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JESÚS DE NAZARET: Todas las pruebas escritas y arqueológicas de su existencia

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[0:00]Imagina que eres un detective de homicidios al que le acaban de asignar el caso más famoso del mundo. Un tal Jesús de Nazaret, ejecutado hace unos 2,000 años en una provincia conflictiva del Imperio Romano. Tu jefe te deja las cosas claras desde el principio. Aquí no nos importa si caminaba sobre las aguas o si resucitó. Eso déjaselo a los teólogos. Yo quiero pruebas forenses, quiero documentos y testigos de que este hombre si es verdad que era de carne y hueso, pisó nuestro mundo. Pues bien, prepárate porque la investigación sobre el Jesús histórico es uno de los rompecabezas más alucinantes y trepidantes de la historia moderna. Y te voy a adelantar algo. Prácticamente ningún historiador serio de la actualidad, sea ateo, agnóstico o creyente, duda de que Jesús existió. La teoría de que es un mito inventado o una copia de dioses paganos es hoy por hoy material para vídeos conspiranoicos de internet, pero no para las universidades. Vamos a abrir el expediente y vamos a repasar las pruebas explicadas para que las entienda cualquiera, pero con el rigor de un forense. Un inciso, antes de meternos en Rina, curiosamente en la Biblia no hay ni una sola descripción física de Jesús. Si le pidiéramos un retrato robot a la antropología forense moderna, quizás buscaríamos a un hombre de etnia semita del oriente medio del siglo I. Pero en este vídeo utilizaremos por comodidad iconografía católica tradicional. Pero antes de empezar como demonios sabemos que alguien del pasado existió. Los historiadores no se creen nada a la primera para saber si un personaje de la antigüedad es real aplican técnicas propias de un CS histórico. Vamos a destacar dos herramientas infalible. El criterio de la atestación múltiple. Si varias personas que no se conocen de nada y que escriben desde lugares distintos, mencionan el mismo evento, tienes un caso sólido. El criterio de la vergüenza. Este es mi favorito, si alguien se inventa un héroe lo suele pintar guapo, invencible y glorioso, pero qué pasa si los textos cuentan algo bochornoso? Por ejemplo, que tu gran líder fue ejecutado en una cruz.

[2:26]La muerte más humillante para un esclavo romano. Nadie en su sano juicio inventaría algo tan vergonzoso para vender una nueva religión. Si lo cuentan es porque pasó de verdad y no les quedó más remedio que librar con ello. Empecemos por los tipos a los que los cristianos les caían fatal. Los romanos, los romanos de clase alta veían a los seguidores de Jesús como una secta de chalados peligrosos. Por eso sus escritos valen oro, no tenían ningún motivo para inventarse a Jesús, más bien querían borrar a sus seguidores del mapa y es que los historiadores romanos rara vez se ocupaban de predicadores provinciales, sectas marginales o movimientos campesinos periféricos, a menos que estos alteraran significativamente la Pax Romana,

[3:11]causaran disturbios civiles masivos o supusieran una amenaza directa a la hegemonía imperial. Sin embargo, a medida que el movimiento iniciado por Jesús sobrevivió a su ejecución y se expandió agresivamente hacia los centros urbanos del imperio, llamó la atención ineludible de Roma. El primer testimonio nos lo da Publio Cornelio Tácito, un exproconsul con acceso a los archivos del Senado y uno de los historiadores más rigurosos de Roma. En su obra magna, los anales, redactada hacia el año 116 después de Cristo, Tácito relata el devastador gran incendio de Roma ocurrido en el año 64 y explica que el emperador Nerón para desviar la sospecha de que él mismo lo había provocado, culpó a los cristianos.

[3:59]Es justo ahí donde aporta un dato histórico de incalculable valor, escrito con una fría precisión burocrática. Confirma que el fundador de este grupo Cristo fue ejecutado por orden directa del prefecto Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio. Taticito no siente simpatía alguna por ellos, de hecho, califica el movimiento como una superstición nociva nacida en Judea. Lo que hace su testimonio aún más objetivo. Piensa en esto, Taticito no leía la Biblia, tenía acceso a los archivos imperiales, que él confirme el nombre de Pilato y la crucifixión nos dice que Jesús no es un mito. Esta visión de alerta gubernamental la compartía Plínio el joven, gobernador de la remota provincia de Vitinia, en la actual Turquía, quien hacia el año 111 le enviaba una extensa carta oficial al emperador Trajano. Plínio solicitaba instrucciones precisas sobre cómo juzgar y ejecutar a los cristianos y en su basado en interrogatorios bajo tortura a dos esclavas a las que llamaban diaconisas, revelaba que estos individuos tenían la firme costumbre de reunirse antes del amanecer para cantar himnos a Cristo como a un Dios y jurar no cometer delitos. La vertiginosa y conflictiva expansión de este movimiento queda también corroborada por gallo suetonio, alto secretario imperial en su biografía sobre la vida de Claudio, escrita hacia el 20.

[5:32]Su eonio documenta que alrededor del año 49, el emperador tuvo que expulsar a los judíos de Roma debido a los constantes tumultos instigados por un tal. Esta confusión fonética entre Cristo y la palabra griega Christus que significaba bueno o útil, era muy común entre los romanos paganos y nos demuestra empíricamente como apenas 20 años después de la crucifixión, el debate sobre este líder Leo ya estaba provocando crisis de orden público en el corazón mismo del imperio.

[6:05]Su etonio también alude en vida de Nerón a que el emperador infligió torturas a los cristianos, testificando la tempranaprescripción romana de los seguidores de Jesús. Finalmente esta cadena de testimonios seculares se complementa con la mirada filosófica de Lucano de Samosata, hacia el año 165. En su obra satírica sobre la muerte de peregrino, Luciano define a Jesús con absoluto desprecio cultural, llamándolo un sofista crucificado, en Palestina que introdujo ritos inusuales. Aunque su intención es burlarse de la ingenuidad de los cristianos, su texto corrobora de forma totalmente independiente la existencia física, la ejecución en la cruz y el papel de legislador religioso de Jesús, demostrando que en el mundo greco-romano su materialidad histórica un hecho innegable y comúnmente aceptado por todos, sin importar cuánto de su mensaje, pero sabías que una de las pruebas más antiguas sobre la existencia histórica de Jesús proviene de la celda de un filósofo pagano?

[7:15]Así es, a finales del siglo 1, Marabarsaparión escribió una carta a su hijo preguntándose qué ganan los pueblos al asesinar a sus hombres sabios, tras recordar los terribles castigos que sufrieron quienes mataron a Sócrates y Pitágoras, Mara lanza otra pregunta. ¿Qué ganaron los judíos al ejecutar a su rey sabio. Su respuesta es tajante, perdieron su reino poco después. Luego afirma que este rey sigue vivo gracias a sus enseñanzas. ¿Y por qué esto es tan fascinante? Pues porque los expertos coinciden en que ese rey sabio es Jesús de Nazaret. Al no ser cristiano habla de su legado intelectual y no de una resurrección el testimonio de Mara se convierte en una confirmación laica de enorme valor que nos dice que Jesús realmente existió. Y si queremos pruebas directamente de la calle, solo hay que mirar las paredes de Roma, en los primeros siglos del imperio alguien grabó allí el famoso grafito de Alexámenes. Una caricatura donde un joven adora a un hombre crucificado con cabeza de burro, acompañado de la frase a su Dios.

[8:32]Esta es la primera representación visual de Jesús en la historia y la prueba forense definitiva de que el escarnio público por adorar a un ejecutado era real y cotidiano, una humillación que nadie en su sano juicio habría inventado como campaña de marketing para una nueva religión.

[8:50]Si los romanos eran hostiles, las autoridades judías de la época tampoco le tenían simpatía al sanador de Galilea, pero de nuevo nunca negaron que existiera. Hablamos ahora del historiador Flavio Josefo. Este hombre era judío, pero acabaría escribiendo para los romanos. Redactó sus formidables antigüedades judías hacia el año 93 después de Cristo en Roma. Y habla de Jesús dos veces, en dos partes. Es cierto que es posible que los monjes medievales metieran mano en una de las partes, en la primera de ellas, el conocido como Testium Flavium certran frases como que él era el Mesías, algo que Josefo, que era un judío ortodoxo, jamás habría dicho. Los expertos creen que el texto actual del Testium es producto directo de una interpación parcial, pero ojo, parcial. Hay partes que no parecen manipuladas. De hecho, en pantalla verás en negro el núcleo real y en rojo lo que se piensa que fueron las interpolaciones, extrayendo cuidadosamente las frases que tienen un tono puramente confesional y adorador, queda un informe histórico neutral, verosímil y muy coherente con el estilo de prosa de Flavio Josefo, donde se dice que Jesús fue un sabio Galileo que ejecutó hechos inusuales que fue condenado por Pilato debido a las acusaciones de los líderes judíos principales y cuyos devotos seguidores no se extinguieron, pero la prueba de oro de Josefo es otra, el segundo de los textos.

[10:27]En otro pasaje de antigüedad judías relata un lío político en el que un sumo sacerdote condena a muerte por lapidación a un hombre llamado Santiago.

[10:39]¿Y cómo identifica a este Santiago? Josefo escribe literalmente que era el hermano de Jesús, el que es llamado el Cristo. Aquí tenemos a un historiador romano judío identificando a un líder por su parentesco biológico directo con Jesús. Así que bueno, parece ser que esto podría ser un hacke mate a los negacionistas. Tampoco podemos olvidar a un hombre importantísimo en la historia de Jesús, Juan el Bautista. Un personaje de cuento para nada. El propio Flavio Josefo detalla en sus crónicas como este predicador arrastraba a tantas multitudes que el rey Herodes aterrado por una posible rebelión lo mandó a arrestar y decapitar. Además aquí vuelve a brillar nuestro infalible criterio de la vergüenza. Ningún cristiano inventaría jamás que su todo poderoso líder tuvo que agachar la cabeza y someterse a ser bautizado por otro hombre. Fue un hecho histórico tan público e innegable que no tuvieron más remedio que incluirlo en sus textos. Por si fuera poco, las palas de los arqueólogos han desenterrado recientemente en Jordania los restos del palacio de Maque y las oscuras mazmorras exactas donde Juan pasó sus últimos días. Y ya que estamos hablando de fuentes judías, otra prueba que tenemos es el Talmud. Los rabinos judíos antiguos en su enorme código legal, el Talmud, también hablan de un tal de Nazaret. Dicen que es un mito? Pues no, lo que dicen es que fue colgado en la víspera de la Pascua por practicar la hechicia y por engañar a Israel. Estos paisajes que mencionan a Yeshu se compilaron entre los siglos tercero y sexto después de Cristo y aunque se puso por escrito bastante tiempo después de la vida de Jesús, Los historiadores coinciden en que estos textos recogen tradiciones orales judías que venían de mucho tiempo atrás. El Talmud es una prueba muy importante por aquello que te he explicado del criterio de testimonio hostil, que sus peores enemigos reconocieran que Jesús existió y que hacía cosas que dejaban a la gente abierta, es una prueba de primera magnitud. Ahora hablemos de las fuentes escritas cristianas, porque aunque no sean tan útiles para aplicar el método de criterios también son importantísimas. Por ejemplo, los cuatro evangelios. Algunos dirán, Va, eso no se puede tomar como fuente histórica. Eso es ciencia ficción. Además fueron décadas después de la muerte de Jesús con un propósito claro el de convencer a otros de su mensaje. Sí, es cierto, pero los expertos no descartan un documento antiguo solo porque tenga una agenda o un sesgo. Lo que hacen es pelar la cebolla mediante técnicas forenses literarias para separar la teología de los datos históricos puros. Para los estándares de la antigüedad, tener múltiples biografías escritas a menos de un siglo de la vida de un personaje es de una riqueza documental excepcional. Además contamos con la gran ventaja de que al menos dos de estas fuentes son totalmente independientes entre sí, la de los evangelios sinópticos y la de Juan, que va completamente por libre. Al analizar los evangelios y cruzarlos con la geografía y política del siglo I, la inmensa mayoría de los académicos concluyen que en el centro de estos textos hay una figura humana real. Coinciden históricamente en que fue un predicador judío, bautizado por Juan, el bautista, que causó disturbios en Jerusalén y fue crucificado por el prefecto romano Poncio Pilato. Podrías haber pensado que el documento escrito más antiguo que tenemos sobre la vida de Jesús son los cuatro evangelios, ¿no? Pues no, yo también pensé esto durante un tiempo, pero no, el documento cristiano más antiguo que tenemos sobre Jesús, lo escribió un tipo llamado Pablo de Tarso. ¿Te suena, ¿no? Pablo empezó persiguiendo cristianos, pero luego se unió a ellos. Así que olvídate de los cuatro evangelios y vamos a las cartas de Pablo. Estas cartas se escribieron en los años 50 después de Cristo, apenas 20 años después de la crucifixión.

[15:02]En términos históricos, esto es casi como tener un telediario en directo, no da tiempo a que se forme una mitología de un dios de la nada. En una de sus cartas, Galatas, Pablo cuenta que fue a Jerusalén y tuvo una reunión de trabajo. ¿Y con quién dice que se tomó un café por así decirlo? Con Pedro y con Santiago, el hermano del Señor. Piénsalo bien, Pablo está discutiendo de política y religión con un tipo de carne y hueso, que comparte ADN con Jesús y que vive en Jerusalén. No te puedes reunir con el hermano de un espectro celestial ficticio o de un dios solar, te reúnes con el hermano de un Galileo. Ya hemos escudriñado las fuentes escritas. Ahora es el momento de ir a las arqueológicas. Durante el siglo XIX y 20, muchos sabelo todos europeos decían desde sus cómodos sillones universitarios, va, todo es un cuento. Ese Poncio Pilato ni existió y los romanos no gastaban clavos en crucificar judíos. Entonces, los arqueólogos empezaron a acabar en Israel y les callaron la boca a base de piedras y huesos. Hasta los años 60 no había pruebas físicas de Poncio Pilato. Pero excavando un teatro en Cesarea Marítima, encontraron un bloque de piedra inmenso usado como escalón. Al darle la vuelta, bingo. Una inscripción en latín que decía Poncio Pilato, perfecto de Judea. Este juez que condenó a Jesús salió de la tierra para fichar en la historia. Más pruebas. No sé si has oído hablar del osario de Caifás. Caifás fue el sumo sacerdote judío que entregó a Jesús a los romanos. En 1990 unos obreros construyendo un parque en Jerusalén, toparon con una cueva del siglo I. Dentro había una caja de huesos, un osario, lujosisísima con un nombre tallado. José hijo de Caifás. Dentro estaban los restos de un anciano. Es decir, esto confirma que el villano del relato evangélico también era real. Ahora te voy a hablar de una de mis pruebas favoritas. Durante un tiempo los escépticos solían decir que los relatos de las manos y pies clavados de Jesús eran pura dramatización y que a la gente solo la ataban con cuerdas y la crucificaban. que ni siquiera existía la crucifixión. Pero en 1968, al norte de Jerusalén, se encontró el osario de un hombre joven llamado Jehan. Su hueso del talón derecho estaba atravesado por un clavo de hierro romano de 11 cm. El clavo se había doblado contra la madera de olivo de la cruz y la familia tuvo que enterrlo con él. Este descubrimiento nos da muchos datos, porque quizá los clavos no atravesaban el pie como creíamos, sino que atravesaban el talón y puede que los brazos sí estuviesen sujetados con cuerdas. Bueno, se han propuesto varios métodos. Sea como fuere, esta es la prueba forense brutal y definitiva de que la crucifixión era el pan de cada día en la época de Jesús. ¿Qué más? Bueno, no hace mucho en internet se puso de moda decir que Jesús de Nazaret no puede existir porque el pueblo de Nazareth ni siquiera existía en el siglo I. Sin embargo, los arqueólogos modernos como el profesor Ken Darg han ido allí con sus palas y han descubierto casas de piedra, posadas, cisternas ocultas, tumbas y prendas de aceite que datan exactamente de la época de Jesús. Lo que se ha encontrado es una aldea agrícola minúscula, perdida de la mano de Dios, habitada por campesinos pobres y muy religiosos. Y ya que hablamos del terreno, supongo que sabrás que en 1986 una fuerte sequía en el mar de Galilea dejó al descubierto una embarcación enterrada en el barro. Las pruebas forenses del carbono 14 no dejaron lugar a dudas. Era exactamente del siglo primero después de Cristo. Tiene una matrícula con el nombre de Jesús? Evidentemente no, pero este hacha conocido mundialmente como el barco de Jesús es vital. Demuestra que las de los evangelios sobre grandes barcas pesqueras galileas, capaces de albergar a unas 15 personas y resistir tormentas eran rigurosamente exactas. Un barco parecido vemos en el mosaico de Magdala, un mosaico del siglo I. Esto nos permite tocar literalmente el áspero escenario físico y social en el que operaba este sanador de Galilea llamado Jesús y también sus discípulos pescadores. Bien, sigamos. Todo buen detective sabe que no hay asesinatos sin un móvil. Si Jesús era solo un predicador rural pacífico, los romanos y las élites judías se tomaron la molestia de ejecutarlo de la forma más brutal posible. Aquí es donde la historicidad de los evangelios brilla al cruzarla con la arqueología y la numismática, es decir, el estudio de las monedas. Los textos cuentan que en su última semana Jesús armó un escándalo monumental en el templo de Jerusalén volcando las mesas de los cambistas. Un simple berrinche para nada. Un buen detective sabe que siempre hay que seguir el rastro del dinero. Bien, no sé si sabrás que en aquella época todo varón judío debía pagar un impuesto anual al templo. Los sumos sacerdotes, dueños de un monopolio despiadado, exigían que se pagara exclusivamente con una moneda llamada Siclo de Tiro por su altísima pureza en plata. ¿Dónde estaba la trampa y la suprema hipocresía? Que esa moneda llevaba grabada en el frontal la cara del dios pagano Melkart, el equivalente a Baal. Así es, la élite sacerdote obligaba a los judíos a meter dinero con la cara de un dios falso en el santuario más sagrado, saltándose todas sus propias normas solo por avaricia y pragmatismo fiscal. La irada intervención de Jesús boicoteando este lucrativo negocio es el móvil perfecto.

[21:48]Históricamente hablando, este fue el detonante real que lo transformó de un simple filósofo de aldea a una amenaza política y económica de primer nivel, provocando que los sacerdotes conspiraran a la velocidad del rayo con los ocupantes romanos para quitárselo de medio bajo cargos de sedición. Pues bien, los arqueólogos han desenterrado literalmente vasijas enteras llenas de estas monedas de la época de Jesús. El hallazgo más espectacular ocurrió en 1960 en el Monte Carmelo, conocido como el tesoro de Isfilia. Allí se encontró un escondite con más de 4500 ciclos de tiro que datan exactamente del periodo entre el año 40 antes de Cristo y el 53 después de Cristo. Además los arqueólogos que excavan los túneles y los canales de drenaje cerca de la explanada del templo de Jerusalén encuentran constantemente estas monedas caídas o perdidas por los peregrinos del siglo I. No sé, es que son todo coincidencias y por cierto, como investigadores rigurosos tenemos que desechar también las pruebas falsas o al menos dudosas. Habrás oído hablar del Santo Grial, de la Vera Cruz o de la famosa Sábana Santa de Turín. Sirven para probar la existencia de Jesús, lamentablemente no. Para la arqueología, un objeto sin contexto histórico es papel mojado. La prueba del carbono 14 ha demostrado que la Sábana Santa es de la Edad Media, entre 1260 y 1390 después de Cristo. Y el Grial es más bien un invento de las novelas de caballería del rey Arturo en el siglo XII. En la Edad Media hubo un negocio millonario de vender reliquias falsas a los peregrinos que alcanzaban Tierra Santa, en las cruzadas. Hubo más tarde una frase que se hizo muy popular, que decía, si juntáramos todos los trozos de la Vera Cruz que hay en Europa, podríamos construir un barco entero. Históricamente hablando, no necesitamos estas reliquias, estos objetos santos para probar que Jesús existió. Y es que tenemos fuentes documentales de sobra.

[24:16]Llegamos al final de nuestra investigación. Hemos abierto el expediente, hemos analizado las pruebas forenses, hemos interrogado a los testigos hostiles y hemos desenterrado algunos huesos de la época. El rompecabezas está completo y como en todo buen caso policial, la suma de las evidencias independientes es absolutamente demoledora. Piénsalo bien. Si hacemos recuento, tenemos las crónicas frías, aburridas y burocráticas de los gobernantes romanos, de los gobernantes que ejecutaron a Jesús, tipos que que detestaban a los seguidores de Jesús.

[25:13]Tenemos también los textos de los líderes religiosos judíos de la época que nunca negaron sus milagros, sino que los tacharon de hechicería. Tenemos también las cartas administrativas de un hombre, de Pablo de Tarso, que viajó a Jerusalén para sentarse a hablar cara a cara con el hermano biológico de Jesús. Y dirás, bueno, el papel lo aguanta todo. Sí, es verdad, pero la tierra no miente, la arqueología no miente. La arqueología nos ha tirado a la cara las piedras con los nombres exactos de sus verdugos, como Poncio Pilato o el sumo sacerdote Caifás. Y nos ha mostrado la escalofriante realidad del hierro atravesando los talones de sus contemporáneos en Judea, la escalofriante realidad de la crucifixión. Ningún otro personaje de la antigüedad, siendo tan solo un humilde campesino, un trabajador manual de una aldea minúscula en la provincia más miserable y conflictiva del imperio, ha dejado una huella histórica tan profunda, tan múltiple y verificable. Ni uno solo. Pero aquí como investigadores rigurosos, tenemos que trazar una línea roja y hacer una separación fundamental. Una cosa es el Jesús de la historia y otra muy distinta es el Cristo de la fe. Una cosa es el Jesús histórico, el hombre judío de principios del siglo I, un tipo de carne y hueso que caminaba por las polvorientas calles de Galilea, que sudaba, que sangraba, que comía y que terminó agonizando y asfixiéndose en una cruz romana, hecha de madera de olivo. Y otra cosa muy distinta es el Cristo, el Mesías teológico, la figura divina que camina sobre las aguas, que multiplica los panes y los peces o que resucita al tercer día. Lo segundo pertenece al terreno íntimo de las creencias, de la fe, de la religión. Y ahí la ciencia histórica y el método forense no tienen jurisdicción para entrar. Lo que pasó en esa tumba el domingo por la mañana se lo dejamos a los teólogos. Sin embargo, lo primero no es cuestión de fe. Es una cuestión de datos, una cuestión de hechos. La existencia material de aquel maestro disidente que montó un escándalo monumental en el templo de Jerusalén, que desafió a las élites y que acabó ejecutado por las legiones de Tiberio César. Eso es un hecho innegable. Negar hoy en día que Jesús existió es ir en contra del consenso académico, del consenso de las universidades, de los investigadores, ya sean estos investigadores ateos, agnósticos o creyentes, como hemos dicho al principio. Tenemos también localizaciones. Lugares de los que hablan los evangelios, lugares por los que caminó Jesús. Lugares de los que hemos encontrado muchas pistas arqueológicas que no he nombrado antes, pero que darían para rellenar horas y horas de vídeo. La sinagoga de Magdala, por ejemplo, o la sinagoga de Caffarnaú, o la supuesta casa donde vivió Pedro en Caffarnaú, el Gólgota, los cimientos del segundo templo, el Monte de los Olivos, el estanque de Siloé o el estanque de Betesda, ambos estanques en Jerusalén, Betzaida de donde eran Pedro, Andrés y Felipe. Verás que podríamos seguir tirando del hilo hasta el infinito. Por eso te voy a pedir una cosa. Guarda este vídeo ahora mismo, guárdalo en tus favoritos, dale a compartir y envíaselo directamente a todo aquel que te diga que Jesús de Nazaret no existió. Compártelo con quien te asegure que Jesús es un mito o una leyenda urbana o un refrito inventado a partir de antiguos dioses paganos o egipcios. Cuando te digan eso, no discutas. Mándales las pruebas forenses y es que el caso está cerrado desde hace mucho tiempo. Jesús de Nazaret, el hombre de carne y hueso, podemos estar seguros de que pisó esta tierra.

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