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¡Qué talento para declamar!

CHININFER

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[0:00]Le damos el pase, damos un fuerte y caluroso aplauso al estudiante Melanie Romero López, primero K, cargo el profesor Keno. Título: El último beso. Señor director, subdirector, plana docente de los distintos niveles educativos, alumnado en general y público presente. Reciban un saludo muy especial de Melanie Romero. Hoy es un día muy especial, celebramos el Día de la Madre, en honor a todas las madres peruanas, reconociendo su sacrificio, amor y dedicación, hacia sus hijos y familia. Por eso en este día tan ameno les traigo un poema, más que un poema es una reflexión de amor. El poema lleva por título El último beso y dice así: Como todas las mañanas, desde ya hace 7 años, me despertó mi madre temprano para ir al colegio. Yo había pasado mala noche, tuve pesadillas y la verdad me costaba trabajo despertar. Y a los 10 minutos mi madre volvió a despertarme, pero esta vez con más ternura. Se te está haciendo tarde, me decía. Me levanté deprisa, apenas me lavé la cara, me tragué el desayuno en un abrir y cerrar de ojos. Y ahí, ahí estaba mi madre diciéndome, come despacio, que te vas a ahogar. Con las prisas del momento, le contesté de mala manera, sí, sí, ya lo sé, no tienes que regañarme. Aún tuve que soportar las preguntas de rigor. ¿Alistaste tus cuadernos? ¿Llevas tu lonchera? ¿Ya te cepillaste los dientes? ¿Alistaste todos tus libros? Yo, aún más impaciente, le contesté alzando la voz, te dije que sí. Ella sonrió suavemente y me dijo, ven, dale un beso a tu madre y ve con cuidado a la escuela. Alcé los hombros con fastidio y le contesté medio enojada y enfadada, mamá, mamá, que no ves que ya es tarde. No tengo tiempo para eso. Con las prisas y el enfado se me pasó por alto un leve destello de tristeza en su mirada. Mientras iba caminando a la escuela, me daba ganas de volver, de regresar y darle un beso a mi madre. Pero mis compañeras comenzaron a llamarme y yo fui con ellas. ¿Con qué excusa regresaría? ¿Que iba a darle un beso a mi madre? Se hubieran burlado, se hubieran reído. De todas formas, al regresar a casa después de clases, vería a mi madre, ahí, parada en la puerta de mi casa, esperándome como siempre, temerosa de que me suceda algo. Impaciente, si tardo unos minutos porque me he quedado con mis amigas. El día se me pasó volando entre clase y clase, juegos y recreo, y se me olvidó el incidente de esta mañana. Sin embargo, esta vez, apenas salí de la escuela, salí corriendo hacia mi casa sin entretenerme. Desde la esquina esperaba divisar la figura de mi madre en la puerta. Pero esta vez no había nadie. Supuse que estaría dentro, entretenida con algo, pero de momento extrañé su presencia tan cerca. Antes de tocar el timbre de mi casa, salió a la puerta mi padre, pero era mi padre aquel hombre, era mucho más mayor de lo que siempre me había parecido. Con los ojos hinchados, con los hombros caídos y un halo de tristeza lo rodeaba. Mi corazón empezó a latir alocadamente, presentiendo algo. Apenas me salió una voz para decir, ¿qué pasa, papá? Mamá, ¿mamá está bien? En un suspiro me contestó: Hija, a tu madre le dio un ataque al corazón esta mañana. Nadie supo nada hasta que vinieron a visitarla y la encontraron ahí, tendida en el piso. Todo fue tan rápido, hija. Se fue, se fue tu madre, se fue nuestro ángel. Un sollozo salió de su garganta y no pudo continuar hablándome, mi mamá, mi mamá, mi madre es mi mamacita la que por las mañanas me despierta, la que por las noches reza conmigo, me arropa y me da el beso de buenas noches, mi mamá, mi mamacita. Mi madre a la que le contesté de mala manera, a la que no le di un beso de despedida. Dios, perdón, perdóname, dile que me perdone. Aún soy una niña, pretendiendo ser una mujer. Dile que ella es lo que más quiero en esta vida, que sus abrazos me han dado seguridad siempre y que es ahí en sus brazos donde yo, yo me he sentido más protegida. Dile que su suave sonrisa me acompaña toda la vida y que promete por ella valorar a las personas que comparten conmigo mi existencia. No amalurarme con ellas sin ningún motivo y que les daré mil besos día a día por todos los que no pude darle a ella, a mis hijos, a sus nietos. Cuídala por mí, mi Dios, que ella es muy buena y dile que cuando me toque la hora de partir de este mundo, venga a mi lecho y me arrope como siempre lo hizo conmigo. Perdón, perdón, perdón, madre, por no darte el último beso. Gracias. Fuertes los aplausos, Melanie Romero López, ¡qué hermoso! ¡Qué hermoso, qué hermoso tema! El último beso, Melanie es muy hermosa, tienes un talento hermoso, hija. Seguimos, continuo. Feliz día a todas las profesoras y madres de esta prestigiosa institución educativa, gracias. Claro, fuerte los aplausos. En esta institución educativa hay hermosos talentos, el canto, la declamación. Esto te damos gracias a estos maestros que dedican tiempo a tiempo. Gracias, precioso. Declamación, título: El último beso. Nos preparamos entonces para primero J, profesora Maritza Herrera Moreno. Otro hermoso poesía. Madre luchadora.

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