digamos, el arsenal de verdad de un líder. Porque no no basta con saber de táctica. Hay que saber gestionar emociones, las tuyas y las de los demás, hay que tener un carácter a prueba de bombas, comunicar de forma que todo el mundo te entienda, tener buen juicio cuando todo se viene abajo y, por supuesto, ser capaz de adaptarte a cualquier cosa. Pero a ver, ¿por qué el liderazgo militar es tan tan especial, que necesita sus propios modelos? Pues muy sencillo, porque el escenario es completamente distinto. Lo que hay en juego, de verdad, no tiene nada que ver con lo que nos encontramos en la vida civil. Es que el contraste es brutal. Fijaos en la primera línea. Un error en el mundo civil puede significar perder dinero, un despido. En el militar significa la muerte de tu gente y claro, eso eso lo cambia absolutamente todo. Aquí las decisiones no se toman en una reunión tranquila durante horas. Se toman en segundos, en medio del caos más absoluto. Precisamente por esto, por estas diferencias tan bestias, el liderazgo militar no se puede dejar al azar o al instinto de cada uno. No. Se apoya en teorías psicológicas, en modelos que se han probado y adaptado para que funcionen en los peores escenarios que podamos imaginar. Y una de las teorías más potentes que se usan es la del liderazgo transformacional. Ojo, que aquí el objetivo ya no es que la gente obedezca y punto, no, el objetivo es es como encender una chispa en el equipo, inspirarlos para que lleguen a un nivel de compromiso y de rendimiento que ni ellos mismas pensaban que podían alcanzar. ¿Y esto cómo se consigue? Pues se apoya en cuatro pilares, las famosas cuatro. Primero, ser un modelo a seguir, dar ejemplo. Segundo, darles una visión, un porqué que haga que merezca la pena luchar. Tercero, estimularlos intelectualmente, que piensen por sí mismos. Y cuarto y super importante, preocuparte por cada uno de ellos como persona, no como si fueran una pieza más del engranaje. Y ojo, que esto no es palabrería, no es solo teoría. Hay datos. Un estudio del ejército de Estados Unidos de 2019. ¿Qué encontró? Pues que las unidades con este tipo de líderes tenían, nada más y nada menos, que un 42% más de cohesión. Es un dato brutal, ¿eh? Demuestra que esto funciona de verdad sobre el terreno. Claro que un buen líder no puede tener solo un martillo en su caja de herramientas. Por eso existe también el liderazgo situacional. ¿Qué nos dice? Pues que hay que saber adaptarse. Porque vamos a ver, no es lo mismo liderar a un pelotón de reclutas que acaban de llegar, que necesitan órdenes claras y directas, que a un equipo de operaciones especiales, que son expertos. A ellos les das el objetivo y confías en que saben lo que hacen. Vale, y todo esto cómo se traduce en la práctica? ¿En qué se fijan? Bueno, pues después de muchísima investigación, las academias militares más importantes del mundo han llegado a la conclusión de que hay 12 competencias clave, 12 cualidades que siempre aparecen en los líderes más eficaces y para que sea más fácil las vamos a agrupar en tres bloques. El primer bloque tiene que ver con el carácter y el coraje y no hablamos solo del coraje físico, el de enfrentarse al peligro, que también hablamos del coraje moral, el de hacerlo correcto aunque sea difícil, incluso si tienes que plantarle cara a un superior, es tener integridad y sobre todo la sangre fría para no perder los papeles cuando todo a tu alrededor es un caos. El segundo bloque es, por así decirlo, el cerebro. Aquí entra la competencia técnica, tienes que saber de lo tuyo, si no nadie te va a respetar y la inteligencia táctica, que es esa capacidad de leer la situación, pero lo más crucial es el juicio. saber tomar la decisión correcta, que no siempre es la perfecta en el momento justo y claro, saber comunicarla de forma que no haya ni una sola duda. Y llegamos al tercer grupo, que para mí es el corazón del liderado. Hablamos de la empatía, de ponerte en la piel del otro, de preocuparte por hacer crecer a la gente de tu equipo, de tener resiliencia para levantarte después de un golpe y por encima de todo, de cuidar de tu gente de verdad, porque al final la lealtad va en las dos direcciones siempre. Entonces, la clave de todo esto es, vale, si ya sabemos cuáles son esas competencias, cómo se consiguen. ¿Un líder nace o se hace? Pues la respuesta es clara, se hace. Y los ejércitos modernos usan métodos casi científicos para encontrar y pulir estas cualidades en su gente. Una de las herramientas más potentes que tienen para esto es la evaluación de 360 grados. ¿Y qué es esto? Pues es un sistema que rompe totalmente con la jerarquía de siempre, porque aquí a un líder no solo le evalúan sus jefes, también le evalúan sus iguales, sus compañeros y lo más importante, la gente que tiene a su cargo de forma anónima. La idea es tener una visión completa, una foto de 360 grados, de verdad, porque piénsalo, la gente que está a tu cargo ve cosas que tus jefes jamás van a ver, ven cómo les tratas en el día a día, si eres justo, si te preocupas, al final te hacen una radiografía perfecta de cómo eres como líder. Y que nadie piense que esto es un paripé. El impacto es muy real. Por ejemplo, cuando el ejército de tierra en España empezó a usar este sistema, ¿sabes qué pasó? que un 18% de los candidatos a comandante o los echaron para atrás o les aplazaron el ascenso por las malas notas que sacaron de sus subordinados. Es un filtro potentísimo para quitar del medio a esos líderes que solo son buenos con los de arriba. Pero bueno, ya está bien de teoría. La mejor forma de entender todo esto es verlo en acción, ¿no? Así que vamos a viajar a un momento de la historia, a un ejemplo que para mí resume a la perfección qué significa ser un líder cuando las cosas se ponen realmente feas. Nos vamos a 1860, a la batalla de Castillejos en la guerra de África. La situación es desesperada. Las tropas españolas están atrapadas, totalmente paralizadas por el fuego enemigo. No pueden avanzar, el miedo es tal que la ofensiva se ha bloqueado por completo. Vamos, que la derrota parece inevitable. Y es justo en ese momento cuando el jefe de esa unidad, el teniente coronel Juan Prim, hace algo que nadie se esperaba, una auténtica locura. Se sube a un caballo blanco, o sea, se convierte en la diana perfecta para el enemigo, galopa delante de todos y en lugar de gritar al ataque desde una posición segura, es él, el primero, el que carga contra las posiciones enemigas. ¿Y qué pasó? Pues que esa imagen, ese gesto de un coraje casi suicida, tuvo un efecto inmediato. Fue la chispa que necesitaban sus hombres. De repente, el miedo desapareció. Se levantaron como un solo hombre y cargaron, arrollando al enemigo y ganando la batalla. Eso, señoras y señores, es liderazgo transformacional en estado puro. Y todo esto nos lleva a una última reflexión. Si estas cualidades, el coraje, la empatía, la comunicación, el dar ejemplo, se pueden identificar, se pueden entrenar y se pueden forjar para funcionar en el peor escenario posible, la pregunta es inevitable, qué lecciones de todo esto podemos aplicar nosotros a los retos, ya sean grandes o pequeños, que nos encontramos en nuestro día a día.

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