[0:07]Salve María a todos. Eh, hay un principio con el que partimos la charla del día de hoy sobre cinco pasos para ser una buena confesión. Y es que el alma que pecó mortalmente, o confesión o condenación. Es un principio que lo voy a explicar de una forma, pues, espero que clara y sobre todo, pues, con mucho amor, con mucho cariño, porque nada más y nada se trata que de la salvación de nuestras almas, de de de nuestra eternidad. El tema que vamos a hablar hoy, pues, es un tema de verdad profundo, es un tema eh de los más importantes que quizás me ha tocado, pues, aquí predicar, estar aquí con ustedes, pues, sobre la confesión, porque es un sacramento que, vamos, que es esencial para nuestra vida. Y pues, el motivo de, pues, desarrollar estos temas con ustedes, pues, es el amor a Dios, es el amor a Nuestra Señora, es el amor a sus almas. Así que, si de verdad venimos hoy con un tema, pues, algo fuerte, pues, es por el bien de nuestras almas. Ese es el principio, no es simplemente, "Oh, es que estos son un poco pesados" o, "Es que estos son un poco exagerados", que aquí nos vamos a basar todo según la doctrina de nuestra Santa Madre Iglesia Católica, según las Sagradas Escrituras. Entonces, creo que ese punto me encantaría dejarlo de partida, eh, claro para que tengamos una base de por qué tocó estos temas, porque es un tema que, de verdad, se hace necesario para la salvación del alma y porque nos interesan ustedes, porque nos interesan sus almas. Pues, venimos con todo, pues, a hablar de estos cinco pasos sobre la confesión. Hoy vamos a hablar de amor, vamos a hablar de verdad, vamos a hablar con lógica, vamos a hablar con fundamento, porque no es un capricho, no es que la confesión es invento de cura o es que la confesión, eh, de verdad, de verdad, de verdad, se lo digo, de rodillas, de lo más profundo, con humildad, con todo el cariño de mi alma, no es así. Nosotros debemos de saber que es la voluntad de Dios y Dios, el medio que ha escogido para perdonar nuestros pecados, pues, es la confesión. Que es incómodo, hombre, nadie ha dicho que confesarse fácil, pero yo tengo que, justamente, que habituar mi alma, educar mi alma y sentir, "Voy a con alegría", porque es el método que Dios usó para, justamente, para perdonar mis pecados. Porque voy a tener 100% seguridad que mis pecados están perdonados. Entonces, aquella gente que dice también, "Es que ya me confesé pero siento", no, es de sentir, es ahora de saber: Pecado confesado, pecado perdonado, y eso no lo vamos a dudar. No es más grande tu pecado a la bondad y misericordia de Dios. En la confesión quedan destruidos todos los pecados, quedan rotas las cadenas de esclavitud que nos amarran al mundo, al demonio y a la carne. Por lo tanto, ¿quieres romper esas cadenas que te tienen atado, que no dejan volar tu alma alto a Dios, alto a nuestro Señor? Pues, ¿cómo las vas a romper? Con el sacramento de la confesión. Es el método para romper esas cadenas y tu alma vuele y tu alma esté en lo alto y de verdad esté más cerca de Dios. Dios es misericordia, pero también es justicia. Porque también hay un concepto falso de la misericordia de Dios, que Dios no no no hay justicia, y claro que Dios es justicia, y es una charla que yo la he dado anteriormente, si quieren la vuelvo a repetir, vamos, que el tema a mí me encanta mucho. Pero vamos a ver que Dios es misericordia y justicia, y el sacramento de la confesión impone cinco requisitos. Ven lo importante de formar a nuestros hijos, a nuestros nietos, a nuestras almas, a nuestras futuras generaciones, bajo el principio de la verdad, bajo el principio del dogma, bajo el principio del amor a Jesús nuestro Señor. Por lo tanto, la confesión requiere cinco requisitos para hacer una buena confesión y es lo que vamos a hablar con ustedes. Dios podría haber exigido más, pero simplemente son cinco requisitos que Él ha puesto para que nuestra confesión sea lícita y verdadera. Entonces, la confesión, pues, es el triunfo de la misericordia de Dios en tu vida. Cuando te animes a confesar, cuando tú te animes, justamente, a ir al confesionario, ese día la misericordia de Dios venció en tu historia, en tu vida, bendito, eh, justamente, el día en que nosotros, después de años, aunque sean años, "Es que llevo 50, 60 años de no confesarme, hermano, es que qué papelón, qué vergüenza". Pues, hijo mío, da más alegría al cielo por una oveja que en regresa al redil que por 99 que perseveren. Por lo tanto, ese día, vamos, en el cielo va a estar de fiesta, cuando tú vayas al sacramento de la confesión, con tu dolor de tus pecados, porque ofendiste a un Dios tan bueno, para que mires dentro de ti, porque vamos a hablar de esos requisitos, mires dentro de ti y ver lo que Dios hizo por ti, que fue morir en la cruz, y tú, ¿qué has hecho por Él? A modo de examen de conciencia, les invito, antes de empezar a compartir pantalla, pues, preguntarnos, ver un crucifijo y ver mi mirada hacia Él, ojo a ojo, cara a cara, o si es con Jesús Sacramentado, pues, mejor todavía. Ir donde Él y verlo y decirle: ¿Tú qué has hecho por mí y yo qué he hecho por ti? Y es que vamos a tener un dolor de los pecados grandísimo, porque cómo responder a tanto amor con tanto pecado, con tanta frialdad, con tanta pereza espiritual. De verdad, es hora de despertar a esta vida, realmente que nos enteremos de qué va esa vida. No va de negocios, no va de fiesta, no va de lujo, no va de placer, no va de tener contactos, va, justamente, de amar a Dios sobre todas las cosas. Entonces, comienzo compartiendo pantalla. Aquí comienzo con una, eh, una metáfora, una metáfora que creo que, al examen de conciencia, nos va a hacer super bien. Si un ángel fuera a la puerta del infierno, y dijese: "Hombres miserables, Dios me manda a deciros que Él concede una hora de plazo a quién de vosotros desee confesarse". Es una metáfora, es una metáfora, porque cuando, después de la muerte, ya no hay, se acabó el tiempo de misericordia, es el tiempo de justicia. Seremos juzgados por nuestras obras, no porque yo deseaba o porque, eh, yo yo yo sí tenía planeado, vamos a ver, que son actos, obras, son amores, no meras razones. Entonces, en el día del juicio, eh, va a ser un asunto serio. Por eso es que vuelvo a repetir, el tema de hoy, pues, es un tema que, ojalá, a modo de retiro espiritual, que no sea, "Ay, qué bonito habló". No, que sea un, "Me movió el piso". Vamos, hermano, con esa charla me ha movido el piso, y ahora, pues, quiero entusiasmarme, quiero, justamente, amar más a Jesús y cumplir el sacramento de la confesión por el bien de mi alma, porque, justamente, quiero estar con Él en el cielo y porque sé que en esta Tierra, pues, he venido a salvar mi alma, no a gozar del mundo, sino a salvar de mi alma. Pues, esta metáfora que no puede ser, porque después de la muerte ya no es, ya no hay tiempo, el tiempo es ahora, tiempo es salvación. Por lo tanto, es ahora en que nosotros podemos ir por nuestra voluntad, por mi amor, ir a confesarme, a cumplir la voluntad de Dios, que es el método que Él ha escogido para la confesión. Si un ángel fuera a la puerta del infierno y dijese, "Hombres miserables, Dios me manda a deciros que Él concede una hora de plazo a quién de vosotros desee confesarse." Vamos a ver cuántas almas tendrían esa oportunidad y saldrían, pero, vamos, ya confesándose, pero ya no pueden. Y tú, ahora sí puedes hacerlo, por eso seremos claros de por qué estamos aquí hablando de eso. Preocuparte por ti mismo, preocúpate por tu alma. Nadie se va a preocupar por ti, nadie va a salvar tu alma, eh, mi vecino, mi, no, eres tú con tu voluntad, con tu amor, con tu ante Dios. Entonces, aprovechar el tiempo que es ahora. Santa Teresa de Jesús, hay una visión que ella cuenta en sus historias, en su biografía, que me encanta muchísimo y es más, incluso de tanta emoción que he traído, que eh vamos a tener que rezar antes pidiendo al Espíritu Santo a Nuestra Señora, pues, para que esta charla, de verdad, tengamos un propósito de confesarnos bien, hacerlo bien hecho por amor. Entonces, antes de comentarle yo la historia de Santa Teresa, pues, vamos a rezar una Ave María juntos, si les parece bien, pidiéndole al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, que triunfe la misericordia de Dios en mi vida a través del sacramento de la confesión. Vamos a pedirles, pues, justamente que ilumine nuestro intelecto, robustezca nuestra voluntad, inflame nuestro corazón para, realmente, de esta charla, pues, que vaya cambiando nuestra vida, que vaya, justamente, acercándose más a Dios. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Después de haber comenzado católicamente, pues, vamos a lo que les quería contar, la historia de Santa Teresa de Jesús. Ella, en su biografía, cuenta que tuvo la visión del infierno y veía la cantidad de almas que se condenaban. Y nuestro Señor que estaba al lado de ella, pues Santa Teresa le pregunta, "Jesús, vamos a ver, tantas almas se condenan". Y nuestro Señor, pues, como nuestro Padre, pues, "Sí, hija mía, desgraciadamente sí". Y Santa Teresa le dice, "¿Seguro que eran almas que no conocían, no te conocían a ti?" Y Santa Teresa le respondió, eh, nuestro Señor le respondió a Santa Teresa, "Hija mía, eran almas que sí me conocían, que sí me conocieron". Y Santa Teresa, "¿Seguro que, tal vez, no se confesaron?"
[9:21]Y nuestro Señor le responde, "Por las malas confesiones". Y por eso, después de aquella visión, Santa Teresa decía a los religiosos, a los sacerdotes, "Predicad, predicad a las almas sobre las malas confesiones". Porque, desgraciadamente, es el lazo por el que más almas se condenan de nosotros los católicos. Por eso es necesario tener ese principio, yo creo importante, de los cinco pasos necesarios para hacer una buena confesión. Porque, de verdad, de esto depende nuestra eternidad, no convertir el remedio en veneno. Que la confesión es el remedio, pero, desgraciadamente, si yo oculto un pecado, si yo me confieso mal, si yo, eh, lo dejo, eh, lo voy postergando, pues, aquello que es un sacramento de medicina lo puedo convertir en un veneno. Continúo compartiendo pantalla y aquí voy a citar a San Alfonso María de Ligorio. Dice San Alfonso María de Ligorio: "Quien sabe confesarse bien sabe ir al Paraíso; muchos van para el infierno porque se confiesan mal". Es que, vamos a ver, aquí es que yo no vengo a traerles una doctrina nueva, diferente, sino yo vengo a traerles una doctrina de la de siempre, de la que está fundada la verdad católica, de la que nuestro Señor Jesucristo derramó su sangre, de esa verdad evangélica. Yo soy heraldo del Evangelio, no heraldo de mi teoría, de mi hipótesis, de mi manera de concebir la vida, no, es de una forma objetiva. Es. Y la verdad, pues, aquí se la traigo con amor, con cariño, de una forma contundente y clara, porque tiene que oír el último y que oiga claro y que le quede super bien claro, porque, nada más y nada menos, que se trata de la salvación de las almas. ¿Cuánto tiempo perdidos en tutoriales, en en en vídeos, viendo simplemente tontería, contenido superfluo? Esto sí es contenido, vamos a ver, por eso es que, de verdad, aprovechen su tiempo, aprovechen su vida, tiempo es salvación. En vez de estar perdiendo mi tiempo con un, como un inteligente de la vida, por no decir otra palabra, pues, entonces es aprovechar mi tiempo en ver este tipo de contenido, que, justamente, pueden cambiar un poquito de aquí y que, justamente, me pueden ayudar a labrar el cielo. Por eso es que siempre le decimos a usted, vamos a ver, ustedes, evangelizadores, se suscriben, le dan like, eh, le dan compartir, se, de verdad, ¿por qué? Porque queremos llegar a más almas, que más almas, eh, a Cristo, Cristo en todas las almas, aquel lema tan bonito que queremos hacerlo nuestro y de este canal: Cristo en todas las almas. Hasta que no haya un alma que no haya conocido la verdad de fe, el amor a Jesús Sacramentado de Nuestra Señora, pues, nuestra alma no puede estar en paz, nuestra alma no puede descansar, porque el demonio no tiene vacaciones y, como él no tiene, pues, hombre, al mal, pues, mayor astucia debemos de ponerle y el bien, cuanto más ha de trabajar si el mal está creciendo. Esto es una escuela de santidad, enseñamos aquí a amar a Dios y solo a que esperen en Él. Recordar que también lo que estoy hablando de la existencia del cielo y del infierno, que no es un cuento de curas, que no es un cuento de historia, que no es para asustar a los niños, que eso es un invento, vamos a ver. La existencia tanto del cielo, del infierno, del Purgatorio, son dogmas de nuestra fe católica, basadas en las Sagradas Escrituras. Nuestro Señor habla de ello. Entonces, o nuestro Señor nos mintió, o hizo la mayor estafa de la historia, doblemente milenar, que es lo que lleva nuestra Iglesia Católica. Vamos a ver, o es el invento y la mentira más grande que ha durado 2000 años o nuestro Señor nos mintió, y como él no es estafador ni mentiroso, es una verdad de fe que, justamente, he de creer, la existencia del cielo, la existencia del infierno. Entonces, Nuestra Señora también en Fátima habla de la existencia del cielo y del infierno. Su primer mensaje es, justamente, sobre su preocupación como madre. Ella llorando, mostrando a los niños cómo iban las almas de de las almas que se condenaban al infierno, ¿por qué? Porque no hay nadie quien rece por ellos. Por eso creo que también es importante, en todas las oraciones, en todas nuestras comuniones, eh, sacramentales, espirituales, en todos nuestros rosarios, adoraciones eucarísticas, dolores y sacrificios, en postrado en una cama, ofrecer todo, justamente, por la salvación de los pecadores. Conquistar el mayor número de almas a través del apostolado, de la oración, a través del apostolado de la palabra, a través del apostolado del sufrimiento, que es el principal de todos. Y por eso también, hombre, este tema, además de ser fuerte, pues, reconozco que nuestra alma tiembla de la emoción de saber de cuántas almas nosotros podemos ayudar a que se salven. A través de qué, pues, hablándole, de verdad, con eso, con una profundidad, con algo serio, con algo auténtico, con algo genuino. Porque es que ya nuestra alma, de verdad, ya debe estar cansada de la mentira, de la vida superflua, de la vida materialista. Yo creo que llega un momento en que nuestra alma se aturde con tanta información y deformación que existe hoy en las redes sociales. Y cuando encuentro un contenido así, mi alma respira un poco y dice, "Por fin hay algo serio en esta vida, algo que tiene autenticidad, algo que tiene, justamente, lógica, que tiene sentido". Cuando nosotros comprendamos esto, es que nuestra vida va a cambiar de una forma categórica, sí o sí. Entonces, hermano, usted, que, vamos a ver, usted se está alargando un poquillo, vale, no me juzguen, hijo mío, y vamos a ver, entonces, los cinco pasos para una buena confesión. Es necesario decir todo esto a modo de introducción, porque, justamente, quiero estar segmentado sobre roca firme, porque a partir de ahora, pues, vamos a empezar a volar más alto. Si, de momento, les ha gustado, yo creo que lo que viene, puf, qué fuerte, Dios mío. E, incluso, advierto, en esa charla, por el tiempo, porque el tiempo no es nuestro fuerte, lo reconocemos, son cinco pasos, yo voy a hablar aquí solo de dos. En la próxima charla, si ustedes quieren y ponen, "Los otros tres, por favor, que me quiero enterar". Vale, pues, entonces, el próxima semana, si Dios quiere y estamos con vida, pues, aquí estaremos con ustedes nuevamente, trayéndoles con pasión, con amor, con cariño, con verdad, los otros tres pasos. Yo aquí solo voy a hablar de dos por cuestión de tiempo, pero vamos, que a ustedes les apetece, que lo necesito, que lo vean, por favor, hermanillos, vamos a ver, vamos a ver, que necesitamos el tema. Pues, entonces lo ponen en comentario y con todo el gusto del alma. Vale. Primer requisito para una buena confesión. Uno, el examen de conciencia. ¿Qué es el examen de conciencia? Aquí lo defino con ustedes. Es recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha. Solo en las confesiones bien hechas son perdonados los pecados. Por eso si por maldad o vergüenza no se confesó un pecado mortal, todas las confesiones posteriores son inválidas y sacrílegas. Por lo tanto, el examen de conciencia es un requisito necesario para la confesión. No es de toda la vida, vamos a ver, si yo ya me confesé y yo confesé bien, dije todos mis pecados, ya aquello borrón y cuenta nueva, yo ya no tengo autoridad moral ni de ningún tipo para recordar mi pasado. Dios ya me lo perdonó. Ahora bien, si yo hubiese una mala confesión, porque me dio vergüenza decir un pecado mortal, ahí sí es necesario confesar y decir, "Padre, abusé la misericordia de Dios y no confesé un pecado por vergüenza", y lo tengo que decir. Y si tuve confesiones posteriores a ese evento, pues, todas las confesiones posteriores fueron sacrílegas, por eso es, de verdad, un tema, de verdad, serio. Es un tema que que que que se trata de de de hacer las cosas bien hechas por amor. Entonces, es revisar la conciencia, porque si nosotros nos hacemos un examen de conciencia ante los 10 mandamientos. "Yo no robo y no mato", vamos a ver, que hay diferentes formas de matar, también está la calumnia, que es un pecado horrible y y brutal. Entonces, vamos a ver, eh, aquella gente que caen en el buenismo, "Yo como no robo y no mato, pues, es que soy bueno". Hijo mío, vamos a ver, que son 10 mandamientos. Primer, entonces, primer requisito, revisar mi conciencia. Si yo no reviso mi conciencia, hombre, ¿de qué me voy a confesar? Es que, vamos a ver, esto es lo bonito y lo lógico de esto, es un requisito que es por lógica, por sentido común. Si yo no pienso antes de es qué es lo que voy a decir, pues, hijo mío, ¿a qué voy? A improvisar en la confesión. No, a la confesión nadie va a improvisar. Yo con mi examen de conciencia y, pues, si tengo que escribirlo en un papelito porque es que tengo mala memoria y, pues, lo escribes y punto, hijo mío, que no hay ningún problema. Nada más que, después de esa confesión, lo rompes y nunca más lo lees, porque aquello ya Dios lo rompió en el cielo, ya no vuelve a tomarlo en cuenta. Entonces, es necesario conocer tus pecados para lamentarlos, para confesarlos desde la última confesión bien hecha. Repito, no es de toda la vida, no es que voy a confesar desde desde, vamos a ver, desde mi primera comunión hasta ahora. Si hiciste unas malas confesiones, pues, sí será necesario, pero si no, hijo mío, es desde la última confesión bien hecha. También aquella gente dice, "Es que si el sacerdote no me pregunta, pues, yo no digo nada". Vamos a ver que el sacerdote no tiene obligación de hacerte un interrogatorio. Eres tú el que conoces tu conciencia, porque has hecho un examen de conciencia, porque tienes honestidad ante Dios, ante tu conciencia y declinas todos tus pecados. No es que, "Si el sacerdote no me no me preguntó", vamos a ver que no tiene obligación de preguntarte, por eso es necesario formar bien y, por eso decimos que esto es una escuela de santidad. Aquí le estamos ayudando a ustedes, justamente, que esto es un recurso para tener buenas confesiones. También el gran peligro de las almas, ¿cuál es? Que, digamos, "Es que tengo cinco pecados mortales, hermano, pero yo confesé cuatro, porque es que el quinto me dio vergüenza". Ay, qué papelón, qué vergüenza, se me pone la cara de colores, ¿qué va a pensar el cura? Dios mío, Redentor, no, no, no, no, no, quita, quita, quita, que mejor eso Diosito lo conoce. Vamos a ver que esa confesión entonces es inválida y, en vez de haber terminado con los cinco pecados perdonados, es que no se perdonó ninguno y, es más, se acrecienta uno nuevo que es el sacrilegio. Por eso, entonces, es un tema que, vuelvo a repetirlo, con todo el cariño del alma, se los decimos, los educamos en la fe, en el en en, justamente, en en que quieran salvar sus almas y hacer una confesión bien hecha y, sobre todo, van a sentir la alegría, porque, como han sido honestos ante Dios y han sido honestos ante ustedes mismos, la paz y la tranquilidad. De lo contrario, pues, no va a haber paz, no va a haber no va a haber tranquilidad. También aquí advierto algo que también enseña la, eh, todos los moralistas: que el mayor pecado que da vergüenza también de confesarse, sepan cuál es, son todos los pecados que se refieren a la pureza. Lo digo porque es que el demonio va a utilizar ese pecado, no lo digas, hijo mío, que es que, "Qué vergüenza, ¿cómo vas a decir eso?" Pero, ¿tú hiciste eso? Vamos a ver, pero qué mente perturbada, ¿a quién se le ocurre? Hijo mío, que somos humanos, que somos hombres, que nos caemos, que, a veces, tan bajo, pero de la misericordia de Dios es grande que me puede rescatar de lo más bajo, de lo más lodo, de lo más asqueroso, de lo más profundo. Por eso es es un tema que he de tener claro y tener cuidado cuando se refiere a los pecados contra la pureza. Consigo mismo, con otras personas, con lo, tener eso yo claro que el demonio va a querer meterme la vergüenza para yo no decir el pecado. Pero como, gracias a Dios, tuve una formación sólida, congruente, lógica, a través del canal Heraldo 2.0, pues, entonces, yo ya aprendí que he de estar preparado para eso y enfrentarlo y decirlo, sin ninguna vergüenza, porque es honestidad ante Dios y ante mi conciencia. Entonces, continúo compartiendo pantalla y vamos al segundo paso para una buena confesión. Es más, antes de que empezar a compartir pantalla, les voy a hacer un tip para hacer un buen examen de conciencia. Un tips importante para un examen de conciencia, dos requisitos. Uno, rezarle antes a Nuestra Señora, rezarle a María Santísima. Madre mía, dame, justamente, un dolor de mis pecados, que pueda ver yo mi conciencia, que pueda ver qué es lo que he ofendido a tu divino Hijo y me he alejado de ti. Récele con fervor, con amor a María Santísima, antes de hacer una confesión, antes de, justamente, hacer un examen de conciencia. Uno. Dos, aquella frase del Evangelio: Domine ut videam. Señor, que vea, que fue lo que le dijo aquel ciego a nuestro Señor, "Señor, que vea". Entonces, también pedirle a Jesús que yo también sea capaz de abrir los ojos de mi conciencia, de mi alma interior y ver todo aquello que tengo que ordenar, ver qué es lo que está desarreglado, ver qué es lo que me aparta de Dios. Por lo tanto, oración a Nuestra Señora y decir, "Domine ut videam, Señor, que vea". Continúo ahora sí compartiendo pantalla. Dolor de los pecados. Entonces, ¿qué es el dolor de los pecados? Que es el segundo requisito para una buena confesión. Es el disgusto y odio de los pecados cometidos, que nos hace proponer no volver a pecar. Es la condición más necesaria para una buena confesión. Cuatro cualidades de la confesión: Íntima, sobrenatural, máxima, universal. Menos mal que esta charla queda grabada y la pueden ver después para, luego, también ir tomando notas. Ojalá que todo estuviese en su cuaderno, por decir así, mi cuaderno de gracias, mi cuaderno de, como decimos los heraldos, de flashes, es cuando siento un flash, cuando algo, se me siento tocado por una gracia sensible en mi alma por Dios. Entonces, ojalá que todo el mundo, pues, tenga su cuadernito y aquellas frases, aquello que más le ha gustado, pues, lo apunte, porque, en el momento de dificultad, pues, voy a ir a buscar aquel cuadernito y voy a buscar aquello y les va a ayudar, creo que es un tip importante y que creo que les puede ayudar un poquito. Yo tengo el mío y lo tengo desde hace, puf, 25 años y, la verdad, que, en los momentos de dificultades, voy. Creo que lo voy a leer. Cuatro cualidades de la confesión. Íntima, sobrenatural, máxima, universal. Íntima, ¿qué significa? Del corazón vienen todos los pecados, entonces tiene que ser una, eh, justamente, un dolor del pecado que tiene que ser íntimo. Tiene que ser de de ti, tiene que partir de ti, es el dolor de los pecados. María Antonieta, que es, justamente, la última reina de Francia, que fue decapitada, eh, junto con Luis XVI, en la Revolución Francesa, pues, ella estuvo en la cárcel y le cuando la iban a decapitar le ofrecieron un confesor. Pero como el confesor estaba fuera de la Iglesia Católica, María Antonieta, pues, no la aceptó, lógicamente. Y lo que hizo, pues, fue un examen de conciencia íntimo y aquella confesión, pues, le valió, pues, lógicamente. No teniendo un sacerdote, mientras sea algo íntimo y por amor a Dios, y no por miedo al infierno, ni por ni por temor a perder el cielo, sino porque es íntimo, porque, justamente, por amor a Dios, entonces, aquella alma se puede salvar. Sobrenatural, ¿qué significa que sobrenatural? No causada por motivos humanos.
[24:25]Porque, por ejemplo, hombre, si yo voy a la cárcel, es que, vamos a ver, voy a la cárcel porque, vamos, eh, cometí un delito y voy a la cárcel. Me confieso, pero me duele más estar en la cárcel que haber ofendido a Dios, por eso tiene que ser sobrenatural.
[24:54]Máxima, mayor a cualquier otra desdicha sufrida, por eso tiene que ser máxima, porque mi mayor dolor, el haber cometido el pecado, no es que perdí la cuenta bancaria, porque me la congelaron, porque estuve estafando. No es porque, no, es porque ofendía a un Dios tan bueno, por eso tiene es máxima, universal de todos. Me arrepiento de todos mis pecados, pero de este no me arrepiento, porque es que se lo merecía. Vamos a ver, es que se lo merecía. Tiene que ser universal de todos tus pecados, de todas tus faltas. Ningún odio puede quedar justificado, absolutamente ninguno. No es lícito, en ningún momento, yo arraigar odio en mis oraciones. Si he de tener odio, solamente al pecado, al pecado sí lo tengo que odiar, al pecado. A las demás personas y a mí mismo, no.
[25:59]Continúo compartiendo pantalla. Y aquí voy a diferenciar dos tipos de dolor de pecados: el de atrición y el de contrición.
[26:17]Entonces, voy a especificar, primero, lo que es la atrición. Por penas eternas merecidas o felicidad eterna perdida. Entonces, la atrición, pues, es un dolor de haber pecado a Dios y de saber de que de que, pues, que sé que existe el infierno, que sé que existe el cielo y que, hombre, me estoy labrando el infierno, desgraciadamente, eh, ¿por qué? Por mis faltas, porque yo lo busqué. Aquella gente que dice, "Es que es que Dios no condena". Claro que Dios no condena, te condenas tú, hijo mío. Vamos a ver que es como aquel alumno que va a la universidad, tiene su examen, lógicamente, todo el fin de semana estuvo de farra, dale que te pego, llega el lunes, que es el examen, ¡puf!, ¿qué va a contestar aquella criatura? Pues, que que que que que confundió la cerveza con el Gin Tonic, a lo máximo va a poder responder. ¿Qué va a responder aquel? Pues, nada. Entonces, ¿qué viene el profesor? "Mire, hijo mío, usted tiene es que tiene cero". Es que, vamos a ver, está desaprobado, que que que que que ese de no, y de insuficiente. Ay, qué malo, el profesor me me me me suspendió. Que te suspendiste tú, que no has estudiado, hijo mío, pues lo mismo el día del juicio ante Dios. Somos nosotros los que nos labramos el cielo o el infierno, son nuestras acciones, obras son amores, no meras razones. Atrición por penas eternas o la felicidad eterna perdida.
[28:44]Entonces, con eso terminamos. Una alegría haber podido compartir con ustedes. Recen por nosotros y, si bueno, si Dios quiere y ustedes le apetece, pues, estaremos la próxima semana con ustedes.
[29:02]Vamos a terminar pues rezando, agradeciendo al Espíritu Santo, a nuestra Señora, pues, por la gracia de haber, pues, ojalá, pues, entendido pues todo lo que hemos aquí hablado con ustedes. Y pues bueno, achanté. Encantado y, pues, nos vemos la próxima semana, si Dios quiere, y pues, terminamos rezando. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía.

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